MENU PRINC – ZOETIS – MAY – 2026
HomePosts Tagged "Emprendimiento"

Es tiempo de poner manos a la obra y dejar atrás las excusas. Por eso, te comparto una serie de libros, podcast y recursos valiosos que seguramente van a inspirarte en tu rol como veterinario emprendedor.

Virginia Vallejo
Argentina
virginiamvallejo@gmail.com

Emprender en el mundo veterinario es un viaje fascinante: hay pasión, hay vocación, pero también incertidumbre, desafíos y dudas. Lo que descubrí en mi propio camino es que nunca podemos dejar de aprender (y menos en esta época en donde los cambios rápidos se han vuelto la regla).
La diferencia entre seguir corriendo sin rumbo o crecer con claridad está en darnos un momento para detenernos, reflexionar y, como dice Stephen Covey, afilar la sierra.
Ya sé lo que muchos están pensando: “no tengo tiempo”. Pero justamente esa es la trampa: si no nos damos unos minutos por día para inspirarnos y aprender, nunca tendremos tiempo real para mejorar. Y lo importante no es solo acceder al conocimiento, sino aplicarlo rápido.
Porque si no lo ponemos en práctica en la misma semana, se diluye y se queda en la nada. Por eso, querido/a emprendedor/a veterinario, armé esta curaduría de libros, podcasts, charlas y experiencias que me sirvieron mucho (y me sirven) en mi camino emprendedor. Y lo más valioso: te comparto qué herramienta concreta saqué de cada uno, para que puedas aplicarla en tu negocio.

Libros que transforman

  1.  El mito del emprendedor (Michael E. Gerber)
    Este libro me abrió los ojos sobre la trampa en la que solemos caer: confundir ser “dueños de un negocio” con ser “autoempleados”. Aprendí que si todo depende de mí, no tengo un negocio, tengo un trabajo mal pago y sin vacaciones.
    El autor expone un sesgo muy común: el “emprendedor técnico”. Creemos que porque somos buenos en nuestra profesión —ya sea veterinaria, programación, diseño o cualquier otra— podemos montar un negocio exitoso en ese rubro.
    El error está en pensar que la habilidad técnica garantiza saber manejar una empresa.
    Gerber explica que esto lleva al fracaso de muchos, porque ser excelente en la parte técnica no significa que sepamos de finanzas, gestión de equipos, marketing o estrategia.
    Lo peor es asociarnos con otro técnico igual a nosotros: dos personas con el mismo sesgo, reforzando la misma debilidad. La salida está en complementarnos: contratar a alguien que haga lo que no sabemos, o asociarnos con perfiles distintos que traigan lo que nos falta.
    ¿Qué herramienta encontré? Entendí que tenía que dejar de pensar solo como veterinaria y ponerme el sombrero de gerente y emprendedora. Así, cada vez que detecto una tarea repetitiva en Hoteles de Gatos Mishmosos, la documento como proceso y busco delegarla…. Me libero para buscar aliados estratégicos y dedicarme a crecer, en vez de quedarme atrapada en la operación.
  2.  Quién, No Cómo (Dan Sullivan & Benjamín Hardy)
    Un cambio de mentalidad brutal. En lugar de preguntarme “¿cómo hago esto?”, empecé a preguntarme “¿quién puede hacerlo?”. Ese simple giro me ayudó a armar equipo y dejar de sentir que todo pasaba por mí. Un punto de quiebre importante fue decirle adiós a la frase “Nadie lo va a hacer mejor que yo” y cambiarla por “¿Quién puede hacerlo con el menor esfuerzo y al menor costo?”. Desde que incorporé esto, cada vez que surge un proyecto, hago la lista de “quiénes” antes de pensar el plan. Esto me permitió multiplicar resultados sin multiplicar horas.
  3. El elemento (Sir Ken Robinson)
    Este libro me recordó que lo mejor ocurre cuando unimos pasión y talento. Como veterinaria, siempre amé a los gatos, pero descubrí que mi elemento estaba en combinar ese amor con la gestión y el emprendedurismo. Esto me permitió identificar mi “zona de flujo” y también ayudar a mi equipo a encontrarla. Hoy cada persona que trabaja conmigo tiene un rol más alineado a lo que disfruta hacer. No existe nada más productivo que una persona haciendo una tarea que le apasiona.
  4. El método Lean Startup (Eric Ries)
    Antes de leerlo, pensaba que tenía que esperar a tener todo perfecto listo para lanzar algo. Este libro me enseñó a probar con lo mínimo, medir resultados y ajustar. ¿Cómo lo apliqué? Lancé varios servicios de forma experimental (como la membresía Club Mishmosos y los cursos online) y validé su aceptación sin arriesgar demasiado capital.
  5. Empieza con el porqué (Simon Sinek)
    Me hizo reflexionar sobre el motor detrás de Mishmosos: no es solo cuidar gatos, sino darles tranquilidad a las familias. Cuando ese “porqué” se comunica, la gente conecta mucho más. Desde aquí, cada vez que comunico algo, empiezo contando el “para qué” antes del “qué”. Eso cambia la forma en la que los clientes nos perciben.

Podcasts que inspiran

Así como los libros o las charlas TED (Ver recuadro), también existen Podcast que aportan valor y me permitieron seguir incorporando conceptos en mi carrera.

  • Mindset Emprendedor (Endeavor): Historias de emprendedores de alto impacto que no ocultan los fracasos ni los tropiezos. Escucharlos me recordó que equivocarse es parte del proceso.
  • Aprender de Grandes (Gerry Garbulsky): Charlas profundas con personas que se animaron a hacer cosas distintas. Ideal para llevar nuevas ideas al negocio.
  • Libros para Emprendedores (Luis Ramos): Un recurso práctico: cada episodio resume un libro en menos de una hora. Cuando lo descubrí, empecé a usarlo para decidir qué títulos valía la pena leer completos.
  • Mentor360 (Luis Ramos): Mini cápsulas de 10 a 15 minutos con consejos de expertos en marketing, ventas, productividad y más.

Aprender de otros

Un error común es pensar que solo sirve aprender de nuestro sector. La realidad es que muchas de las ideas más innovadoras vienen de mirar hacia afuera. Escuchar a un emprendedor de tecnología, a un artista o a un chef puede darnos herramientas potentes y aplicables en la veterinaria.
Por ejemplo, la metodología Lean Startup nació en el mundo de las Startups digitales y hoy la aplico para lanzar servicios veterinarios.
La innovación se nutre de cruces.

¿Cómo aprovecharlo?

  • No acumules información. Elegí uno: un libro, un podcast o una charla.
  • Aplicalo en la misma semana. Hacelo hábito: lo que no se prueba pronto, se olvida.
  • Compartilo con tu equipo. El conocimiento se multiplica.
  • Sumate a comunidades. Rodearte de emprendedores hace que el aprendizaje sea más rápido y motivador.

El mayor error que podemos cometer como emprendedores es creer que no tenemos tiempo para aprender. Frenar, inspirarse y aplicar lo aprendido es la verdadera ventaja competitiva.
Y recordá: la inspiración no está solo en los libros de negocios. Está en una charla TED, en un café con otro emprendedor, en un podcast o en un evento lleno de ideas. Y lo más importante: no se trata de cuántos recursos o títulos acumules, sino cuántos ponés en acción.

Charlas que son «un shot» de energía

Las charlas TED son cápsulas de conocimiento que nos hacen ver el mundo con otra perspectiva. No duran más de 20 minutos y pueden movernos más que un curso entero. Son recursos gratuitos y están disponibles en YouTube.

