En los últimos años, hubo un crecimiento exponencial de la población de perros y gatos en América Latina. En un contexto donde, a nivel mundial, hay más gatos que perros.
Sin embargo, en nuestra región, los canes todavía prevalecen. ¿Y en Argentina? Avanza la presencia los felinos en las familias.
Si los veterinarios no explotan esta situación… ¿se están quedando atrás?
La MV Luciana Monllor, es especializada en medicina felina, tiene un diplomado en la materia y es docente a cargo del servicio de medicina felina en la Universidad Juan Agustín Maza de Mendoza.
Abrió su propia Veterinaria Monllor, siendo la primera de la Región Cuyo especializada en medicina felina.
En el marco de las Jornadas Veterinarias de Intermédica, la profesional Cat Friendly brindó su charla “Un manejo amigable para una consulta felina más efectiva”, donde brindó una serie de pautas que todo consultorio felino debe cumplir, tanto en el antes, como en el durante y después de la consulta.
En primer lugar, explicó los motivos por los cuales los gatos no van todo lo que deberían a la veterinaria, poniendo el foco en las personas.
“Cuando los tutores ven al gato enfermo, siempre piensan que mejorará solo. Además, suelen creer que el gato se va a estresar, entonces evitan la visita. Como último punto está el factor económico”, relató Monllor.
¿Mejorar la consulta felina?
La profesional expuso herramientas para mejorar la consulta y, en primer lugar, trajo el enfoque de Susan Little en el que habla sobre los tres actores que entran en juego en una consulta felina: la del tutor, el profesional veterinario y el gato.
Monllor explicó que el tutor muchas veces evita llevarlo a la veterinaria ya que piensa qué pasa si le hace peor que lo que le está pasando o si el gato se enoja con él.
Por su parte, en la mayoría de las clínicas veterinarias, cuando entra un gato, “parecería que nadie lo quiere atender; por lo que los profesionales tenemos que cambiar el chip”.
Por último, el momento de llevar al gato a la veterinaria, puede ser estresante ya que hay un montón de cosas que no se tienen en cuenta y que son previas a la consulta en sí.
“Por eso decimos que el éxito o el fracaso de mi consulta empieza en la casa del gato”, detalló Luciana Monllor.
Previo a la consulta
Una de las cuestiones importantes que detalló la profesional es el rol clave que cumple la persona que atiende en la clínica veterinaria.
“Tengo que empezar por instruirla, brindarle los recursos educativos necesarios para el momento de la atención y que le pueda dar herramientas y proponer a los tutores”, explicó.
Entre las cosas a resaltarle a los tutores es que el gato vaya a la consulta en ayuno; lo mismo que lleven juguetes propios, ya que en algún momento, la veterinaria puede jugar con él para darle ese refuerzo positivo y que la visita no sea traumática para nadie.
“Por último, hay educar también sobre el uso de feromonas (aplicadas 2 horas antes de que yo interactúe con el gato). Es muy importante que nuestros colaboradores sean un filtro en estos temas”, indicó Luciana Monllor.
Además, es necesario ayudar al tutor a elegir la transportadora realmente adecuada, ya que eso también es educar al cliente en todo lo que hace que el gato llegue en buenas condiciones.
Otra herramienta es brindarle al tutor una Playlist de música Cat Friendly.
Por último, dentro de la sala, se debe habilitar algún lugar en altura para que esa transportadora pueda ser apoyada.
En la consulta
Todos estos aspectos sirven para que el gato esté tranquilo durante la consulta.
“De esta forma, una vez dentro del consultorio, lo primero que tengo que hacer es reconocer las emociones del gato: algunos vendrán asustados, otros demandando cariño, con dolor, etc. Tengo que evaluar cuáles pueden ser esos factores que le van a causar estrés al gato y que me pueden modificar la interacción que vamos a tener”, manifestó Monllor.
Por otro lado, indicó que es necesario tener en cuenta la estimulación auditiva; si golpean la puerta, el timbre, el sonido del teléfono, si hay peluquería en el mismo espacio, los ruidos de la calle, etc.; lo mismo con la estimulación del olfato, sobre todo de los gatos anteriores que pasaron por el consultorio. Y, por último, agregó que la principal causa de estrés en el gato es el exceso de contención.
Y agregó que es importante brindarles algún refuerzo positivo con alimentación.
“Una vez que hicimos ingresar al gato y al tutor al consultorio, lo primero que hago es sentarme con el tutor y dejar el gato generalmente arriba de la camilla. Yo voy a ir a la jaula y dejar que el gato salga si quiere, pero que desde adentro de la transportadora pueda explorar a dónde está y que se dé cuenta que él no es el centro de esa visita. Charlo un rato con el tutor, que sabemos que las consultas de medicina felina son largas. El gato oculta muchos síntomas, entonces los tenemos que buscar”, explicó Monllor.
Y agregó: “La acumulación del estrés puede ser mucho mayor y es lo que va a accionar ante lo más mínimo. Entonces, es importantísimo cuidar todo eso previo para que realmente en la consulta yo pueda hacer mi trabajo”.
“La clave también es poder empatizar con el tutor”
Luciana Monllor destacó que las mejores interacciones son cuando el gato se acerca; pero indicó que es necesario entender que las consultas de felinos son más largas, ya que hay que acercarse de manera pausada porque ante cualquier movimiento rápido, se altera.
¿Cómo entonces se puede mejorar?
“La clave de la consulta felina, más allá de poder manejar al felino, es poder empatizar con ese tutor que viene con una preocupación y que más que una vez no nos entendemos o no nos ponemos en su lugar. Una vez que logre eso, mi tarea va a ser tratar de descubrir qué es lo que le pasa al gato”, manifestó la profesional.
Y añadió que el siguiente paso de su tarea es que el tutor entienda qué es lo que le pasa a gato y qué es lo que tiene que hacer.
“En esto, más de una vez, fallamos. Nosotros llegamos a un diagnóstico de manera perfecta, intentamos muy bien hablar sobre un tratamiento, pero si el tutor no lo puede instaurar, no se lo puede dar en la casa, fracasamos. Porque nos faltó la mitad de nuestro trabajo. Entonces, a partir del momento en que el tutor viene a buscar en nosotros una respuesta, somos un equipo”, resaltó.
