Generar un marco que establezca pautas laborales claras y recompensar económicamente los resultados grupales son claves para lograr buenos resultados.
PATRICIO JIMENEZ
Suena el despertador: para muchos se avecina uno de los momentos más duros del día. Si vieron la película Jerry MacGuire sabrán que algunos se levantan con ganas de enfrentarse al mundo y, a la vez, disfrutando. Pero eso es Hollywood.
La inmensa mayoría del resto de los mortales daríamos lo que fuera por «dormir 10 minutos más».
Entonces nos levantamos, despedimos a nuestra familia y nos disponemos a enfrentar una nueva jornada laboral, con 4 o 30 grados de temperatura, dato que -a esa altura- ya pasó a ser anecdótico.
En ese contexto arribamos al ámbito laboral, luego de sobreponernos a la odisea del traslado (esperas en los transportes públicos, caos de tránsito, etc).
Situaciones estas a las que se deben enfrentar los profesionales a diario, incluso antes de comenzar a desarrollar las tareas puntuales.
Incorporando ese periplo como parte de nuestra rutina llegamos por fin al trabajo, donde nos espera, ahora sí, el resto de la jornada, la cual si medimos en términos semanales, estará compuesta por ni más ni menos que 48 horas totales.
Este es un dato interesante, sobre todo si tenemos en cuenta que, de las 24 horas que tiene un día, nueve son generalmente dedicadas al trabajo (sin contemplar traslados), al menos ocho «mal gastamos» en dormir, dejando las restantes siete para descansar, comer, compartir con familiares o amigos, ejercitarnos y hasta si tenemos tiempo, pensar en cualquier cosa ajena a nuestra especialidad.
A los botes
Como pueden ver, podemos describir una gran cantidad de tareas y contratiempos que sin dudas afectan nuestra vida laboral incluso antes de comenzar a hablar puntualmente de las relaciones interpersonales con las cuales convivimos de manera rutinaria dentro de la empresa, compartiendo tiempo, espacio, debates y discusiones con jefes, compañeros o empleados.
Para que quede claro: en los tiempos que corren se le dedica más de la tercera parte de nuestros días al trabajo. Es más, le «regalamos» a nuestras tareas profesionales las mejores horas y las más lúcidas, en las cuales aportamos los mejores esfuerzos y la mayor energía.
¿Por qué, entonces, no se le presta aún la atención necesaria al clima que se vive en los ámbitos laborales?
«Yo hago lo que usted no puede y usted, lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas», decía la Madre Teresa de Calcuta.
Trabajo en equipo y buen clima laboral van de la mano.
Es imposible disociarlos. Sin uno no existe el mejor desempeño del otro.
Un ambiente laboral ameno -incorporado en la siempre necesaria misión que los profesionales deben imprimirle a sus acciones-, donde exista y se promueva el sentido de pertenencia y el compromiso, genera una herramienta más para que la empresa obtenga mejores resultados. No es la única variable a tener en cuenta, ni mucho menos será la que asegure la panacea absoluta, pero sí es importante.
La calidad, la productividad y el mejor desempeño de los trabajadores (sean estos profesionales o no), tiene una relación directa con el ambiente que se percibe y vive a su alrededor. Claro que existen diversos factores que modifican el clima organizacional, la cuales muchas veces están relacionadas al liderazgo que ejerza quien está a cargo del grupo, las prácticas de dirección que se empleen y los aspectos de tipo económico que generan o no satisfacción en las personas.
A continuación, les presentamos algunos puntos clave que se destacan en la bibliografía internacional para comprender cómo funciona esta metodología.
Dar un marco general

El trabajo en equipo -dentro de un marco preestablecido- posibilitará alcanzar mejores resultados.
Es necesario establecer las normas, reglas, políticas y procedimientos, que faciliten el buen desarrollo de las actividades laborales. Trabajar en un marco común preestablecido y conocido ayuda a que las percepciones de las obligaciones estén claras. Si esto sucede, no habrá dudas respecto de las tareas y responsabilidades de todos los involucrados.
Ser parte
El sentimiento de no influir considerablemente en el resultado del emprendimiento puede resultar letal. Por el contrario, sentirse parte de un proyecto termina siendo fundamental para que un equipo crezca: estar convencido de que los aportes individuales son realmente importantes determina, muchas veces, el compromiso para con las tareas a desarrollar.
Existen variados ejemplos y muchas frases destacadas que ilustran las afirmaciones anteriores, como la que «patentó» quien fuera el mejor basquetbolista de la historia, el estadounidense Michael Jordan: «En un equipo, no todos pueden pretender tener la misma fama y prensa, pero todos deben poder decir que son campeones».
El valor del trabajo
Aquí está una de las claves que muchas veces pasan desapercibidas. Un salario justo y apropiado constituye el primer incentivo en una relación laboral. En definitiva los trabajadores persiguen casi en primera instancia el objetivo económico.
Para decirlo de otra manera: sin ese reconocimiento, el resto de los incentivos no funcionan o a lo sumo serán efímeros.
Sería interesante en este punto y pensando específicamente en las clínicas veterinarias argentinas poder comenzar a tener en cuenta «premios» por objetivos grupales o «reconocimientos» por los mejores desempeños individuales. Esto podría colaborar en la generación de una mayor fidelidad por parte del grupo de trabajo.
Pero sigamos con las frases: «Al escalar una gran montaña nadie deja de lado a un compañero para alcanzar la cima sólo», decía Tenzing Norgay, alpinista sherpa que hizo la primera cumbre del Monte Everest junto a Edmund Hillary en 1936.
La cooperación también es central en el apoyo oportuno y el espíritu de equipo relacionados con los objetivos de la empresa.
Ser realistas
Pretender que en un grupo humano no existan los conflictos sería una utopía.
El éxito radica en saber convivir con ellos y poder solucionarlos de manera sinérgica con una variedad de ideas y aproximaciones.
En este punto se percibe la importancia de abordar de manera inteligente el ámbito laboral, estimulando y generando más certezas que incertidumbres entre las personas con las cuales compartimos gran parte de nuestras vidas.