Proponemos aquí detener su trabajo unos minutos y reflexionar acerca del grado de satisfacción personal con su labor cotidiana y desarrollo profesional. ¿Qué haría distinto si pudiera volver a sus inicios?
ROBERTO DUGHETTI
En «La Tregua», película de Sergio Renán basada en una novela de Mario Benedetti, se relata la historia de un viudo cincuentón -Martín Santomé (interpretado por Héctor Alterio)- al que se le pasó la vida en la oficina y que, cuando gracias al amor, toma conciencia de su vacío existencial, es tarde ya: la muchacha muere.
En este film de 1974 se suceden dos escenas que quisiera rescatar e incorporarlas a este relato. En una de ellas, una broma de oficina tiene un final inesperado: a Sierra (Walter Vidarte) le hacen creer que ganó el Prode y su alegría se transforma en una explosión desenfrenada; comienza a gritar (en el medio del alboroto y los abrazos con los compañeros de oficina que le hicieron la broma): «¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Lo sacamos! ¡Lo sacamos! ¡El prode! ¡Setecientos cuarenta palos! ¡Nos retiramos, de la empresa! ¡Nos retiramos todos…pero con guita! ¡Con gui – ta!». Y a exclamar (mientras arranca y arroja hacia arriba manojos de hojas y documentos de algún archivo): «¡Se acabó! ¡La oficina se acabó! ¡Se a – ca – bó! ¡Se acabó!».
Una y otra vez, hasta que irrumpe el jefe, quien pregunta qué son esos gritos y Sierra le dice: «¡Mirá cómo tiemblo!, cerdito querido; tengo una noticia que darte. ¡Somos Millonarios! ¡Mi – llo – na – rios! ¡Todos no-sotros somos millonarios y vos te podés ir al carajo! ¡Dejame que te de un besito!».
Ante la mirada atónita y azorada de sus compañeros, que ya no pueden frenarlo, continúa dirigiéndose a ellos y al propio jefe: «¡Pero todavía le tienen miedo! ¡No se dan cuenta que lo podemos alquilar para que nos abra la puerta del auto! ¡Somos millonarios! ¡Mi – llo – na – rios!
Pero no te preocupes, te vamos a tirar unos mangos, cerdito».
En la escena siguiente, Sierra está sentado en el inodoro del baño de la oficina, apesadumbrado, con los brazos sosteniendo su cabeza, rodeado por sus compañeros, quienes le ofrecen juntar el sueldo entre todos hasta que consiga un nuevo trabajo. Sierra levanta levemente su mirada y les dice: «¡Por qué no se van a la mierda!».
La otra escena -muy corta pero fundamental- muestra la aparición de Santili (Antonio Gasalla), un nuevo compañero de oficina de Alterio.
Es tímido, callado, afeminado y sufre de claustrofobia. Sus compañeros se burlan de él. En la escena en cuestión, está contemplando abstraído a un apuesto y mujeriego compañero de trabajo.
Cuando otro lo advierte, lo asusta y a Santili se le caen todos los papeles, pero éste, lejos de reaccionar pasivamente, responde enérgicamente: «¿Por qué me cargan? ¿Por qué? ¿A ustedes les gusta esta vida? ¿Ustedes están contentos con esta rutina? ¿No se imaginan nunca que uno podría estar en otra parte viviendo otra vida, haciendo algo mejor que copiando números inútiles en papeles que nadie lee?
¡Idiotas! ¿A ustedes no les gustaría ser millonarios? ¿O artistas? ¿O hermosos?
¿Ustedes están realmente contentos con esta vida miserable?»
Ambas escenas guardan algo en común.
De alguna manera, las dos, ponen a las personas al desnudo frente a su propia realidad, teniendo en claro en un caso y preguntándose en otro, si es ésta la vida que se ha elegido vivir. Si es lo que se está haciendo o cómo se lo está haciendo, lo que hemos elegido como nuestro destino.
En la primera, se revela en forma desgarradora que el único móvil para que Sierra siga yendo al trabajo es el dinero, pero que aborrece su tarea. La segunda, pone al personaje hablando de sí mismo con valentía pero involucra a todos los compañeros que, aún sintiéndolo, no lo dicen.
