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El miedo no siempre se reconoce como tal: los veterinarios con los que conversamos los manifiestan en forma de postergación, de culpa, de excusa, de falta de decisión o de cansancio.

A continuación vamos a ponerle nombre a los miedos que más nos comparten, y a vincular cada uno de ellos con una herramienta probada de la psicología DBT, un modelo que invita a equilibrar la aceptación y el cambio.

Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
florciabadiplaksin@gmail.com

Los miedos más comunes de los veterinarios (y herramientas prácticas para superarlos)

Miedo a poner límites

“Si digo que no a esto, sólo voy a generar más problemas”

En este ambiente, poner límites suele juzgarse como falta de compromiso. Pero en realidad, decir que no es una demostración de cuidado: cuidás la calidad de tu trabajo, al paciente, tu relación con colegas, jefes y tutores; y, sobre todo, a vos mismo.
¿Qué habilidad podés aplicar? DEAR MAN.
Es un guión claro que te ayuda a comunicar la negativa de forma efectiva. Sus siglas resumen los pasos: describir, explicar cómo te sentís, ser asertivo, reforzar tu pedido, mantener tu posición, mostrar seguridad y negociar.
Tenemos una nota específica sobre esta habilidad, que te dejamos acá.
Tené en cuenta siempre que poner límites, en lugar de alejarte de los demás, asegura que puedas seguir estando ahí de forma sostenible.

Miedo a hablar de plata

“Si hablo de este tema, van a pensar que no tengo vocación”

Es usual escuchar, tanto de veterinarios como de tutores, que la vocación implica no pensar en dinero. Pero, en la realidad, el veterinario necesita y merece una compensación por su trabajo y conocimiento. Evitar el tema no es una demostración de empatía ni de amor por tu profesión: al contrario. Te expone al desgaste y al malestar.
¿Qué habilidad te proponemos? ACCIÓN OPUESTA.
Consiste en reconocer los impulsos de acción que te pide la emoción que estás sintiendo (esa que ya sabés que no te lleva al resultado que querés), y hacer exactamente lo contrario.
Por ejemplo: si al hablar del costo de un estudio sentís vergüenza, probablemente tu cuerpo se cierre, tu voz se vuelva más baja y empieces a justificarte demasiado.
La acción opuesta te invita a hacer lo contrario: mantener una postura abierta, cuidar el tono y volumen de tu voz, y comunicar el valor de tu trabajo sin excusas.
Es una forma de comunicarle a tu mente que esa emoción no va a dirigir la conversación.

Miedo a delegar y perder el control

“Dejá, es más fácil que lo haga yo”

En conversaciones con veterinarios, descubrimos que delegar no es sinónimo de alivio. Al contrario: es un factor de estrés, porque implica aceptar que el resultado no va a ser exactamente el que obtendrías vos.
Pero cuando todo depende de una sola persona, el margen de error aumenta exponencialmente y el cansancio también.
¿Qué habilidades podés usar? En este caso, te proponemos una combinación: MENTE SABIA + TOLERANCIA AL MALESTAR.
La primera habilidad implica convertirse en juez entre tu mente emocional y tu mente racional. Encontrar el camino del medio entre lo que sentís y lo que sabés o pensás. No se trata de eliminar la emoción ni de volver todo racional, sino de integrar ambas perspectivas. Cuando operás desde la mente sabia, elegís qué delegar con criterio, no desde el impulso ni desde la culpa.
Una vez que tomaste esa decisión, entra en juego la tolerancia al malestar. Esta habilidad te ayuda a atravesar la incomodidad natural de haber delegado algo que te cuesta soltar. En DBT, se entrena observando la emoción sin reaccionar de inmediato y usando recursos concretos: respirar, esperar, observar sin juzgar y recién después intervenir si es necesario.
Tené en cuenta que delegar no es un acto de desinterés, si no una distribución de responsabilidades en pos de un objetivo claro: que todo salga mejor.

Miedo a perder la vocación

“Ya no tengo ganas de venir a trabajar, debe ser que ya no me gusta ser veterinario”

Si te estás sintiendo así, lo más probable no es que hayas perdido la vocación, si no que ella esté enterrada debajo de capas de cansancio, exigencia y frustración. Seguramente no hayas perdido tu deseo de ayudar ni el amor con los animales, si no el contacto con el sentido original del trabajo.
Porque cuando la rutina es avasallante y entrás en modo de supervivencia, no hay conexión emocional que aguante.
¿Qué habilidades podés usar? En este caso, también te proponemos una combinación: ACUMULAR EXPERIENCIAS POSITIVAS + MENTE DEL ESTAR
La primera implica agregarle a tu día pequeñas experiencias que te devuelvan energía y sentido. Elegir los casos que más te apasionan, decorar tu espacio de trabajo, comer algo rico entre pacientes, usar el ambo que te haga sentir bien, retomar un proyecto que te entusiasmaba o hacer un curso que te inspire. Vos sabés qué cosas te conectan con el disfrute de tu profesión: se trata de volver a darles espacio.
Conectado con eso, vas a mantenerte en la “mente del estar”. Intentá relacionarte con la realidad no solo desde la acción, si no también desde la presencia y la observación. Habitá los momentos con atención plena, sin pensar en el paciente que se acaba de ir o en el turno que está por llegar.

Miedo a hacer un balance y ver los resultados

“Los números me van a decir que soy un fracaso”

En muchas clínicas, el momento de hacer balance se vive con tensión. Revisar resultados no siempre es un ejercicio de gestión: también puede ser un disparador emocional. A veces evitamos mirar porque creemos que esos datos hablan de nosotros, de nuestra capacidad o de nuestro valor profesional. Pero evitar la realidad no la mejora: sólo prolonga la ansiedad de no saber y, en el peor de los casos, hace que las consecuencias sean más graves.
¿Qué habilidad podés usar? VERIFICAR LOS HECHOS.
En DBT, esta herramienta invita a separar lo que realmente está ocurriendo de la interpretación emocional que hacemos sobre eso: que haya bajado el ticket promedio no significa que seas mal vendedor, solamente te marca un área de oportunidad.
Pensarlo así te permite aumentar tu campo de acción y dejar de relacionar tus resultados laborales con tu valor como persona.

Hablar de estos miedos no es solo un ejercicio emocional: es una herramienta de gestión.
Aprender a enfrentarlos es lo que permite que la práctica veterinaria sea sostenible, saludable y plena.

Te adelantamos la respuesta: sí. Siempre desde el enfoque correcto, todo se puede intentar. Te contamos cómo utilizar esta fecha para potenciar tu creatividad, humanizar tu marca, crear contenido educativo y trabajar el clima dentro de tu equipo.

Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
florciabadiplaksin@gmail.com

¿Es posible aprovechar Halloween desde la veterinaria?

Cada octubre, Halloween aparece en redes, vidrieras y campañas de todo tipo. Y como ya aprendimos, las tendencias pueden transformarse en oportunidad si tenemos claro un objetivo, segmentamos a los clientes, ponemos en marcha un plan de acción y evaluamos los resultados.

En el mundo del marketing, las fechas estacionales sirven para aumentar la visibilidad y generar conversación y cercanía. Pero en el rubro veterinario, el desafío es hacerlo sin perder tu tono, tu ética, ni tu propósito. No buscamos disfrazar tu clínica o seguir una moda, sino aprovechar el tema del momento para conseguir tus objetivos. Te compartimos algunas ideas que podés poner en práctica esta misma semana.

Halloween como laboratorio de creatividad

Usá la fecha como un entrenamiento de comunicación: probá nuevos tonos, formatos, recursos visuales o mensajes y observá (siempre) cómo responde tu comunidad. Halloween te permite testear ideas sin comprometer tanto la identidad de tu marca y aprender de la reacción de tu audiencia.
Eso sí, no todos los tutores se sienten identificados con este tipo de campañas. Antes de publicar, pensá qué perfil demográfico y emocional querés atraer: Halloween suele conectar mejor con audiencias jóvenes, digitales y con afinidad por el humor o la estética. Elegir a quién hablarle es parte del experimento.
Cada interacción te da información: qué nivel de humor acepta tu público, qué temas despiertan conversación y cuáles generan distancia. Halloween puede ser un buen punto de partida para ajustar tu estrategia de comunicación, no desde la intuición, sino desde la observación de datos reales.

Humanizá tu marca con humor inteligente

Halloween puede servir para salir un poco del discurso técnico y comunicar desde un lugar más cotidiano. Compartir algo del trabajo de todos los días ayuda a mostrar que detrás de la clínica hay personas que piensan, sienten y trabajan con compromiso. Esa transparencia genera confianza y hace que tu comunicación sea más recordable. Podés hablar de “sustos” comunes en la clínica, usar el lenguaje del miedo para destacar cuáles son los verdaderos monstruos del bienestar: las pulgas, las garrapatas o la automedicación. Si querés sumar un toque visual, podés mostrar al equipo con detalles naranjas o mensajes ingeniosos, o compartir una historia breve que empiece como un caso “de terror” y termine en una enseñanza sobre prevención.
Pequeños recursos que, bien pensados, muestran empatía y cercanía sin perder profesionalismo.

No pierdas la oportunidad de educar

Halloween es una excusa ideal para poner el foco en el bienestar animal y en la información de valor. Podés desmitificar creencias (como el miedo a los gatos negros), alertar sobre intoxicaciones por caramelos y decoraciones o hablar de responsabilidad en la adopción. Así convertís una fecha popular en una oportunidad educativa.
Este tipo de contenido, breve y claro, funciona muy bien en redes, pero también puede ser una herramienta de fidelización. Enviar un mensaje por WhatsApp o un email a los clientes que hace tiempo no visitan la clínica, con un consejo útil o una advertencia oportuna, demuestra que pensás en ellos más allá de la consulta. Esa continuidad de contacto, sostenida en información real y oportuna, refuerza la confianza y mantiene viva la relación entre visitas.
Trabajá en la cohesión de tu equipo
Las fechas temáticas también son una buena excusa para fortalecer el sentido de pertenencia dentro de la veterinaria. Podés aprovechar Halloween para crear pequeñas acciones internas que alivianen la rutina, refuercen la comunicación y conecten al equipo desde otro lugar. Por ejemplo, proponiendo que vayan disfrazados, armando una merienda de golosinas, invitándolos a decorar el espacio, propiciando un espacio en el que cuenten “historias de terror” que les hayan sucedido en el trabajo, o entregar premios del estilo “el exorcista de reclamos” o “el encantador de gatos”.

¿Entonces?

El verdadero truco no está en Halloween, sino en aprender a mirar cada efeméride con estrategia. Antes de decidir si “aprovecharla o no”, pensá tres cosas: ¿qué conversación genera esa fecha?, ¿qué vínculo tiene con tu propósito o con los valores de tu clínica?, y ¿qué podés aportar desde tu rol profesional para sumarte con sentido?
Cuando encontrás esa conexión, cualquier fecha, desde el Día del Animal hasta el inicio de clases, puede transformarse en una oportunidad de cumplir objetivos.

La serie es furor y pone de manifiesto que ya no alcanza con saber curar: ahora hay que saber escuchar, explicar con empatía, contener emociones y, sobre todo, comunicar valor.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Animal: la reconversión de los veterinarios llegó a Netflix

El veterinario Antón (interpretado por Luis Zahera) tiene todo lo que define a un profesional de campo: experiencia, oficio y una paciencia curtida entre vacas, potreros y madrugones. Pero la vida —y la economía— lo empujan a un nuevo ecosistema: el de las mascotas urbanas y sus tutores.

Así arranca Animal, la nueva serie española de Netflix que, con humor y algo de crudeza, retrata el choque entre dos mundos que hoy conviven también en la realidad veterinaria: el del campo y el de la ciudad, el del “paciente productivo” y el del “hijo de cuatro patas”.
Cuando Antón acepta trabajar con su sobrina Uxía en una boutique de mascotas de lujo, deja atrás la rusticidad del establo para enfrentarse a otro tipo de corral: el de los perfumes caninos, las dietas hipoalergénicas y los tutores que hablan con tono de baby shower. Entre camitas y peluches con nombre propio, el veterinario de boina y botas de goma descubre que ya no alcanza con saber curar: ahora hay que saber escuchar, explicar con empatía, contener emociones y, sobre todo, comunicar valor.

Un contraste real y cotidiano

En los primeros capítulos, Antón repite que “antes bastaba con un diagnóstico y un apretón de manos”; ahora, debe encontrar la forma de decir lo mismo con un emoji. En su mirada se mezclan asombro, ternura y agotamiento, un cóctel familiar para muchos veterinarios que sienten que pasaron —sin escalas— de la tranquera a una sala de pediatría. Lo que en la serie genera risas, en la vida real puede ser fuente de estrés, confusión o frustración profesional.