En ese marco, Monllor destacó la importancia de entender el perfil de cada tutor o tutora, sus posibilidades y la relación que lo vincula con el animal. “Dentro de esos diferentes tutores tenemos que evaluar los tratamientos. Debemos asegurarnos que antes de que el tutor se vaya haya entendido las indicaciones. Esto es lo más difícil”, dijo.
Tipos de comunicación
Luciana Monllor también explicó que el gato tiene diferentes formas de comunicarse.
• Comunicación visual la cual la va a demostrar con posturas corporales que los veterinarios deben saber interpretar: las posturas corporales, las expresiones faciales del gato, las posiciones de la cola.
• Comunicación olfativa.
• Comunicación vocal, principalmente la comunicación que tienen entre ellos, pero los sonidos en general: algunos son de juego y otros cuando se sienten amenazados.
• Comunicación táctil: “Cuando el gato viene y se me refriega, ya gané con la ansiedad. Ya me dijo, confió en vos. Además, el gato tiene una muy buena sensibilidad a la luz, una alta reactividad a los movimientos rápidos. Entonces, mi recomendación es que, en el consultorio, haya luz cálida”.
Por otro lado, la médica veterinaria manifestó que hay escalas de agresión que los profesionales pueden tener a la mano para evaluar: “a medida que el gato se va enojando o se va poniendo agresivo, empieza a bajar las orejas, a dilatar las pupilas, señal de miedo. Y para el gato el contacto visual prolongado, es una amenaza».
Y cerró su concepto: «Entonces siempre que no me voy a acercar al gato o lo voy a manipular, el gato va a hacerlo con la espalda. Generalmente estas posturas de agresión son respuestas defensivas a emociones que no pueden ser resueltas”.
Principios para el manejo cat friendly
Según la Asociación Internacional de Medicina Felina, existen 7 principios para el manejo cat friendly:
1. Respetar a los gatos: respetar la diversidad de las especies y comprender a los gatos individuales. Entender eso nos ayuda a abordarlos mejor.
2. Mantener bien a los gatos: dar la misma consideración a la salud física y al bienestar mental del gato. Se refiere no solamente físicamente yo como médico veterinario sino también cuidar la salud mental. Y ese gato no le va a hacer mal en el tratamiento que yo le voy a proponer al gato.
3. No hacer daño a los gatos: garantizar que los gatos nunca sufran peor como resultado de las personas o sus actividades.
4. Estar impulsado por soluciones para gatos: encontrar soluciones realmente basadas en evidencia, que sean pragmáticas y sostenibles en el tiempo para los gatos.
5. Comunicador para gatos: comunicarse con consideración frente a las personas y compartir conocimientos generosamente con ellas por el bien de los gatos.
6. Colaborar por los gatos: trabajar juntos, a nivel local, internacional entre los colegas y también con personas de diferentes orígenes, siempre apoyándonos y valorándonos mutuamente en el objetivo final.
7. Evolucionar para los gatos: sea innovador, mantenga la curiosidad y siga aprendiendo para los gatos.
Figura n°1. Hay siete principios amigables con los gatos, todos del mismo peso. Tres están dedicados al gato y cuatro se relacionan con formas.
Se trata de uno de los puntos focales donde se juntan clientes, personal y productos. Te contamos que aspectos básicos tener en cuenta para aprovechar el espacio.
El mostrador de una veterinaria es mucho más que un simple punto de venta.
Es el lugar donde se establece el primer contacto con los clientes, donde se genera confianza y se impulsa la venta de productos y servicios. Por eso, te reafirmamos la importancia de este espacio y destacaremos algunos de los productos que deberían exhibirse cerca de la caja para maximizar su impacto.
La importancia del mostrador
El mostrador de una veterinaria es el corazón del negocio.
Es el punto focal donde convergen clientes, personal y productos. Su importancia radica en varios aspectos clave:
La primera impresión vale doble: El mostrador es lo primero que ven los clientes al entrar. Una presentación ordenada y atractiva crea una impresión positiva desde el principio, lo que influye en la percepción general de la calidad del servicio.
Todo por generar confianza: Un mostrador bien organizado transmite profesionalismo y confianza. Los clientes se sienten más cómodos al ver que el personal está preparado y los productos están cuidadosamente seleccionados y presentados.
Más ventas: Al exhibir productos cerca de la caja, se aprovecha la oportunidad de realizar ventas adicionales. Los clientes que esperan pagar por un servicio o consulta pueden verse tentados a adquirir productos que estén a su alcance visual y que sean de interés para ellos o para sus mascotas.
Productos clave cerca de la caja
Si bien podrían ser algunos más, te compartimos algunos productos que deberían exhibirse cerca de la caja en una veterinaria:
Alimentos premium para mascotas: Destacar alimentos de alta calidad y recomendados por veterinarios puede ser muy efectivo. Muchos clientes están dispuestos a invertir en la salud y el bienestar de sus mascotas, por lo que ofrecer opciones premium puede ser atractivo.
Productos de higiene y cuidado: Desde champús y cepillos hasta productos antipulgas y antiparasitarios, estos artículos son esenciales para el cuidado diario de las mascotas.
Juguetes y accesorios: Los juguetes y accesorios para mascotas son populares entre los dueños que desean consentir a sus compañeros peludos. Exhibir una selección variada y atractiva cerca de la caja puede motivar a los clientes a agregar algún artículo extra a su compra.
Suplementos nutricionales: En el caso de mascotas con necesidades específicas o en etapas de vida particulares, los suplementos nutricionales pueden ser muy buscados. Mostrar opciones recomendadas por el veterinario puede impulsar su venta.
Pura estrategia
No lo olviden: el mostrador de una veterinaria es un espacio estratégico que no solo facilita las transacciones comerciales, sino que también impacta en la experiencia del cliente y en las oportunidades de venta adicionales.
Al destacar productos clave cerca de la caja, se maximiza su visibilidad y se aprovecha su potencial para aumentar los ingresos y la satisfacción de los clientes. ¿Y vos? ¿Cómo aprovechás el mostrador?
