¿Cómo una veterinaria convirtió videos en consultas?
Con una propuesta de valor enfocada en la atención personalizada, Agustina Barchiessi nos cuenta cómo las redes sociales impactaron en la actualidad de Clivad en Posadas, Misiones.
Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Hace casi cuatro años, Agustina Barchiessi y su pareja, Arturo Pérez, pusieron en marcha la Veterinaria Clivad en Posadas, Misiones. Desde el inicio supieron que su diferencial pasaría por construir una experiencia basada en la atención personalizada, el seguimiento de los pacientes y la generación de vínculos duraderos con las personas.
Esa filosofía sigue marcando el rumbo de la clínica. Trabajan exclusivamente con turnos, buscan dedicar más tiempo a cada consulta y entienden que la relación con los clientes no termina cuando el paciente abandona el consultorio.
La idea es simple: conocer mejor a las personas, comprender su contexto y construir relaciones de largo plazo.
Hay una frase que Agustina recuerda especialmente sobre una de las charlas de Mi Negocio Veterinario a las que asistió en CIVI: captar un cliente no significa conseguir una venta. Significa construir una relación que puede extenderse durante diez o quince años.
Esa mirada terminó influyendo directamente en la forma de trabajar de la clínica.
Un aliado inesperado
Con el tiempo, esa propuesta encontró un aliado inesperado en las redes sociales. Durante años, la veterinaria tuvo presencia en Instagram como tantas otras clínicas. Publicaciones prolijas, imágenes atractivas y diseños bien logrados. Sin embargo, el impacto era limitado.
Todo cambió cuando Agustina decidió empezar a grabar videos y publicarlos en @veterinaria.clivad.
Lo hizo con algo de vergüenza, como ella misma reconoce en su diálogo con Mi Negocio Veterinario, sin experiencia previa y utilizando
herramientas sencillas.
Pero poco a poco comenzó a notar algo que se repetiría cada vez con más frecuencia: personas que llegaban a la veterinaria diciendo que ya la conocían.
No porque hubieran ido antes, sino porque la habían visto explicando temas vinculados con vacunación, medicina preventiva, nutrición o salud bucal.
«Yo vengo para que me atienda el doctor que sale en los videos», comenzaron a escuchar en la recepción.
Lo interesante es que los contenidos no buscaban vender servicios de manera directa. Su objetivo era explicar situaciones que muchas veces los tutores no identifican como problemas.
Uno de los ejemplos más claros es el sarro dental. A través de imágenes y videos muestran casos frecuentes en perros. Cuando los propietarios reconocen esos mismos signos en sus mascotas, aparece la consulta.
Ese mismo mecanismo se repite con vacunas, controles periódicos, enfermedades crónicas o distintas situaciones que forman parte del trabajo cotidiano de una clínica. La comunicación deja de ser una herramienta publicitaria para convertirse en una herramienta educativa.
Y la confianza aparece como consecuencia.
Para Agustina, allí está una de las claves. Las redes sociales pueden ayudar a que más personas conozcan una veterinaria, pero no reemplazan la calidad profesional ni la atención médica.
Y quizás esa sea la principal enseñanza de este caso. Los contenidos pueden abrir la puerta. Pero lo que determina si las personas vuelven, recomiendan y permanecen durante años es todo lo que ocurre una vez que esa puerta se abre.


