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¿Es necesario cambiar el «chip»?

En tiempos en que la construcción de la realidad está compuesta básicamente por dos grupos -el bueno y el malo-, definirse por extremos es la tendencia; prácticamente la obligación.

El interrogante que iremos develando en esta edición tiene que ver con si es realmente necesario que los veterinarios se conviertan en empresarios.

Curiosamente y para analizar cada una de estas palabras, nos vienen a la mente lo bueno de una y lo malo de otra. Hagamos la prueba.

Si describimos el término «veterinario», lo relacionaríamos con palabras como: profesional, médico, solución, sanidad, servicio, dedicación, etc.

Pensemos ahora a la superficialidad de entender al empresario como egoísta, codicioso, y demás.

Esta asociación desemboca en una pregunta que muchas veces condiciona las conductas: ¿qué pensarán de un profesional si se proclama empresario? O lo que es peor: ¿está mal querer que un negocio prospere y crezca? ¿Se pueden combinar servicio y calidad de atención con gestión?

En estos puntos es donde se generan roces entre vocación (buena) y crecimiento económico (supuestamente malo). Y es allí que se confunde la famosa visión y misión que toda empresa debe definir. No son temas antagónicos; se complementan. Sin crecimiento económico, no se podrá desarrollar correcta y dignamente la vocación.

Bajemos al campo de los centros veterinarios y delimitemos las tareas. Más allá de la atención médica propiamente dicha, ¿realizan los veterinarios alguna otra de manera diaria? El dueño o gerente de la misma debe prestar atención a cuestiones como la selección del personal, el posterior entrenamiento y determinación de salarios, horarios y turnos; seguimiento de la contabilidad; gestión de stocks, compras y tesorería; política de precios; nuevos servicios; promoción de la clínica; comunicación con los clientes; eventos; reuniones; definición de protocolos; inversiones; manejo de quejas y comunicación interna, entre otras. Es decir, se preocupa por las áreas financieras, de recursos humanos, estrategia y, por supuesto, la comercial.

En mayor o menor medida, todos los veterinarios argentinos realizan estas tareas. Con lo cual, tenemos una buena noticia para darles: efectivamente, ya son empresarios.

Encontremos juntos las mejores herramientas posibles para llevar adelante las acciones anteriormente mencionadas del mejor modo posible.

PJ

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