Ken Robinson – ¿Las escuelas matan la creatividad?: Una de las charlas más vistas de todos los tiempos. Robinson muestra cómo la educación tradicional aplasta la creatividad. Lo trasladé a mi negocio: ¿cuántas veces hacemos lo mismo porque “siempre fue así”, en vez de innovar?
Simon Sinek – Cómo los grandes líderes inspiran la acción: La versión condensada de Empieza con el porqué. En 18 minutos entendés por qué algunos líderes logran que la gente los siga más allá de lo racional: porque inspiran desde el propósito.
Angela Duckworth – Grit: la pasión y la perseverancia como motor del éxito: Me marcó esta idea: el talento suma, pero la perseverancia gana siempre. Como emprendedores, muchas veces no se trata de tener la idea más brillante, sino de no abandonar a la primera caída.
Amy Cuddy – Tu lenguaje corporal da forma a quién eres: Una charla que me enseñó a cuidar no solo lo que digo, sino cómo lo digo. La vi cuando estaba rindiendo los últimos finales de la carrera de Veterinaria; cambiar la postura corporal me ayudó mucho a transmitir seguridad en materias en donde no me sentía experta y tampoco me gustaban, como las producciones de grandes animales; di 8 finales en menos de 3 meses.
Cada vez que veo una charla TED, anoto al menos una idea y busco aplicarla en los siguientes 7 días. Así dejo de ser espectadora y me convierto en protagonista del aprendizaje. ¿Te animás?

Para mejorar, hay que saber dónde estamos fallando. Por eso, te invito a repasar algunos de los errores frecuentes que ocurren en las clínicas veterinarias por no revisar, medir y ajustar lo que corresponde.

Virginia Vallejo
Argentina
virginiamvallejo@gmail.com

Así como controlamos la salud de un paciente, también deberíamos revisar regularmente la de nuestro negocio veterinario.
Seguro ya escuchaste mil veces eso de “lo que no se mide, no se mejora”, pero si se repite tanto, es porque es verdad. Lo que no miramos, con el tiempo, nos pasa factura.
Por supuesto que esto no significa que vos tengas que hacer todo; si pasa el tiempo y ese diagnóstico nunca llega, es una señal clara: necesitás delegarlo.
Alguien tiene que hacerse cargo de revisar, medir y ajustar. Porque los negocios —al igual que los pacientes— no se mantienen sanos por inercia.

El mito del veterinario emprendedor

Michael Gerber lo explica claramente en The E-Myth: muchos emprendimientos surgen cuando una persona con habilidades técnicas (como atender pacientes o hacer cirugías) decide independizarse.
Pero saber hacer algo bien no garantiza saber gestionar un negocio.
Ese «mito del emprendedor» nos hace creer que, si trabajamos mucho, todo va a salir bien pero no siempre es así.
El resultado: veterinarios agotados, negocios que funcionan por inercia y decisiones que se toman a ojo, sin planificación ni datos.

Los errores más comunes (y cómo se ven en la práctica)

1. Confundir ocupación con productividad

Tener la agenda llena no siempre significa que el negocio sea rentable. Un aprendizaje clave en mi camino emprendedor —y también cuando trabajé en relación de dependencia— fue entender cuánto vale realmente mi hora de trabajo; y lo mismo aplica para cada integrante del equipo. Hacer este cálculo, por simple que parezca, cambia nuestra forma de tomar decisiones.
Nos permite identificar tareas operativas que podríamos delegar para liberar tiempo, ganar eficiencia y mejorar los resultados.
Esto no es solo una cuestión de bienestar personal, es una decisión estratégica.
Definir con claridad los perfiles de puestos, estimar el costo por hora de cada rol y analizar qué habilidades requiere cada tarea nos ayuda a asignar recursos de manera inteligente. Así evitamos desperdiciar tiempo y dinero, y reducimos esa sensación de estar corriendo todo el día sin avanzar. Lo más preocupante no es tener muchas tareas, sino dejar para después justamente aquellas que son clave para que el negocio crezca.

Si invertís U$S 15.000 en un ecógrafo, ¿no vale la pena invertir al menos el 10% de eso en contarle al mundo que lo tenés?

2. No comunicar lo que ofrecés también es perder plata

Muchos negocios veterinarios hacen grandes inversiones en tecnología, formación profesional y servicios diferenciales… pero nadie lo sabe.
Tienen ecógrafos de última generación, planes de salud, analizadores de sangre, asesoramiento nutricional, estacionamiento gratuito, baños terapéuticos… y sin embargo, no lo comunican.
Si la gente no conoce lo que ofrecés, no puede valorarlo ni elegirlo. Por eso, comunicar también es vender y el marketing no debería ser un gasto residual: debería estar proporcionalmente alineado con la inversión que hacés en tus servicios. Si invertís U$S 15.000 en un ecógrafo, ¿no vale la pena invertir al menos el 10% de eso en contarle al mundo que lo tenés? La visibilidad es parte del negocio y lo que no se comunica, se pierde.

3. No tener procesos claros, ni delegables

Cuando todo depende del dueño, el negocio está en riesgo: si esa persona se enferma, se toma vacaciones o simplemente necesita desconectarse, todo se paraliza: nadie sabe cómo facturar, cómo responder ante una queja o cómo coordinar un turno; Se pierden ventas, oportunidades, confianza; pero vivir siempre conectado, sin pausas ni descanso, tampoco es sostenible.
Hay algo aún más profundo detrás de esta situación: la falsa creencia de que “nadie lo va a hacer como yo”. Lamento decirte que he comprobado que siempre hay alguien que puede hacerlo mejor (¡por suerte!).
Y cuando delegás con procesos claros y confiás en tu equipo, no solo ganás tiempo: ganás rentabilidad. Yo misma lo viví en mis Hoteles de Gatos: delegué el 95% de las tareas operativas, ¿el resultado? Hoy somos más rentables que cuando yo estaba sumergida en el día a día de la empresa. Esa decisión me permitió salir del modo supervivencia y empezar a pensar de forma estratégica: desarrollar las franquicias, lanzar nuevos productos y crear la Academia de Petsitting.
Delegar no es soltar por soltar, es construir procesos, capacitar con intención y confiar. Porque la creencia limitante de “tengo que hacerlo todo yo” solo te lleva por dos caminos: el fracaso y/o el burnout, ninguno de los dos compatible con un negocio sostenible.

4. Marketing sin estrategia

Hacer publicaciones “cuando hay tiempo” no es hacer marketing. Es simplemente ocupar un espacio sin dirección, sin objetivos definidos ni análisis de resultados.
Es común ver posteos como “Consultas de lunes a viernes”, sin un llamado a la acción, sin destacar qué hace único al servicio, sin una propuesta de valor clara. Ese tipo de comunicación no conecta, no informa de forma efectiva y mucho menos convierte.
El marketing estratégico implica planificar, conocer a quién le hablamos, tener un mensaje alineado con los objetivos del negocio y evaluar qué funciona y qué no. Cada contenido que compartimos debería cumplir una función: atraer, informar, educar, vender o fidelizar.

5. Gestión financiera limitada o ausente

“No sé cuánto gano, pero vendo bastante” es una frase que se escucha más seguido de lo que debería. Vender mucho no siempre significa ganar dinero. Sin una gestión financiera clara, es imposible saber si el negocio es realmente rentable.
Saber cuánto vendés es apenas el primer paso. También necesitás saber cuánto te cuesta vender lo que vendés: el costo real de los productos y los servicios, los gastos operativos, los impuestos, las comisiones, el tiempo involucrado, y cuánto estás reinvirtiendo o dejando de invertir.
La gestión por percepción —basada en el “me parece”— lleva a decisiones mal informadas y pone en riesgo el futuro del negocio. Tener información clara, confiable y actualizada es lo que te permite tomar buenas decisiones, corregir a tiempo y crecer con fundamentos.

6. No profesionalizar la atención

Muchos negocios veterinarios aún atienden como hace 10 años, sin haberse adaptado a las nuevas expectativas de los tutores de mascotas. La experiencia del cliente es confusa, desorganizada y poco memorable.
Muchas de las empresas más exitosas del mundo tienen algo en común: ponen al cliente en el centro y dedican una parte significativa de sus recursos a diseñar, medir y optimizar su experiencia de forma constante. Evalúan cada interacción, escuchan activamente la respuesta del cliente y ajustan en función de su nivel de satisfacción y lealtad. Esa mentalidad es, en muchos casos, la verdadera clave de su éxito.
En el sector veterinario todavía tenemos una enorme oportunidad de mejora en este aspecto. Sabemos que los tutores valoran profundamente la eficiencia, la calidez en el trato, la claridad en la información y la continuidad en el acompañamiento. Esperan ser escuchados, recibir recordatorios, sentirse contenidos luego de una cirugía, y que alguien pregunte cómo siguió su mascota —que muchas veces ocupa el lugar de un hijo más en la familia.
La atención profesional empieza desde el primer contacto —sea presencial, telefónico o digital— y continúa incluso después de que el paciente se fue. Protocolizar, digitalizar y capacitar al equipo no es un lujo: es una necesidad para estar a la altura de un cliente más informado, más exigente y con muchas más opciones.