A medida que avanza la trama, el protagonista atraviesa un proceso de reconversión que, con distintos matices, viven muchos colegas en Argentina y en el mundo: adaptarse a nuevos clientes, con nuevas expectativas y lenguajes. Aprende a hablar “perruno urbano”, a usar palabras suaves para noticias difíciles, a sonreír cuando un cliente le pide turno “solo para que le limen las uñas al nene”, y a respirar hondo cuando una clienta lo corrige con un tutorial de YouTube en la mano.

Pero, como todo buen veterinario, Antón se reinventa. Comprende que detrás de cada exageración hay amor genuino, y que ese vínculo emocional —aunque desafiante— también puede ser la llave para reconstruir su propósito profesional. Entre carcajadas y silencios incómodos, la serie deja entrever que la medicina veterinaria moderna ya no se trata solo de curar animales, sino de entender personas.
Por eso, más allá del humor, Animal pone sobre la mesa preguntas profundas: ¿qué pasa cuando el conocimiento técnico choca con las emociones del tutor? ¿cómo se sostiene la vocación en medio de tantas demandas? ¿y cómo se comunica sin perder la esencia?
Para quienes viven la profesión día a día, la serie puede ser un espejo con guiños y exageraciones, pero también una invitación a repensar el propio rol, a encontrar equilibrio entre la ciencia, la empatía y la gestión.

Mirá el trailer acá

Con apoyo de Zoetis, Over y MyVete, el workshop VeteVisión se realizó en la previa del CIVI y convocó a decenas de veterinarios de Argentina y Paraguay.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

VeteVisión reunió a veterinarios y referentes de la industria

VeteVisión se consolidó como una de las propuestas más esperadas de la previa Congreso Internacional Veterinario del Iguazú (CIVI). Con la presencia de cerca de 50 participantes de Argentina y Paraguay, la jornada fue un éxito tanto por la calidad de los contenidos como por el intercambio generado entre los asistentes.

El workshop se llevó a cabo en el marco del Hotel Amerian Portal del Iguazú donde la experiencia resultó enriquecedora para cada veterinario que decidió sumarse, aportando herramientas y reflexiones de aplicación inmediata.

El negocio veterinario como puntapié

El programa incluyó ejes fundamentales para la gestión actual de las clínicas y comercios veterinarios. Desde la necesidad de comprender que el cliente cambió y exige nuevas respuestas, hasta la incorporación de estrategias concretas para afrontar caídas en las ventas, fidelizar pacientes y aprovechar la tecnología como aliada.

 

Uno de los momentos más destacados fue la presentación sobre marketing digital e inteligencia artificial, entendidas como un kit indispensable para cualquier negocio veterinario que busque crecer y diferenciarse.

Los contenidos estuvieron a cargo de Luciano Aba y Maggie Briceño, referentes de Mi Negocio Veterinario, quienes guiaron la jornada con un enfoque claro en la acción y en el ordenamiento de ideas.

También participó el MV Juan Pablo Luzuriaga (Veterinaria Itatí y Logisvet), que sumó su visión práctica desde la r

ealidad de los puntos de venta, enriqueciendo el debate con ejemplos cercanos y fáciles de identificar para el público.

En cuanto a la dinámica del workshop, la tarde se organizó con momentos de reflexión y también de networking, do

nde los asistentes pudieron intercambiar experiencias, conocer nuevas herramientas y proyectar acciones concretas para aplicar en sus consultorios y comercios. El ambiente distendido y la posibilidad de compartir miradas diversas generaron un cierre motivador, con la sensación compartida de haber dado un paso importante hacia una práctica veterinaria más sólida y actualizada.

Capacitación e intercambio

El encuentro contó con el acompañamiento de los Sponsors Zoetis, Over y MyVete, cuyo apoyo fue clave para la concreción de esta propuesta que se diferencia por su carácter innovador. La participación de estas empresas reafirmó la importancia de generar espacios de actualización que conecten a la in

dustria con los profesionales, aportando al desarrollo del sector en su conjunto.

VeteVisión logró cumplir con su objetivo: ofrecer un espacio de aprendizaje práctico y estratégico, pensado para ordenar, profesionalizar y fortalecer los modelos de gestión en un contexto desafiante. La propuesta dejó en claro que, cuando se combinan conocimientos, experiencias y el apoyo de la industria, es posible construir un futuro más previsible y lleno de oportunidades para el sector veterinario.

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Cuando el zapato aprieta

La realidad económica argentina no da tregua. Lo que hasta hace unos meses parecía terreno firme para las veterinarias de animales de compañía, hoy empieza a mostrar grietas: el amor de las familias por sus perros y gatos sigue intacto, pero los bolsillos ya no responden de la misma manera.

El gasto en salud y bienestar animal, que solía estar por encima de otros rubros, comienza a ajustarse. Y esa reducción se siente directamente en la facturación de las clínicas.

Las consultas bajan, las ventas de productos se ralentizan y muchos dueños de veterinarias advierten que, aun con mucho esfuerzo, los números ya no cierran como antes. En este escenario, es clave no dejarse llevar solo por la inercia del día a día. Porque cuando “el zapato aprieta”, lo peor que se puede hacer es quedarse quieto.

La primera tarea es ser proactivos: pensar campañas de estación, aprovechar la primavera para generar chequeos preventivos, desparasitaciones, vacunaciones, packs de diagnóstico o charlas abiertas que activen la agenda de los clientes.

El que se queda quieto, pierde.

Que quienes ya confían en la clínica vuelvan al menos una vez más de lo habitual. Que quienes nunca entraron, encuentren una buena excusa para hacerlo.

Pero ser proactivo en las ventas no alcanza si no revisamos, al mismo tiempo, el otro lado de la ecuación: los gastos.

Es hora de actualizar el punto de equilibrio real de la empresa, con las cifras de hoy. ¿Cuánto representan los salarios —incluido el

del propio dueño— con cargas sociales? ¿Qué peso tienen alquiler, servicios, mantenimiento? ¿Qué pasa con los insumos médicos, los impuestos y los costos financieros? Saber cuánto necesitamos facturar para cubrir todo, sin maquillajes, ni autoengaños, es el único punto de partida válido para decidir.

En veterinaria, como en cualquier empresa, rentabilidad no significa ganar mucho, sino evitar perder en silencio.

Y eso solo se logra con información concreta. Revisar los egresos, detectar ineficiencias, renegociar con proveedores o eliminar gastos que no aportan valor es tan importante como sumar consultas.

El desafío, entonces, es doble: salir a buscar a los clientes con propuestas claras y ordenarse puertas adentro para que cada peso cuente. No se trata de elegir entre vender más o gastar mejor; se trata de hacer ambas cosas al mismo tiempo.

