MENU PRINC – ZOETIS – MAY – 2026
HomePosts Tagged "Gestión"

Te contamos qué fechas especiales vienen en junio y te compartimos ideas para cumplir los objetivos de tu negocio veterinario.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Junio está atravesado por un evento que concentra gran parte de la atención: el Mundial de Fútbol. Durante esos días, las rutinas cambian, el consumo de contenido se modifica y la atención de los clientes se corre hacia otro lado.
En ese contexto, las efemérides conviven con una agenda marcada por el Mundial. Algunas pueden perder relevancia si no se trabajan bien; otras, en cambio, pueden aprovecharse para mantener presencia sin competir directamente con ese escenario.
La clave no está en usar todas las fechas, sino en elegir cuáles tienen sentido según lo que necesitás en tu veterinaria y cómo se integran con lo que está pasando.
Acá te compartimos 10 ideas para aprovechar las efemérides de junio según qué quieras trabajar en tu negocio veterinario.

Día Mundial del Ambiente

  • Para mejorar la imagen percibida de tu veterinaria, mostrá cómo gestionás residuos, limpieza y orden dentro del consultorio con ejemplos reales del día a día

Comienza el Mundial de Fútbol

  • Para aumentar la interacción en redes, vinculá el Mundial con situaciones de mascotas (ej: nombres, rutinas durante partidos) usando formatos participativos como encuestas o preguntas.
  • Para evitar cancelaciones y desorden en la agenda, recordá los horarios de atención durante los días de partido y sugerí reservar turnos con anticipación.
  • Para sostener la actividad del consultorio durante esos días, ofrecé turnos en franjas menos afectadas por los partidos y comunicalo en redes y WhatsApp.

Día del Padre

  • Para aumentar la interacción con clientes actuales, invitá a compartir fotos o historias de padres con sus animales y republicá algunas desde la cuenta.
  • Para reforzar el vínculo con tu comunidad, mostrá escenas reales de consulta donde se vea la participación del tutor en el cuidado del animal.

Conclusión

El calendario no define tu estrategia. Las fechas se repiten todos los años; lo que cambia es cómo las usás.
Elegir qué efemérides trabajar —y, sobre todo, para qué— es lo que convierte un posteo en una herramienta de gestión. Si no hay un objetivo claro detrás, no hace falta sumarse.

Contar con información de los clientes no es un dato menor. Puede ser la clave del crecimiento a futuro del emprendimiento. ¿Por qué? ¿Qué es lo importante?

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

En tiempos de redes sociales, inteligencia artificial y plataformas digitales cada vez más sofisticadas, muchas clínicas veterinarias pasan por alto uno de los activos más valiosos que tienen al alcance de la mano: su base de datos de clientes y pacientes.

No se trata de una herramienta nueva, ni de una tendencia reciente. Desde hace años se habla del valor de la información para mejorar la gestión y la comunicación. Sin embargo, en la práctica, todavía son muchas las veterinarias que no cuentan con una base de datos ordenada o que simplemente acumulan información sin aprovecharla estratégicamente.

La diferencia entre tener datos y saber utilizarlos puede marcar un antes y un después.

Porque más allá de la tecnología, la base de datos sigue siendo un pilar que permite ordenar la gestión comercial, mejorar la atención preventiva y fortalecer el vínculo con los clientes.

¿Por qué es tan importante?

Cada consulta deja información valiosa para la veterinaria. El nombre del cliente, los datos de contacto, la edad de la mascota, su historia clínica o el tipo de servicios que suele utilizar son datos que, organizados correctamente, permiten comprender mejor a los pacientes y anticipar sus necesidades.

Cuando esa información se pierde, se dispersa o queda incompleta, la veterinaria pierde una enorme oportunidad. En cambio, cuando la base está ordenada y actualizada, se convierte en una herramienta concreta para mejorar la gestión. Permite segmentar a los clientes, planificar campañas de comunicación y recordar servicios preventivos en el momento adecuado.

En otras palabras, ayuda a que la clínica deje de reaccionar ante la demanda y empiece a trabajar de manera más estratégica.

¿Qué información debería incluir?

No hace falta contar con sistemas complejos, ni bases de datos gigantescas para empezar a trabajar de manera inteligente. Con algunos datos básicos bien organizados ya es posible generar un impacto positivo.