¿CÓMO HACER TU PROPIO DIAGNÓSTICO?

Esto no es una auditoría contable. Es un chequeo simple, realista y accionable. Te comparto los pasos que usamos en Mishmosos y que también aplico cuando acompaño a otros profesionales:

  1. Revisá tus números básicos
    Saber si tu negocio está creciendo no depende de la intuición, sino de los números. Es fundamental conocer tus ingresos, egresos, costos fijos, cuáles son tus productos o servicios más vendidos y, sobre todo, el margen real que dejás en cada operación. Porque vender mucho no siempre es sinónimo de ganar dinero. ¿Estás generando ganancias o simplemente girando en círculos?
    Una herramienta simple y efectiva es una planilla mensual de Excel o Google Sheets donde registres:
    • Ingresos por servicio o venta de producto.
    • Egresos fijos y variables.
    • Costo de mercadería vendida (CMV).
    • Margen bruto y neto.Esto te permite armar una primera versión del Estado de Resultados, también conocido como EBITDA si excluís amortizaciones e impuestos.
  2. Auditá tus procesos
    ¿Qué tareas repetís todas las semanas? ¿Hay cosas que siempre hacen de forma improvisada? ¿Podés armar un paso a paso?
    Ejemplo: cómo se agenda un turno, cómo se hace la entrega de un medicamento, qué se responde ante una queja.
    Herramienta útil: Notion o Trello para listar y asignar tareas.
  3. Escuchá activamente a tus clientes
    Hablales, preguntales qué les gusta y qué mejorarían. Las mejores ideas de mejora surgen de quienes nos eligen todos los días.
    Herramienta útil: Google Forms, encuestas cortas por WhatsApp, o una simple charla en mostrador con preguntas clave.
  4. Observá tus canales de comunicación
    ¿Lo que comunicás en redes refleja la experiencia real que ofrecés? Una buena estrategia de comunicación no solo atrae: prepara al cliente para lo que va a vivir. Si tus redes no muestran la calidad del servicio que brindás, estás desaprovechando una oportunidad clave.
    ¿Tus nuevos clientes llegan por Instagram, por Google, por recomendaciones? ¿Tenés reseñas positivas que podrías estar usando para reforzar tu credibilidad? ¿Lo que mostrás en fotos y videos realmente transmite la experiencia que vivís todos los días dentro de tu clínica?
    El marketing y las redes sociales deberían anticipar lo buena que va a ser la experiencia con vos, no subestimarla. Porque si el cliente no lo ve ni lo percibe difícilmente lo elija. Herramienta útil: Google Reviews, Metricool, WhatsApp Business, Instagram Insights.
  5. Evaluá tu rol como líder
    ¿Sos el cuello de botella del negocio? ¿O estás construyendo algo que puede funcionar sin vos en cada detalle?
    El objetivo es que te quedes solamente con las tareas en las que realmente aportás valor y que además disfrutás de hacer.
    Reflexioná: ¿qué tareas podrías delegar si tuvieras una persona más? ¿Y si lo hicieras con las que ya tenés?

Señales de alerta a las que prestar atención

Si te sentís identificado con una o varias de estas señales, es momento de poner el foco:

• Tenés muchas tareas pendientes que nunca llegás a hacer.
• Evitás mirar los números porque te abruman.
• Sentís que tu equipo no se involucra.
• Las redes están desactualizadas o no muestran lo que hacés bien.
• Tenés clientes fieles, pero no llegan nuevos.
• No sabés qué servicios te generan más ganancias.
• Te cuesta tomar decisiones sin dudar.

No es tu culpa. Nos formamos para cuidar animales, no para armar negocios.
Pero sí es tu responsabilidad empezar a mejorar.

¿Y si empezás hoy?

Muchos emprendedores no mejoran porque sienten que “tienen que hacerlo todo de una”. Y eso paraliza.
La clave está en empezar de a poco, paso a paso, todos los días. Un día actualizás los precios, otro respondés comentarios en redes, después te sentás una hora con tus números; cada 1% cuenta. Cada decisión pequeña genera una transformación más grande que el caos de intentar hacer todo de golpe. Te invito a que te animes y paso a paso vayas logrando grandes resultados.

Para mejorar, hay que saber dónde estamos fallando. Por eso, te invito a repasar algunos de los errores frecuentes que ocurren en las clínicas veterinarias por no revisar, medir y ajustar lo que corresponde.

Virginia Vallejo
Argentina
virginiamvallejo@gmail.com

Así como controlamos la salud de un paciente, también deberíamos revisar regularmente la de nuestro negocio veterinario.
Seguro ya escuchaste mil veces eso de “lo que no se mide, no se mejora”, pero si se repite tanto, es porque es verdad. Lo que no miramos, con el tiempo, nos pasa factura.
Por supuesto que esto no significa que vos tengas que hacer todo; si pasa el tiempo y ese diagnóstico nunca llega, es una señal clara: necesitás delegarlo.
Alguien tiene que hacerse cargo de revisar, medir y ajustar. Porque los negocios —al igual que los pacientes— no se mantienen sanos por inercia.

El mito del veterinario emprendedor

Michael Gerber lo explica claramente en The E-Myth: muchos emprendimientos surgen cuando una persona con habilidades técnicas (como atender pacientes o hacer cirugías) decide independizarse.
Pero saber hacer algo bien no garantiza saber gestionar un negocio.
Ese «mito del emprendedor» nos hace creer que, si trabajamos mucho, todo va a salir bien pero no siempre es así.
El resultado: veterinarios agotados, negocios que funcionan por inercia y decisiones que se toman a ojo, sin planificación ni datos.

Los errores más comunes (y cómo se ven en la práctica)

1. Confundir ocupación con productividad

Tener la agenda llena no siempre significa que el negocio sea rentable. Un aprendizaje clave en mi camino emprendedor —y también cuando trabajé en relación de dependencia— fue entender cuánto vale realmente mi hora de trabajo; y lo mismo aplica para cada integrante del equipo. Hacer este cálculo, por simple que parezca, cambia nuestra forma de tomar decisiones.
Nos permite identificar tareas operativas que podríamos delegar para liberar tiempo, ganar eficiencia y mejorar los resultados.
Esto no es solo una cuestión de bienestar personal, es una decisión estratégica.
Definir con claridad los perfiles de puestos, estimar el costo por hora de cada rol y analizar qué habilidades requiere cada tarea nos ayuda a asignar recursos de manera inteligente. Así evitamos desperdiciar tiempo y dinero, y reducimos esa sensación de estar corriendo todo el día sin avanzar. Lo más preocupante no es tener muchas tareas, sino dejar para después justamente aquellas que son clave para que el negocio crezca.

Si invertís U$S 15.000 en un ecógrafo, ¿no vale la pena invertir al menos el 10% de eso en contarle al mundo que lo tenés?

2. No comunicar lo que ofrecés también es perder plata

Muchos negocios veterinarios hacen grandes inversiones en tecnología, formación profesional y servicios diferenciales… pero nadie lo sabe.
Tienen ecógrafos de última generación, planes de salud, analizadores de sangre, asesoramiento nutricional, estacionamiento gratuito, baños terapéuticos… y sin embargo, no lo comunican.
Si la gente no conoce lo que ofrecés, no puede valorarlo ni elegirlo. Por eso, comunicar también es vender y el marketing no debería ser un gasto residual: debería estar proporcionalmente alineado con la inversión que hacés en tus servicios. Si invertís U$S 15.000 en un ecógrafo, ¿no vale la pena invertir al menos el 10% de eso en contarle al mundo que lo tenés? La visibilidad es parte del negocio y lo que no se comunica, se pierde.