Desde Mi Negocio Veterinario sabemos que no hay recetas mágicas. Pero sí hay un camino: medir, planificar y actuar. Quienes se animen a hacerlo tendrán más chances de sostener su clínica en este contexto adverso y de prepararse para cuando la rueda vuelva a girar. Porque va a girar. Y los que lleguen con orden, van a estar en mejor posición para aprovecharlo.

 

Más de 50 dueños de veterinarias y pet shops de Argentina y Paraguay participaron de la primera edición de un Workshop que no solo enseña, sino que motiva a sus asistentes a seguir mejorando y creciendo.

VeteVisión 2025: cuando la gestión se transforma en experiencia

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Con un formato participativo y una energía contagiosa, la primera edición de VeteVisión —organizada por Mi Negocio Veterinario y el Congreso Internacional Veterinario del Iguazú (CIVI)— reunió a 50 dueños de veterinarias y pet shops de Argentina y Paraguay. Un espacio donde la gestión, el marketing y la inteligencia artificial se pusieron al servicio del cambio.

El 2 de octubre, un día antes del inicio del CIVI en Iguazú, Misiones, se vivió algo diferente. No fue una charla más, ni un congreso tradicional.

VeteVisión 2025 fue un Workshop diseñado para pensar, compartir y hacer.

Cincuenta referentes del sector veterinario se sentaron alrededor de mesas de trabajo para mirar sus negocios desde otra perspectiva: la de la estrategia, los datos y la innovación aplicada.

“Lo que más me gustó fue la dinámica del evento, con conceptos simples y básicos, que redundan en mejoras concretas para la veterinaria. Hemos sumado herramientas que, sin dudas, pueden impulsar nuestros servicios y también las ventas”, resumió Pamela Aguirre, de Quinta Pata (Posadas, Misiones).

La jornada fue llevada adelante por Luciano Aba y Maggie Briceño, de Mi Negocio Veterinario, junto a Juan Pablo Luzuriaga, de Logisvet y Veterinaria Itatí, tres referentes que combinaron experiencia y frescura para guiar a los asistentes en un recorrido intenso y participativo.

A la práctica

Cada grupo trabajó sobre ejercicios prácticos vinculados a la realidad económica argentina y regional, abordando temas clave como gestión, marketing, ventas cruzadas, punto de equilibrio, ticket promedio y análisis de clientes activos.

A lo largo del día, se habló también de frecuencia media de visita, rotación de stock y planificación comercial, siempre con la mirada puesta en mejorar la rentabilidad sin perder la esencia profesional.

La dinámica fue ágil y cercana.

Los asistentes compartieron ejemplos, calcularon indicadores, compararon estrategias y se animaron a proyectar sus propios planes de negocio.

En cada mesa, las risas y los debates se mezclaron con hojas de trabajo, calculadoras y muchas ganas de aprender.

Uno de los momentos más valorados del workshop fue el bloque dedicado a las herramientas digitales.

Sin datos de ingresos y egresos no hay estrategia

“Sin datos de ingresos y egresos, no hay estrategia que funcione”. Luciano Aba.

Desde Mi Negocio Veterinario se destacó cómo la inteligencia artificial puede convertirse en una aliada real del negocio veterinario, optimizando tareas, potenciando la comunicación y ayudando a tomar mejores decisiones.

Los participantes conocieron casos concretos de uso de ChatGPT, NotebookLM y Notion, además de estrategias efectivas con Google My Business y WhatsApp Business, las dos plataformas más rentables para mantener el contacto con los clientes y aumentar la frecuencia de visitas.

Para aplicar mañana

El foco no estuvo solo en la tecnología, sino en cómo integrarla al día a día de la veterinaria sin perder el toque humano que define a la profesión. “Lo importante no es que la gente vaya una vez a la veterinaria, sino que vuelva”, fue una de las frases más repetidas y aplaudidas de la jornada.

VeteVisión no fue un encuentro de teoría, sino de práctica. Los asistentes analizaron sus propios números, discutieron sobre precios y servicios, y descubrieron la importancia de medir para poder decidir. Cada grupo cerró la jornada con una hoja de ruta concreta: pequeñas acciones que podían aplicar de inmediato en sus negocios.

“La inteligencia artificial viene a complementar el trabajo de muchos veterinarios”. Maggie Briceño

El entusiasmo se palpaba en el aire. Hubo momentos de reflexión, pero también de humor y compañerismo.

Muchos participantes coincidieron en que la experiencia los motivó a volver a mirar su veterinaria con otros ojos, entendiendo que la gestión no es una carga, sino una herramienta para sostener lo que más disfrutan hacer: cuidar animales y acompañar a sus familias.

La alianza entre Mi Negocio Veterinario y el CIVI permitió generar un espacio único en el país: un punto de encuentro para quienes creen que la medicina veterinaria del futuro se construye con conocimiento, planificación y colaboración.

VeteVisión 2025 demostró que es posible unir gestión y pasión, que los números también cuentan historias y que compartir experiencias multiplica los resultados.

El cierre fue tan simple como poderoso: aplausos, abrazos y promesas de volver. Porque si algo dejó claro esta primera edición es que cuando los veterinarios se reúnen a pensar en equipo, siempre aparece una nueva visión.

Y esa visión ya tiene nombre: VeteVisión 2026, en el mismo formato, fecha y lugar. Una nueva oportunidad para seguir aprendiendo, inspirándose y transformando la forma de gestionar las veterinarias de la región.

Es tiempo de poner manos a la obra y dejar atrás las excusas. Por eso, te comparto una serie de libros, podcast y recursos valiosos que seguramente van a inspirarte en tu rol como veterinario emprendedor.

Virginia Vallejo
Argentina
virginiamvallejo@gmail.com

Llegó el momento, ¡es hora de “afilar la sierra”!

Emprender en el mundo veterinario es un viaje fascinante: hay pasión, hay vocación, pero también incertidumbre, desafíos y dudas. Lo que descubrí en mi propio camino es que nunca podemos dejar de aprender (y menos en esta época en donde los cambios rápidos se han vuelto la regla).
La diferencia entre seguir corriendo sin rumbo o crecer con claridad está en darnos un momento para detenernos, reflexionar y, como dice Stephen Covey, afilar la sierra.
Ya sé lo que muchos están pensando: “no tengo tiempo”. Pero justamente esa es la trampa: si no nos damos unos minutos por día para inspirarnos y aprender, nunca tendremos tiempo real para mejorar. Y lo importante no es solo acceder al conocimiento, sino aplicarlo rápido.
Porque si no lo ponemos en práctica en la misma semana, se diluye y se queda en la nada. Por eso, querido/a emprendedor/a veterinario, armé esta curaduría de libros, podcasts, charlas y experiencias que me sirvieron mucho (y me sirven) en mi camino emprendedor. Y lo más valioso: te comparto qué herramienta concreta saqué de cada uno, para que puedas aplicarla en tu negocio.

