“No es una utopía: se puede ser feliz y rentable en la veterinaria”
Lizi Dominguez
Redactora
info@minegocioveterinario.com
Desde su Veterinaria Vida, desde el aula y desde su pasión por las competencias humanísticas, el MV Javier Paoloni siembra a diario esta potente idea.
En una ceremonia marcada por la diversidad de perfiles y el entusiasmo por el futuro, la Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba, distinguió recientemente a tres profesionales del ecosistema emprendedor local: una referente del triple impacto, un experto en inteligencia artificial… y un veterinario. Se trata de Javier Paoloni, fundador y alma máter de Veterinaria Vida, una clínica con más de dos décadas de historia que ha sabido crecer en estructura, servicios y, sobre todo, en propósito.
El reconocimiento no fue casual. Paoloni no solo forma parte desde 2019 del Programa de Formación en el Desarrollo Emprendedor —una propuesta innovadora y gratuita para estudiantes y profesionales de la zona—, sino que lleva años predicando con el ejemplo: ser un veterinario no es solo atender animales. Es liderar equipos, construir vínculos, tomar decisiones estratégicas y tener la valentía de repensarse cada día.
Nacida del esfuerzo
Veterinaria Vida nació en 2003, “en un garaje chiquito”, como recuerda Javier. Hoy, con 22 años de trayectoria, funciona en un moderno edificio de dos pisos con salas de espera separadas para perros y gatos, servicios diferenciados y todo el equipamiento necesario. Pero lo que más destaca su fundador no son las paredes ni los aparatos, sino la cultura que sostiene ese lugar.
“Es como una hija para mí”, dice, y no es una metáfora. La gestó y la acompañó en cada una de sus etapas tanto como a sus tres hijas: Camila (28), Maitena (24) y María Sol (20).
“Hoy en día, el que no se adapta, pierde”.
Hoy su equipo está conformado por cinco clínicos, una especialista en medicina felina (su hija), dos ecografistas, un cirujano, una dermatóloga, un oncólogo, contador, abogado… y un compromiso inquebrantable con el bienestar animal y humano. Paoloni trata patologías cardiorrespiratorias y gestiona todas las áreas de su empresa.
“Si hubiera tenido las herramientas que tengo hoy, me habría ahorrado muchos errores. Pero todo llega a su tiempo”, reflexionó.
Claves que construyen
¿Qué sostiene este crecimiento sostenido y sustentable? ¿Qué hace que Veterinaria Vida siga floreciendo cuando muchas clínicas luchan por sostenerse?
Paoloni lo resume en una estructura tan simple como poderosa y es la que precisamente transmite a sus colegas:
1. Trabajo en equipo: “Empezar desde lo básico: crear espacios donde
podamos compartir lo que pensamos y sentimos, sin miedo a ser juzgados. Espacios con seguridad psicológica”.
2. Comunicación interna: “Corregimos errores sin explicar, damos por entendido lo que no se dijo. Necesitamos procesos comunicacionales con intencionalidad y contenido”.
3. Cambio de comportamiento: “No imponemos el cambio desde el deseo, sino desde el miedo. Por eso no se sostiene. Falta reforzamiento, y sin refuerzo volvemos a foja cero”.
4. Comunicación con el cliente: “Nos entrenan para mirar al animal, no al tutor. Pero ahí está la clave: comprender sus emociones, sus historias, sus límites. Esa empatía es lo que genera fidelidad”.
Todo emprendimiento tiene una parte técnica y una parte humana. Y esa parte humana es la que motoriza los logros”.
Lo humano importa
Para Paoloni, no se trata sólo de organizar mejor una clínica, sino de transformar la mirada sobre la profesión. “No estamos en la era de la inteligencia artificial, sino en la era de la adaptabilidad infinita”, afirma con convicción. “Y para adaptarnos, necesitamos lo humano”, refuerza.
Su propuesta es clara: ciclos cortos de acción y corrección.
“En vez de hacer mil kilómetros sin freno, parar cada 100, revisar, ajustar. No se trata de improvisar, sino de recorrer el camino con inteligencia y sensibilidad”, aseguró Paoloni en diálogo con Mi Negocio Veterinario.
Y completó: “A muchos colegas les falta formación en competencias humanísticas. Trabajamos intuitivamente, cuando podríamos hacerlo con método. Crear equipos sólidos, gestionar desde la escucha, construir relaciones duraderas con los clientes… todo eso se aprende”.
Formación con propósito
Desde su puesta en marcha, en 2019, Paoloni participa del Programa de Formación en el Desarrollo Emprendedor de la Universidad Nacional de Río Cuarto, el cual comenzará su nueva edición en junio. Consta de 16 módulos distribuidos en dos años, con dictado híbrido (presencial y virtual), y está abierto no solo a estudiantes de veterinaria, sino también a profesionales de toda la zona.
“Trabajo en los módulos de competencias blandas: trabajo en equipo, comunicación, motivación. Es contenido que, si se dictara en una universidad privada, costaría 400 o 500 dólares al mes. Pero es público y gratuito”, sostiene.
Y ahí radica, para él, una gran contradicción. “Cuando algo es gratuito, muchas veces no se valora. El día de la presentación, en el aula magna había abogados, contadores, empresarios, autoridades de la universidad. Al momento de dar mi charla pregunté: ¿Cuántos veterinarios hay?… y sólo uno levantó la mano”, recordó el profesional.
Donde todo se conecta
Para Javier Paoloni, no hay grieta entre la gestión y la vocación. La técnica y la emoción, el equipamiento y el vínculo, son piezas de un mismo sistema. “Todo emprendimiento tiene una parte técnica y una parte humana —reflexiona—. Y esa parte humana es la que motoriza los logros”. La frase no es solo una declaración de principios, sino la brújula que guía cada decisión dentro de Veterinaria Vida.
“No me lamento por lo que no tuve. Invertí en lo que sí tenía: una manera distinta de tratar a la gente”, dice, con la sencillez de quien entendió que el valor diferencial no siempre está en los aparatos de última generación, sino en la experiencia emocional del cliente. Por eso insiste: “Podés tener la mejor tecnología, la clínica más moderna, pero si no sabés comunicarte, el cliente va a volver a quien le generó confianza”.
La rentabilidad, entonces, no se mide solo en facturación, sino también en fidelización.
Lejos de las frases hechas, Paoloni propone una ética del hacer cotidiano. No impone, acompaña. No exige, propone. “No estamos en la era de la tecnología, sino en la era de la adaptabilidad. El que no se adapta, pierde.” Y adaptarse no es traicionarse, sino descubrir una mejor versión de uno mismo. Se trata, como él lo define, de moverse en ciclos cortos de acción y corrección: probar, evaluar, ajustar, volver a intentar. Y, sobre todo, aprender.
“Podés tener la mejor tecnología, pero si no sabés comunicarte, el cliente va a volver con quien le generó confianza”.
“Se puede ser feliz y rentable. No es una utopía. Solo hay que aprender lo que nunca nos enseñaron.” En esa frase final se resume todo su recorrido: de la clínica al aula, del error a la mejora, del instinto al método.
Con una mirada que inspira, Javier Paoloni invita a otros colegas a mirar más allá, y a entender que una veterinaria saludable es, ante todo, un proyecto humano.


