Emocional- Mente
Luciano Aba
Editor Revista 2+2
Web: dosmasdos.com.ar
Twitter: @aba_luciano
Emocional- Mente
Una milésima de segundo adicional necesitaríamos para controlar ese impulso del cual tarde o temprano nos vamos a arrepentir.
Enojarnos con quien no es ni remotamente culpable de nuestra bronca; gritar y refunfuñar por alguna cuestión luego develada como insignificante; acusar sin sentido y hasta irnos a descansar con la incontrolable amargura de lo que no sabemos si quiera si al día siguiente va a ocurrir…
Así podríamos seguir enumerando las ocasiones en las cuales salen a flote nuestras emociones. Claro que éstas no siempre son negativas, pero quién se acuerda de las otras, ¿no?
En cierto modo, de esto se trata una de las últimas películas animadas producidas por Pixar: Intensa – Mente.
Si bien no develaremos aquí su final, vale destacar cómo en un formato accesible y ameno para todas las edades, la “pantalla grande” nos resume el modo en que interactúan en nuestro cerebro personajes como Alegría, Temor, Tristeza, Disgusto y Furia, ante situaciones límite como el cambio de rutina en la vida de una adolescente.
En poco menos de dos horas, uno puede claramente comprender la importancia de las distintas etapas del conocimiento humano y el rol que juegan las emociones en el contexto vinculado a la toma de decisiones.
“Tarde o temprano culminaremos siendo el modo en que pensamos hoy”, suele decir y repetir el biólogo Estanislao Bachrach en cada una de sus alocuciones…
20 años antes
Claro que esta no es la primera vez que el tema se hace masivo.
Ya en 1995 el psicólogo estadounidense Daniel Goleman publicaba “Inteligencia emocional”, material que en poco tiempo se convertía en Best Seller mundial.
La interesante y revelador de esa propuesta era su planteo de fondo: “el éxito de las personas no se determina únicamente por su coeficiente intelectual o sus estudios académicos, sino que también se deben considerar el conocimiento emocional”.
Es decir, que lo verdaderamente importante es la capacidad de cada individuo para identificar su propio estado emocional y gestionarlo de forma adecuada.
Esto que se decía hace 20 años y que tantos debates generó en distintas partes del mundo, sigue siendo la gran cuenta pendiente de muchos de aquellos que interactuamos a diario con otras personas.
Ni en el ámbito profesional, ni en el laboral o personal; nadie nos enseña esta habilidad.
Nunca se nos orienta, ni orientó en situaciones básicas como la creatividad, la empatía y la innovación, en el sentido amplio de las oportunidades que nos podrían llegar a brindar. Para muchos, de hecho, sigue siendo más importante que sus hijos se “reciban”, antes de que se “vinculen”…
Seguimos atravesados por los viejos paradigmas, dejándonos controlar por impulsos que nos impiden sacar el mejor provecho no solo de los otros, sino -muchas veces- de nosotros mismos.
¿Quién tiene la culpa?
Como buenos contemporáneos, valdría encontrar la causa de esta incapacidad en alguien o en algo, ¿no?
¿Habrán sido nuestros padres? ¿Nos apabullará la escuela?
¿Será la cultura capitalista? ¿Por qué nos valemos de impulsos y reaccionamos por sobre quienes sabemos que no quieren actuar como efectivamente lo hacen?
Todas buenas preguntas y aquí, una respuesta común a todas: no importa (siempre y cuando colaboremos para que la situación empiece a cambiar).


