Nuevo estándar de calidad veterinaria


Lanzada en Colombia, la norma CVI 1884-1 evalúa a las clínicas. ¿Cómo esta certificación independiente eleva el rigor técnico y rentabilidad del negocio?
De la redacción de Mi Negocio Veterinario
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La evolución del sector veterinario exige hoy abandonar los modelos operativos informales para adoptar estructuras organizadas bajo estándares de calidad y ética profesional.
En este contexto, la norma CVI 1884-1, lanzada oficialmente el 19 de febrero de 2026, se consolida como el primer estándar internacional certificable diseñado específicamente para Centros de Servicios Veterinarios.
Esta certificación nace en Colombia para responder a una necesidad: contar con un marco técnico, ético y verificable que eleve los estándares, fortalezca la confianza de los usuarios y dignifique el ejercicio profesional.
No se trata de una iniciativa improvisada.
El documento final es el resultado de un proceso de diseño sumamente estructurado. Hoy en día, la norma ya se encuentra registrada formalmente ante la Dirección Nacional de Derecho de Autor, lo que garantiza su solidez y propiedad intelectual.
Un nuevo estándar
Creada por la Fundación Claude Véricel en colaboración con CMD Certification, esta iniciativa busca elevar el rigor técnico y la organización gerencial de la profesión veterinaria. Su alcance se enfoca en cuatro pilares fundamentales: las Buenas Prácticas Veterinarias (BPV), la gestión de la infraestructura, la organización de procesos y la certificación por parte de un tercero independiente.
Para saber más, Mi Negocio Veterinario dialogó con Giovanny Andrés Monguí Cortés, investigador y co-creador de la norma.
«El modelo parte de la Confianza Veterinaria Integral (CVI), y agrupa los tres pilares que tiene la Fundación Claude Véricel: la ética profesional veterinaria, el bienestar animal y la confianza con los tutores hacia el ejercicio veterinario», señaló el también director ejecutivo en CMD Certification.
El respaldo de la evaluación independiente
En Colombia, este ecosistema de calidad funciona gracias a entidades con roles muy claros y complementarios: la Fundación Claude Véricel gestiona la difusión, la capacitación y la asistencia técnica para preparar a las clínicas, mientras que el organismo auditor independiente encargado de otorgar el sello es CMD Certification, que cuenta con una vasta trayectoria evaluando sistemas de gestión de calidad en distintos rubros, basándose en normas ISO y otros estándares internacionales.
Alberto Guevara Valencia, gerente general y CEO de CMD Certification, lo detalla con claridad: «Lo que hacemos es evaluar y decir si cumple o no cumple. Lo que vendemos no es ni siquiera el certificado, lo que nosotros vendemos es la evaluación». Además, agrega que «el sentido es que, al ser el evaluador alguien que es independiente, tiene mucha más validez la certificación que se recibe».
Técnicamente, este modelo opera bajo el esquema de «certificación de producto o servicio», diferenciándose de un diploma por haber asistido a un curso. La exigencia de la auditoría es máxima, ya que los expertos verifican «el cumplimiento total, de cada uno de esos requisitos» antes de emitir el certificado.
Rumbo a la certificación
Acceder a este sello requiere voluntad, organización y el deseo de mejorar. Todo inicia con una fase de diagnóstico liderada por la
Fundación, conocida como análisis de brechas o GAP, donde se identifican las falencias actuales y se trabaja en estandarizar los procesos internos de la clínica. ¿Cuánto tiempo y dinero requiere este proceso? La respuesta no es única, ya que depende del tamaño del centro veterinario, la cantidad de servicios médicos que ofrece y su nivel actual de organización. En muchas ocasiones, la fase de preparación exige in-versiones internas significativas; por ejemplo, adecuar la infraestructura, garantizar los elementos de protección personal (EPP) de los colaboradores o certificar la calibración exacta de los equipos de laboratorio.
Además, este estándar fue diseñado para ser compatible con las leyes de cada país, exigiendo el cumplimiento legal estricto en tareas tan delicadas como el registro y dispensación de estupefacientes, por ejemplo.
«Esta norma lo que busca es que el centro veterinario cumpla con lo que éticamente está desarrollado en función del ejercicio veterinario, y que cumpla con lo establecido en la legislación», subraya Monguí Cortés.
Sobre esta transformación operativa, el directivo señala una de las debilidades más comunes a corregir en el sector: «Es importante que el centro veterinario entre en una noción de procesos». Y recalca que, aunque muchas clínicas nacen por la pericia de un médico, «el centro de servicio tiene que ser un organismo viviente y no puede existir solo porque existe ese profesional».
Gestores de confianza
La obtención de la norma CVI 1884-1 no es el fin del camino, sino el principio de un compromiso a largo plazo con la excelencia.
El certificado tiene una vigencia de tres años, durante los cuales se realizan auditorías anuales para verificar el mantenimiento de las buenas prácticas operativas.
Este sello de calidad no está exento de riesgos si se relajan los controles administrativos. Si en las visitas de mantenimiento se detecta que el centro ha dejado de cumplir los requisitos, la certificación se cancela de inmediato y la clínica es eliminada del registro web de aprobación.
«No es que obtuve el sello, llegué al techo y me quedé», enfatiza Monguí Cortés, indicando que el objetivo real es que las clínicas «generen procesos que en el tiempo se man- tengan y que sigan creciendo inclusive en los estándares de calidad».
Para garantizar esta sostenibilidad a largo plazo, la Fundación promueve la figura del «gestor de confianza», a través de cursos de formación especializados que lanzarán próximamente. Este profesional está encargado de liderar la mejora continua y puede ser un empleado interno de la clínica (como un administrador) o un consultor independiente.
Como destaca la MV Alejandra Mejía Vallejo, especialista en marketing y gestión veterinaria, y figura clave en el desarrollo y promoción de la norma CVI 1884-1, esta figura del gestor de confianza «fomenta nuevas fuentes de empleo, incluso para un veterinario que tenga afinidad con otro tipo de ciencias, logrando que la norma se alinee con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al dinamizar el mercado laboral”.
Si el veterinario
certifica puede estar
en un estándar superior
del mercado.
Alejandra Mejía Vallejo.
Ventajas competitivas
Alcanzar y mantener este estándar otorga el derecho a exhibir el sello CVI 1884-1 tanto en las instalaciones físicas como en los canales digitales de la clínica, comunicando un mensaje indiscutible de respaldo a los clientes.
Frente a una industria donde abunda el intrusismo profesional, estar certificado funciona como un escudo invaluable que permite «blindar nuestra reputación a partir de una certificación que se interiorice en las actividades dentro de los centros», afirmó Mejía Vallejo.
La profesional resume el retorno de inversión que trae aparejada esta norma: «El reto de los veterinarios es comprender que, si certifica su negocio, puede estar en ese estándar superior del mercado, y esa reputación de alguna manera termina siendo rentable»
Y concluyó: «Más que colgar un diploma en la pared, es una transformación profunda hacia la eficiencia: El resultado final de una organización es concentrarse en estas actividades administrativas porque sí o sí terminan permeando los procesos operativos, lo que sin duda alguna representará mayores ingresos para los negocios».







