Por medio de la comercialización de zooterápicos y vacunas para la prevención de enfermedades, los locales con venta al público logran generar buena parte de sus ingresos mensuales. ¿Cómo defenderlos?
Roberto Dughetti
La farmacia veterinaria es un área indelegable de la profesión. A diferencia de lo que ocurre en medicina humana, el profesional veterinario tiene la facultad de recetar, expender y aplicar los productos zooterápicos.
Además de por la propia incumbencia, los médicos veterinarios le agregan valor al expendio de fármacos, ya que le proporcionan a los propietarios de los animales sus conocimientos específicos, las técnicas de administración, la empatía y la confianza necesaria durante la transacción.
Sin embargo, hay muchos casos en donde el propio colega le da a la farmacia veterinaria una importancia secundaria, incluso llegando -en algunos casos- a renunciar a la venta de medicamentos por completo.
El contexto
La realidad del expendio de zoofármacos y la problemática que conlleva, es muy distinta cuando se habla de la comercialización específica para el caso de animales de producción, respecto de cuando la referencia es en relación al mercado de animales de compañía.
Más allá de esto, en algunos territorios o jurisdicciones la ley ha dejado vacante -o no ha defendido suficientemente- las incumbencias del veterinario y su rol irremplazable en el asesoramiento y la supervisión técnica de esta actividad.
Algunos de esos inconvenientes, justificadamente, han hecho que el profesional pierda interés en esta comprobada fuente de ingresos y haya dejado un espacio que -diferentes actores de otros mercados- ven como una oportunidad para explotar.
Sin embargo, ha habido también errores por parte de los profesionales ya que no hemos sabido o no hemos podido, oportunamente, lograr el compromiso necesario de toda la comunidad veterinaria para defender ese ámbito con mayor antelación, con más influencia y decisión.
Aun hoy, persisten fisuras legales en algunos distritos que dejan la posibilidad abierta a que los zooterápicos sean comercializados en otros locales de venta, sin la debida asesoría veterinaria; o bien, es escasa o casi nula la acción de policía por parte de las autoridades para que el expendio sea bajo las normas vigentes. Para no tener la experiencia negativa, ni el desenlace que ha habido en otros países (NdR: ver Nota adjunta en la Página N° 38) y mantener el expendio de zooterápicos en manos del veterinario, será necesario, por una parte -y a través de las entidades- continuar con el trabajo de comunicación, concientización y presión sobre las autoridades. Y por otra, dar a la farmacia en las clínicas veterinarias, el énfasis y protagonismo necesarios.
Usina de ingresos
La farmacia veterinaria puede ser considerada como uno de los centros claves de generación de beneficios o rentabilidad del negocio.
En el sector de animales de compañía, aún en las veterinarias con venta de alimentos (exceptuando los Pets Shops), la participación de los zooterápicos en la venta general del negocio alcanza alrededor del 25% del conjunto, pero la rentabilidad total que aportan los fármacos a la empresa, es aun mayor y ronda el 30%.
Las medicinas complementarias y alternativas representan, también, un área de generación de ingresos para aquellos locales que las poseen.
Para el manejo administrativo y un seguimiento más detallado, es conveniente realizar un detalle de ventas por línea de productos, pudiendo dividirlos, por ejemplo en: productos éticos, antiparasitarios externos, antiparasitarios internos, cosméticos, etc.
En el caso de una clínica de mayor envergadura, se debieran registrar por separado aquellos fármacos consumidos por otras áreas de la práctica tales como el consultorio, la sala de curaciones o el quirófano.
Para determinar la rentabilidad de la farmacia como una unidad de negocio se deben detallar los ingresos por ventas y deducir, el costo de la mercadería, los costos variables (que varían con el volumen de venta), los costos fijos propios de la actividad (por ejemplo el salario de un empleado exclusivo de la farmacia, uniformes, etc.), los costos fijos comunes que son aquellos compartidos por distintos sectores de la clínica (por ejemplo, alquiler, limpieza, impuesto inmobiliario, etc.) y que pueden ser asignados proporcionalmente, según los metros cuadrados de superficie asignados a la farmacia.
Otros parámetros estadísticos para valorar la evolución del negocio pueden ser: la rotación de inventarios, el número de recetas mensuales, la facturación por metro cuadrado y el volumen de compras realizadas por proveedor o distribuidor.
Como una forma de control de costos, existe una modalidad en algunas clínicas u hospitales, que consiste en establecer la lista de zooterápicos que se usarán en la práctica clínica por consenso del staff médico y que contiene los fármacos disponibles en la farmacia del hospital, su uso terapéutico y las formas de dosificación.
En ocasiones, algunos veterinarios, no coinciden con esta modalidad y la consideran una restricción a su libertad de prescripción.
Otras formas de reducción de costos son: la gestión eficiente de los inventarios, la reducción del número de proveedores, las negociaciones con laboratorios o distribuidoras, así como la adopción de algunas medidas preventivas como la instalación de cámaras para detectar y reducir el hurto, si lo hubiera.
También es importante realizar periódicamente auditorías tales como: comparar la cantidad de insumos adquiridos (ejemplo, volumen de soluciones parenterales) con las existencias y el volumen facturado, comparar los stocks físicos con las existencias disponibles de acuerdo a los sistemas, auditar el vencimiento de los productos biológicos, como las vacunas y supervisar el orden en que está dispuesta la mercadería de acuerdo a su obsolescencia.
La tercerización como una opción
Algunos profesionales que no desean involucrarse con determinados aspectos de la comercialización tienen una forma de ofrecer los servicios farmacéuticos con costos accesibles.
Se trata de subcontratar la farmacia veterinaria para que la maneje un tercero, lo cual requiere una evaluación interna del negocio.
Existen diferentes modalidades de contratación que implican una contribución fija, variable o mixta, entre otros parámetros.
Para llevar a cabo el emprendimiento se puede destinar un área de superficie propia dentro del mismo local o en un ámbito contiguo a la veterinaria.
Tanto en la alternativa de venta directa, como en la tercerizada, es de gran ayuda aplicar un software adecuado al control de toda la operación.
Roberto Dughetti
Médico Veterinario (UBA 1981). Director comercial en Co Panacea S.A. Curso completo de Master en Marketing Estratégico (UCES 2005 – 06). E – mail: roberto.dughetti@panacea.com.ar.