Entre la información más importante que debería registrarse se encuentran:
• Datos de contacto del cliente (nombre, teléfono, correo electrónico).
• Nombre y especie de la mascota.
• Edad o fecha de nacimiento.
• Historial sanitario básico (vacunas, antiparasitarios, cirugías).
• Tipo de servicios utilizados en la clínica.

Esta información permite identificar patrones y organizar acciones que mejoran la experiencia del cliente y la eficiencia de la clínica.

¿Cómo utilizarla?

Una base de datos bien administrada permite pasar de una comunicación general a una mucho más precisa.

Por ejemplo, es posible enviar recordatorios de vacunación a los tutores de mascotas que están próximas a cumplir su calendario, o avisos sobre campañas de desparasitación en determinadas épocas del año.

También se pueden generar comunicaciones específicas según el perfil de los clientes: pacientes geriátricos o propietarios de determinadas especies. Esto, además de mejorar la prevención, ayuda a mantener el vínculo.

Y en muchos casos terminan generando nuevas consultas o servicios adicionales que de otro modo no se hubieran producido.

El motor que gira la rueda

Cuando la información está bien organizada, la base de datos se convierte en una pieza central de lo que podríamos llamar el “motor de la veterinaria”. Por un lado, permite anticipar necesidades y mejorar la medicina preventiva. Por otro, facilita acciones de comunicación que fortalecen la relación con los clientes.

A su vez, estas acciones generan mayor frecuencia de visitas, más oportunidades de venta cruzada y una mayor fidelización. Todo esto se traduce en una clínica más ordenada, con mayor previsibilidad y mejores resultados.

Un cambio cultural

Trabajar con datos no significa perder el trato humano, ni transformar la clínica en un espacio frío o automatizado. Por el contrario, permite conocer mejor a cada paciente y ofrecer una atención más personalizada.

El desafío no pasa por incorporar herramientas complejas, sino por desarrollar el hábito de registrar información relevante y utilizarla de manera inteligente.

En un contexto donde cada vez hay más competencia y los clientes esperan una comunicación clara y oportuna, contar con una base de datos bien gestionada puede marcar una diferencia enorme. Sabemos que no es fácil, pero insistimos: detrás de cada paciente hay un dato, un cliente y una oportunidad para fortalecer el vínculo con la clínica.

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Todo veterinario sabe que prevenir es mejor que curar. Sin embargo, persiste el desafío de trasladar ese concepto a servicios concretos que convivan con la habitual demanda de consultas clínicas y urgencias.

Hablar de medicina veterinaria preventiva no es referirse a una tendencia pasajera, ni a una herramienta más dentro de la práctica profesional. Es, en esencia, hablar de uno de los modelos más sólidos, sostenibles y rentables que puede construir una clínica en el tiempo. Cuando se aborda correctamente, no solo mejora la salud de los pacientes, sino que también ordena la dinámica del negocio y fortalece el vínculo con los clientes.
Cuando hablamos de medicina preventiva, nos referimos a un en- foque que busca anticiparse a la enfermedad a partir de la consulta periódica, la vacunación, la desparasitación, el seguimiento clínico y el buen diagnóstico.
Es un modelo que prioriza la continuidad del cuidado por sobre la intervención puntual (la urgencia), y que transforma cada contacto con el paciente en una oportunidad para proyectar el paso siguiente.

No se trata solo
de atender mejor,
sino de construir un
modelo capaz de
crecer en el tiempo.

El impacto en la gestión y la rentabilidad

Desde el punto de vista médico, el concepto es claro. Desde el punto de vista del negocio, más todavía.
La medicina preventiva permite aumentar frecuencia de visitas, construir previsibilidad en la agenda y sostener relaciones de largo plazo con los clientes y sus mascotas. Sin embargo, a pesar de sus beneficios, todavía son muchas las veterinarias que operan principalmente bajo una lógica reactiva, atendiendo cuando el problema aparece y dependiendo en gran medida de la demanda espontánea.
En ese sentido, uno de los grandes aportes de la medicina preventiva es su capacidad para estructurar la actividad de la clínica. Una veterinaria que logra apoyarse en este enfoque deja de depender exclusivamente de la urgencia o de la aparición de enfermedades para generar consultas, y comienza a construir sus propios motivos de contacto con los clientes.