3. No tener procesos claros, ni delegables

Cuando todo depende del dueño, el negocio está en riesgo: si esa persona se enferma, se toma vacaciones o simplemente necesita desconectarse, todo se paraliza: nadie sabe cómo facturar, cómo responder ante una queja o cómo coordinar un turno; Se pierden ventas, oportunidades, confianza; pero vivir siempre conectado, sin pausas ni descanso, tampoco es sostenible.
Hay algo aún más profundo detrás de esta situación: la falsa creencia de que “nadie lo va a hacer como yo”. Lamento decirte que he comprobado que siempre hay alguien que puede hacerlo mejor (¡por suerte!).
Y cuando delegás con procesos claros y confiás en tu equipo, no solo ganás tiempo: ganás rentabilidad. Yo misma lo viví en mis Hoteles de Gatos: delegué el 95% de las tareas operativas, ¿el resultado? Hoy somos más rentables que cuando yo estaba sumergida en el día a día de la empresa. Esa decisión me permitió salir del modo supervivencia y empezar a pensar de forma estratégica: desarrollar las franquicias, lanzar nuevos productos y crear la Academia de Petsitting.
Delegar no es soltar por soltar, es construir procesos, capacitar con intención y confiar. Porque la creencia limitante de “tengo que hacerlo todo yo” solo te lleva por dos caminos: el fracaso y/o el burnout, ninguno de los dos compatible con un negocio sostenible.

4. Marketing sin estrategia

Hacer publicaciones “cuando hay tiempo” no es hacer marketing. Es simplemente ocupar un espacio sin dirección, sin objetivos definidos ni análisis de resultados.
Es común ver posteos como “Consultas de lunes a viernes”, sin un llamado a la acción, sin destacar qué hace único al servicio, sin una propuesta de valor clara. Ese tipo de comunicación no conecta, no informa de forma efectiva y mucho menos convierte.
El marketing estratégico implica planificar, conocer a quién le hablamos, tener un mensaje alineado con los objetivos del negocio y evaluar qué funciona y qué no. Cada contenido que compartimos debería cumplir una función: atraer, informar, educar, vender o fidelizar.

5. Gestión financiera limitada o ausente

“No sé cuánto gano, pero vendo bastante” es una frase que se escucha más seguido de lo que debería. Vender mucho no siempre significa ganar dinero. Sin una gestión financiera clara, es imposible saber si el negocio es realmente rentable.
Saber cuánto vendés es apenas el primer paso. También necesitás saber cuánto te cuesta vender lo que vendés: el costo real de los productos y los servicios, los gastos operativos, los impuestos, las comisiones, el tiempo involucrado, y cuánto estás reinvirtiendo o dejando de invertir.
La gestión por percepción —basada en el “me parece”— lleva a decisiones mal informadas y pone en riesgo el futuro del negocio. Tener información clara, confiable y actualizada es lo que te permite tomar buenas decisiones, corregir a tiempo y crecer con fundamentos.

6. No profesionalizar la atención

Muchos negocios veterinarios aún atienden como hace 10 años, sin haberse adaptado a las nuevas expectativas de los tutores de mascotas. La experiencia del cliente es confusa, desorganizada y poco memorable.
Muchas de las empresas más exitosas del mundo tienen algo en común: ponen al cliente en el centro y dedican una parte significativa de sus recursos a diseñar, medir y optimizar su experiencia de forma constante. Evalúan cada interacción, escuchan activamente la respuesta del cliente y ajustan en función de su nivel de satisfacción y lealtad. Esa mentalidad es, en muchos casos, la verdadera clave de su éxito.
En el sector veterinario todavía tenemos una enorme oportunidad de mejora en este aspecto. Sabemos que los tutores valoran profundamente la eficiencia, la calidez en el trato, la claridad en la información y la continuidad en el acompañamiento. Esperan ser escuchados, recibir recordatorios, sentirse contenidos luego de una cirugía, y que alguien pregunte cómo siguió su mascota —que muchas veces ocupa el lugar de un hijo más en la familia.
La atención profesional empieza desde el primer contacto —sea presencial, telefónico o digital— y continúa incluso después de que el paciente se fue. Protocolizar, digitalizar y capacitar al equipo no es un lujo: es una necesidad para estar a la altura de un cliente más informado, más exigente y con muchas más opciones.

¿CÓMO HACER TU PROPIO DIAGNÓSTICO?

Esto no es una auditoría contable. Es un chequeo simple, realista y accionable. Te comparto los pasos que usamos en Mishmosos y que también aplico cuando acompaño a otros profesionales:

  1. Revisá tus números básicos
    Saber si tu negocio está creciendo no depende de la intuición, sino de los números. Es fundamental conocer tus ingresos, egresos, costos fijos, cuáles son tus productos o servicios más vendidos y, sobre todo, el margen real que dejás en cada operación. Porque vender mucho no siempre es sinónimo de ganar dinero. ¿Estás generando ganancias o simplemente girando en círculos?
    Una herramienta simple y efectiva es una planilla mensual de Excel o Google Sheets donde registres:
    • Ingresos por servicio o venta de producto.
    • Egresos fijos y variables.
    • Costo de mercadería vendida (CMV).
    • Margen bruto y neto.Esto te permite armar una primera versión del Estado de Resultados, también conocido como EBITDA si excluís amortizaciones e impuestos.
  2. Auditá tus procesos
    ¿Qué tareas repetís todas las semanas? ¿Hay cosas que siempre hacen de forma improvisada? ¿Podés armar un paso a paso?
    Ejemplo: cómo se agenda un turno, cómo se hace la entrega de un medicamento, qué se responde ante una queja.
    Herramienta útil: Notion o Trello para listar y asignar tareas.
  3. Escuchá activamente a tus clientes
    Hablales, preguntales qué les gusta y qué mejorarían. Las mejores ideas de mejora surgen de quienes nos eligen todos los días.
    Herramienta útil: Google Forms, encuestas cortas por WhatsApp, o una simple charla en mostrador con preguntas clave.
  4. Observá tus canales de comunicación
    ¿Lo que comunicás en redes refleja la experiencia real que ofrecés? Una buena estrategia de comunicación no solo atrae: prepara al cliente para lo que va a vivir. Si tus redes no muestran la calidad del servicio que brindás, estás desaprovechando una oportunidad clave.
    ¿Tus nuevos clientes llegan por Instagram, por Google, por recomendaciones? ¿Tenés reseñas positivas que podrías estar usando para reforzar tu credibilidad? ¿Lo que mostrás en fotos y videos realmente transmite la experiencia que vivís todos los días dentro de tu clínica?
    El marketing y las redes sociales deberían anticipar lo buena que va a ser la experiencia con vos, no subestimarla. Porque si el cliente no lo ve ni lo percibe difícilmente lo elija. Herramienta útil: Google Reviews, Metricool, WhatsApp Business, Instagram Insights.
  5. Evaluá tu rol como líder
    ¿Sos el cuello de botella del negocio? ¿O estás construyendo algo que puede funcionar sin vos en cada detalle?
    El objetivo es que te quedes solamente con las tareas en las que realmente aportás valor y que además disfrutás de hacer.
    Reflexioná: ¿qué tareas podrías delegar si tuvieras una persona más? ¿Y si lo hicieras con las que ya tenés?

Señales de alerta a las que prestar atención

Si te sentís identificado con una o varias de estas señales, es momento de poner el foco:

• Tenés muchas tareas pendientes que nunca llegás a hacer.
• Evitás mirar los números porque te abruman.
• Sentís que tu equipo no se involucra.
• Las redes están desactualizadas o no muestran lo que hacés bien.
• Tenés clientes fieles, pero no llegan nuevos.
• No sabés qué servicios te generan más ganancias.
• Te cuesta tomar decisiones sin dudar.

No es tu culpa. Nos formamos para cuidar animales, no para armar negocios.
Pero sí es tu responsabilidad empezar a mejorar.

¿Y si empezás hoy?

