Cuando innovar también es emprender
Ernesto Bruzzone lleva más de 30 años dedicado a la gastroenterología veterinaria. Tras impulsar el desarrollo de una cámara hiperbárica específica para perros y gatos, ahora avanza con un modelo asociativo.
Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com
Innovar en medicina veterinaria también puede abrir nuevas oportunidades de negocio. Y el caso del MV Ernesto Bruzzone es un buen ejemplo de cómo el conocimiento, la experiencia y la detección de una necesidad concreta pueden terminar dando lugar a un nuevo servicio.
Reconocido por su trayectoria de más de 30 años en gastroenterología veterinaria, Bruzzone impulsó el desarrollo de la primera cámara hiperbárica fabricada en Argentina específicamente para perros y gatos.
Desde febrero, la tecnología funciona en una de las sedes de Veterinaria Panda, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde ya fue utilizada en alrededor de 550 pacientes.
La iniciativa surgió a partir de una inquietud profesional concreta. Bruzzone buscaba nuevas alternativas para determinados pacientes que no respondían de la manera esperada a los tratamientos convencionales y comenzó a investigar la aplicación de la medicina hiperbárica.
La primera opción fue importar una cámara desde Estados Unidos. El equipo tenía allí un valor cercano a los US$ 30.000, pero traerlo a la Argentina prácticamente duplicaba la inversión.
Lejos de abandonar la idea, el veterinario buscó una alternativa local. Contactó a un fabricante argentino de cámaras hiperbáricas para medicina humana y comenzó un proceso de desarrollo conjunto que demandó ocho meses.
El resultado fue un equipo diseñado específicamente para perros y gatos.
Una herramienta que suma posibilidades
La medicina hiperbárica se utiliza desde hace décadas en medicina humana y consiste, en términos generales, en administrar oxígeno dentro de un ambiente sometido a una presión superior a la atmosférica.
Ya se han realizado más de 500 tratamientos.
“Todo tejido enfermo está hipóxico. Cuando le damos oxígeno hiperbárico a presión, aumentamos la disponibilidad de oxígeno y la célula vuelve a generar la energía necesaria para repararse”, explicó Ernesto Bruzzone.
Cada sesión dura aproximadamente una hora, independientemente del peso, tamaño o edad del animal. El procedimiento es no invasivo y, según el especialista, en los más de 500 procedimientos realizados hasta el momento no fue necesario anestesiar a ningún paciente.
Además, el diseño contempla un visor de grandes dimensiones para que el perro o gato pueda mantener contacto visual con su tutor durante la sesión.
Los primeros casos estuvieron directamente relacionados con la gastroenterología y, particularmente, con enfermedades hepáticas. Sin embargo, con el crecimiento de la experiencia comenzaron a llegar derivaciones provenientes de otras especialidades.

Actualmente, Bruzzone menciona aplicaciones en traumatología y ortopedia, lesiones medulares, cicatrización de heridas y fracturas, dermatología, anemias y determinadas urgencias.
De todos modos, el especialista aclara que todavía existe mucho por investigar en perros y gatos y evita presentar a la medicina hiperbárica como un reemplazo de los tratamientos existentes. Su mirada apunta a incorporarla como una herramienta adicional dentro del abordaje de determinados pacientes.
Un modelo para crecer
La experiencia también tiene una particularidad desde el punto de vista del negocio.
Aunque Bruzzone cuenta con su propia estructura, decidió instalar la primera cámara en Veterinaria Panda, institución en la que trabaja desde hace más de 10 años y que además cuenta con atención permanente.
A partir de allí comenzó a tomar forma un modelo que ahora busca replicar en otros establecimientos.
Bruzzone realiza la inversión en la cámara y en el acondicionamiento de la denominada “barosala”, mientras que la veterinaria aporta el espacio, su estructura operativa y la posibilidad de incorporar el servicio tanto para pacientes propios como derivados.
A cambio, el establecimiento participa mediante un porcentaje sobre la actividad generada.
El esquema permite que una clínica incorpore una prestación diferencial sin tener que afrontar por sí sola la inversión completa necesaria para sumar la tecnología. Para Bruzzone, al mismo tiempo, representa una manera de ampliar el alcance del servicio y llevarlo más allá de los pacientes vinculados con su propia especialidad.
No es la primera vez que trabaja bajo esta lógica. El veterinario ya utiliza un modelo similar con equipamiento para endoscopía: realiza la inversión, instala la tecnología en diferentes establecimientos y establece acuerdos sobre la actividad generada.
El desafío de escalar
Tras la experiencia inicial, Bruzzone ya tiene nuevas cámaras en producción y existen proyectos para instalarlas en distintos puntos de la Argentina. Entre ellos aparecen Ituzaingó y Banfield, además de avances en Nordelta y Rosario y consultas provenientes de Salta.
Cada nueva unidad implica no solamente instalar el equipamiento, sino también acondicionar correctamente el espacio y capacitar a una persona para su operación. En una primera etapa, el objetivo es extender el modelo en Argentina. Más adelante, analiza avanzar hacia Uruguay y otros países de la región.
El recorrido resulta interesante también desde la gestión veterinaria: una necesidad detectada en la práctica médica derivó en la búsqueda de una tecnología, luego en su desarrollo local y finalmente en la construcción de un modelo que permita ampliar su alcance.
Una experiencia que muestra que innovar no necesariamente significa alejarse de la medicina. A veces, es justamente el conocimiento acumulado durante años el que permite detectar una oportunidad, transformarla en un nuevo servicio y encontrar la manera de hacerla crecer.