La agenda como reflejo del modelo

Los chequeos periódicos, los planes sanitarios, los calendarios de vacuna- ción, los controles de crecimiento o el seguimiento de pacientes geriátricos pasan a formar parte de una lógica que organiza el día a día.
Pensar en una sala de espera con pacientes sanos que asisten a controles programados o en una agenda completa de turnos destinados a vacunaciones puede parecer, en algunos casos, una aspiración lejana.
Sin embargo, en determinados modelos de negocio, esto no solo es posible, sino que ya es una realidad.
La clave está en entender que no todas las veterinarias tienen las mismas condiciones para desarrollar este enfoque, y que la forma de implementar la medicina preventiva debe adaptarse a cada contexto.

Diferentes modelos, distintas oportunidades

Un centro de urgencias, por ejemplo, trabaja sobre la inmediatez y tiene como principal propuesta de valor la resolución de situaciones críticas.
En estos casos, la prevención no suele ser el motor directo de los ingresos, pero eso no significa que no tenga un rol relevante.
La oportunidad aparece en el seguimiento: cada paciente que ingresa por una urgencia puede convertirse en el punto de partida para establecer un vínculo más duradero.
En el caso de clínicas que combinan servicios veterinarios con la venta de productos, el escenario es diferente. Allí la recurrencia del cliente ya existe, y la medicina preventiva puede integrarse de manera mucho más natural, transformando cada visita en una oportunidad para recomen- dar y proyectar nuevas consultas.
Los hospitales veterinarios con servicios de cirugía o especialidades médicas presentan otro tipo de desafío. En estos modelos, donde la resolución de patologías complejas ocupa un lugar central, la prevención debe convivir con una alta carga clínica, encontrando su lugar en el seguimiento y en la continuidad del cuidado.

Entender el origen de los ingresos

En las veterinarias de estructura más tradicional, donde una parte importante de los ingresos proviene de la consulta y otra de la venta de productos, la medicina preventiva puede convertirse en el verdadero eje organizador del negocio.
Pero para que eso ocurra, es indispensable comprender primero de dónde provienen los ingresos.
No es lo mismo una clínica donde la mayor parte de la facturación está asocia- da a servicios médicos que otra donde la farmacia tiene un peso significativo.
Esa diferencia define la estrategia: en algunos casos la prevención conecta consulta y consumo; en otros, aumenta la frecuencia de contacto con el paciente.

De la teoría a la implementación

Sin este análisis previo, la medicina preventiva corre el riesgo de quedar en el plano teórico. Por eso, llevarla a la práctica implica tomar decisiones concretas: definir calendarios sanitarios claros por especie y edad, registrar y actualizar la información de cada paciente, generar recordatorios sistemáticos y aprovechar cada consulta como una instancia para proyectar la siguiente.
Más allá de las herramientas, lo que verdaderamente cambia es la lógica de trabajo. Dejar de esperar a que el cliente vuelva por iniciativa propia y comenzar a invitarlo activamente a continuar con el cuidado de su mascota implica un cambio cultural dentro de la veterinaria.

Un esquema que orden y potencia

Cuando este enfoque se incorpora de manera consistente, los resultados empiezan a verse no solo en la salud de los pacientes, sino también en el funcionamiento general del negocio. La agenda gana previsibilidad, el equipo trabaja con mayor claridad, los clientes perciben un servicio más profesional y los ingresos dejan de depender exclusivamente de la urgencia.
En definitiva, la medicina preventiva no reemplaza… complementa, ordena y potencia el servicio que ya se brinda. Y en un contexto donde sostener la rentabilidad es cada vez más desafiante, construir una base sólida de prevención puede marcar una diferencia determinante.

Lanzada en Colombia, la norma CVI 1884-1 evalúa a las clínicas. ¿Cómo esta certificación independiente eleva el rigor técnico y rentabilidad del negocio?

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

La evolución del sector veterinario exige hoy abandonar los modelos operativos informales para adoptar estructuras organizadas bajo estándares de calidad y ética profesional.
En este contexto, la norma CVI 1884-1, lanzada oficialmente el 19 de febrero de 2026, se consolida como el primer estándar internacional certificable diseñado específicamente para Centros de Servicios Veterinarios.
Esta certificación nace en Colombia para responder a una necesidad: contar con un marco técnico, ético y verificable que eleve los estándares, fortalezca la confianza de los usuarios y dignifique el ejercicio profesional.
No se trata de una iniciativa improvisada.
El documento final es el resultado de un proceso de diseño sumamente estructurado. Hoy en día, la norma ya se encuentra registrada formalmente ante la Dirección Nacional de Derecho de Autor, lo que garantiza su solidez y propiedad intelectual.

