“Ya no siento conexión con mi trabajo, ¿perdí la vocación?” - Mi Negocio Veterinario
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BIENESTAR PROFESIONAL

“Ya no siento conexión con mi trabajo, ¿perdí la vocación?”

Cuando se trabaja en piloto automático, la explicación suele ir rápido a la culpa: es la vocación. Te propongo frenar esa lectura automática para encontrar una práctica más sostenible.

Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
abadi.flor@minegocioveterinario.com

“Hace 11 años que trabajo en clínicas. Antes me despertaba con ganas de ir a trabajar, me encantaba juntarme con amigos veterinarios y charlar de lo que había pasado en la semana, tenía muchas ganas de hacer cursos y especializarme… Estos últimos años no me reconozco. Hago todo como si fuera un trámite. Aplico protocolos como si fuera un trabajo mecánico. Cada vez veo más cosas que no me gustan y me encuentro quejándome varias veces por día. No me gusta, me hace sentir mal porque yo no soy así. Sé que tengo vocación, pero no la estoy encontrando”.

Es valioso compartir este testimonio desde Mi Negocio Veterinario porque muestra un malestar que parece ser general: al escuchar a veterinarios, noto que la palabra vocación aparece más ligada a la culpa y a la exigencia que al disfrute.

No hay vocación que sostenga lo insostenible

En los trabajos ligados a la salud, la vocación ocupa un lugar central. Es lo que te empuja a formarte, a comprometerte, a sostener situaciones difíciles, y lo que ayuda a encontrar una rutina que te haga feliz. Pero también es un terreno resbaladizo: se la asocia fácilmente al sacrificio, a la idea de que siempre se puede, y se debe, dar un poco más. Cualquier queja, por más legítima que sea, se convierte en una falla personal porque se atribuye a la falta de vocación.
Y ahí es donde quiero que nos quedemos: amar tu profesión parecería ya no ser suficiente para sostener la práctica diaria. Si tu rutina te deja en déficit porque te exige más de lo que te da, se activan mecanismos de defensa que te desconectan de tu trabajo y te hacen funcionar en automático, generando aún más desconexión y culpa.

Chequeo de sostenibilidad

Te propongo que corramos, por un tiempo, el foco de la vocación a la sostenibilidad. No porque la primera no sea importante, si no porque probablemente una vez que hayas encontrado la forma de hacer una rutina sostenible, la vocación vuelva sola y con más fuerza. ¿Cómo podés saber si tu práctica está siendo sostenible?

Paso N°1: Vas a separar tu trabajo en bloques, por ejemplo:

  • Controles.
  • Urgencias.
  • Vínculos con tutores.
  • Vínculos con colegas.
  • Guardias nocturnas.

Paso N°2: Ubicá cada uno de estos bloques en una de las siguientes categorías:

  • Funciona: El trabajo fluye. Aporta sentido, orden o interés, aun cuando implique esfuerzo.
  • Tensa: No es un problema en sí, pero acumulado empieza a generar ruido, fastidio o cansancio. Es una zona friccional: todavía se sostiene, pero requiere ajustes.
  • Traba: Interfiere de manera clara con el trabajo diario y termina contaminando el resto de la práctica. En su forma actual, es inviable.

Paso N°3: Una vez que cada bloque quedó ubicado en una categoría, el trabajo no es aplicar una solución automática, sino elegir qué hacer con cada uno en función del contexto concreto en el que se desarrolla la práctica.

La categoría permite entender cómo está funcionando hoy ese bloque, pero la acción se define teniendo en cuenta variables como las expectativas involucradas, las condiciones económicas, los vínculos, el marco institucional y el margen real de cambio disponible. No se trata de decidir qué sería ideal, sino qué es posible.

Las acciones posibles son:

  • Mantener: sostener el bloque tal como está, sin intervenir.
  • Magnificar: darle más espacio, más tiempo o más peso dentro de la práctica.
  • Modificar: cambiar la forma en que se realiza: el orden, el momento, las condiciones o los límites.
  • Limitar: reducir la frecuencia con la que se realiza o la energía que le ponés.
  • Compensar: estipular un pequeño “premio” por haber finalizado esa tarea. Puede ser un autorregalo o una acción que te llene, como aprender algo nuevo o comer algo que te guste.

Conclusión

La sensación de desconexión no siempre habla de vocación, sino de una práctica que dejó de ser sostenible. Es difícil amar o disfrutar un trabajo que no se puede sostener en el día a día. Por eso, antes de decretar la pérdida de vocación (que genera mucha culpa), conviene revisar distintas áreas de la rutina para identificar dónde se volvió insostenible y qué ajustes pueden permitir dejar de pasarla mal y volver a conectar con lo que sí te interesa de tu trabajo.

Si querés compartir tu experiencia, escribime a abadi.flor@minegocioveterinario.com para que podamos reflexionar sobre ella y encontrar herramientas que mejoren tu bienestar profesional.

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