La MV Rosa Saturno fue atacada en su veterinaria el pasado 4 de noviembre. Su abogado, Juan Quevedo, explicó en una entrevista exclusiva con MOTIVAR por qué buscan que el hecho se caratule como intento de homicidio, y qué impacto se espera que tenga en la comunidad.
El 4 de noviembre, la médica veterinaria Rosa Saturno fue agredida brutalmente en la puerta de su veterinaria en Barrio San Pablo, Córdoba. Una clienta la golpeó en la cabeza con una tenaza metálica que llevaba escondida en la cartera. El golpe en su cabeza dejó en evidencia una situación que muchos profesionales vienen señalando hace tiempo: la violencia hacia veterinarios existe, y va en aumento.
El caso generó una fuerte reacción institucional. El Colegio de Médicos Veterinarios de Córdoba (CMVPC) decidió involucrarse como querellante en la causa penal. El objetivo: que la Justicia no trate este caso como una simple agresión, sino que lo reconozca como lo que fue: un intento de homicidio.
Quevedo sostiene esta postura basado en las siguientes claves:
La agresora llevó una tenaza escondida: “Nadie lleva una herramienta así en la cartera por casualidad”.
Revisó su cartera antes de atacar, calculó la distancia y golpeó con precisión.
Eligió una zona vital: el golpe fue al cráneo, con un objeto con filos y ángulos.
Gracias a la actuación del Colegio y a las pruebas presentadas (como los videos de seguridad), la fiscalía agravó la carátula inicial de “lesiones leves” y hoy el caso se investiga como “lesiones leves agravadas”. Pero el objetivo sigue siendo claro: que la Justicia avance hacia una imputación por intento de homicidio.
Un ataque que expuso una realidad innegable
Aunque este caso generó gran repercusión por su brutalidad, no es un hecho aislado. Las agresiones físicas, verbales y psicológicas hacia veterinarios van en aumento. Lo que antes parecía una excepción, hoy empieza a convertirse en parte del día a día de muchos profesionales de la salud animal.
Esta realidad impacta directamente en la salud emocional y mental de los afectados. De hecho, la medicina veterinaria se encuentra entre las tres profesiones con mayor índice de suicidios en el país, un dato tan preocupante como revelador, y que se agrava cuando se suman el maltrato, las exigencias desmedidas y la falta de reconocimiento.
Lo que hoy se pone sobre la mesa
Con esta causa, el Colegio busca sentar un precedente. Mostrar que estos hechos no pueden ser naturalizados, ni relativizados como situaciones aisladas. El mensaje es claro: los veterinarios merecen ejercer su profesión en un entorno seguro y respetuoso, sin temor a ser agredidos por hacer su trabajo.
El acompañamiento de CMVPC fue integral. No sólo activó su protocolo para estos casos para la contención de Rosa, sino que logró que Juan Quevedo, miembro de su equipo legal, se constituyera como querellante en la causa. Mientras, la Fiscalía evalúa las pruebas (videos) aportados por la profesional agredida. Este accionar institucional marca un camino claro sobre cómo responder, de manera organizada, frente a hechos de violencia.
Tener un respaldo, sentir contención y visibilidad, puede marcar una diferencia profunda cuando un veterinario se enfrenta a situaciones de este tipo.
Desde el Colegio sostienen que si se logra que este caso avance como intento de homicidio, se podría dar un paso histórico en la defensa legal de los veterinarios en Argentina. La agresión a Rosa no fue un incidente menor, y mostrarlo como tal ante la Justicia puede cambiar la forma en que estos temas se abordan en el país.
Lo que este proceso pone en discusión es algo más profundo: el respeto hacia una profesión que, si bien se elige con pasión y vocación, no puede seguir ejerciéndose en condiciones de violencia o desprotección.
El reconocimiento institucional, la acción jurídica firme y la visibilidad pueden convertirse en herramientas clave para proteger a quienes, todos los días, sostienen sus clínicas, sus equipos y sus negocios en contextos que muchas veces son hostiles.
Un nuevo caso de leptospirosis en la provincia de Buenos Aires vuelve a poner en foco un tema clave: la salud pública empieza muchas veces en el consultorio veterinario.
El Ministerio de Salud bonaerense confirmó recientemente un caso fatal de leptospirosis en Ensenada. La persona afectada realizaba tareas en una zona anegada y habría estado expuesta a agua contaminada. A partir de este hecho, el Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires recordó el rol clave de los profesionales en la prevención, el control y la educación frente a enfermedades zoonóticas como ésta.
En este contexto, la intervención del veterinario cobra un valor particular: la detección temprana en perros, la indicación de vacunas, el asesoramiento al tutor o incluso una simple advertencia sobre condiciones del entorno pueden marcar la diferencia mucho antes de que la enfermedad llegue al sistema de salud humano.
“Algo tan simple como el aleteo de una mariposa…”
El efecto mariposa es un concepto que viene de la física: un aleteo en un lugar del mundo puede desencadenar una tormenta en otro. Se usa muchas veces para hablar de gestos o decisiones mínimas que terminan generando un impacto mucho mayor. Y en el mundo veterinario, este efecto toma un valor aún más especial.
Una consulta por fiebre en un perro. Una vacunación de rutina. Una charla breve con un tutor sobre el riesgo de aguas estancadas o acumulación de basura. Son acciones comunes en la práctica diaria. Pero cuando hay enfermedades zoonóticas en circulación, esos gestos pueden ser el primer eslabón de una cadena que previene algo más grande.
Ese es el efecto mariposa aplicado a la veterinaria: una acción puntual que, aunque no lo parezca, puede ayudar a evitar un brote, una internación o incluso una muerte. No porque el veterinario lo haga todo, sino porque está en una posición estratégica: es muchas veces el primero en ver una señal de alerta.
Una Sola Salud
Hablar de zoonosis es una invitación a cambiar la escala del impacto de tu trabajo diario: dejar de verlo como un acto clínico aislado y empezar a entenderlo como una pieza clave en el entramado de la salud pública.