Muchos emprendedores no mejoran porque sienten que “tienen que hacerlo todo de una”. Y eso paraliza.
La clave está en empezar de a poco, paso a paso, todos los días. Un día actualizás los precios, otro respondés comentarios en redes, después te sentás una hora con tus números; cada 1% cuenta. Cada decisión pequeña genera una transformación más grande que el caos de intentar hacer todo de golpe. Te invito a que te animes y paso a paso vayas logrando grandes resultados.

Lizi Dominguez
Redactora
info@minegocioveterinario.com

Desde su Veterinaria Vida, desde el aula y desde su pasión por las competencias humanísticas, el MV Javier Paoloni siembra a diario esta potente idea.

En una ceremonia marcada por la diversidad de perfiles y el entusiasmo por el futuro, la Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba, distinguió recientemente a tres profesionales del ecosistema emprendedor local: una referente del triple impacto, un experto en inteligencia artificial… y un veterinario. Se trata de Javier Paoloni, fundador y alma máter de Veterinaria Vida, una clínica con más de dos décadas de historia que ha sabido crecer en estructura, servicios y, sobre todo, en propósito.
El reconocimiento no fue casual. Paoloni no solo forma parte desde 2019 del Programa de Formación en el Desarrollo Emprendedor —una propuesta innovadora y gratuita para estudiantes y profesionales de la zona—, sino que lleva años predicando con el ejemplo: ser un veterinario no es solo atender animales. Es liderar equipos, construir vínculos, tomar decisiones estratégicas y tener la valentía de repensarse cada día.

Nacida del esfuerzo

Veterinaria Vida nació en 2003, “en un garaje chiquito”, como recuerda Javier. Hoy, con 22 años de trayectoria, funciona en un moderno edificio de dos pisos con salas de espera separadas para perros y gatos, servicios diferenciados y todo el equipamiento necesario. Pero lo que más destaca su fundador no son las paredes ni los aparatos, sino la cultura que sostiene ese lugar.
“Es como una hija para mí”, dice, y no es una metáfora. La gestó y la acompañó en cada una de sus etapas tanto como a sus tres hijas: Camila (28), Maitena (24) y María Sol (20).

“Hoy en día, el que no se adapta, pierde”.

Hoy su equipo está conformado por cinco clínicos, una especialista en medicina felina (su hija), dos ecografistas, un cirujano, una dermatóloga, un oncólogo, contador, abogado… y un compromiso inquebrantable con el bienestar animal y humano. Paoloni trata patologías cardiorrespiratorias y gestiona todas las áreas de su empresa.
“Si hubiera tenido las herramientas que tengo hoy, me habría ahorrado muchos errores. Pero todo llega a su tiempo”, reflexionó.

Claves que construyen

¿Qué sostiene este crecimiento sostenido y sustentable? ¿Qué hace que Veterinaria Vida siga floreciendo cuando muchas clínicas luchan por sostenerse?
Paoloni lo resume en una estructura tan simple como poderosa y es la que precisamente transmite a sus colegas:

1. Trabajo en equipo: “Empezar desde lo básico: crear espacios donde podamos compartir lo que pensamos y sentimos, sin miedo a ser juzgados. Espacios con seguridad psicológica”.
2. Comunicación interna: “Corregimos errores sin explicar, damos por entendido lo que no se dijo. Necesitamos procesos comunicacionales con intencionalidad y contenido”.
3. Cambio de comportamiento: “No imponemos el cambio desde el deseo, sino desde el miedo. Por eso no se sostiene. Falta reforzamiento, y sin refuerzo volvemos a foja cero”.
4. Comunicación con el cliente: “Nos entrenan para mirar al animal, no al tutor. Pero ahí está la clave: comprender sus emociones, sus historias, sus límites. Esa empatía es lo que genera fidelidad”.

Todo emprendimiento tiene una parte técnica y una parte humana. Y esa parte humana es la que motoriza los logros”.

Lo humano importa

Para Paoloni, no se trata sólo de organizar mejor una clínica, sino de transformar la mirada sobre la profesión. “No estamos en la era de la inteligencia artificial, sino en la era de la adaptabilidad infinita”, afirma con convicción. “Y para adaptarnos, necesitamos lo humano”, refuerza.
Su propuesta es clara: ciclos cortos de acción y corrección.
“En vez de hacer mil kilómetros sin freno, parar cada 100, revisar, ajustar. No se trata de improvisar, sino de recorrer el camino con inteligencia y sensibilidad”, aseguró Paoloni en diálogo con Mi Negocio Veterinario.
Y completó: “A muchos colegas les falta formación en competencias humanísticas. Trabajamos intuitivamente, cuando podríamos hacerlo con método. Crear equipos sólidos, gestionar desde la escucha, construir relaciones duraderas con los clientes… todo eso se aprende”.

Formación con propósito

Desde su puesta en marcha, en 2019, Paoloni participa del Programa de Formación en el Desarrollo Emprendedor de la Universidad Nacional de Río Cuarto, el cual comenzará su nueva edición en junio. Consta de 16 módulos distribuidos en dos años, con dictado híbrido (presencial y virtual), y está abierto no solo a estudiantes de veterinaria, sino también a profesionales de toda la zona.
“Trabajo en los módulos de competencias blandas: trabajo en equipo, comunicación, motivación. Es contenido que, si se dictara en una universidad privada, costaría 400 o 500 dólares al mes. Pero es público y gratuito”, sostiene.
Y ahí radica, para él, una gran contradicción. “Cuando algo es gratuito, muchas veces no se valora. El día de la presentación, en el aula magna había abogados, contadores, empresarios, autoridades de la universidad. Al momento de dar mi charla pregunté: ¿Cuántos veterinarios hay?… y sólo uno levantó la mano”, recordó el profesional.

Donde todo se conecta

Para Javier Paoloni, no hay grieta entre la gestión y la vocación. La técnica y la emoción, el equipamiento y el vínculo, son piezas de un mismo sistema. “Todo emprendimiento tiene una parte técnica y una parte humana —reflexiona—. Y esa parte humana es la que motoriza los logros”. La frase no es solo una declaración de principios, sino la brújula que guía cada decisión dentro de Veterinaria Vida.
“No me lamento por lo que no tuve. Invertí en lo que sí tenía: una manera distinta de tratar a la gente”, dice, con la sencillez de quien entendió que el valor diferencial no siempre está en los aparatos de última generación, sino en la experiencia emocional del cliente. Por eso insiste: “Podés tener la mejor tecnología, la clínica más moderna, pero si no sabés comunicarte, el cliente va a volver a quien le generó confianza”.
La rentabilidad, entonces, no se mide solo en facturación, sino también en fidelización.
Lejos de las frases hechas, Paoloni propone una ética del hacer cotidiano. No impone, acompaña. No exige, propone. “No estamos en la era de la tecnología, sino en la era de la adaptabilidad. El que no se adapta, pierde.” Y adaptarse no es traicionarse, sino descubrir una mejor versión de uno mismo. Se trata, como él lo define, de moverse en ciclos cortos de acción y corrección: probar, evaluar, ajustar, volver a intentar. Y, sobre todo, aprender.

“Podés tener la mejor tecnología, pero si no sabés comunicarte, el cliente va a volver con quien le generó confianza”.

“Se puede ser feliz y rentable. No es una utopía. Solo hay que aprender lo que nunca nos enseñaron.” En esa frase final se resume todo su recorrido: de la clínica al aula, del error a la mejora, del instinto al método.
Con una mirada que inspira, Javier Paoloni invita a otros colegas a mirar más allá, y a entender que una veterinaria saludable es, ante todo, un proyecto humano.

Virginia Vallejo
Argentina
virginiamvallejo@gmail.com

Te proponemos distintas soluciones a las problemáticas más frecuentes que atraviesan la gestión de las clínicas veterinarias. Sumate, te vas a sentir identificado.

Cuando comencé a desarrollar mi empresa de Hoteles para Gatos, me di cuenta de que no bastaba con ser buena cuidando mascotas; para crecer y avanzar necesitaba aprender sobre gestión, finanzas y estrategias de crecimiento.
A lo largo de los años, he enfrentado diversos desafíos que seguramente muchos colegas, incluyéndote, también han atravesado: desde no saber cómo fijar precios hasta sentir que el negocio me absorbía por completo.
Por eso, me formé en gestión y en negocios digitales, y lo más valioso que he aprendido no está solo en los libros, sino en la experiencia misma de dirigir una empresa y tomar decisiones difíciles.

