¿Se “pierde mucho tiempo” en tu veterinaria?
De la redacción de Mi Negocio Veterinario
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Si ya sabés que tu clínica no funciona como «un relojito», tomá nota y proponete optimizar tu flujo de trabajo. Acá te compartimos ideas.
Entre consultas, turnos, mostrador, pedidos de stock, redes sociales, atención a proveedores y todo lo que implica llevar adelante una veterinaria, no es raro que muchos días sientas que el caos reina. Y, claro, eso no solo impacta en tu estrés personal, sino también en la experiencia del cliente, el bienestar del equipo y, por supuesto, en la rentabilidad.
¿Pero sabías que una de las claves silenciosas detrás de las veterinarias más exitosas está en algo tan básico (y tan complejo) como optimizar el flujo de trabajo?
Hablemos claro: si las tareas no fluyen, se acumulan. Y cuando eso pasa, aumentan los tiempos muertos, hay desorden interno y, en el peor de los casos, el cliente se lleva una experiencia mediocre. Todo lo contrario a lo que buscas para tu negocio.
¿Qué es el flujo de trabajo y por qué importa?
Podríamos definirlo como la manera ordenada, sistemática y eficiente en la que cada tarea, consulta o servicio circula dentro de la clínica.
Desde la recepción del cliente, pasando por la consulta, la facturación, la entrega de productos y hasta la gestión de turnos y stock. Optimizarlo no es solo un tema de “hacer las cosas más rápido”.
Es hacerlas mejor. Reduciendo cuellos de botella, evitando errores y asegurando que cada miembro del equipo sepa qué tiene que hacer, cuándo y cómo.
¿Por dónde empezar a ordenar el caos?
- Mapeá cada paso
Parece simple, pero pocos lo hacen.
¿Qué pasa desde que un cliente pide turno hasta que se va con su mascota atendida? ¿Qué pasos internos sigue la reposición de un medicamento?
Una vez visualizado el proceso, vas a empezar a detectar los típicos “puntos de fricción”: ¿se anotan cosas en papel y después no aparecen?
¿Se olvidan de registrador alguna compra o consulta?
¿Hay productos que se vencen porque nadie chequeó fechas? - Armá una rutina diaria (¡y respetala!)
Las clínicas veterinarias tienen mil imprevistos, pero una rutina básica ayuda a no arrancar cada día desde cero.
Una lista sencilla de tareas que sí o sí deben cumplirse cada jornada, sin importar qué tan ocupado esté el día.
Ejemplos prácticos:
Chequear vencimientos y stock temprano (antes de comenzar el flujo de clientes).
Revisar agenda confirmar y turnos antes de media mañana.
Registrar ingresos/egresos antes del cierre.
Si esto está organizado, el resto del día fluye con menos sobresaltos. - Claridad en los roles
Que cada persona del equipo sepa exactamente qué tareas son su responsabilidad y cuáles no.
Nada genera más desorden que la famosa frase: “Ah, pensé que lo hacía otro”. - Gestioná la demanda según el día y la hora
Sabemos que hay horarios pico y otros más tranquilos. Aprovechar eso permite distribuir mejor al equipo, reducir tiempos de espera y ofrecer un servicio más fluido.
Anotá durante un mes los días y horarios con mayor movimiento. Después, podrás reorganizarte para reforzar esos picos, o incluso proponer promociones y recordatorios para que los clientes agendan sus turnos en horarios menos concurridos.
¿Cómo seguir?
Podés arrancar con algo tan simple como una reunión con tu equipo donde todos aporten ideas sobre dónde sienten que “se pierde tiempo” o “se complica la cosa”.
Vas a sorprenderte con la cantidad de soluciones que pueden surgir desde adentro.
Optimizar el flujo de trabajo no es una moda, es una estrategia concreta para que la clínica no dependa solo de que tú estés detrás de cada detalle.
¡A veces con pequeños cambios lograrás un gran impacto!