Libros que transforman

  1.  El mito del emprendedor (Michael E. Gerber)
    Este libro me abrió los ojos sobre la trampa en la que solemos caer: confundir ser “dueños de un negocio” con ser “autoempleados”. Aprendí que si todo depende de mí, no tengo un negocio, tengo un trabajo mal pago y sin vacaciones.
    El autor expone un sesgo muy común: el “emprendedor técnico”. Creemos que porque somos buenos en nuestra profesión —ya sea veterinaria, programación, diseño o cualquier otra— podemos montar un negocio exitoso en ese rubro.
    El error está en pensar que la habilidad técnica garantiza saber manejar una empresa.
    Gerber explica que esto lleva al fracaso de muchos, porque ser excelente en la parte técnica no significa que sepamos de finanzas, gestión de equipos, marketing o estrategia.
    Lo peor es asociarnos con otro técnico igual a nosotros: dos personas con el mismo sesgo, reforzando la misma debilidad. La salida está en complementarnos: contratar a alguien que haga lo que no sabemos, o asociarnos con perfiles distintos que traigan lo que nos falta.
    ¿Qué herramienta encontré? Entendí que tenía que dejar de pensar solo como veterinaria y ponerme el sombrero de gerente y emprendedora. Así, cada vez que detecto una tarea repetitiva en Hoteles de Gatos Mishmosos, la documento como proceso y busco delegarla…. Me libero para buscar aliados estratégicos y dedicarme a crecer, en vez de quedarme atrapada en la operación.
  2.  Quién, No Cómo (Dan Sullivan & Benjamín Hardy)
    Un cambio de mentalidad brutal. En lugar de preguntarme “¿cómo hago esto?”, empecé a preguntarme “¿quién puede hacerlo?”. Ese simple giro me ayudó a armar equipo y dejar de sentir que todo pasaba por mí. Un punto de quiebre importante fue decirle adiós a la frase “Nadie lo va a hacer mejor que yo” y cambiarla por “¿Quién puede hacerlo con el menor esfuerzo y al menor costo?”. Desde que incorporé esto, cada vez que surge un proyecto, hago la lista de “quiénes” antes de pensar el plan. Esto me permitió multiplicar resultados sin multiplicar horas.
  3. El elemento (Sir Ken Robinson)
    Este libro me recordó que lo mejor ocurre cuando unimos pasión y talento. Como veterinaria, siempre amé a los gatos, pero descubrí que mi elemento estaba en combinar ese amor con la gestión y el emprendedurismo. Esto me permitió identificar mi “zona de flujo” y también ayudar a mi equipo a encontrarla. Hoy cada persona que trabaja conmigo tiene un rol más alineado a lo que disfruta hacer. No existe nada más productivo que una persona haciendo una tarea que le apasiona.
  4. El método Lean Startup (Eric Ries)
    Antes de leerlo, pensaba que tenía que esperar a tener todo perfecto listo para lanzar algo. Este libro me enseñó a probar con lo mínimo, medir resultados y ajustar. ¿Cómo lo apliqué? Lancé varios servicios de forma experimental (como la membresía Club Mishmosos y los cursos online) y validé su aceptación sin arriesgar demasiado capital.
  5. Empieza con el porqué (Simon Sinek)
    Me hizo reflexionar sobre el motor detrás de Mishmosos: no es solo cuidar gatos, sino darles tranquilidad a las familias. Cuando ese “porqué” se comunica, la gente conecta mucho más. Desde aquí, cada vez que comunico algo, empiezo contando el “para qué” antes del “qué”. Eso cambia la forma en la que los clientes nos perciben.

Podcasts que inspiran

Así como los libros o las charlas TED (Ver recuadro), también existen Podcast que aportan valor y me permitieron seguir incorporando conceptos en mi carrera.

  • Mindset Emprendedor (Endeavor): Historias de emprendedores de alto impacto que no ocultan los fracasos ni los tropiezos. Escucharlos me recordó que equivocarse es parte del proceso.
  • Aprender de Grandes (Gerry Garbulsky): Charlas profundas con personas que se animaron a hacer cosas distintas. Ideal para llevar nuevas ideas al negocio.
  • Libros para Emprendedores (Luis Ramos): Un recurso práctico: cada episodio resume un libro en menos de una hora. Cuando lo descubrí, empecé a usarlo para decidir qué títulos valía la pena leer completos.
  • Mentor360 (Luis Ramos): Mini cápsulas de 10 a 15 minutos con consejos de expertos en marketing, ventas, productividad y más.

Aprender de otros

Un error común es pensar que solo sirve aprender de nuestro sector. La realidad es que muchas de las ideas más innovadoras vienen de mirar hacia afuera. Escuchar a un emprendedor de tecnología, a un artista o a un chef puede darnos herramientas potentes y aplicables en la veterinaria.
Por ejemplo, la metodología Lean Startup nació en el mundo de las Startups digitales y hoy la aplico para lanzar servicios veterinarios.
La innovación se nutre de cruces.

¿Cómo aprovecharlo?

  • No acumules información. Elegí uno: un libro, un podcast o una charla.
  • Aplicalo en la misma semana. Hacelo hábito: lo que no se prueba pronto, se olvida.
  • Compartilo con tu equipo. El conocimiento se multiplica.
  • Sumate a comunidades. Rodearte de emprendedores hace que el aprendizaje sea más rápido y motivador.

El mayor error que podemos cometer como emprendedores es creer que no tenemos tiempo para aprender. Frenar, inspirarse y aplicar lo aprendido es la verdadera ventaja competitiva.
Y recordá: la inspiración no está solo en los libros de negocios. Está en una charla TED, en un café con otro emprendedor, en un podcast o en un evento lleno de ideas. Y lo más importante: no se trata de cuántos recursos o títulos acumules, sino cuántos ponés en acción.

Charlas que son «un shot» de energía

Las charlas TED son cápsulas de conocimiento que nos hacen ver el mundo con otra perspectiva. No duran más de 20 minutos y pueden movernos más que un curso entero. Son recursos gratuitos y están disponibles en YouTube.