«Invertir en mejorar tus habilidades de gestión y en adoptar nuevas tecnologías puede marcar la diferencia.»

En este espacio, quiero compartir respuestas prácticas y aplicables a problemas comunes que enfrentamos los veterinarios emprendedores, basadas en mis aprendizajes y en estrategias que realmente funcionan.

1 «Tengo un consultorio veterinario, pero no logro que sea rentable»

Uno de los errores más comunes es no conocer a fondo los costos operativos y no definir bien los precios. La rentabilidad no se trata solo de atraer más clientes, sino de optimizar ingresos y egresos.
¿Algunas soluciones?

  • Realizar un análisis de costos detallado.
  • Definir una estructura de precios que contemple no solo el mercado, sino también tu margen de beneficio.
  • Incorporar servicios de valor agregado, como consultas a domicilio, planes de salud preventivos y venta de productos.
  • Evaluar la posibilidad de asociarte con otras clínicas para compartir gastos de insumos.
  • Implementar promociones y paquetes de servicios para fidelizar clientes.
  • Reducir gastos innecesarios y optimizar la compra de insumos veterinarios.

2. «No tengo tiempo para nada, el negocio me consume»

Muchos veterinarios emprendedores quedan atrapados en la operación diaria y descuidan la estrategia del negocio. Veo modelos de negocio donde el veterinario hace todo, convirtiendo su empresa en un autoempleo que depende completamente de su tiempo y esfuerzo, en lugar de un negocio que funcione de manera autónoma.
¿Qué podríamos hacer en estos casos?

  • Automatizar y delegar: Usar software de gestión para citas, stock y facturación. Contratar personal capacitado para funciones administrativas.
  • Bloquear tiempo para estrategia: Dedicar al menos una hora a la semana para planificar y revisar números.
  • Estandarizar procesos: Tener protocolos claros permite que el equipo pueda trabajar sin que todo dependa de ti.
  • Capacitar a tu equipo: Si tu equipo está bien entrenado, podrá resolver situaciones sin necesidad de que intervengas constantemente.
  • Aprender a decir no: No todos los clientes o servicios son rentables. Debemos identificar cuáles aportan valor real a nuestro negocio.
  • Tercerizar servicios cuando sea necesario: No todo debe recaer sobre vos; podés contratar servicios contables o de marketing para enfocarte en la clínica.

3. «No logro atraer nuevos clientes y fidelizar a los que ya tengo»

Muchos veterinarios dependen solo del boca a boca, pero hoy en día es fundamental tener una estrategia digital.
¿Y entonces? Acá algunas propuestas:

  • Optimizar tu presencia online: Es importante que creés un perfil en Google My Business y redes sociales con información clara.
  • Generar contenido de valor: Publicá consejos prácticos para tutores de mascotas. Esto genera confianza y posiciona tu marca.
  • Ofrecer experiencias diferenciadas: Programas de fidelización, consultas personalizadas y seguimiento post-atención mejoran la retención.
  • Hacer alianzas estratégicas: Podés trabajar con pet shops, hoteles de mascotas, guarderías, entrenadores o paseadores de mascotas para atraer más clientes.

«Uno de los errores más comunes es no conocer a fondo los costos operativos y no definir bien los precios.»

  • Enviar recordatorios automáticos: Recordar citas, vacunas y controles mejora la relación con los clientes y reduce cancelaciones.
  • Implementar campañas de referidos: Se pueden ofrecer incentivos a clientes que recomienden tu servicio a otras personas.

4. «Tengo miedo de invertir en mi negocio y perder dinero»

El miedo a la inversión es común, pero no crecer también tiene costos.
¿Qué hacer?
• Hacer inversiones inteligentes: Siempre evaluar cuál es el retorno esperado antes de gastar dinero.
• Probar en pequeño antes de escalar: Si querés ofrecer un nuevo servicio, hacé una prueba piloto con un grupo reducido de clientes.
• Formar parte de comunidades de emprendedores: Aprender de otros veterinarios emprendedores te ayudará a tomar mejores decisiones.
• Diversificar los ingresos: No dependas solo de la consulta veterinaria; podés vender productos, ofrecer cursos o suscripciones.
• Consultar con asesores financieros: Un buen análisis de flujo de caja puede ayudarte a tomar decisiones informadas.

5. «No sé si debo contratar empleados o seguir manejando todo solo»

Este es un dilema común entre los emprendedores veterinarios. Contratar ayuda puede ser un gran paso, pero hacerlo sin planificación puede traer más problemas que soluciones.
¿Algunas soluciones posibles?
• Evaluar tu carga de trabajo: Si pasás más tiempo en tareas administrativas que en la atención veterinaria, es hora de delegar.
• Contratar estratégicamente: Un asistente administrativo, un asistente veterinario o un recepcionista pueden optimizar tu tiempo. También podrías incorporar un asistente virtual para responder consultas.
• Hacer números: Calcular cuánto ingreso adicional necesitas generar para cubrir el salario de un empleado sin afectar la rentabilidad.
• Definir roles claros: Un equipo eficiente requiere que cada persona sepa qué hacer y cómo hacerlo.
• Empezar con contratos flexibles: Podés iniciar con empleados a tiempo parcial o freelance antes de comprometerte con una contratación permanente.
• Ofrecer incentivos a tu equipo: Un equipo motivado y bien entrenado mejora la experiencia del cliente y la productividad.

«El miedo a la inversión es común, pero no crecer también tiene costos.»

6. «No sé cómo diferenciarme de la competencia»

En un mercado saturado, la diferenciación es clave.
¿Y entonces? ¿Qué propongo?

  • Encontrar tu nicho: Especialízate en un área que pocos trabajen (geriatría, rehabilitación, exóticos, etc.).
  • Crear una experiencia inolvidable: Desde la decoración de tu clínica hasta la forma en que comunicás los diagnósticos, todo cuenta.
  • Aplicar estrategias de marca: Un buen branding y una comunicación efectiva pueden hacerte destacar.
  • Dar un plus a tu servicio: Ofrecer seguimiento post-consulta o informes detallados genera confianza.
  • Capacitar constantemente a tu equipo: La actualización en conocimientos y tecnología puede ser una gran ventaja competitiva.

Reflexión Final

Emprender en el sector veterinario es desafiante, pero también una gran oportunidad para construir un negocio rentable y satisfactorio.
Al aplicar estrategias probadas, automatizar procesos y enfocarte en la experiencia del cliente, podrás lograr un equilibrio entre tu pasión por la medicina veterinaria y la sostenibilidad de tu empresa.
La capacitación y la innovación son claves para mantenerte competitivo.
Invertir en mejorar tus habilidades de gestión y en adoptar nuevas tecnologías puede marcar la diferencia.

* Este artículo está inspirado en mi experiencia como veterinaria emprendedora, en estrategias de negocios aprendidas en mi maestría y en libros como El mito del emprendedor de Michael Gerber, Empresa de uno de Paul Jarvis y Reloj de arena de Mike Michalowicz, que recomiendo a cualquier emprendedor veterinario que quiera escalar su negocio sin perder calidad de vida.

Definir el punto de equilibrio de tu emprendimiento es más sencillo de lo que pensabas. Lleva tiempo y necesitás contar con datos certeros, pero los resultados de hacerlo pueden ser increíbles.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario

info@minegocioveterinario.com

En la gestión de una clínica veterinaria, entender los números no es solo una cuestión contable, es clave para la supervivencia y el crecimiento del negocio. Y en ese universo de métricas financieras, hay un dato que nunca puede pasar desapercibido: el punto de equilibrio.

¿Qué es el punto de equilibrio?

El punto de equilibrio es el momento exacto en el que los ingresos cubren todos los costos fijos y variables. En otras palabras, es cuando la veterinaria no gana ni pierde dinero. Saber dónde está ese umbral es vital para tomar decisiones inteligentes sobre precios, inversiones y estrategias de venta.