Todo tiene que ver con todo
«La Tregua» es una película que interpela. A pesar de que se podría especular si aquella sociedad era más o menos hipócrita que la actual, en esta nota me conformaría con contribuir a que -al menos algunos colegas- detengan su trabajo unos pocos minutos y reflexionen acerca de su grado de satisfacción con su labor y de- sarrollo profesional.
Este artículo podría haber sido escrito para cualquier veterinario recién graduado que está en un proceso interno de decisión acerca de cómo va a encarar su futuro.
Sin embargo, pretende dirigirse a cualquier profesional de pequeños animales (y por qué no de grandes) que tenga rumbos, caminos o aspectos para modificar o tan siquiera plantearse en el presente.
¿Es posible empezar de nuevo?
Los invitamos a compartir cuáles de las siguientes (podrían ser algunas otras más) acciones mejorarían o incorporarían si tuvieran la posibilidad de abrir nuevamente sus veterinarias. ¿Cómo lo harían?:
Zona o ciudad donde instalarse.
Relación con los clientes.
Gestión de las comunicaciones.
Manejo financiero y flujo de fondos de la empresa.
Gestión de los recursos humanos.
Marketing aplicado a la profesión.
Manejo de las operaciones y los sistemas informáticos.
Gestión administrativa.
Medidas de seguridad.
Aspectos legales.
Planificación y decisiones.
Disposición física, diseño y construcción.
Cualquier otro que ustedes crean necesario incorporar.
Después de 250 años de reciente historia, la veterinaria ha sufrido cambios significativos y a una velocidad sorprendente, fundamentalmente, en los últimos años.
La tendencia creciente y significativa hacia el cuidado de los animales ha modificado -y lo sigue haciendo- la naturaleza de la profesión. Esta parece y de hecho lo es, una verdad de Perogrullo.
Sin embargo, hasta que no se entienda con profundidad todo lo que ello significa y conlleva, no se tendrá una real dimensión de sus consecuencias.
No sólo expresa que el cuidado de los animales de compañía ya no se basa en factores económicos, o que ya no se equipare el valor del animal con los gastos de atención médica.
Los veterinarios trabajamos sobre un vínculo humano/animal y, por lo tanto, nos ocupamos de una relación que involucra afecto, sentimientos y emociones.
Algo tan trascendente y delicado para las personas como eso.
La primera pregunta, entonces, es: ¿estamos dispuestos a hacer medicina a sabiendas que debemos trabajar en otros aspectos que no tratan esencialmente del acto médico, pero que nos harán mejores profesionales?: relacionamiento, comunicación y recomendaciones efectivas…
Está claro que esta tendencia ha influido tanto sobre la práctica veterinaria como sobre los programas de estudio: se ha modernizado la currícula en cuanto a sus contenidos, las nuevas tendencias médicas y prácticas de diagnóstico y tratamiento; pero poco y nada han hecho las universidades en lo que se refiere al manejo de las relaciones humanas y la gestión en una veterinaria, clínica, hospital o consultorio.
Depende de uno
En este sentido, nada ni nadie gobierna nuestros deseos, los cuales deberían transformarse en objetivos y en la planificación necesaria para obtenerlos.
Por eso, cualquier camino que se escoja es válido siempre que la creación de valor se adapte a las necesidades y deseos cambiantes de los clientes y sus mascotas.
En ningún lado está escrito que se debe hacer únicamente clínica; o que se le debe dar un protagonismo clave al sector de alimentos o a la farmacia; que debemos instalar un hospital modelo; hacer la cirugía o derivarla; que tenemos que incluir todos los servicios diagnósticos, o realizarlos con otro colega o en un instituto especializado; tener internación o no tenerla; que debemos ejercer tal o cual especialidad médica, etc.
Lo más importante es que nos preguntemos qué es lo que querríamos realmente hacer, cuál es nuestro modelo y la forma de vida que anhelamos.
¿Resignamos tiempo? ¿Resignamos dinero? A veces, el propio crecimiento de un emprendimiento nos pone en la disyuntiva: ¿Ampliamos las instalaciones? ¿Abrimos una sucursal? ¿Incorporamos más colegas? ¿Mantenemos lo logrado? ¿Era esto lo que queríamos?