Ken Robinson – ¿Las escuelas matan la creatividad?: Una de las charlas más vistas de todos los tiempos. Robinson muestra cómo la educación tradicional aplasta la creatividad. Lo trasladé a mi negocio: ¿cuántas veces hacemos lo mismo porque “siempre fue así”, en vez de innovar?
Simon Sinek – Cómo los grandes líderes inspiran la acción: La versión condensada de Empieza con el porqué. En 18 minutos entendés por qué algunos líderes logran que la gente los siga más allá de lo racional: porque inspiran desde el propósito.
Angela Duckworth – Grit: la pasión y la perseverancia como motor del éxito: Me marcó esta idea: el talento suma, pero la perseverancia gana siempre. Como emprendedores, muchas veces no se trata de tener la idea más brillante, sino de no abandonar a la primera caída.
Amy Cuddy – Tu lenguaje corporal da forma a quién eres: Una charla que me enseñó a cuidar no solo lo que digo, sino cómo lo digo. La vi cuando estaba rindiendo los últimos finales de la carrera de Veterinaria; cambiar la postura corporal me ayudó mucho a transmitir seguridad en materias en donde no me sentía experta y tampoco me gustaban, como las producciones de grandes animales; di 8 finales en menos de 3 meses.
Cada vez que veo una charla TED, anoto al menos una idea y busco aplicarla en los siguientes 7 días. Así dejo de ser espectadora y me convierto en protagonista del aprendizaje. ¿Te animás?

En los tiempos que corren, las clínicas veterinarias tienen la posibilidad de aplicar estrategias concretas no solo para darle valor a sus servicios, sino también para impulsar las ventas de estación.

Julia Bercovich
Mi Negocio Veterinario
julia@minegocioveterinario.com

¿Y si tu consulta necesita más ingredientes?

En marketing y comunicación experiencial, es sabido que el valor real de un servicio no siempre coincide con el valor percibido. Según Philip Kotler, lo que el cliente compra no es solo un producto, sino una propuesta de valor emocional, funcional y simbólica. Y autores como Schmitt o Dan Ariely profundizan esta idea: las personas valoran más aquello en lo que participan activamente. Cuando sienten que son parte del proceso, el vínculo con el servicio se refuerza, la experiencia se potencia y la recordación se prolonga.
Este concepto se refleja también en el comportamiento del consumidor cuando el producto es intangible o no genera un cambio visible inmediato… como sucede en muchas acciones preventivas del ámbito veterinario.

Cuando el cliente siente que es parte del proceso, el vínculo con el servicio se refuerza.

Un caso clásico que lo explica todo

En los años ´20, una empresa lanzó una premezcla para tortas que solo requería agregar agua antes de hornear. La promesa era irresistible: cocinar sin esfuerzo.
Pero el producto no se vendía.
Las amas de casa de la época —cuyo rol social estaba muy ligado a la cocina— sentían que poner solo agua no era “cocinar de verdad”. Faltaba algo.
El producto era técnicamente bueno, pero emocionalmente insatisfactorio.
La solución no fue mejorar la receta, sino incluir al usuario en el proceso. ¿Cómo?
La nueva fórmula requería cambiar el agua por leche y huevos. Resultado: se dispararon las ventas. Ese pequeño gesto simbólico devolvía protagonismo, sensación de acción, pertenencia… y satisfacción.

¿Qué tiene que ver esto con tu veterinaria?

Mucho más de lo que parece. Hoy, hay tutores que llevan a sus mascotas al veterinario, compran una pipeta, aplican un antiparasitario o hacen una consulta de rutina… pero no sienten que están haciendo “lo suficiente”.
Desde la mirada profesional, ustedes saben que un chequeo semestral o anual puede prevenir enfermedades graves.
Pero desde la percepción del tutor, si no hay intervención activa, si no participa, si no “hace” algo… no se valora igual.

Sin datos, tampoco hay paraíso

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Ser proactivo en las ventas es vital: campañas estacionales, chequeos preventivos, packs de diagnóstico o charlas que acerquen a los clientes a la clínica son un gran motor para sostener la agenda en tiempos de consumo retraído.
Sin embargo, nada de esto alcanza si no hay una gestión administrativa ordenada detrás.
Porque no se trata solo de vender más, sino de entender si esas ventas alcanzan para cubrir los costos y dejar margen real. ¿Cuánto representan hoy los salarios —incluido el del dueño— con sus cargas sociales? ¿Qué porcentaje se lleva el alquiler, los servicios o los insumos médicos? ¿Qué impacto tienen los impuestos y los costos financieros?
Sin esos números sobre la mesa, cualquier estrategia comercial puede convertirse en un castillo de naipes.
En veterinaria, como en cualquier empresa, rentabilidad no es “ganar mucho”, sino evitar perder en silencio. Y la única manera de lograrlo es con información precisa: saber dónde se fugan recursos, renegociar con proveedores, ajustar gastos que no aportan valor y fijar metas claras de facturación en función del punto de equilibrio actualizado.
El desafío es doble: salir a buscar clientes con propuestas que transmitan valor, y al mismo tiempo ordenar la gestión interna para que cada peso cuente. No se trata de elegir entre vender más o gastar mejor; se trata de integrar ambas acciones bajo una misma premisa: sin datos no hay decisiones inteligentes, y sin decisiones inteligentes no hay futuro sostenible para la clínica.

¿Cómo podés sumar valor simbólico a tu consulta?

Acá te comparto algunas ideas que quizás puedan servirte como disparadores:

1. Convertí la consulta en una experiencia compartida
No des por hecho que el tutor sabe y entiende todo lo que hacés. Mostrarlo:

  • Explicá lo que revisás.
  • Preguntá cosas que lo involucren.
  • Usá un lenguaje claro, con soporte visual, cercano, educativo.

Esto transforma la consulta en un momento de conexión y aprendizaje.

2. Ofrecé planes de salud con materiales entregables

Un plan de vacunación o desparasitación puede parecer algo frío o técnico. Pero esto podría cambiar si le sumás:

  • Carnet con sellos.
  • Certificado impreso o digital.
  • Recordatorio visual (como un imán con próximas fechas).

Así es como el tutor se lleva algo tangible de la veterinaria, un símbolo de cuidado.
En los tiempos que corren, agregar valor al servicio para incrementar (o de mínima sostener) el precio de la consulta es imprescindible.

3. Incorporá rituales o gestos simbólicos a cada paso
Así como la premezcla de nuestro ejemplo mejoró cuando se sumaron huevos, tu consulta mejora cuando le das al tutor algo que pueda hacer o sentir que hace:

  • Firmar un “compromiso de bienestar”.
  • Recibir una checklist con cosas para hacer en casa.
  • Participar activamente de la revisión.

