Ser creativo requiere de un doble perfil: conocer un ámbito lo suficiente para dominarlo y -a la vez- tener el talento y el conocimiento, para modificarlo.
EDUARDO KASTIKA
A lo largo de las próximas líneas, el autor plantea los distintos mitos que existen en torno a la creatividad y, fundamentalmente, a lo que se supone de alguien «creativo». Además, propone nuevas formas o ideas para entender el proceso por medio del cual se pueden modificar situaciones que se plantean como inamovibles a lo largo del tiempo.
1. Mito tradicional: La creatividad es innata.
Nueva idea: La creatividad no es algo innato. Lo «innato», tal vez, sea el tipo de talento que tenemos.
Todos somos talentosos: escribiendo poemas, dibujando, contando cuentos, jugando al fútbol, orientándonos en cualquier ciudad, arreglando artefactos, pintando, haciendo discursos, relacionándonos con los demás, cocinando, cuidando plantas, boxeando, haciendo cálculos, comprendiendo a otros, sabiendo cómo vivir tranquilos, tocando saxofón… Hay talentos matemáticos, lingüísticos, interpersonales, musicales, corporales, intrapersonales, naturalistas, espirituales.
Lo que durante tiempo se denominó (y aún hoy) «inteligencia» es, más bien, una forma de decir que alguien es talentoso en aspectos lógico-matemáticos y/o lingüísticos. De allí, la errónea diferencia entre alguien «inteligente» porque es bueno calculando y alguien «creativo» porque es bueno pintando. En realidad, ambos son talentosos o bien, diferentemente inteligentes.
Cada persona tiene un «cóctel» único y particular de talentos. Un poco de uno, mucho de otro, algo de algunos y prácticamente nada de uno en particular.
El hecho de que haya gente totalmente negada para ciertos talentos, es un buen indicio para determinar que «eso» es un talento.
2. Mito difundido: Se puede medir la creatividad con un test.
Nueva idea: Para saber si una persona es creativa hay que verla aplicar sus talentos a un ámbito en particular.
Ser creativos no es adaptar un talento para «competir» en un ámbito sino nutrir, modificar, transformar, renovar un ámbito con talentos propios. Llevar a un ámbito un talento fresco, llevar la frescura de un nuevo talento.
En el mundo de las ciencias, estos ámbitos se definen como «las matemáticas», «la física», «la química», etc. Son Creativos (con «C» mayúscula) quienes transforman, renuevan sus disciplinas.
Pero esto también puede darse en un nivel un poco más micro: Renueva su negocio (aquí el ámbito es el negocio), quien actúa con talentos que antes no se utilizaron en el mismo. Por ejemplo, Starbucks llevó al mundo del café un talento artístico y lingüístico que no se había descubierto en ese ámbito, en los Estados Unidos. Fundamentalmente, incluyó en la experiencia del café el tema interpersonal y la valoración de todo eso (que anteriormente estaba totalmente explotada en Europa).
También el ámbito puede ser nuestra organización o industria: Un nuevo talento llevado allí puede marcar la diferencia. La creatividad, entonces, requiere un doble perfil, consistente en conocer un ámbito lo suficiente como para dominarlo y, a la vez, tener el talento y el conocimiento como para modificarlo.
Nada de esto es «innato»; depende de la combinación talento-ámbito que elijamos.
3. Mito típico: La creatividad es una forma de talento.
Nueva idea: Además de talentosas en algo, las personas creativas deben desarrollar actitudes diferenciales. Lo que podríamos llamar «el factor creatividad»; es decir, ese «algo más» que nos lleva a asumir los riesgos de modificar nuestros ámbitos, está compuesto por una serie de actitudes claves:
Una fuerte intención de dejar una huella en el mundo.
La capacidad para sumergirse durante mucho tiempo en disciplinas que hay que aprender a manejar.
La capacidad para resistir críticas.