Si no lo conocés, corrés el riesgo de estar trabajando al borde de la rentabilidad o, peor aún, de sostener un negocio que pierde dinero mes a mes sin darte cuenta.

¿Por qué es clave conocerlo?

  • Evita pérdidas invisibles: Podés estar facturando mucho y aún así no cubrir tus costos.
  • Toma decisiones más inteligentes: Desde cuándo invertir hasta cuándo ajustar precios.
  • Planificá objetivos claros: Sabés exactamente cuánto tenés que vender para generar ganancias.

¿Cómo calcularlo?

El cálculo es más sencillo de lo que parece:

Punto de Equilibrio = Costos Fijos Totales / (Precio Promedio de Venta – Costo Variable por Servicio o Producto).

Paso 1: Identificá tus costos fijos

Estos son los gastos que pagás todos los meses, vendas o no vendas:

  • Alquiler o hipoteca del local.
  • Sueldos fijos.
  • Servicios (luz, agua, internet).
  • Software de gestión.
  • Seguro.

Paso 2: Calculá tus costos variables.

Son los costos que dependen directamente de cada servicio o producto vendido:

  • Insumos médicos.
  • Medicamentos.
  • Material descartable.
  • Comisiones o incentivos por ventas.

Paso 3: Determiná el precio promedio de venta

Calculá el promedio entre tus servicios y productos más vendidos. No uses solo el valor de la consulta, sumá otros ingresos recurrentes como venta de antiparasitarios o planes de salud.

Ejemplo práctico en una veterinaria

  • Costos fijos mensuales: $2.000.000
  • Costo variable promedio por servicio: $4.000
  • Precio promedio por cliente: $12.000

Fórmula: $2.000.000 ÷ ($12.000 – $4.000) = 250 clientes al mes.

Esto significa que necesitás 250 consultas o ventas promedio por mes para cubrir todos tus costos. A partir del cliente 251, cada peso facturado empieza a generar ganancias reales.

¿Qué pasa si no lo alcanzás?

Si mes a mes te quedás por debajo del punto de equilibrio, el negocio absorbe pérdidas. Esto obliga a:

  • Revisar precios y márgenes.
  • Reforzar acciones de marketing y promociones.
  • Revisar costos fijos y reducir gastos innecesarios.

Consejos para alcanzar y superar el punto de equilibrio

  1. Subí el ticket promedio: Ofrecé paquetes de servicios, sugerí productos complementarios o sumá membresías.
  2. Reducí costos variables: Negociá con proveedores y comprá insumos en volumen.
  3. Aumentá la frecuencia de visita: Programá recordatorios de vacunación y chequeos.
  4. Segmentá a tus clientes: Ofrecé servicios personalizados según el perfil del tutor y su mascota.

El punto de equilibrio no es estático

Revisalo periódicamente. Cambios en precios de insumos, aumentos de alquileres o ajustes salariales impactan directamente. Por eso, es clave analizarlo al menos cada seis meses.

Conclusión

Saber dónde está el punto de equilibrio es tener el control real del negocio. Es la brújula que te permite navegar entre las tormentas financieras y crecer de manera sostenible. Porque no se trata solo de amar a los animales, sino también de mantener una clínica saludable… en todos los sentidos.

En las veterinarias, como en tantos otros emprendimientos, los incrementos de precios por inflación imponen nuevas herramientas a considerar. ¿Qué son los descuentos inteligentes?

¿Cansado de que los clientes cuestionen tus precios?

No resulta nada extraño que muchos compradores hagan foco en los precios, en primer lugar. Después de todo se trata de la variable más transparente y fácil de comprender de cualquier propuesta comercial.

En lugar de responder simplemente bajando los precios u ofreciendo alguna promoción, es recomendable “parar el balón” y analizar el campo de juego antes de actuar.

Aquí sigue una Guía Resumen sobre cómo abordar la situación cuando un cliente considera que tus precios son muy caros. Consideremos 4 posibles situaciones.

Situación 1

El cliente dice “Es muy caro”, entonces tienes que preguntarte ¿Es tu cliente objetivo? si tu respuesta es NO. Entonces déjalo ir.

Situación 2

Es tu cliente ideal y te dice “Es muy caro”, entonces debes analizar: ¿Tiene diferenciales tu propuesta? Si no tu repuesta es NO, entonces debes innovar, nadie pagará más por una propuesta igual a la de tu competencia.

Situación 3

Es tu cliente ideal, y tu propuesta tiene diferenciales, pero te dice, de todas formas, “Es muy caro”. Aquí lo que debes preguntarte es si realmente tu cliente tiene conciencia clara de ese valor diferencial, porque si no tiene claridad, quizás no estás comunicando de forma efectiva.

Situación 4

Finalmente, es tu cliente, tu propuesta es diferencial y está bien comunicada esa diferencia. Aún, con todas esas condiciones, el cliente afirma “Es muy caro”.

A esta situación quería llegar. ¿Qué hacer?

Debes ofrecer un descuento, pero solo si el cliente cede algo. Pero, cuidado, no se trata simplemente de bajar el precio.

Los descuentos inteligentes son aquellos que nos permiten cerrar ventas con aquellos clientes más sensibles al precio, pero que siempre se otorgan “a cambio de algo”. Es decir, que el cliente beneficiado por la reducción de precios, debe hacer algo o cumplir alguna condición, para ganarse el descuento.

Entre las condiciones posibles para acceder al descuento, podemos mencionar:

  • Comprar un cierto volumen mínimo
  • Anticipar el pago
  • Adquirir un paquete de productos o servicios
  • Descargarse la app de la empresa
  • Programar el pedido en forma anticipada
  • Comprar en temporada baja
  • Contratar un abono o firmar un contrato de largo plazo, entre otras alternativas.

Al pedir siempre algo a cambio del descuento, nos aseguramos dos cuestiones clave:

  • No se generalizarán los descuentos, ya que no todos los clientes estarán dispuestos a cumplir las condiciones solicitadas.
  • Garantiza la transparencia de nuestra política de precios, ya que podremos explicar la razón objetiva de los descuentos otorgados, si algún cliente quiere saber por qué otros pagaron un precio menor.

Conocé más sobre este tema en www.fijaciondeprecios.com.

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Hay personas que no sólo saben organizarse, sino que también tienen la enorme virtud de organizar eficientemente a sus equipos de trabajo.
¿Se imaginan si todos tuviéramos esa habilidad? ¿Cuánto tiempo y discusiones nos ahorraríamos?
El manejo del tiempo, la buena organización y la planificación son pilares estratégicos que, sin dudas, los nuevos líderes deben contemplar en cualquier emprendimiento, pero más aún en aquellos ligados al rubro veterinario.
En ese mix de servicios y productos médicos ofrecidos en una vorágine de formatos y urgencias, el orden cumple un rol preponderante.
Atender, cuidar, comunicar, vender, pagar, cobrar… No es fácil la vida del emprendedor veterinario y aún así siguen creciendo e invirtiendo en el rubro.
Frente a esta realidad (y sus múltiples idas y venidas), se hace cada vez más visible la necesidad de que las clínicas veterinarias articulen equipos de trabajo que, sin importar su dimensión, logren “cubrirse las espaldas”, escudados por una rutina clara y comprometida no sólo con la calidad del servicio, sino también con el bienestar de las personas que la ejecutan y la rentabilidad de la empresa.

¿Se puede evitar la trampa del día a día?