4. Sumá tareas post consulta que refuercen el rol activo del tutor

  • Algunos tips personalizados.
  • Una rutina de cuidado domiciliario.
  • Algún juego o estimulación cognitiva recomendada.

¡No lo dudes! Esto extiende la experiencia más allá del consultorio.

Lo urgente es desparasitar, lo importante es enamorar

Llegó la primavera y con ella la temporada alta de antiparasitarios. Lo primero que debemos tener en cuenta es que no es solo el momento de mayor demanda: es una excusa perfecta para activar acciones de marketing relacional en tu veterinaria. Una oportunidad para conectar con los tutores, educar sobre prevención, mejorar la experiencia de atención y, sí, también vender mejor.
El secreto está en mirar más allá de la venta.
Como dice Philip Kotler, el marketing moderno debe centrarse en construir relaciones. No se trata solo de colocar un producto en manos del tutor, sino de generar valor, cercanía y continuidad.
Por eso, esta temporada puede ser mucho más que un pico de ventas. ¡Puede ser tu momento para destacarte!

¿Por qué decimos que esta temporada es ideal para el marketing veterinario?
• Porque hay más circulación en la veterinaria.
• Porque los tutores están más receptivos.
• Porque hablar de prevención te posiciona como referente.
• Porque podés implementar acciones simples, sin grandes presupuestos.

Estrategias
Te comparto acá algunas ideas:
1. Convertí la venta en una experiencia: No hace falta gran presupuesto, pero sí coherencia estética y narrativa. Podés armar una mini campaña temática, con cartelería, flyers, posteos y un tono unificado en todo el equipo.
2. Activá WhatsApp como canal de comunicación: Segmentá por fecha de última compra de antiparasitario y enviá recordatorios personalizados. Usá listas de difusión para compartir promociones, tips o trivias. Enviá contenido educativo breve: infografías, mitos y verdades, videos cortos.
3. Educá con creatividad en redes: No hables solo del producto. Hablá del problema que resuelve. La prevención no tiene por qué ser aburrida. Sumá campañas lúdicas y educativas.
4. Aplicá ventas cruzadas con criterio: El tutor que entra a comprar una pipeta o un comprimido nos da una oportunidad para también sugerir un chequeo preventivo; preguntar por el estado de vacunación y ofrecer productos complementarios: shampoo antipulgas, collares, juguetes, golosinas o productos de higiene.
5. Formá equipo; todos comunican: El marketing relacional no se hace solo desde Instagram. También está en cómo atienden en la recepción; el orden en el mostrador y hasta en cómo responde el equipo las dudas más comunes.
No lo olvides: una veterinaria que comunica con coherencia y calidez transmite profesionalismo… y eso fideliza.

Conclusión
Sí, el tutor necesita resolver un problema. Pero también busca un lugar en donde sentirse bien atendido, comprendido y contenido.
Si lo ayudás a prevenir, a entender, a recordar y a proteger… no solo te va a comprar. Te va a elegir.
Y ahí es donde empieza la diferencia.

Lo simple no siempre se valora; hacelo significativo

Una pipeta o un comprimido antiparasitario no parecen “gran cosa”.
Un control clínico de 15 minutos puede parecer poco ante la mirada de algún cliente que estuvo media hora esperando en la sala de espera.
Pero cuando el tutor se siente parte, cuando su acción se convierte en cuidado, cuando le das algo para hacer, guardar, compartir o contar, todo cambia.
El desafío está en encontrar el equivalente a esos “huevos y leche” simbólicos empleados tan fructíferamente en la gastronomía, para que transformen tu servicio en una experiencia emocionalmente valiosa y repetible.

Con más de 30 años de trayectoria y tres médicas veterinarias al frente, la clínica veterinaria 24 horas inauguró su nuevo edificio en Ramos Mejía. El sector sigue creciendo en Argentina.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Clivet: cuatro pisos de historia, vocación y futuro

Hay historias que resumen el espíritu de toda una profesión.
Clivet, la clínica veterinaria nacida hace más de tres décadas de la mano de tres médicas veterinarias egresadas de la UBA, es una de ellas. Lo que comenzó como un pequeño consultorio, con una camilla y muchos sueños, hoy se consolida como una institución modelo que acaba de inaugurar un moderno edificio de cuatro pisos en Villa Lugano, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, diseñado para ofrecer atención integral las 24 horas, con la más alta tecnología y un concepto renovado de bienestar animal y humano.
“Este paso es un sueño cumplido. Es el resultado de años de esfuerzo, trabajo en equipo y amor por lo que hacemos. Clivet creció con cada paciente y con cada familia que confió en nosotras”, expresaron sus fundadoras Marina Berardi, Laura Rodríguez y Gabriela Pisani, durante la recorrida que Mi Negocio Veterinario realizó por las nuevas instalaciones.

Un antes y un después

El nuevo edificio, luminoso, funcional y completamente equipado, refleja la madurez de un proyecto que no se detuvo nunca.
En sus cuatro niveles conviven los valores fundacionales de la clínica —calidez, compromiso y vocación de servicio— con una infraestructura que pone a Clivet a la altura de los mejores centros de atención veterinaria del país.
Allí cuentan con recepción, farmacia y consultorios generales, pensados para brindar un tránsito ágil y ordenado tanto a tutores como a pacientes. Asimismo, disponen de áreas de diagnóstico por imágenes, laboratorio y quirófanos, integrados por sistemas de registro y comunicación interna.
También exponen salas de internación diferenciadas (perros y gatos), con boxes individuales, control multiparamétrico, oxigenoterapia, ventilación asistida y seguimiento permanente del equipo profesional.
La novedad más esperada es, sin dudas, la sala exclusiva para atención felina, un espacio aislado acústica y visualmente del resto del edificio, con mobiliario adaptado, aromas neutros y temperatura controlada. “Sabemos que los gatos necesitan un ambiente tranquilo y seguro. Por eso diseñamos esta sala bajo estándares Cat Friendly, para reducir al mínimo el estrés del paciente y mejorar la experiencia de sus tutores”, destacaron las socias.