Un nuevo estándar

Creada por la Fundación Claude Véricel en colaboración con CMD Certification, esta iniciativa busca elevar el rigor técnico y la organización gerencial de la profesión veterinaria. Su alcance se enfoca en cuatro pilares fundamentales: las Buenas Prácticas Veterinarias (BPV), la gestión de la infraestructura, la organización de procesos y la certificación por parte de un tercero independiente.
Para saber más, Mi Negocio Veterinario dialogó con Giovanny Andrés Monguí Cortés, investigador y co-creador de la norma.
«El modelo parte de la Confianza Veterinaria Integral (CVI), y agrupa los tres pilares que tiene la Fundación Claude Véricel: la ética profesional veterinaria, el bienestar animal y la confianza con los tutores hacia el ejercicio veterinario», señaló el también director ejecutivo en CMD Certification.

El respaldo de la evaluación independiente

En Colombia, este ecosistema de calidad funciona gracias a entidades con roles muy claros y complementarios: la Fundación Claude Véricel gestiona la difusión, la capacitación y la asistencia técnica para preparar a las clínicas, mientras que el organismo auditor independiente encargado de otorgar el sello es CMD Certification, que cuenta con una vasta trayectoria evaluando sistemas de gestión de calidad en distintos rubros, basándose en normas ISO y otros estándares internacionales.
Alberto Guevara Valencia, gerente general y CEO de CMD Certification, lo detalla con claridad: «Lo que hacemos es evaluar y decir si cumple o no cumple. Lo que vendemos no es ni siquiera el certificado, lo que nosotros vendemos es la evaluación». Además, agrega que «el sentido es que, al ser el evaluador alguien que es independiente, tiene mucha más validez la certificación que se recibe».
Técnicamente, este modelo opera bajo el esquema de «certificación de producto o servicio», diferenciándose de un diploma por haber asistido a un curso. La exigencia de la auditoría es máxima, ya que los expertos verifican «el cumplimiento total, de cada uno de esos requisitos» antes de emitir el certificado.

Rumbo a la certificación

Acceder a este sello requiere voluntad, organización y el deseo de mejorar. Todo inicia con una fase de diagnóstico liderada por la
Fundación, conocida como análisis de brechas o GAP, donde se identifican las falencias actuales y se trabaja en estandarizar los procesos internos de la clínica. ¿Cuánto tiempo y dinero requiere este proceso? La respuesta no es única, ya que depende del tamaño del centro veterinario, la cantidad de servicios médicos que ofrece y su nivel actual de organización. En muchas ocasiones, la fase de preparación exige in-versiones internas significativas; por ejemplo, adecuar la infraestructura, garantizar los elementos de protección personal (EPP) de los colaboradores o certificar la calibración exacta de los equipos de laboratorio.
Además, este estándar fue diseñado para ser compatible con las leyes de cada país, exigiendo el cumplimiento legal estricto en tareas tan delicadas como el registro y dispensación de estupefacientes, por ejemplo.
«Esta norma lo que busca es que el centro veterinario cumpla con lo que éticamente está desarrollado en función del ejercicio veterinario, y que cumpla con lo establecido en la legislación», subraya Monguí Cortés.
Sobre esta transformación operativa, el directivo señala una de las debilidades más comunes a corregir en el sector: «Es importante que el centro veterinario entre en una noción de procesos». Y recalca que, aunque muchas clínicas nacen por la pericia de un médico, «el centro de servicio tiene que ser un organismo viviente y no puede existir solo porque existe ese profesional».

Gestores de confianza

La obtención de la norma CVI 1884-1 no es el fin del camino, sino el principio de un compromiso a largo plazo con la excelencia.
El certificado tiene una vigencia de tres años, durante los cuales se realizan auditorías anuales para verificar el mantenimiento de las buenas prácticas operativas.
Este sello de calidad no está exento de riesgos si se relajan los controles administrativos. Si en las visitas de mantenimiento se detecta que el centro ha dejado de cumplir los requisitos, la certificación se cancela de inmediato y la clínica es eliminada del registro web de aprobación.
«No es que obtuve el sello, llegué al techo y me quedé», enfatiza Monguí Cortés, indicando que el objetivo real es que las clínicas «generen procesos que en el tiempo se man- tengan y que sigan creciendo inclusive en los estándares de calidad».
Para garantizar esta sostenibilidad a largo plazo, la Fundación promueve la figura del «gestor de confianza», a través de cursos de formación especializados que lanzarán próximamente. Este profesional está encargado de liderar la mejora continua y puede ser un empleado interno de la clínica (como un administrador) o un consultor independiente.
Como destaca la MV Alejandra Mejía Vallejo, especialista en marketing y gestión veterinaria, y figura clave en el desarrollo y promoción de la norma CVI 1884-1, esta figura del gestor de confianza «fomenta nuevas fuentes de empleo, incluso para un veterinario que tenga afinidad con otro tipo de ciencias, logrando que la norma se alinee con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al dinamizar el mercado laboral”.

