El (súper) poder de un buen nombre


Desde Colombia, Clara Taborda nos cuenta cómo Oncopath Veterinaria construyó identidad, propósito y rentabilidad en la veterinaria moderna.


Mi Negocio Veterinario
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El tutor cambió, eso ya es un hecho.
Quedó atrás la figura del cliente pasivo que acudía al consultorio solo en caso de urgencias. El nuevo tutor se informa, compara, lee reseñas, busca coherencia y elige en función de valores. Ya no se relaciona con la clínica como con un proveedor, sino como con un aliado emocional en el cuidado de su compañero.
En este nuevo escenario, la profesión veterinaria necesita dejar de centrarse únicamente en la atención clínica para incorporar estrategias de comunicación, gestión y marketing. No se trata de “vender más”, sino de construir vínculos sólidos, coherentes y sostenibles. El tutor de hoy busca más que un diagnóstico:
- Quiere ser parte del proceso de cuidado, sentirse escuchado y comprendido.
- Espera experiencias empáticas y consistentes desde el primer contacto digital hasta la consulta presencial.
- Prefiere marcas veterinarias con propósito, transparencia y una estética que inspire confianza.
Sin embargo, muchos profesionales aún gestionan sus clínicas desde la inercia: nombres genéricos, identidades poco diferenciadas y una resistencia cultural al marketing, percibido todavía como algo ajeno al profesionalismo y la empatía.
Eso lleva a que hoy, más que nunca, surja una pregunta clave: ¿cómo construir una marca que equilibre vocación, profesionalismo y rentabilidad?
Uno de los primeros pasos, y tal vez el más desafiante al crear una marca es ponerle un nombre. En marketing, este proceso se llama “naming” y es mucho más que elegir una palabra bonita o pegadiza. Implica un acto fundacional: darle identidad a una idea.
¿Por qué es tan importante y cómo influye en la rentabilidad del negocio?
El nombre es el punto de entrada a la marca. Cuando está bien elegido, reduce esfuerzos publicitarios, genera recordación y facilita la comunicación de valores.
Pero, además, un buen nombre tiene efecto directo en la percepción de calidad. Según estudios de ResearchGate (2019), los consumidores tienden a asociar nombres claros, distintivos y coherentes con mayor profesionalismo.
En términos económicos, eso se traduce en mayor disposición a pagar, menor rotación de clientes y mejor retención emocional. Un nombre confuso o genérico, por el contrario, aumenta el costo de posicionamiento y debilita la identidad visual. ¿Más simple? Si el nombre de tu empresa no comunica lo que sos, lo vas a tener que explicar una y otra vez.
Como señala Joan Costa “todo lo que tiene nombre puede comunicarse, reconocerse y recordarse”. El naming no solo identifica; también posiciona y otorga sentido. Y en veterinaria, una marca bien nombrada no solo comunica profesionalismo: también transmite confianza, empatía y propósito.
El caso Oncopath
Durante mi participación en Cat in Colombia 2025 junto a Mi Negocio Veterinario, conocí a Clara Taborda, médica veterinaria de Medellín, especialista en medicina interna, patología y oncología, que logró convertir su práctica individual en una empresa con identidad y propósito.
Lo primero que identificó Clara fue la saturación y falta de creatividad en los nombres del sector.
“Recibo casos de clínicas con nombres iguales. Hay tantos ‘Peluditos’ que hasta se confunden los resultados”, comentaba entre risas durante nuestra charla.
Durante sus primeros años trabajó con su marca personal, Clara Taborda, pero pronto entendió que ese modelo tenía un límite: si la marca dependía solo de su nombre, su capacidad física sería su techo.
“Desde el principio hay que tenerle fe a la marca, porque no vas a poder controlar su crecimiento —y la idea no es controlarlo. Yo entendí rápido que iba a necesitar ayuda, y que la fuerza no podía depender solo de mí”, agregaba.
Así nació Oncopath Veterinaria (www.oncopath.com), una fusión entre la patología diagnóstica veterinaria y el manejo del cáncer, concebida como una estructura escalable y con personalidad propia.
Una vez elegido el nombre, Clara avanzó con el desarrollo del logo, definió su identidad visual y finalmente registró la marca, protegiendo legalmente su historia y su futuro.
Con su marca consolidada, Oncopath pudo expandirse y comunicar con claridad.
Clara desarrolló kits de bienvenida para nuevos pacientes, programas de fidelización con comercios locales, y participó en eventos masivos como la Caminata Canina de la Feria de las Flores en Medellín, donde presentó un bloque de “perros sobrevivientes de cáncer”.
La acción generó visibilidad y esperanza, mostrando que al cáncer se sobrevive y que hay profesionales especializados para tratarlo.
Al consultarle por la relación entre su vocación y el ganar dinero, Clara defiende la monetización sin culpa: “Yo creo que eso viene de una educación donde nos han enseñado que el dinero es malo y producir es malo, pero no. Nuestra profesión tiene que hacer las dos cosas a la vez. Tiene que realizarnos y tiene que proporcionarnos los recursos para vivir bien. Entonces yo monetizo todo. Nuestra misión es acompañar pacientes. En el caso de la oncología veterinaria, siempre digo que mi misión es salvar a unos y acompañar a otros. Pero esto obviamente tiene un servicio para las personas. Nuestros servicios no se deben a los animales, se deben al humano que hay detrás de ese animal. Antes de cobrar más, pregúntate qué valor agregado vas a dar. Ese valor puede ser empatía, conocimiento o una atención más humana”.
El caso de Oncopath Veterinaria demuestra que profesionalizar no es perder vocación, sino organizarla para que trascienda.
El naming, el diseño, la coherencia visual y la comunicación con propósito son estrategias que transforman la percepción del servicio y su sostenibilidad.
En un entorno donde los tutores valoran tanto la ciencia como el vínculo, las marcas veterinarias del futuro serán aquellas capaces de equilibrar tres ejes esenciales: conocimiento técnico, empatía humana y propósito comunicacional.
La actividad veterinaria hoy ya no se trata solo del servicio, sino de construir marcas que curen desde la confianza y comuniquen desde la verdad.
Y todo empieza, como bien lo demuestra Oncopath, con algo tan simple y profundo como un nombre que tenga alma.
Criterios a considerar
Hay criterios básicos que ayudan a crear un nombre potente. ¿Cuáles son? ¿Cómo debería ser?
- Distintivo: que se diferencie de la competencia.
- Memorable: fácil de recordar y pronunciar.
- Significativo: que transmita algo relevante.
- Escalable: que acompañe el crecimiento.
- Registrable legalmente: protegible a futuro.
- Evocador: que sugiera valores y emociones.