La ambición: la confianza en uno mismo para llegar a ser «alguien» en el terreno en el cual uno se desempeña.
Algunos autores denominan a este tipo de actitudes como «rasgos de la personalidad».
En lo particular, prefiero denominarlas «actitudes», pues tienen que ver con nuestra disposición a accionar de un modo en particular. «Actitud» y «acción» tienen la misma raíz.
En muchas organizaciones, a la vez, a estas actitudes se las llama «competencias».
Estas competencias se van formando con el tiempo y dependen muchísimo de los contextos en los que nos desempeñamos. En especial, de aquellos en los que nos educamos y crecimos. Por eso nos parecen «innatas» o «dadas».
Una nueva visión sobre los creativos… más inclusiva
La creatividad no es algo innato. Lo «innato», tal vez, sea el tipo de talento que tenemos.
Para saber si una persona es creativa hay que verla aplicar sus talentos a un ámbito en particular.
Además de talentosas en algo, las personas creativas deben desarrollar actitudes diferenciales.
Una persona puede aprender y entrenarse en herramientas que facilitan el proceso creativo.
Sin embargo, estas actitudes pueden desarrollarse.
Cuesta. Pero se puede.
Son determinantes los contextos que elegimos para insertarnos. En el caso de la creatividad, es fundamental participar de contextos que nos estimulen a asumir riesgos, que nos motiven a profundizar nuestros conocimientos con solidez y profesionalismo, que nos provean de estímulos, que acepten la experimentación.
Una empresa es uno de los contextos que puede ayudar a una persona a desarrollar estas actitudes. Pero también influirán los contextos familiares, profesionales, sociales y educativos: los actuales y los pasados.
Por eso lo que puede hacer una organización para desarrollar la creatividad de una persona puede llegar a ser limitado. Porque, en algunos casos, debe contrarrestar los sucesivos efectos bloqueantes de otros contextos en los que las personas participan o han participado. Si, es difícil. Pero no es imposible.
4. Mito para algunos: La creatividad no se puede desarrollar.
Nueva idea: Una persona puede aprender y entrenarse en herramientas que facilitan el proceso creativo.
Este es un recurso relativamente nuevo en el desarrollo creativo (existen desde mediados del Siglo XX): es el aporte principal de quienes trabajamos en el terreno de la creatividad. El desarrollo creativo de una persona puede ser facilitado con el aprendizaje y aplicación de herramientas y metodologías.
Desde mi punto de vista, lo más importante de este entrenamiento radica en las experiencias de las que una persona participa. La clave no está en la técnica en sí, sino en el momento completo en el que alguien aplica y aprende dicha técnica.
Lo más importante, pongamos por ejemplo, del brainstorming (lluvia de ideas), no es la técnica en sí sino el momento en el que Usted decide «ponerse a pensar ideas». El momento en que se decide a comprometerse en una experiencia de «gestación de ideas».
Una persona entrena su creatividad (porque desarrolla actitudes, descubre sus talentos escondidos, se anima a desafiar su ámbito, crea nuevos contextos, porque pone en juego distintos conocimientos) cuando, deliberadamente (y la palabra «deliberadamente» acá es esencial porque es la que diferencia una disposición a la acción de una casualidad o una exigencia externa) construye para sí misma o para su equipo; experiencias vinculadas a la creatividad.
Estas experiencias pueden ser de «inmersión», de «exploración», de «gestación», de «elaboración» o de «exposición» en tanto se tome contacto con los estímulos, con la información, con las ideas, con los productos terminados o con el feed back del «público». En próximas ediciones, explicaré con más detalle cómo se lleva a cabo un entrenamiento creativo basado en experiencias.
Eduardo Kastika
Autor, conferencista internacional, consultor y entrenador de creatividad e innovación en Latinoamérica. Para seguirlo a través de:
Twitter: @EduardoKastika.
Blog: http://eduardokastika.posterous.com.