VeteVisión 2026: mucho más que planes de salud para la veterinaria
En Iguazú y durante cuatro horas, 50 dueños de hospitales y clínicas pusieron números a sus negocios y trabajaron en herramientas concretas para generar recurrencia, mejorar la relación con sus clientes y tomar mejores decisiones.
De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com
¿Qué necesita hoy mi veterinaria? La respuesta podría parecer sencilla. Más clientes, mayor facturación, una agenda más ocupada. Sin embargo, cuando unos 50 veterinarios comenzaron a analizar sus propios negocios durante la segunda edición de VeteVisión, realizada el 1° de octubre en Puerto Iguazú, las opiniones fueron bastante más diversas.
Algunos detectaron que necesitaban mejorar la frecuencia con la que regresaban sus clientes. Otros encontraron oportunidades en el ticket promedio. También aparecieron agendas con capacidad ociosa, clientes que hacía tiempo no volvían y procesos comerciales o de comunicación que podían funcionar mejor.
Y justamente de eso se trató VeteVisión 2026: entender primero qué está pasando para después decidir qué hacer.
Organizado por Mi Negocio Veterinario en el marco del CIVI, el encuentro reunió a profesionales de distintas provincias argentinas y también de Paraguay para trabajar durante cuatro horas sobre gestión, planes de salud, marketing, experiencia del cliente e Inteligencia Artificial.
Además, VeteVisión 2026 contó con Zoetis, OVER y VetPlus como sponsors principales, junto con el acompañamiento de LogisVet y Livra.
Pero esta vez el objetivo no fue solamente escuchar ideas. Cada participante recibió un material de trabajo que fue completando durante la jornada y que terminó convirtiéndose en un Plan de Acción para los próximos 90 días.
Un mercado que crece, pero también cambia

Luciano Aba hizo una Radiografía del mercado regional.
Luciano Aba, editor de Mi Negocio Veterinario, tuvo a su cargo la apertura con una radiografía del mercado veterinario actual.
El punto de partida fue una aparente contradicción. Los datos muestran un mercado de animales de compañía que continúa creciendo en el mundo, Latinoamérica y Argentina.
Sin embargo, ese crecimiento no necesariamente se traslada de manera automática a cada veterinaria.
Porque mientras aumenta el vínculo de las personas con sus animales y se desarrollan nuevos productos y servicios, las veterinarias enfrentan mayores costos, necesidades de personal e inversión, presión sobre los precios, cambios en los hábitos de los clientes y nuevos competidores.
Luciano puso el foco sobre cinco transformaciones que están ocurriendo al mismo tiempo: cliente, economía, competencia, tecnología y modelo de negocio.

Uno de los puntos centrales fue la nueva realidad económica de los tutores.
Un cliente puede estar más informado, ser más exigente y tener mayores expectativas sobre el cuidado de su mascota, sin que eso implique necesariamente una mayor capacidad de pago.
La presentación mostró que bastante más de la mitad de los hogares argentinos se ubica hoy en segmentos con ingresos mensuales de hasta $2.500.000.
Sobre ese presupuesto pesan vivienda, alimentación, servicios, transporte, educación, salud y otros gastos familiares antes de llegar al dinero disponible para la mascota y, dentro de ese rubro, para la atención veterinaria.
La tensión quedó resumida en dos preguntas: “Quiero cuidarla” y “¿puedo pagarlo?”. Y con una advertencia importante: no confundir capacidad de pago con compromiso hacia la mascota.
Ese escenario también ayuda a explicar la aparición de seguros, aplicaciones, plataformas y planes externos que buscan ganar espacio en el vínculo entre los tutores y la salud de sus animales y abrió la puerta para que se haga presente el tema central de la jornada.
De esperar la demanda a construir recurrencia

