«Me fastidia y me agota sostener la escena»
El desgaste por compasión no es indiferencia, ni falta de vocación. Es el costo acumulado de cuidar. ¿Qué lo distingue del agotamiento general y qué mostró la evidencia sobre lo que realmente ayuda?
Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
abadi.flor@minegocioveterinario.com
“Mi sello siempre fue el trato a los tutores. Se sentían cómodos conmigo porque yo escuchaba atento, me acercaba, se notaba que me importaba. Ahora me pasa que mientras escucho ya estoy en modo productivo, pensando los pasos que siguen. No me enternezco con la angustia de los tutores, y diría que hasta me fastidia cuando lloran, me agota sostener la escena. Después me quedo pensando y me da culpa, porque yo no era así, la empatía era mi marca. Pero en el momento no puedo sentir otra cosa que fastidio, y eso también me asusta”.
Elegimos este testimonio porque describe algo puntual que suele confundirse con falta de vocación o con cansancio general, cuando en realidad tiene nombre propio y viene siendo estudiado hace tres décadas: el desgaste por compasión.
No es cualquier agotamiento
Lo que describe el testimonio no es cansancio por exceso de trabajo. El desgaste por compasión viene de otro lado: de sostener, consulta tras consulta, la angustia ajena, ya sea por una mala noticia, un diagnóstico grave o una eutanasia.
Se estima que este tipo de situaciones aparece entre tres y cinco veces por semana en la práctica clínica, y distintos relevamientos las ubican como el estresor más pesado de la profesión, incluso más que la carga horaria.
Fue el profesor de Psicología Charles Figley quien nombró esto hace unas tres décadas, con una frase que lo resume bien: el desgaste por compasión es el costo de cuidar.
Hay una forma de medir la calidad de vida profesional que propuso la investigadora Beth Stamm, llamada ProQOL, que se utiliza para trabajadores de la salud.
El modelo está dividido en tres partes:
El desgaste por compasión aparece cuando esta tercera parte crece sin encontrar dónde descargarse. Ahí es donde entra el fastidio que describe el testimonio: no es que deje de importarle el tutor, es que ya no tiene margen para sentir con él.
Se agota la empatía
El nombre del síndrome puede confundir, y vale la pena aclararlo. Hay una distinción de la neurociencia que ayuda a entender esto: empatizar es sentir con el otro, y sostenido en el tiempo puede volverse una fuente de angustia. Sentir compasión es distinto: no implica compartir el sufrimiento del otro, sino una motivación genuina de ayudarlo, sin necesidad de fusionarse con su dolor. De hecho, se ha visto que entrenar la empatía tiende a aumentar el malestar de la persona, mientras que entrenar la compasión lo revierte.
Esto quiere decir que no hace falta recuperar la empatía de antes para seguir dando un buen servicio. Si en el momento no se puede leer bien qué necesita el tutor, alcanza con preguntas simples y concretas: “¿querés que te deje unos minutos solo?”, “¿preferís que te lo explique otra vez?”. Eso sostiene el cuidado sin exigir una carga emocional que, en ese momento, no está disponible. No es impostura ni frialdad, es una forma de cuidar que no depende de sentir lo mismo que el otro.
Lo que mostró la evidencia sobre el autocuidado
Un estudio con veterinarios evaluó distintas conductas de autocuidado personal y profesional, y encontró algo que va a contramano de lo esperable: la única que mostró un efecto protector real frente al desgaste por compasión fue sostener actividades recreativas compartidas con otras personas. Ni el descanso en soledad ni otras formas de autocuidado individual lograron amortiguar el impacto de las demandas emocionales del día a día.
Lo que nos queda
El fastidio que describe el testimonio no es indiferencia, ni pérdida de vocación, es una señal de que el costo de cuidar se acumuló sin encontrar dónde descargarse. Separar empatía de compasión ayuda a seguir cuidando bien incluso en los días en que no se puede sentir con el otro, y el vínculo social sostenido parece ser, según la evidencia, lo que realmente protege a largo plazo.
Si te pasó algo parecido y querés que lo pensemos juntos, escribime a abadi.flor@minegocioveterinario.com.


