«Últimamente todo me cuesta más y tengo menos paciencia»
La irritabilidad y la disminución de la paciencia son indicadores de agotamiento. En ese estado, las reacciones no siempre pueden explicarse por una situación puntual, sino por el nivel de vulnerabilidad acumulado. ¿Se puede reducir?
Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
abadi.flor@minegocioveterinario.com
«Estaba atendiendo a un cachorro para vacunarlo. El perro estaba inquieto, no paraba de moverse, y el tutor, entusiasmado, en lugar de ayudarme a sostenerlo, se puso a grabar para Instagram. Me cayó pésimo, no tenía ganas de salir de fondo y me parecía obvio que él tenía que sostener al perro. Te juro que en otro momento me hubiera reído o le hubiera pedido con buena onda que me ayude, pero sentí fuego en el estómago y lo reté por grabarme y no ocuparse del cachorro. Se armó un silencio horrible. Sé que mi reacción fue un montón, pero hay días en los que no tengo filtro. Las cosas que me irritan me sacan de quicio y termino dando un mal servicio y sintiéndome culpable».
Este testimonio refleja una experiencia que suele repetirse en profesionales que trabajan bajo alta presión. Para abordar estas situaciones y evitar la culpa, se propone desglosar el proceso emocional en tres pasos:
- Identificar la emoción: En el relato, aparece ese «fuego en el estómago».
Reconocer si lo que sentimos es enojo, frustración o invasión permite que la emoción no gobierne nuestra conducta de manera automática. - Verificar los hechos: Consiste en separar la interpretación personal de la realidad objetiva. Es fundamental evitar sobreinterpretar o adjudicar intenciones o pensamientos.
- Evaluar la concordancia: Debemos preguntarnos si la intensidad de la emoción y la conducta resultante se condicen con los hechos. Cuando la respuesta no se ajusta a la magnitud del evento, estamos ante una señal de alerta en nuestro estado interno.
La gota que rebalsa el vaso
Para entender la vulnerabilidad, imaginemos que nuestra capacidad de paciencia es un vaso. El contenido del vaso son todas las presiones que ya traemos de antes: no haber dormido bien, problemas personales o el cansancio acumulado. Lo que queda de espacio vacío es nuestro umbral de tolerancia: el margen para maniobrar ante los problemas del día. Cuando el vaso ya está casi lleno, cualquier incidente trivial provoca un desborde.
Chequeo de vulnerabilidades (CUIDA)
Cuando identificamos que nuestras reacciones no se condicen con los hechos, es fundamental revisar cómo estamos a través del acrónimo CUIDA, una herramienta de la terapia dialéctico conductual:
- Controles de salud: ¿Tenés alguna dolencia física? ¿Estás controlando tu salud?
- Uso de sustancias: ¿Consumiste mucho café? ¿Estás usando algo que pueda estar alterando tu sistema nervioso?
- Intentá ejercitarte: ¿Estás haciendo ejercicio? ¿Tenés alguna vía de descarga para procesar el estrés?
- Dormí bien: ¿Dormiste lo suficiente la noche anterior? ¿Te despertaste a la noche? ¿Tuviste pesadillas, frío o calor?
- Alimentate adecuadamente: ¿Hiciste todas las comidas? ¿Tenés o pasaste hambre? ¿Tus comidas tienen calidad nutricional?
Una de las claves es entender que el problema no está en la gota que rebalsa el vaso, sino en el espacio que tenemos disponible en él para recibirla.
Para cuidar eficazmente a otros, es imprescindible cuidar de uno mismo.
El bienestar personal no es un accesorio, sino el soporte de la calidad médica y la empatía.
Si querés compartir tu experiencia para que la pensemos juntos, podés escribirme a: abadi.flor@minegocioveterinario.com.