La historia no tiene por qué empezar con la enfermedad en un hospital. Muchas veces puede terminar, silenciosamente, en un consultorio veterinario. Y eso también es parte del valor de esta profesión.
El enfoque de Una Salud propone entender que la salud humana, animal y ambiental están conectadas. Pero más allá del concepto, lo que este caso deja claro es que esa conexión se manifiesta en hechos concretos: en una vacuna que se aplica, en una conversación con un tutor, en una observación sobre el entorno.
Sólo en el primer semestre del año se notificaron más de 100 casos de leptospirosis canina y 134 casos humanos, concentrados principalmente en Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. En muchos de esos casos, los animales actuaron como indicadores tempranos del riesgo ambiental. Esa información, si se toma a tiempo, puede evitar consecuencias mayores.
El trabajo diario en las veterinarias muchas veces se da por sentado. Pero cada ficha clínica, cada análisis, cada recomendación puede ser una pieza dentro de una red sanitaria más amplia. El efecto mariposa no es un recurso poético: es una forma real de entender el impacto que puede tener una profesión cuando se ejerce con responsabilidad, criterio y conciencia del entorno.
La salud pública no es solo una cuestión de hospitales, ministerios o protocolos. También se construye en los consultorios, todos los días, si pensamos en el enfoque de Una Sola Salud.
Y muchas veces, empieza mucho antes de que se note.
El ataque que sufrió la MV Rosa Saturno en su veterinaria conmocionó al sector veterinario. Pero su historia no solo expone la violencia que pueden sufrir quienes ejercen esta profesión: también muestra el poder de una comunidad que se une, escucha, acompaña y protege cuando más se la necesita.
El martes 4 de noviembre, la MV Rosa Saturno fue agredida en la puerta de su veterinaria, ubicada en el barrio San Pablo, Córdoba. Una clienta, disconforme con la compra de un multivitamínico para sus conejos, volvió al local junto a su hija. Lo que parecía una discusión se transformó en violencia extrema: la joven sacó una tenaza de su cartera y golpeó a Rosa en la cabeza.
La profesional necesitó puntos de sutura y estudios médicos de urgencia. Más allá del daño físico, el impacto emocional fue profundo. A pesar de la gravedad del ataque, las agresoras no fueron detenidas y el caso fue inicialmente caratulado como “lesiones leves”, aunque luego se modificó a “lesiones leves con alevosía”. La querella, impulsada por el Colegio Médico Veterinario de Córdoba, reclama que se investigue como intento de homicidio premeditado.
El hecho generó una fuerte reacción en el sector, no solo por la violencia en sí, sino porque volvió a poner en evidencia una problemática que muchos profesionales conocen demasiado bien: el hostigamiento, las amenazas y la falta de protección real ante situaciones de conflicto.
¿Es suficiente el amor por la profesión?
Tras el ataque, Rosa Saturno habló con MOTIVAR sobre las consecuencias emocionales de lo vivido. Contó que ya asistía a terapia antes del hecho, pero que ahora el acompañamiento psicológico se volvió imprescindible. Le cuesta volver a trabajar, se siente vulnerable, y prefiere limitar la atención a perros y gatos, evitando por ahora las especies exóticas. “Voy un rato al consultorio y luego vuelvo a mi casa. Hago lo que puedo, de a poco”, compartió.
Su testimonio es un reflejo de algo que muchos profesionales sienten en silencio. Esta es una de esas profesiones que, como ella dijo, solo se pueden ejercer con amor. Pero cuando la vocación se enfrenta al maltrato, la desconfianza o la agresión directa, ese amor no siempre alcanza. Y la salud mental empieza a pasar factura.
La situación que vivió Rosa no es un caso aislado. Según datos del sector, la veterinaria se encuentra entre las tres profesiones con mayor índice de suicidios, un dato tan crudo como revelador. El desgaste emocional, el hostigamiento por parte de clientes y la presión constante no siempre se ven, pero están. Y muchos colegas, aun sin haber sufrido una agresión física, lidian con la ansiedad, el estrés y el miedo a diario.
No estás sola: la importancia de la red de apoyo
Después del ataque, Rosa no solo recibió atención médica y apoyo psicológico. También fue rodeada por una red de contención que incluyó tanto al Colegio Médico Veterinario de Córdoba como a colegas y tutores de sus pacientes.
El Colegio activó de inmediato su protocolo de asistencia y se presentó como querellante particular en la causa. Su presidenta, Natalia Elstner, declaró que el objetivo es acompañar a Rosa y llevar el caso hasta las últimas consecuencias. Esa intervención fue fundamental para impulsar el proceso judicial y brindar respaldo institucional desde el primer momento.
Pero el acompañamiento no se limitó a lo formal: Rosa expresó su gratitud por el “montón de amor” recibido: llamados, mensajes y gestos de apoyo de colegas de todo el país, proveedores y personas que la conocen por su labor profesional. En especial, se emocionó profundamente al ver la campaña #BastaDeViolencia impulsada desde Entre Ríos, que se sumó a otras iniciativas similares surgidas a raíz de su caso.
Todo ese acompañamiento fue clave para que Rosa pudiera empezar, de a poco, a volver a su rutina.
Cuidar del que cuida
Lo que atravesó Rosa Saturno es extremo, pero no aislado. Su caso dejó al descubierto algo que no se puede ignorar: el veterinario está expuesto a hechos de violencia, y, cuando ocurre, es clave contar con una respuesta institucional clara y un entorno humano que acompañe.
La percepción de los clientes sobre los profesionales y de sus servicios, las alegrías y frustraciones que experimentan son el punto de partida para definir un negocio exitoso.
El concepto de valor, si bien viene del marketing, es la percepción del cliente sobre los beneficios que generan tus servicios veterinarios. Y es lo que te diferencia de tu “competidor”, entendido desde un lugar positivo.
La propuesta de valor nunca, jamás, está apoyada en el factor precio – venta. Se basa en los beneficios que los servicios veterinarios generan en el paciente. Pero también están los beneficios emocionales, que importan mucho, y ahí se involucra la comunicación en cuanto a cómo ustedes como médicos y su equipo de trabajo se unen y conectan a su cliente.
