La osteoartritis es una de las principales causas del dolor crónico en perros y gatos
La médica veterinaria y referente en fisiatra y rehabilitación animal, Sol Pereyra Rozas, analiza una problemática sobre la cual surgen nuevas propuestas terapéuticas para mejorar la calidad de vida de los animales.
De la redacción de Mi Negocio Veterinario
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La mayor expectativa de vida de perros y gatos plantea también nuevos desafíos para la medicina veterinaria. Entre ellos, detectar y abordar enfermedades crónicas que pueden afectar durante períodos prolongados su calidad de vida.
Una de ellas es la osteoartritis, señalada como una de las principales causas de dolor crónico en los animales de compañía.
“Antes decíamos dolor crónico, a algo que duraba más de tres semanas. Pero en realidad, hoy el dolor crónico se entiende como un síndrome, como una entidad que afecta tanto a los perros, como a los gatos”, explica la médica veterinaria y referente en fisiatra y rehabilitación animal, Sol Pereyra Rozas.
La especialista destaca que, a medida que avanzó la medicina veterinaria, también mejoró la capacidad para detectar y comprender este síndrome.
Pereyra Rozas advierte sobre la magnitud que puede alcanzar el problema y señala que su presencia aumenta considerablemente con la edad.
“Más del 80% de los perros mayores a 10 años presentan osteoartritis y dolor crónico por osteoartritis”, sostiene.
Y agrega: “Además, más del 40% de los gatos también presentan dolor crónico por artritis, pero los veterinarios hasta ahora estamos detectando alrededor de un 13% de las mismas. Todavía debemos hacer mucho hincapié en la detección y en la comprensión de este síndrome de dolor crónico por osteoartritis”.
Perros y gatos: distintas señales
Uno de los desafíos está justamente en reconocer el dolor, algo que no necesariamente se manifiesta de la misma manera en perros y gatos.
“El perro te va a mostrar muchos más signos de movilidad, mientras que en los gatos pasa más por cambios en su conducta”, explica la referente del Centro de Rehabilitación Veterinaria, Ce.Re.Vet.
A partir de allí, la anamnesis y el motivo de consulta constituyen el punto de partida para avanzar con la revisación del paciente, contemplando aspectos como su raza, edad y antecedentes, entre ellos posibles fracturas.
Sin embargo, en los gatos el desafío puede ser todavía mayor.
“Es más complejo, porque el gato en el consultorio no camina, no salta, se agazapa. Entonces ahí dependemos muchísimo del tutor”, señala.
Por eso, las preguntas adquieren un papel central. ¿Salta como antes? ¿Camina como antes? ¿Sube y baja las escaleras de la misma manera? ¿Juega como lo hacía habitualmente?
Pereyra Rozas remarca que, en los gatos, una buena anamnesis y la información que aporta el tutor resultan fundamentales para detectar cambios que difícilmente puedan observarse durante una consulta.
“Si vos hacés bien las preguntas, en gatos tenés que apoyarte además con videos y con relatos”, explica.
Del tratamiento puntual a un abordaje integral
Así como cambió la comprensión del dolor crónico, también lo hizo la manera de abordarlo.
Pereyra Rozas recuerda que era habitual que un paciente recibiera durante algunos días antiinflamatorios no esteroideos (AINE), algún opioide como tramadol y, eventualmente, fuera derivado a otras alternativas terapéuticas.
Hoy, en cambio, la comprensión de los distintos componentes involucrados en el dolor asociado a la osteoartritis lleva a pensar en un tratamiento más amplio.
Según explica la especialista, en el dolor por osteoartritis intervienen componentes nociceptivos, inflamatorios, neuropáticos y nociplásticos, lo cual obliga a pensar su abordaje desde distintas perspectivas.
Es en este escenario donde aparecen también nuevas herramientas terapéuticas, entre ellas los anticuerpos monoclonales como los que arribaron a nuestro país de la mano de Zoetis.
Librela, a base de bedinvetmab, está destinado a perros, mientras que Solensia, cuyo principio activo es frunevetmab, está indicado para gatos. Ambos son anticuerpos monoclonales dirigidos contra el factor de crecimiento nervioso (NGF), involucrado en la señalización del dolor asociado a la osteoartritis.
En este sentido, Sol Pereyra Rozas destaca que estas alternativas se administran por vía subcutánea una vez por mes y grafica el objetivo de actuar sobre el NGF. “Bajan el volumen, la amplificación del dolor”, explica.
Sin embargo, la aparición de estas nuevas alternativas no significa que el abordaje deba concentrarse exclusivamente en una herramienta farmacológica.
Mucho más que un medicamento
Este es uno de los conceptos sobre los cuales más enfatiza la especialista.
“Cuando estamos hablando de osteoartritis no tenés que trabajar solamente la parte farmacológica”, sostiene. Según explica, el tratamiento puede requerir combinar diferentes herramientas de acuerdo con las características y necesidades de cada paciente. Entre ellas menciona técnicas de fisioterapia, campo magnético, láser, TENS, pregabalina y acupuntura.
“Hoy en día lo nuevo que tenemos son anticuerpos monoclonales que pueden integrarse en un abordaje multimodal”, señala.
Pero su mirada va incluso más allá: “Esa es la parte farmacológica, pero no podemos perder de vista la ambiental”. Y este último punto también requiere contemplar las particularidades de cada especie, ya que las adaptaciones ambientales necesarias para acompañar a un perro con osteoartritis no necesariamente serán las mismas que para un gato.
Buscar el dolor antes de que sea evidente
La elevada presencia de osteoartritis también plantea la necesidad de incorporar la búsqueda del dolor en los controles veterinarios de los animales de mayor edad. Por eso, Pereyra Rozas destaca que existen cuestionarios validados para evaluar el dolor crónico y señala que, como mínimo, es posible incorporar preguntas básicas durante la consulta y observar al paciente mientras camina en el consultorio.
Se trata de un cambio que, según la especialista, también comienza a instalarse entre los profesionales.
“El veterinario empieza a hacer un tratamiento más integral y a comprender que no es solamente dar un AINE por tres días o un condroprotector”, explica.
Y lo resume con una frase contundente: “El perro con dolor no se puede ir a la casa solo con un condroprotector”.
El desafío, entonces, no pasa solamente por disponer de nuevas herramientas terapéuticas, sino también por detectar antes el problema, comprender las distintas dimensiones del dolor y definir un abordaje sostenido para cada paciente.
Sobre todo, frente a una realidad que Pereyra Rozas plantea hacia el futuro de la profesión: los animales de compañía viven cada vez más años y, con esa mayor expectativa de vida, las enfermedades crónicas tendrán también un protagonismo creciente.