Maggie Briceño y Walter González tuvieron una destacada participación e intercambio de preguntas y respuestas con los asistentes a VeteVisión 2026, en Iguazú, provincia de Misiones.
El MV Walter González, socio y director médico de Vet24, tomó ese concepto y lo llevó a una experiencia concreta: el desarrollo de los planes de salud que su veterinaria viene implementando desde hace seis años.
El caso tenía una particularidad. Vet24 nació con una fuerte orientación hacia las urgencias y con una estructura hospitalaria cuyos costos existen independientemente de la cantidad de pacientes que ingresen cada día.
Sueldos y guardias, infraestructura, equipamiento, servicios, seguros y habilitaciones conviven así con una demanda que puede ser variable e impredecible.
Los planes de salud permitieron avanzar hacia otro modelo: generar mayor previsibilidad, construir una cartera recurrente y reducir la dependencia absoluta de la urgencia diaria.
“Una clínica de urgencias espera al paciente enfermo. Un plan de salud te permite salir a buscar al cliente sano”, resumió Walter.
Actualmente, el sistema desarrollado por Vet24 se acerca a los 4.000 afiliados. Pero quizás uno de los aportes más interesantes de la experiencia haya sido mostrar también lo que ocurrió antes de llegar a ese número.
El modelo no nació de una improvisación. Primero hubo que construir estructura, marca, procesos y calidad de servicio. Y el aprendizaje fue contundente: la promesa comercial debe coincidir con la calidad real. Sin una buena experiencia y excelencia médica, difícilmente exista retención.
Marketing para conocer mejor al cliente

Maggie Briceño, directora de Marketing de Mi Negocio Veterinario, llevó luego la conversación hacia la comunicación, la experiencia y las nuevas herramientas disponibles para fortalecer la relación con los clientes.
El eje fue sacar al marketing del lugar al que muchas veces queda reducido: publicar en redes sociales.
La veterinaria dispone hoy de múltiples puntos de contacto y cada uno puede cumplir una función diferente. Google, WhatsApp, la página web, las redes sociales, el email o el propio sistema de gestión pueden ayudar a atraer, informar, recordar y sostener vínculos.
Una de las dinámicas invitó a trabajar sobre algo tan cotidiano como una conversación de un minuto.
Frente a una visita habitual, los participantes debieron definir qué traía al cliente, qué pregunta tenía sentido hacer, quién debía intervenir según la respuesta y cuál podía ser el próximo paso.
También hubo espacio para la Inteligencia Artificial, pero desde una perspectiva muy concreta: empezar a preguntarnos qué sabe la IA de nuestra clínica veterinaria.
Además, introdujo el concepto de GEO, vinculado con trabajar la presencia digital para que, cuando una persona consulte a una herramienta de IA por una veterinaria, nuestro negocio tenga posibilidades de aparecer entre sus respuestas.
La ficha de Google, la página web y las reseñas adquieren allí un nuevo valor: no solamente son espacios que observan las personas, sino también fuentes desde las cuales las nuevas herramientas comienzan a construir sus recomendaciones.
VeteVisión 2026 terminó entonces donde debía terminar: nuevamente dentro de cada veterinaria, generando el compromiso de los profesionales en cuanto a la necesidad de accionar en poner en práctica las ideas compartidas.
UN PLAN DE 90 DÍAS PARA PASAR A LA ACCIÓN

Una capacitación puede dejar ideas, entusiasmo y hasta una lista de cosas que nos gustaría cambiar. Pero el verdadero desafío aparece cuando se vuelve a la veterinaria y la urgencia vuelve a ocupar casi todo el espacio disponible.
Por eso, VeteVisión 2026 no terminó sólo con una conclusión. Cada participante comenzó a construir un Plan de Acción para los próximos 90 días, pensado para llevar los contenidos del encuentro a la realidad de su propio negocio.
El primer paso fue realizar un diagnóstico.
Antes de decidir qué hacer, había que entender qué necesitaba realmente cada veterinaria. ¿Más clientes? ¿Mejorar la frecuencia? ¿Trabajar sobre el ticket promedio? ¿Aprovechar capacidad ociosa? ¿Fortalecer la comunicación? ¿Generar mayor recurrencia?
A partir de allí, la propuesta fue elegir un objetivo concreto y vincularlo con un indicador que permitiera observar si efectivamente se estaba avanzando.
Recién después llegaban las acciones. No una larga lista de pendientes, sino una o dos decisiones realmente posibles de ejecutar.
El recorrido planteado fue concreto: definir un objetivo, elegir un indicador prioritario, implementar una o dos acciones, planificar su ejecución y medir los primeros resultados.
Y allí volvió a aparecer uno de los conceptos centrales de VeteVisión: no existe una única respuesta.
Porque una estrategia empieza a tener valor cuando deja de ser una buena idea y se convierte definitivamente en algo que realmente hacemos.