Inseguridades y comunicación
Un ítem primordial a la hora de encarar tu empresa veterinaria es bajar las inseguridades que puede tener tu cliente, el tutor de pacientes al momento de ir a una consulta, al momento de desarrollar o de comprar un servicio veterinario.
Empecemos a pensar en las incomodidades que, sin querer, le podemos estar generando a un cliente.
¿Y qué inseguridades puede tener un cliente? Puede ser una inseguridad de riesgo quirúrgico. El costo de la cirugía.
¿Qué tenemos que hacer para sortear estas inseguridades? Profundizar las comunicaciones. Ser claros al momento de la consulta. Porque a veces el cliente tiene temor o vergüenza de preguntar. Entonces, vuelven a entender el tratamiento que ustedes van a hacer, con todo el fundamento médico que ustedes tienen.
Entonces, la comunicación vuelve a ejercer un papel principal. Bajamos inseguridades y bajamos las incomodidades.
¿Bajar una incomodidad en el servicio veterinario?
La veterinaria tiene cinco líneas de contacto. Cuatro redes sociales. WhatsApp. Teléfono de línea. Pero no atendemos ninguna. El WhatsApp no lo contestamos o respondemos a destiempo con una calidad no tan aceptable. Las redes sociales no las seguimos. No levantamos los mensajes de las redes.
“Empecemos a pensar en las incomodidades que, sin querer, le podemos estar generando a un cliente”, señaló Maggie Briceño, socia y gerente de Marketing de la revista Mi Negocio Veterinario y del MOTIVAR.
En el marco del último Congreso Veterinario Latinoamericano de Drovet 2024 celebrado en Rosario, Santa Fe, Argentina, la especialista aseguró que si “aumentamos los beneficios del producto y aumentamos los beneficios emocionales, bajamos la inseguridad y bajamos las incomodidades del cliente”.
“¿Qué va a pasar? Va a aumentar la creación de valor”, aseguró, en la charla que brindó junto a Javier Sánchez Novoa, director de la consultora en gestión veterinaria MERCADER, y miembro activo de la Red Iberoamericana de Gestión Veterinaria.
¿Qué hacés diferente a los demás?
¿Alguna vez te preguntaste esto? Según los disertantes, a partir de acá empezamos a construir porque determinar esto es “lo que nos levanta de lo más profundo a nuestra empresa veterinaria”.
¿También te preguntaste por qué te eligen?
“Tenemos diferentes herramientas para poder trabajar para entender al cliente. Sin éste, no hay paciente. Si no hay paciente, no hay empresa veterinaria. Entonces, empecemos a escuchar al cliente a través de diferentes herramientas como encuestas, conversar con ellos, y sobre todo, trabajar con el sistema de gestión, no importa cuál”, dijo Sánchez Novoa.
Cómo recabar información
Hay formas fáciles de obtener encuestas y con ello acceder a información. Tenemos WhatsApp Business, Google Business e Instagram, por ejemplo.
“Y tenemos las instantáneas: se pone una preguntita por WhatsApp Business o una preguntita por Instagram. Podemos hacerlo. Ser dinámicos cuando tenemos una duda sobre si le interesa esto a mi cliente. Formulan la pregunta, le dan una explicación de contexto, le ponemos un toque divertido y ya empiezan a tener información”, afirmó Briceño.
Para conocer bien el perfil del cliente y sus intereses, se puede generar un buen formulario en Google Forms, por ejemplo, enviando una encuesta oficial a los clientes. “Les decimos ‘¿Me puedes contestar esto? ¿Puedes poner algún beneficio, intercambio?’ Y así tenemos más información”, añadió.
“También las reseñas reflejan qué quieren y qué no quieren. Cómo les fue, si bien o mal. Ahí lo dice todo. A mí me gusta el Whatsapp Business y el Google Business porque ahí está directamente la intención de compra”, refirió la especialista en Marketing.
El 96% de los argentinos usa Google como buscador, por lo que es importante registrar el negocio veterinario geográficamente. Es necesario y realmente tiene potencial, el cual variará por zonas.
“Las personas confían en esta información, por lo que es importante tenerlo y los que ya lo tienen, deben prestar atención al perfil, que tenga la información actualizada”, remarcó Briceño.
“También es beneficioso provocar esas reseñas, pedir a los clientes que las dejen, en primer lugar porque Google te premia y te va a mostrar primero que a otros. Y segundo, porque ya te va a empezar a dejar información”, sugirió.
Segmentar los datos
Es fundamental segmentar a los clientes. ¿Bajo qué criterios? Especie, raza, rango etario, demográficamente, por servicio, entre otros. Todo esto va a ayudar a ordenar correctamente la información y la comunicación. Y también esto va a ayudar a automatizar la actividad.
“A la hora de segmentar hay que preguntarse qué valora el cliente. Si tienen un geronte, van a valorar la visita domiciliaria, la parte más emocional. En el caso de los cachorros, los veterinarios tienen una gran responsabilidad como administradores. En este caso seguramente los traerán parejas jóvenes que cada vez tienen más demandas, y en buena hora, para que puedan leerlo y articular acciones”, señaló Sánchez Novoa.
Margarita Briceño y Javier Sánchez Novoa sobre el escenario del Congreso Latinoamericano de Veterinaria de Drovet.
Alegrías y frustraciones
La estructura de la propuesta del valor está formada por dos extremos: las alegrías y las frustraciones, que las tienen los clientes y los veterinarios, “y que cuando se juntan, ocurre la magia, que es el encaje, algo parecido a una llave y una cerradura”, consignó el consultor.
“Y esa es la propuesta de valor: cuando estamos diciendo algo a un cliente y ese algo es permeable en él o ella”, agregó.
Volviendo a las alegrías y frustraciones: ¿Qué alegría puede tener un cliente en una veterinaria? Que llegue primero, que todo esté limpio, ordenado, que haya gente para asesorarlo, que ingrese y estén para atenderlo.
Es que “si prometemos algo, lo cumplimos. Es clave, es un gran generador de alegría y evita muchas frustraciones”, resumió Sánchez Novoa.
