“Aunque salí de la veterinaria, sigo trabajando”
La disponibilidad permanente puede empezar como una forma de compromiso, pero cuando las urgencias y las consultas comparten el mismo canal, la jornada queda abierta y el descanso depende de que no llegue ningún mensaje.
Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
abadi.flor@minegocioveterinario.com
La jornada laboral puede continuar después de cerrar la veterinaria. Los mensajes y la sensación de tener que estar disponible dificultan el descanso. ¿Cómo poner un límite sin sentir que estamos descuidando nuestro trabajo?
“Además de trabajar en una clínica, atiendo pacientes por mi cuenta y uso el mismo número para todo. Cuando llego a casa sigo mirando WhatsApp por si alguno de los animales que estoy siguiendo empeoró. Para saber si hay algo importante tengo que abrir todos los mensajes y, una vez que los leo, me cuesta dejarlos sin responder, aunque sean pedidos de turnos o consultas que podrían esperar hasta el día siguiente.
Siento que nunca corto del todo. Puedo estar cenando o mirando una serie, pero sigo con una parte de la cabeza en el trabajo”.
Elegimos este testimonio porque muestra una situación común entre quienes atienden pacientes por su cuenta: el mismo celular que permite hacer un seguimiento cercano también mantiene abierta la jornada. Los mensajes importantes y los que pueden esperar llegan al mismo lugar y, una vez abiertos, puede generar más incomodidad dejarlos sin responder que contestarlos.
La presión de estar disponible
En psicología del trabajo existe un concepto que ayuda a entender esta experiencia: la telepresión laboral. Se refiere a la preocupación y al impulso de responder rápidamente los mensajes relacionados con el trabajo.
Esa presión puede aparecer aunque nadie exija una respuesta inmediata. Alcanza con la posibilidad de que algo haya ocurrido. La telepresión empieza antes de contestar, cuando se mira la pantalla para comprobar si llegó algo o se piensa que tal vez un tutor necesita ayuda.
Distintas investigaciones vinculan este fenómeno con menor desconexión, dificultades para recuperarse y problemas de sueño. Un estudio diario encontró que un mayor uso laboral del teléfono fuera de horario coincidía con una menor desconexión psicológica.
¿Por qué cuesta tanto no contestar?
En la práctica veterinaria hay una responsabilidad real detrás de esta disponibilidad. Un paciente puede evolucionar de forma inesperada y algunos cambios requieren una indicación rápida. Revisar el teléfono también responde al deseo de cuidar bien a los animales en seguimiento.
WhatsApp reúne situaciones muy diferentes: el tutor de un paciente delicado, alguien que quiere pedir un turno, una duda sobre una medicación o una consulta que podría esperar.
Para descubrir si algo es urgente, hay que abrir todo. Cada mensaje obliga a evaluar qué sucede y cuánto puede esperar. Aunque la respuesta quede para el día siguiente, ese análisis ya volvió a poner la cabeza en el trabajo.
También se forman expectativas. Si un tutor recibe respuestas durante la noche, puede entender que ese horario está disponible. Así se instala una disponibilidad que nadie acordó de manera explícita, pero que empieza a darse por sentada.
Descansar también implica dejar de decidir
La desconexión psicológica ocurre cuando dejamos temporalmente de realizar tareas laborales y procesar sus demandas. Un metaanálisis encontró que su relación con la fatiga era incluso más fuerte que la de la relajación.
Por eso, mirar una serie o cenar con alguien puede no alcanzar para descansar. El cuerpo salió de la veterinaria, pero la persona sigue evaluando síntomas y decidiendo si corresponde intervenir.
Apagar el celular puede resultar difícil cuando todos los mensajes llegan por el mismo canal y no existe una alternativa para las urgencias. Para poder soltarlo, primero hay que reducir esa incertidumbre.
Revisar cómo funciona la disponibilidad
Puede servir registrar durante una semana los contactos fuera de horario: quién escribió, por qué motivo y cuándo necesitaba realmente una respuesta.
Después, podés separar esos mensajes en tres grupos:
- Requiere atención inmediata: la demora puede comprometer el bienestar del paciente y existe alguna acción concreta que puede realizarse en ese momento.
- Requiere seguimiento, pero puede esperar: la información es importante, aunque responder durante el horario de atención no modifica la evolución del caso.
- Es administrativo: pedidos de turnos, precios, documentación u otras cuestiones que pueden resolverse dentro de una franja definida.
El registro permite ver qué parte de la disponibilidad responde a necesidades clínicas y cuál se sostiene por costumbre. También puede mostrar que muchas supuestas urgencias requieren que el tutor se dirija a una guardia.
Darle un marco al contacto fuera de horario
Luego se puede definir para qué casos se utilizará ese número y cuándo se responderán los demás mensajes.
Un mensaje automático puede informar el horario, aclarar cuándo se leerán las consultas y señalar adónde dirigirse frente a una urgencia. Con los pacientes que requieren seguimiento, se puede acordar qué signos justifican un contacto inmediato.
Cuanto más claro esté qué situaciones requieren atención y qué alternativas existen, menos necesario será revisar todo para descubrir si algún mensaje es importante.
Lo que nos queda
La disponibilidad permanente puede empezar como una forma de compromiso con los pacientes. Sin embargo, cuando las urgencias, los pedidos de turnos y las consultas cotidianas comparten el mismo canal, la jornada queda abierta y el descanso depende de que no llegue ningún mensaje.
Organizar esa disponibilidad permite seguir acompañando los casos que lo necesitan y recuperar un espacio en el que ya no haya que evaluar, decidir ni responder. Para sostener el trabajo en el tiempo, también necesitamos que el día laboral tenga un final reconocible.
Si te pasó algo parecido y querés que lo pensemos juntos, escribime a abadi.flor@minegocioveterinario.com.


