Veterinarios a prueba de todo
Roberto Dughetti.
Director comercial en Co Panacea S.A.
roberto.dughetti@panacea.com.ar
En los últimos años se ha popularizado en el mundo una serie documental de Discovery Channel: “Man vs Wild” o “A prueba de todo”, en Latinoamérica.
En ella, el irlandés Edward Michael Grylls (apodado como Bear Grylls) protagoniza una suerte de reality show acerca de cómo sobrevivir -en plena naturaleza- en las condiciones más hostiles: con un cuchillo, una cantimplora y un pedernal (piedra con sílice usada para hacer chispas y encender fuego).
Bear Grylls, ex soldado de las fuerzas especiales británicas, el más joven escalador que ascendió al Everest, escritor y aventurero experto, es capaz de sobrevivir a las condiciones más adversas en variados entornos extremos, como los climas tropicales, glaciales, de alta montaña, desérticos y templados.
Resulta entretenido dejarse llevar por el relato, sus consejos de supervivencia, la creatividad para resolver los problemas que se presentan y esos excelsos paisajes tan diversos que le dan un marco fascinante.
Todos los veterinarios tenemos algo de Bear Grylls dentro; nos enamora la naturaleza, pero en el medio de ella –como pasa con nuestra cotidiana realidad– creemos que debemos enfrentar la posibilidad de sobrevivir en la soledad y el desamparo más absolutos. Así es como muchos piensan que las cosas son de ese modo y que sólo hay que esperar que las circunstancias mejoren o sean más favorables.
Orientar al destino
Sin embargo, nada está más alejado de la realidad, pues no se tiene en cuenta que, sin olvidarse del ambiente externo (variables no controlables) Grylls pone el acento en aquello que él es capaz de modificar (variables controlables).
Este hombre, acostumbrado a los desafíos intensos, no maldice a las fieras (amenazas), enciende fuego para ahuyentarlas, aprovecha cada uno de los alimentos que le ofrece la naturaleza o puede procurarse (oportunidades).
Eso supone que trate de descubrir en dónde está, hacia dónde quiere ir (objetivo) y cuál o cuáles son los posibles caminos para llegar (estrategias).
Sabe que sus conocimientos, destrezas y habilidades (fortalezas) son sus herramientas más importantes y trata de conservar de la mejor manera sus fuerzas físicas y sus lugares más vulnerables (debilidades).
El mensaje intenta ser claro: no hay que deambular sin sentido; hay que sentarse a pensar en lugar de caminar sin rumbo, concentrarse en cómo conseguir agua potable y alimentos, recapacitar acerca de cómo se llegó a este lugar, si se ha pensado en el destino y qué caminos se nos ofrecen.
La capacitación en las distintas facetas del negocio es de importancia capital y la ayuda de profesionales para la gestión puede ser trascendental. Pero las decisiones son propias, así como también los beneficios y los riesgos de asumirlas.
No obstante las dificultades que le ofrece al veterinario esta materia, trazar una estrategia y ejecutarla le darán un sentido a su trabajo, pondrá a la tarea profesional dentro de un proyecto; y si a eso se le agrega pasión y alegría, el bienestar y una mejor vida estarán mucho más cerca.
Por eso, aquello que alguna vez se marcaba como beneficioso, hoy se ha vuelto –a la vez- imprescindible.
Si la veterinaria está decidida a progresar y hacer frente a este cambio, el desafío supone una concienzuda evaluación del contexto, esto es, entender las transformaciones culturales, regulatorias, tecnológicas y del entorno competitivo; establecer la brecha entre la situación actual y aquella que se pretende alcanzar, respondiendo honestamente qué tan alejado se está del propósito buscado.
A la vez de determinar cuáles son los problemas reales del negocio que explican esa distancia; desarrollar una visión, proyectando a la veterinaria a mediano o largo plazo, ponerla en palabras y comunicarla al resto del equipo de trabajo. Será clave también diseñar un plan de acción que no será, ni más ni menos, que escribir las metas a alcanzar, los pasos que se deben dar, los recursos que se van a emplear y los tiempos a cumplir; evaluar y medir los resultados de los cambios para realizar las correcciones que correspondan y rectificar el rumbo hacia el destino deseado.
Según la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo, el estrés laboral es el segundo problema de salud relacionado con el trabajo más frecuente en Europa.
Ahora bien, las causas de estrés laboral más habituales son: la reorganización del trabajo o la precariedad laboral (72% de los encuestados), las largas jornadas laborales o una excesiva carga de trabajo (66%).
En ese marco, vale decir que la Organización Mundial de la Salud considera que una mala organización del trabajo (es decir, el modo en que se definen los puestos y sistemas de trabajo, y la manera en que se gestionan) puede provocar estrés laboral.
Alguna o más de una de estas negativas características como: la desorganización, la precariedad, las largas jornadas laborales o una excesiva carga de trabajo son dificultades frecuentes en nuestra profesión. ¿No?
Es posible modificar la situación propia dentro de entornos difíciles, pero para ello hay que poner manos (y cerebro) a la obra: trabajar en aspectos donde habitualmente no lo hacemos, salir de nuestra área de confort y dejar atrás eso de regodearnos con la queja.
Sólo hace falta la decisión de renovarse y optimizar la realidad poniendo -como Bear Grylls- la carga valorativa más importante en preguntarnos: ¿Qué estoy haciendo y qué puedo hacer distinto para mejorar?
Dijo Paulo Freire: ”Los sueños son proyectos por los que se lucha. Su realización no se verifica con facilidad, sin obstáculos. Por el contrario, supone avances, retrocesos, marchas a veces retrasadas. Supone lucha.”