Y he aquí la fórmula: hay que sincerarse, sentarse (porque no sale en cinco minutos), y está formada por estas estructuras: ¿Para quién? ¿En qué? ¿Qué beneficios voy a generar para ese cliente a partir de las necesidades de ese paciente?
Luego, hay que especificar qué servicios debe ofrecerse a propósito del valor. Hay que hacer un detalle y no solo qué servicios, sino en qué categorías. E ir por la estructura de las frustraciones y las alegrías: “hacer el ejercicio, anotar por dónde va mi valor. Por ejemplo: ‘mi valor es entregar comunicación detallada. Yo cobro caro, porque me siento una hora con el paciente’, Y ver qué frustraciones le alivio y qué alegrías yo le estoy dando”, explicó el experto en gestión veterinaria.
“Parece algo pesado, pero hay que redactarlo, porque es como una declaración y de ahí puede empezar a expresarse otra propuesta”, concluyó.
El miedo no siempre se reconoce como tal: los veterinarios con los que conversamos los manifiestan en forma de postergación, de culpa, de excusa, de falta de decisión o de cansancio.
A continuación vamos a ponerle nombre a los miedos que más nos comparten, y a vincular cada uno de ellos con una herramienta probada de la psicología DBT, un modelo que invita a equilibrar la aceptación y el cambio.
“Si digo que no a esto, sólo voy a generar más problemas”
En este ambiente, poner límites suele juzgarse como falta de compromiso. Pero en realidad, decir que no es una demostración de cuidado: cuidás la calidad de tu trabajo, al paciente, tu relación con colegas, jefes y tutores; y, sobre todo, a vos mismo.
¿Qué habilidad podés aplicar? DEAR MAN.
Es un guión claro que te ayuda a comunicar la negativa de forma efectiva. Sus siglas resumen los pasos: describir, explicar cómo te sentís, ser asertivo, reforzar tu pedido, mantener tu posición, mostrar seguridad y negociar.
Tenemos una nota específica sobre esta habilidad, que te dejamos acá.
Tené en cuenta siempre que poner límites, en lugar de alejarte de los demás, asegura que puedas seguir estando ahí de forma sostenible.
Miedo a hablar de plata
“Si hablo de este tema, van a pensar que no tengo vocación”
Es usual escuchar, tanto de veterinarios como de tutores, que la vocación implica no pensar en dinero. Pero, en la realidad, el veterinario necesita y merece una compensación por su trabajo y conocimiento. Evitar el tema no es una demostración de empatía ni de amor por tu profesión: al contrario. Te expone al desgaste y al malestar.
¿Qué habilidad te proponemos? ACCIÓN OPUESTA.
Consiste en reconocer los impulsos de acción que te pide la emoción que estás sintiendo (esa que ya sabés que no te lleva al resultado que querés), y hacer exactamente lo contrario.
Por ejemplo: si al hablar del costo de un estudio sentís vergüenza, probablemente tu cuerpo se cierre, tu voz se vuelva más baja y empieces a justificarte demasiado.
La acción opuesta te invita a hacer lo contrario: mantener una postura abierta, cuidar el tono y volumen de tu voz, y comunicar el valor de tu trabajo sin excusas.
Es una forma de comunicarle a tu mente que esa emoción no va a dirigir la conversación.
Miedo a delegar y perder el control
“Dejá, es más fácil que lo haga yo”
En conversaciones con veterinarios, descubrimos que delegar no es sinónimo de alivio. Al contrario: es un factor de estrés, porque implica aceptar que el resultado no va a ser exactamente el que obtendrías vos.
Pero cuando todo depende de una sola persona, el margen de error aumenta exponencialmente y el cansancio también.
¿Qué habilidades podés usar? En este caso, te proponemos una combinación: MENTE SABIA + TOLERANCIA AL MALESTAR.
La primera habilidad implica convertirse en juez entre tu mente emocional y tu mente racional. Encontrar el camino del medio entre lo que sentís y lo que sabés o pensás. No se trata de eliminar la emoción ni de volver todo racional, sino de integrar ambas perspectivas. Cuando operás desde la mente sabia, elegís qué delegar con criterio, no desde el impulso ni desde la culpa.
Una vez que tomaste esa decisión, entra en juego la tolerancia al malestar. Esta habilidad te ayuda a atravesar la incomodidad natural de haber delegado algo que te cuesta soltar. En DBT, se entrena observando la emoción sin reaccionar de inmediato y usando recursos concretos: respirar, esperar, observar sin juzgar y recién después intervenir si es necesario.
Tené en cuenta que delegar no es un acto de desinterés, si no una distribución de responsabilidades en pos de un objetivo claro: que todo salga mejor.
Miedo a perder la vocación
“Ya no tengo ganas de venir a trabajar, debe ser que ya no me gusta ser veterinario”
Si te estás sintiendo así, lo más probable no es que hayas perdido la vocación, si no que ella esté enterrada debajo de capas de cansancio, exigencia y frustración. Seguramente no hayas perdido tu deseo de ayudar ni el amor con los animales, si no el contacto con el sentido original del trabajo.
Porque cuando la rutina es avasallante y entrás en modo de supervivencia, no hay conexión emocional que aguante.
¿Qué habilidades podés usar? En este caso, también te proponemos una combinación: ACUMULAR EXPERIENCIAS POSITIVAS + MENTE DEL ESTAR
La primera implica agregarle a tu día pequeñas experiencias que te devuelvan energía y sentido. Elegir los casos que más te apasionan, decorar tu espacio de trabajo, comer algo rico entre pacientes, usar el ambo que te haga sentir bien, retomar un proyecto que te entusiasmaba o hacer un curso que te inspire. Vos sabés qué cosas te conectan con el disfrute de tu profesión: se trata de volver a darles espacio.
Conectado con eso, vas a mantenerte en la “mente del estar”. Intentá relacionarte con la realidad no solo desde la acción, si no también desde la presencia y la observación. Habitá los momentos con atención plena, sin pensar en el paciente que se acaba de ir o en el turno que está por llegar.