Tecnología de vanguardia

El nuevo Clivet mantiene su sello: atención veterinaria las 24 horas, los 365 días del año. El servicio de urgencias cuenta con un Shock Room totalmente equipado, con respiradores mecánicos, monitores y ecografía en sala, permitiendo actuar con rapidez ante cualquier emergencia.
“La salud de las mascotas no espera. Por eso, tenemos personal clínico, quirúrgico y de laboratorio disponible en todo momento”, explicaron.
Los servicios abarcan desde consultas clínicas preventivas, pediátricas y patológicas, hasta cirugías generales, de urgencia, traumatológicas, oftalmológicas y torácicas.
A ello se suma un completo laboratorio de análisis clínicos con atención 24 hs., donde se realizan estudios hematológicos, bioquímicos, serológicos y coproparasitológicos, con resultados rápidos y seguimiento digitalizado.
El área de diagnóstico por imágenes se apoya en equipos de radiología digital directa y ecografía de alta definición, con estudios abdominales, torácicos, endocrinos, musculoesqueléticos e intervencionismo guiado.
Además, la clínica veterinaria dispone de servicios de cardiología, traumatología y ortopedia, con profesionales de planta especializados que aseguran continuidad en el diagnóstico, la cirugía y el seguimiento de cada paciente.

Servicios también para veterinarios

Con una mirada colaborativa y de apertura al sector, Clivet ofrece un servicio integral para profesionales veterinarios que buscan derivar casos, cirugías o estudios de alta complejidad sin trasladar a sus pacientes.
“Nos enorgullece ser un centro de apoyo para colegas que necesitan una respuesta rápida, segura y confiable las 24 horas. Ponemos nuestras instalaciones, tecnología y equipo humano a disposición de toda la comunidad veterinaria”, subrayaron las directoras.
Esta propuesta incluye internaciones temporarias, asistencia en emergencias quirúrgicas y acceso a estudios complementarios, con comunicación directa entre los equipos y entrega digital de resultados.

Gestión y trabajo en equipo

En Clivet, la actualización profesional no es un eslogan: es una práctica diaria.
El staff se capacita de manera permanente en nuevas técnicas diagnósticas, anestesiología, manejo del dolor y atención empática con los tutores.
En tiempos donde la incertidumbre desafía a muchos emprendimientos, la inauguración de Clivet es una señal alentadora para toda la comunidad veterinaria: sí se puede crecer, invertir y planificar a largo plazo en la Argentina.
“Cada metro cuadrado fue pensado para mejorar la calidad de atención. Apostar a la tecnología, a la formación y a los equipos humanos es la mejor manera de sostener la confianza de los tutores y seguir elevando el nivel del servicio», resumieron las tres socias.
Más de 30 años después del primer consultorio, el espíritu sigue intacto: pasión por los animales, profesionalismo y compromiso con la salud y el bienestar. Con su nuevo edificio de cuatro pisos, Clivet no solo amplía su capacidad, sino que reafirma una forma de entender la veterinaria: con empatía, gestión y visión.
Porque si algo quedó claro es que cuando el amor por los animales se combina con planificación y trabajo sostenido, los resultados no tardan en verse. Y Clivet es hoy uno de ellos.

No hace falta elegir entre lograr tus objetivos, ser claro o ser amable. Te comparto una herramienta probada para que transformes conversaciones difíciles en un diálogo efectivo y evites el estrés laboral.

¿Es posible poner límites sin generar conflictos?

Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
abadi.flor@minegocioveterinario.com

Uno de los desafíos que más frecuentemente nos comparten los veterinarios tiene que ver con el afrontar conversaciones difíciles en la clínica.

No solo con tutores de mascotas que piden lo imposible o se enojan, sino también con compañeros de equipo, empleados o empleadores con los que pueden surgir rispideces. Pedir lo que necesitás, negarte a un pedido o marcar un límite suele sentirse como sinónimo de conflicto. Y esa tensión acumulada, en una profesión ya exigente, se convierte en una fuente constante de estrés.
Para este tipo de situaciones existe una herramienta concreta que proviene de la Terapia Dialéctico Conductual (DBT), un modelo validado internacionalmente para manejar emociones intensas y resolver interacciones complejas. Aunque este modelo nació en el ámbito de la desregulación emocional, cada vez más profesionales recomiendan incluirlo entre las habilidades necesarias para evitar el burnout.
Incluso grandes empresas ya capacitan a sus equipos en estas técnicas, porque han demostrado reducir la conflictividad y mejorar la comunicación en entornos de alta presión.

DEAR MAN: El guión definitivo

Este esquema ofrece una manera de ordenar la conversación para que no quede dominada por la emoción del momento, las interrupciones o la falta de claridad.
Al separarlo en pasos, es más fácil expresar lo que necesitás con asertividad sin dejar que el enojo, el cansancio o la tensión bloqueen tus palabras.
Lo valioso del DEAR MAN es que transforma una interacción que podría ser caótica en previsible, porque sabés por dónde empezar y cómo retomar y sostener tu punto. No se trata de sonar rígido o ensayado, sino de contar con un marco que te ayude a mantener el rumbo incluso en situaciones cargadas de estrés.

1. Describir la situación con objetividad:

Este paso es el que da una base firme a la conversación, por lo que requiere que tu interlocutor acuerde con vos.

Es por eso que se recomienda despojarlo de subjetividades.

Ejemplo: «Estoy de guardia hace 16 horas».

 

2. Expresar lo que sentís:

Mostrar cómo la situación te impacta. Es el momento de contar tu punto de vista.

¿Un ejemplo?: «Estoy agotado y necesito descansar”.

 

3. Asertividad:

Pedir claramente lo que necesitás o decir que no.

Ejemplo: «Necesito que otro colega cubra la guardia de mañana.»

 

4. Reforzar tu pedido:

Explicar por qué es razonable o beneficioso, tanto para vos como para el otro.

Ejemplo: «Si descanso, voy a poder atender con más claridad y reducir riesgos para los pacientes».

 

5. Mantener tu posición:

No desviarte, aunque aparezcan excusas o resistencia.

Ejemplo: «Entiendo la dificultad, pero realmente necesito que alguien más cubra la guardia.»

 

6. Aparentar seguridad:

Podés hacerlo de forma verbal o no verbal, hablando con firmeza, un tono estable y postura confiada.

 

7. Negociar:

Abrir la posibilidad de un acuerdo realista que contemple a ambas partes. Vos decidís con qué intensidad querés mantenerte en tu objetivo.

Ejemplo: «Si no podés cubrir toda la guardia de mañana, ¿podemos dividirla y que vos tomes la primera parte mientras yo cubro la segunda?»

 

Usar esta herramienta no significa que todas las conversaciones vayan a ser simples, ni que siempre logres exactamente lo que buscás. Sí te asegura comunicarte con mayor claridad, cuidar la relación con la otra persona y proteger tu bienestar emocional y profesional.
Como toda herramienta, requiere práctica: las primeras veces puede ayudarte tener el esquema por escrito, pero con el tiempo se vuelve un modo natural de estructurar tus conversaciones. Ya no pensás en cada palabra, sino que incorporás una manera más clara y efectiva de dialogar en tu día a día.