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¿Negocios con la familia no?

Lo afirmaron abuelos y abuelas, padres y hasta las madres. Alegaban que involucrarse con familiares en empresas, rompe relaciones.

Alguno incluso llegó a citar experiencias propias de disolución de vínculos que antaño eran estrechos, peleas irresolubles, familias que dejan de hablarse.

Ante un discurso de sentido común que continúa circulando con fuerte presencia en la sociedad y la presentación de un panorama tan dramático, vale preguntarnos ¿quién se atrevería a formar una empresa familiar?

Más allá de esto, en Occidente, este tipo de emprendimientos representan más del 50% del PBI. Evidentemente, son muchas las experiencias que demuestran la factibilidad de estas estructuras. Algunas, inclusive, llegan a ser multinacionales o a tener un gran peso dentro de la dinámica nacional.

Los dichos populares en torno a la improbabilidad del desarrollo exitoso de las mismas, se deben -en mayor medida- a la generalización de experiencias puntuales y a preconceptos.

Suele creerse que el factor emocionalidad no podrá manejarse en estos casos.

Sin embargo, si se trabaja en pos de la separación de la esfera familiar de la empresarial -simplemente, comportarse profesionalmente y de forma adecuada, como en cualquier ambiente laboral- se puede vislumbrar que se cuenta con una ventaja.

Para que un negocio sea exitoso, los socios deben tener una mirada consensuada en torno a la misión y visión de la empresa.

Para alcanzar este tipo de acuerdos y conformidad, se debe conocer en profundidad al otro para vaticinar si será posible. Cada persona tiene una subjetividad configurada de forma diferente según su formación educativa, condición económica, necesidades y deseos, entre otros factores importantes.

Para establecer una sociedad, los fundadores deben coincidir en numerosas cuestiones relativas al objetivo de la misma y la forma de concretarlo. Es la base.

En este punto radica la fortaleza a la que nos referimos: si ya existe un lazo de afinidad y respeto con un familiar o entre familias, ya se ha resuelto el primer paso en relación a encontrar personas de confianza que compartan intereses. ¿O como rezan los refranes: «Mejor bueno conocido, que malo por conocer»?

MGF

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