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No se puede vivir del amor…

Luciano Aba disertó en el Congreso Internacional Veterinario del Iguazú y compartió con cerca de 400 veterinarios algunas recomendaciones puntuales para hacer frente a la realidad de las clínicas.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

En tiempos en que la economía aprieta y los tutores piensan dos veces antes de gastar, la diferenciación entre clínicas veterinarias deja de ser un deseo y se convierte en una necesidad.

El editor de Mi Negocio Veterinario, Luciano Aba, dejó esto en claro durante su charla en Iguazú, durante CIVI 2025: conocer al cliente y adaptar la propuesta de valor ya no es una opción, sino la clave para sostenerse y crecer.

Durante una presentación dinámica, cercana y con mucho sentido de realidad, Luciano invitó a los asistentes del CIVI 2025 a dejar de mirar hacia adentro y empezar a observar con más atención a quienes mantienen vivo el negocio: los clientes. Porque sí, el amor por los animales sigue siendo enorme. Pero como señaló el propio Aba con algo de ironía… “no se puede vivir del amor”.

La frase, acompañada de sonrisas cómplices, sintetizó la realidad que atraviesan muchas veterinarias del país. Con una economía en tensión y un consumidor cada vez más racional, el vínculo emocional con las mascotas no siempre alcanza para sostener la rentabilidad. “Cuando el zapato aprieta —dijo Luciano— la gente compara, pregunta, busca opciones y exige explicaciones sobre lo que hacemos. Y eso no está mal. Nos obliga a profesionalizarnos”.

Esa profesionalización, explicó, no pasa solo por saber más medicina o incorporar equipamiento, sino también por aprender a comunicar con claridad qué hace única a cada clínica, y por qué los clientes deberían elegirla.

Luciano propuso pensar la diferenciación no como una cuestión estética o de precios, sino como un ejercicio de empatía y estrategia. Cada clínica, cada veterinario, tiene una historia, un estilo y una manera de entender la profesión. Pero lo que marca la diferencia real es qué tan bien se conoce al cliente y cuánto se ajusta la propuesta de valor a sus necesidades concretas.

En ese sentido, destacó la importancia de revisar los servicios ofrecidos, los canales de comunicación utilizados y el tipo de experiencia que se brinda. “No todos los tutores buscan lo mismo —remarcó—. Hay quienes priorizan rapidez y accesibilidad, y otros que valoran contención, seguimiento y especialización. Si ofrecemos lo mismo para todos, terminamos diluyendo lo que realmente nos hace distintos.”

Con ejemplos sencillos y preguntas disparadoras, Luciano logró que los veterinarios presentes reconocieran la necesidad de repensar su modelo de negocio. Invitó a revisar la comunicación digital, el uso de herramientas como WhatsApp Business o Google My Business, y a aprovechar cada interacción para reforzar la propuesta de valor.

La charla dejó en claro que diferenciarse no es gritar más fuerte, sino comunicar mejor. No se trata de tener más servicios, sino de que los que se ofrecen respondan a expectativas reales, y que la experiencia completa —desde el turno hasta el seguimiento post consulta— transmita coherencia y profesionalismo.

“Los clientes no cambian porque sí. Cambian porque alguien más los entendió mejor”, fue una de las frases que quedó resonando tras el cierre. El aplauso del público no fue solo por el tono dinámico de la presentación, sino porque cada idea conectó con una realidad compartida: ya no alcanza con amar a los animales; hay que amar también la gestión del negocio.

En un contexto desafiante, la invitación fue clara: construir clínicas que se diferencien por su propósito, su coherencia y su capacidad de adaptarse al cliente. Porque si el amor por la profesión fue el punto de partida, la estrategia es el camino que permitirá seguir haciendo lo que más nos gusta: cuidar, acompañar y generar valor.

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