Liderar también es parte del trabajo
Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com
Tener la agenda no siempre es sinónimo de veterinaria saludable.
Puede parecer una afirmación extraña en un contexto donde muchos profesionales trabajan más horas de las que quisieran.
Sin embargo, es una realidad que aparece con frecuencia en las conversaciones que tenemos desde Mi Negocio Veterinario con dueñas y dueños de clínicas de toda la región.
Hay movimiento, mucho movimiento, pero eso no siempre implica que la empresa avance. De hecho, una veterinaria puede tener una facturación razonable, pero seguir encontrando dificultades para ordenar procesos, mejorar resultados, desarrollar a su equipo o proyectar el futuro.
Por eso es que hoy se requiere de un nuevo liderazgo. No de libro. Bien real. Y este fue uno de los mensajes que compartimos desde Mi Negocio Veterinario en Expo Veterinarias 2026, en La Rural de Palermo. Allí insistimos sobre una idea concreta: el liderazgo no es una característica de personalidad, es un rol.
Un rol que no puede faltar
Algunas personas son más extrovertidas y otras, más reservadas. Pero más allá de esas diferencias, toda empresa necesita que alguien ocupe el rol de liderazgo. No porque tenga todas las respuestas, sino porque alguien debe asumir la responsabilidad de ordenar, decidir, priorizar y marcar un rumbo.
Alguien tiene que conducir.
Y esa función implica mucho más que resolver problemas cotidianos. Implica entender qué tipo de empresa se está construyendo y cuál es su modelo de negocio.
Significa tomar decisiones basadas en datos y no solamente en percepciones. Supone administrar mejor los recursos disponibles, definir prioridades y asignar tiempo, dinero y energía a aquello que realmente genera valor.
También requiere comunicar con claridad. Explicar objetivos, dar contexto, sostener conversaciones incómodas cuando sea necesario y evitar que las decisiones queden atrapadas en la cabeza de una sola persona.
Liderar, hoy en día, implica aprender a delegar. Una clínica donde todo depende de una única persona puede funcionar durante un tiempo, pero difícilmente logre desarrollarse de manera sostenible.
A esto se suma otro desafío cada vez más relevante: motivar y acompañar al equipo.
No desde discursos inspiradores ni fórmulas mágicas, sino generando condiciones para que las personas comprendan qué se espera de ellas, cómo contribuyen al proyecto y hacia dónde se dirige todo.
Y, por supuesto, liderar también significa tener objetivos de crecimiento. Cuando no existe una dirección clara, las urgencias terminan ocupando todo el espacio disponible.
Más allá de esto, quizás una de las capacidades menos mencionadas, pero más necesarias, sea la tolerancia a la frustración.
Los cambios rara vez salen perfectos desde el inicio. Los nuevos procesos requieren ajustes. Las delegaciones generan errores. Las conversaciones difíciles incomodan. Los resultados muchas veces tardan más de lo esperado.
Pero nada de eso invalida el camino.
En definitiva, atender pacientes, vender productos y resolver urgencias forman parte del trabajo diario de cualquier veterinaria.
Pero liderar también.
Porque cuando nadie lidera, el negocio deja de avanzar por decisión propia y empieza a moverse al ritmo de las urgencias. Y esa diferencia, aunque pase desapercibida, suele definir gran parte del futuro de una veterinaria.