En muchas oportunidades, cuando se habla de rutina, suele pensarse en algo aburrido, estancado… que no te deja crecer. Bueno, puede ser, pero no es el caso.
En primer lugar, una buena rutina laboral puede, pero no tiene por qué ser divertida. Su objetivo no es limitar, sino dar contexto… Proporcionar un marco en el cual las personas que llevan adelante el día a día puedan reconocerse y aportar valor, complementándose con sus compañeros.
La rutina se repite. Si, claro. Es una de sus características, además de la fluidez que se debería buscar con la repetición.
No lo olviden, si logramos hacer las tareas estructurales del día a día de manera sencilla, sin errores, ni discusiones, tenemos la mitad del partido ganado.
Ya a partir de allí, podremos crear, discutir y proponer cómo mejorar los servicios que ofrezcamos, pero sobre una base sólida, que permita crecer sin estrés.
Distinto es “entrar en loop”. ¿Cómo es eso? Claro, tener una buena rutina nada tiene que ver con girar siempre en torno a los mismos problemas, buscando y buscando, sin poder salir, ni avanzar, ni nada.
A veces entramos en ese loop eterno por no asumir que las indicaciones que dimos no son las correctas, o por no visualizar lo que ocurre en la práctica con esas “ideas brillantes” y generalmente apresuradas que se nos ocurren, y que no registramos ni en un papel.
Es tiempo de reenfocar el concepto de agilidad. Hacer las cosas rápido y sin pensar, ni probarlas, no es sinónimo de eficiencia. Construir equipos, alianzas y procesos inteligentes, sí lo es.
¿Creés en este tipo de propuestas? ¿Ya las implementás en tu negocio veterinario? ¿Las tendrías en cuenta para arrancar a full el 2025 que se viene?

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Hay personas que no sólo saben organizarse, sino que también tienen la enorme virtud de organizar eficientemente a sus equipos de trabajo.
¿Se imaginan si todos tuviéramos esa habilidad? ¿Cuánto tiempo y discusiones nos ahorraríamos?
El manejo del tiempo, la buena organización y la planificación son pilares estratégicos que, sin dudas, los nuevos líderes deben contemplar en cualquier emprendimiento, pero más aún en aquellos ligados al rubro veterinario.
En ese mix de servicios y productos médicos ofrecidos en una vorágine de formatos y urgencias, el orden cumple un rol preponderante.
Atender, cuidar, comunicar, vender, pagar, cobrar… No es fácil la vida del emprendedor veterinario y aún así siguen creciendo e invirtiendo en el rubro.
Frente a esta realidad (y sus múltiples idas y venidas), se hace cada vez más visible la necesidad de que las clínicas veterinarias articulen equipos de trabajo que, sin importar su dimensión, logren “cubrirse las espaldas”, escudados por una rutina clara y comprometida no sólo con la calidad del servicio, sino también con el bienestar de las personas que la ejecutan y la rentabilidad de la empresa.

¿Se puede evitar la trampa del día a día?

En muchas oportunidades, cuando se habla de rutina, suele pensarse en algo aburrido, estancado… que no te deja crecer. Bueno, puede ser, pero no es el caso.
En primer lugar, una buena rutina laboral puede, pero no tiene por qué ser divertida. Su objetivo no es limitar, sino dar contexto… Proporcionar un marco en el cual las personas que llevan adelante el día a día puedan reconocerse y aportar valor, complementándose con sus compañeros.
La rutina se repite. Si, claro. Es una de sus características, además de la fluidez que se debería buscar con la repetición.
No lo olviden, si logramos hacer las tareas estructurales del día a día de manera sencilla, sin errores, ni discusiones, tenemos la mitad del partido ganado.
Ya a partir de allí, podremos crear, discutir y proponer cómo mejorar los servicios que ofrezcamos, pero sobre una base sólida, que permita crecer sin estrés.
Distinto es “entrar en loop”. ¿Cómo es eso? Claro, tener una buena rutina nada tiene que ver con girar siempre en torno a los mismos problemas, buscando y buscando, sin poder salir, ni avanzar, ni nada.
A veces entramos en ese loop eterno por no asumir que las indicaciones que dimos no son las correctas, o por no visualizar lo que ocurre en la práctica con esas “ideas brillantes” y generalmente apresuradas que se nos ocurren, y que no registramos ni en un papel.
Es tiempo de reenfocar el concepto de agilidad. Hacer las cosas rápido y sin pensar, ni probarlas, no es sinónimo de eficiencia. Construir equipos, alianzas y procesos inteligentes, sí lo es.
¿Creés en este tipo de propuestas? ¿Ya las implementás en tu negocio veterinario? ¿Las tendrías en cuenta para arrancar a full el 2025 que se viene?

Así lo demostró una encuesta realizada por Mi Negocio Veterinario entre cerca de 1.000 veterinarios y dueños de veterinarias de distintas partes de Argentina.

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Comenzamos el año y lo cerramos con foco en un tema bien concreto: poder determinar cuál es el mayor dolor de las clínicas veterinarias en Argentina, entendiendo por dolor aquella variable en la cual más dificultades se plantean en este tipo de emprendimientos.
Tal es así que decidimos impulsar el tema y consultar a los involucrados en todos y cada uno de los eventos en los cuales Mi Negocio Veterinario se hizo presente a lo largo de este 2024. Las Jornadas Veterinarias de Intermédica, el Congreso Latinoamericano de DROVET, Expo Veterinarias y las Jornadas Internacionales del Colegio de Veterinarios de Buenos Aires.
¿Y qué resultados obtuvimos? ¿Nos sorprendieron? Acá se los contamos.

¿Dónde le duele a tu veterinaria?

Del relevamiento participaron hasta la fecha cerca de 950 veterinarios y veterinarias, de los cuales un 74% aseguró ser dueños de la clínica.
Allí el foco estuvo puesto en dilucidar en cuál de estas áreas más le duele a la veterinaria. A nivel general, la respuesta no sorprendió: el dolor mayor se da en la parte administrativa, que incluye la determinación de indicadores básicos de rendimiento (Ver gráfico N° 1). Muy cerca también en el ranking los profesionales destacaron al área de Marketing y Redes Sociales.
Claro, podrán decirnos muchos. Lo que pasa es que no nos formaron para eso en la Facultad… Y tendrán razón.

Las habilidades blandas despiertan cada vez más interés entre los profesionales y líderes del sector veterinario.

Sin embargo, vale destacar (positivamente) que el hecho de poder definir y manifestar estos puntos de dolor ya representa el primero de los pasos para empezar a abordarlos y ¿por qué no? solucionarlos. Le siguen la comunicación con los clientes, el manejo con el equipo de colaboradores y la capacidad de venta en el local.

Ser dueño hoy

Estos son los datos generales, pero qué pasa cuando nos metemos de lleno en el mundo de aquellos que son dueños de sus propios emprendimientos.

La propuesta #SoyVeteArgento de Mi Negocio Veterinario, presente en Mar del Plata.

En primer lugar, hay que decir que, en el muestreo realizado por Mi Negocio Veterinario, el 67% de los encuestados manifestó que en su clínica trabajan entre 1 y 3 personas, mientras que en un 23% de los casos lo hacen entre 4 y 6 personas, quedando un 6% con entre 7 y 10 y un porcentaje minoritario con más de 10 empleados (Ver Gráfico N° 2).
¿Es esa la tendencia a nivel nacional? Números más, números menos, parecería que sí.

A pesar del interés

Otro dato novedoso que surge del relevamiento de Mi Negocio Veterinario entre casi 1.000 veterinarios y/o dueños de veterinarias tiene que ver con la real vocación por recibir entrenamiento sobre los problemas reales que vive su empresa.
Es decir, buena parte de los consultados eligió que le gustaría capacitarse en Marketing y Redes Sociales, aún habiendo marcado como su principal dolor el administrativo (los números).
Si bien este área sí fue destacada como un punto a considerar en la formación, sigue siendo tan pero tan dura y lejana, que muchos prefieren no abordarla, a pesar de sus consecuencias.
La estadística une a dueños de clínicas y también a veterinarios en relación de dependencia, siendo también este último segmento destacado por el interés en recibir más y más conocimientos en todo lo que tiene que ver con la marca profesional, ya a nivel individual.
Si bien muchos de estos temas pueden seguirse bien de cerca en los contenidos que comparte Mi Negocio Veterinario tanto en su formato impreso, como también en sus redes sociales (@minegocioveterinario) y en su página web, también se han lanzado una serie de consultorías personalizadas y talleres de hasta 4 personas, para poder abordar específicamente un grupo de temas.
Algunos de ellos son: Indicadores, Redes Sociales, Marketing Digital y trabajo en equipo, otro de los grandes tópicos sobre los cuales no sólo falta trabajar, sino dar el máximo reconocimiento de su importancia a la hora de que los centros veterinarios cumplan con su objetivo.