Miedo a hacer un balance y ver los resultados
“Los números me van a decir que soy un fracaso”
En muchas clínicas, el momento de hacer balance se vive con tensión. Revisar resultados no siempre es un ejercicio de gestión: también puede ser un disparador emocional. A veces evitamos mirar porque creemos que esos datos hablan de nosotros, de nuestra capacidad o de nuestro valor profesional. Pero evitar la realidad no la mejora: sólo prolonga la ansiedad de no saber y, en el peor de los casos, hace que las consecuencias sean más graves.
¿Qué habilidad podés usar? VERIFICAR LOS HECHOS.
En DBT, esta herramienta invita a separar lo que realmente está ocurriendo de la interpretación emocional que hacemos sobre eso: que haya bajado el ticket promedio no significa que seas mal vendedor, solamente te marca un área de oportunidad.
Pensarlo así te permite aumentar tu campo de acción y dejar de relacionar tus resultados laborales con tu valor como persona.
Hablar de estos miedos no es solo un ejercicio emocional: es una herramienta de gestión.
Aprender a enfrentarlos es lo que permite que la práctica veterinaria sea sostenible, saludable y plena.
Te adelantamos la respuesta: sí. Siempre desde el enfoque correcto, todo se puede intentar. Te contamos cómo utilizar esta fecha para potenciar tu creatividad, humanizar tu marca, crear contenido educativo y trabajar el clima dentro de tu equipo.
Cada octubre, Halloween aparece en redes, vidrieras y campañas de todo tipo. Y como ya aprendimos, las tendencias pueden transformarse en oportunidad si tenemos claro un objetivo, segmentamos a los clientes, ponemos en marcha un plan de acción y evaluamos los resultados.
En el mundo del marketing, las fechas estacionales sirven para aumentar la visibilidad y generar conversación y cercanía. Pero en el rubro veterinario, el desafío es hacerlo sin perder tu tono, tu ética, ni tu propósito. No buscamos disfrazar tu clínica o seguir una moda, sino aprovechar el tema del momento para conseguir tus objetivos. Te compartimos algunas ideas que podés poner en práctica esta misma semana.
Halloween como laboratorio de creatividad
Usá la fecha como un entrenamiento de comunicación: probá nuevos tonos, formatos, recursos visuales o mensajes y observá (siempre) cómo responde tu comunidad. Halloween te permite testear ideas sin comprometer tanto la identidad de tu marca y aprender de la reacción de tu audiencia.
Eso sí, no todos los tutores se sienten identificados con este tipo de campañas. Antes de publicar, pensá qué perfil demográfico y emocional querés atraer: Halloween suele conectar mejor con audiencias jóvenes, digitales y con afinidad por el humor o la estética. Elegir a quién hablarle es parte del experimento.
Cada interacción te da información: qué nivel de humor acepta tu público, qué temas despiertan conversación y cuáles generan distancia. Halloween puede ser un buen punto de partida para ajustar tu estrategia de comunicación, no desde la intuición, sino desde la observación de datos reales.
Humanizá tu marca con humor inteligente
Halloween puede servir para salir un poco del discurso técnico y comunicar desde un lugar más cotidiano. Compartir algo del trabajo de todos los días ayuda a mostrar que detrás de la clínica hay personas que piensan, sienten y trabajan con compromiso. Esa transparencia genera confianza y hace que tu comunicación sea más recordable. Podés hablar de “sustos” comunes en la clínica, usar el lenguaje del miedo para destacar cuáles son los verdaderos monstruos del bienestar: las pulgas, las garrapatas o la automedicación. Si querés sumar un toque visual, podés mostrar al equipo con detalles naranjas o mensajes ingeniosos, o compartir una historia breve que empiece como un caso “de terror” y termine en una enseñanza sobre prevención.
Pequeños recursos que, bien pensados, muestran empatía y cercanía sin perder profesionalismo.
No pierdas la oportunidad de educar
Halloween es una excusa ideal para poner el foco en el bienestar animal y en la información de valor. Podés desmitificar creencias (como el miedo a los gatos negros), alertar sobre intoxicaciones por caramelos y decoraciones o hablar de responsabilidad en la adopción. Así convertís una fecha popular en una oportunidad educativa.
Este tipo de contenido, breve y claro, funciona muy bien en redes, pero también puede ser una herramienta de fidelización. Enviar un mensaje por WhatsApp o un email a los clientes que hace tiempo no visitan la clínica, con un consejo útil o una advertencia oportuna, demuestra que pensás en ellos más allá de la consulta. Esa continuidad de contacto, sostenida en información real y oportuna, refuerza la confianza y mantiene viva la relación entre visitas.
Trabajá en la cohesión de tu equipo
Las fechas temáticas también son una buena excusa para fortalecer el sentido de pertenencia dentro de la veterinaria. Podés aprovechar Halloween para crear pequeñas acciones internas que alivianen la rutina, refuercen la comunicación y conecten al equipo desde otro lugar. Por ejemplo, proponiendo que vayan disfrazados, armando una merienda de golosinas, invitándolos a decorar el espacio, propiciando un espacio en el que cuenten “historias de terror” que les hayan sucedido en el trabajo, o entregar premios del estilo “el exorcista de reclamos” o “el encantador de gatos”.
¿Entonces?
El verdadero truco no está en Halloween, sino en aprender a mirar cada efeméride con estrategia. Antes de decidir si “aprovecharla o no”, pensá tres cosas: ¿qué conversación genera esa fecha?, ¿qué vínculo tiene con tu propósito o con los valores de tu clínica?, y ¿qué podés aportar desde tu rol profesional para sumarte con sentido?
Cuando encontrás esa conexión, cualquier fecha, desde el Día del Animal hasta el inicio de clases, puede transformarse en una oportunidad de cumplir objetivos.
La serie es furor y pone de manifiesto que ya no alcanza con saber curar: ahora hay que saber escuchar, explicar con empatía, contener emociones y, sobre todo, comunicar valor.
El veterinario Antón (interpretado por Luis Zahera) tiene todo lo que define a un profesional de campo: experiencia, oficio y una paciencia curtida entre vacas, potreros y madrugones. Pero la vida —y la economía— lo empujan a un nuevo ecosistema: el de las mascotas urbanas y sus tutores.