En todos y en cualquiera de los casos, lo que debemos tener en claro es que la articulación entre sólidos conocimientos técnicos y científicos, excelencia en la práctica clínica y/o quirúrgica y las competencias necesarias para una gestión adecuada, son factores clave de éxito.
La gestión o gerenciamiento no puede estar fuera si realmente queremos progresar, realizarnos profesionalmente y ser felices.
Preguntas para colegas recién graduados son: ¿Me interesa aprender acerca de la comunicación? ¿Me interesa saber acerca de la gestión de personas? ¿Deseo saber llevar a cabo programas de venta de productos? ¿Quiero entender los aspectos financieros y de organización de la clínica/veterinaria? ¿Me interesa ejecutar sistemas de recordación y comercialización de servicios? Si ninguno de estos aspectos me interesa: ¿Me he preguntado cómo resolveré la administración de mi emprendimiento profesional?
El desafío
Como en todo ambiente de trabajo, un veterinario líder de proyecto -que está satisfecho- tendrá más oportunidades de crear una atmósfera agradable y de motivación para el personal que lo acompaña, para un mejoramiento continuo y para la creación de un círculo virtuoso de retroalimentación positiva entre la clínica, sus empleados, los clientes y sus mascotas.
Desde DOSmasDOS entendemos que sería una linda oportunidad de ayuda y soporte, a la vez de un servicio muy interesante, responder y profundizar las inquietudes que puedan surgir en las diferentes disciplinas de gestión. Es por ello que, a modo de disparadores, les brindamos algunos títulos para que nos contacten y comenten cuáles de ellos modificarían de lo hecho, si tuvieran la oportunidad de empezar de cero en sus empresas.
Región, zona o ciudad donde instalarse.
Manejo de la relación con los clientes.
Gestión de las comunicaciones.
Manejo financiero y flujo de fondos.
Gestión de los recursos humanos.
Marketing aplicado a la profesión.
Manejo de las operaciones y los sistemas informáticos.
Gestión administrativa.
Medidas de seguridad.
Aspectos legales de la práctica profesional.
Proceso ligado a la planificación y toma de decisiones.
Disposición física, diseño y construcción.
Cualquier otro que ustedes crean necesario incorporar.
De la recepción de las inquietudes que recibamos a través de: dosmasdos@aideas.com.ar, surgirán los temas que despierten mayor interés, para un mejor tratamiento en este medio y, fundamentalmente, para posicionarlos en la mente de los profesionales como tareas pendientes sobre las cuales, sin ninguna duda, se puede trabajar.
Nunca es tarde, sobre todo, cuando se trata de alcanzar la propia felicidad.
La necesidad de plantearse interrogantes
Los veterinarios trabajamos sobre un vínculo humano/animal y, por lo tanto, nos ocupamos de una relación que involucra afecto, sentimientos y emociones.
Algo tan trascendente y delicado para las personas como eso.
La primera pregunta, entonces, es: ¿estamos dispuestos a hacer medicina a sabiendas que debemos trabajar en otros aspectos que no tratan esencialmente del acto médico, pero que nos harán mejores profesionales? ¿Qué rol le asignamos actualmente al relacionamiento con los otros y a las recomendaciones efectivas, entre otras acciones ligadas a la gestión empresarial?
Preguntas para colegas recién graduados: ¿Me interesa aprender acerca de la comunicación? ¿Me interesa saber acerca de la gestión de personas? ¿Deseo saber llevar a cabo programas de venta de productos? ¿Quiero entender los aspectos financieros y de organización de la clínica/veterinaria? ¿Me interesa ejecutar sistemas de recordación y comercialización de servicios? Si ninguno de estos aspectos me interesa: ¿Me he preguntado cómo resolveré la administración de mi emprendimiento profesional?
Roberto Dughetti
Médico Veterinario (UBA 1981). Director comercial en Co Panacea S.A. Curso completo de Master en Marketing Estratégico (UCES 2005 – 06). E – mail: roberto.dughetti@panacea.com.ar.