Así arranca Animal, la nueva serie española de Netflix que, con humor y algo de crudeza, retrata el choque entre dos mundos que hoy conviven también en la realidad veterinaria: el del campo y el de la ciudad, el del “paciente productivo” y el del “hijo de cuatro patas”.
Cuando Antón acepta trabajar con su sobrina Uxía en una boutique de mascotas de lujo, deja atrás la rusticidad del establo para enfrentarse a otro tipo de corral: el de los perfumes caninos, las dietas hipoalergénicas y los tutores que hablan con tono de baby shower. Entre camitas y peluches con nombre propio, el veterinario de boina y botas de goma descubre que ya no alcanza con saber curar: ahora hay que saber escuchar, explicar con empatía, contener emociones y, sobre todo, comunicar valor.
Un contraste real y cotidiano
En los primeros capítulos, Antón repite que “antes bastaba con un diagnóstico y un apretón de manos”; ahora, debe encontrar la forma de decir lo mismo con un emoji. En su mirada se mezclan asombro, ternura y agotamiento, un cóctel familiar para muchos veterinarios que sienten que pasaron —sin escalas— de la tranquera a una sala de pediatría. Lo que en la serie genera risas, en la vida real puede ser fuente de estrés, confusión o frustración profesional.
A medida que avanza la trama, el protagonista atraviesa un proceso de reconversión que, con distintos matices, viven muchos colegas en Argentina y en el mundo: adaptarse a nuevos clientes, con nuevas expectativas y lenguajes. Aprende a hablar “perruno urbano”, a usar palabras suaves para noticias difíciles, a sonreír cuando un cliente le pide turno “solo para que le limen las uñas al nene”, y a respirar hondo cuando una clienta lo corrige con un tutorial de YouTube en la mano.
Pero, como todo buen veterinario, Antón se reinventa. Comprende que detrás de cada exageración hay amor genuino, y que ese vínculo emocional —aunque desafiante— también puede ser la llave para reconstruir su propósito profesional. Entre carcajadas y silencios incómodos, la serie deja entrever que la medicina veterinaria moderna ya no se trata solo de curar animales, sino de entender personas.
Por eso, más allá del humor, Animal pone sobre la mesa preguntas profundas: ¿qué pasa cuando el conocimiento técnico choca con las emociones del tutor? ¿cómo se sostiene la vocación en medio de tantas demandas? ¿y cómo se comunica sin perder la esencia?
Para quienes viven la profesión día a día, la serie puede ser un espejo con guiños y exageraciones, pero también una invitación a repensar el propio rol, a encontrar equilibrio entre la ciencia, la empatía y la gestión.
Con apoyo de Zoetis, Over y MyVete, el workshop VeteVisión se realizó en la previa del CIVI y convocó a decenas de veterinarios de Argentina y Paraguay.
VeteVisión se consolidó como una de las propuestas más esperadas de la previa Congreso Internacional Veterinario del Iguazú (CIVI). Con la presencia de cerca de 50 participantes de Argentina y Paraguay, la jornada fue un éxito tanto por la calidad de los contenidos como por el intercambio generado entre los asistentes.
El workshop se llevó a cabo en el marco del Hotel Amerian Portal del Iguazú donde la experiencia resultó enriquecedora para cada veterinario que decidió sumarse, aportando herramientas y reflexiones de aplicación inmediata.
La iniciativa, organizada en conjunto por Mi Negocio Veterinario y CIVI, se pensó como un workshop exclusivo y con cupo limitado, destinado a profesionales, dueños de veterinarias y pet shops que buscan adaptarse a los nuevos desafíos del mercado. Vale decir también que este iniciativa contó con el apoyo de la distribuidora Logisvet.
A lo largo de la tarde, se trabajó con dinámicas prácticas, materiales de apoyo y espacios de diálogo que favorecieron la participación activa. Además, el formato permitió un contacto directo con los disertantes y con colegas de distintas regiones, generando un verdadero ámbito de comunidad.
El negocio veterinario como puntapié
El programa incluyó ejes fundamentales para la gestión actual de las clínicas y comercios veterinarios. Desde la necesidad de comprender que el cliente cambió y exige nuevas respuestas, hasta la incorporación de estrategias concretas para afrontar caídas en las ventas, fidelizar pacientes y aprovechar la tecnología como aliada.
Uno de los momentos más destacados fue la presentación sobre marketing digital e inteligencia artificial, entendidas como un kit indispensable para cualquier negocio veterinario que busque crecer y diferenciarse.
Los contenidos estuvieron a cargo de Luciano Aba y Maggie Briceño, referentes de Mi Negocio Veterinario, quienes guiaron la jornada con un enfoque claro en la acción y en el ordenamiento de ideas.
También participó el MV Juan Pablo Luzuriaga (Veterinaria Itatí y Logisvet), que sumó su visión práctica desde la r
ealidad de los puntos de venta, enriqueciendo el debate con ejemplos cercanos y fáciles de identificar para el público.
En cuanto a la dinámica del workshop, la tarde se organizó con momentos de reflexión y también de networking, do
nde los asistentes pudieron intercambiar experiencias, conocer nuevas herramientas y proyectar acciones concretas para aplicar en sus consultorios y comercios. El ambiente distendido y la posibilidad de compartir miradas diversas generaron un cierre motivador, con la sensación compartida de haber dado un paso importante hacia una práctica veterinaria más sólida y actualizada.
Capacitación e intercambio
El encuentro contó con el acompañamiento de los Sponsors Zoetis, Over y MyVete, cuyo apoyo fue clave para la concreción de esta propuesta que se diferencia por su carácter innovador. La participación de estas empresas reafirmó la importancia de generar espacios de actualización que conecten a la in
dustria con los profesionales, aportando al desarrollo del sector en su conjunto.
VeteVisión logró cumplir con su objetivo: ofrecer un espacio de aprendizaje práctico y estratégico, pensado para ordenar, profesionalizar y fortalecer los modelos de gestión en un contexto desafiante. La propuesta dejó en claro que, cuando se combinan conocimientos, experiencias y el apoyo de la industria, es posible construir un futuro más previsible y lleno de oportunidades para el sector veterinario.