Si el veterinario
certifica puede estar
en un estándar superior
del mercado.
Alejandra Mejía Vallejo.

Ventajas competitivas

Alcanzar y mantener este estándar otorga el derecho a exhibir el sello CVI 1884-1 tanto en las instalaciones físicas como en los canales digitales de la clínica, comunicando un mensaje indiscutible de respaldo a los clientes.
Frente a una industria donde abunda el intrusismo profesional, estar certificado funciona como un escudo invaluable que permite «blindar nuestra reputación a partir de una certificación que se interiorice en las actividades dentro de los centros», afirmó Mejía Vallejo.
La profesional resume el retorno de inversión que trae aparejada esta norma: «El reto de los veterinarios es comprender que, si certifica su negocio, puede estar en ese estándar superior del mercado, y esa reputación de alguna manera termina siendo rentable»
Y concluyó: «Más que colgar un diploma en la pared, es una transformación profunda hacia la eficiencia: El resultado final de una organización es concentrarse en estas actividades administrativas porque sí o sí terminan permeando los procesos operativos, lo que sin duda alguna representará mayores ingresos para los negocios».

El consultor de Praxis Gestión Veterinaria, Javier Sánchez Novoa, analiza los principales problemas que enfrentan las clínicas y comparte claves para ordenar la gestión.

Daniela Mattiussi
daniela@minegocioveterinario.com

Administrar una clínica se ha vuelto cada vez más desafiante. En muchos casos, los equipos trabajan intensamente, las agendas están completas y la actividad no se detiene. Sin embargo, los resultados económicos no siempre acompañan ese esfuerzo.

Detrás de esa sensación que comparten muchos profesionales aparece un patrón que se repite con frecuencia: equipos desordenados, procesos poco claros y una gestión financiera débil que dificulta tomar decisiones con seguridad.

Para Javier Sánchez Novoa, consultor especializado en gestión veterinaria, estos tres factores conforman lo que define como una verdadera “combinación explosiva” para las clínicas. Identificar estos síntomas y trabajar sobre sus causas no solo permite ordenar el funcionamiento del negocio, sino también transformar la gestión en una herramienta concreta de crecimiento.

MI NEGOCIO VETERINARIO: ¿Cuáles son las tres principales “enfermedades” que detectás en las clínicas veterinarias hoy en día?

Javier Sánchez Novoa: El primer problema tiene que ver con la comunicación interna dentro de los equipos de trabajo, algo que suele verse agravado por la falta de procesos claros. En muchas clínicas cada integrante del equipo trabaja según su propia experiencia previa, como lo hacía en otro empleo o simplemente según cómo viene el día. Esa falta de criterios compartidos termina generando desorden y dificulta el funcionamiento del equipo.
Pero hoy creo que el problema más profundo —y el que más está golpeando al sector— es el desconocimiento financiero. Muchas clínicas no logran establecer correctamente los costos de sus productos y servicios, no conocen sus márgenes de ganancia y, en definitiva, no tienen claridad sobre sus números.
Cuando una clínica no sabe dónde está parada financieramente, se vuelve muy difícil proyectar o tomar decisiones con seguridad. A esto se suma el contexto actual: baja en el número de consultas, menor tasa de vacunación y una situación económica desafiante. Cuando se combinan un equipo desordenado, un contexto complejo y la falta de control sobre los números del negocio, aparece lo que yo llamo una combinación explosiva.

¿En qué aspectos creés que se ha avanzado en los últimos años?

JSN: Creo que se ha avanzado mucho en la digitalización y en la incorporación de sistemas de gestión. Hace algunos años todavía era común ver fichas impresas o registros completamente manuales, algo que hoy prácticamente ha desaparecido.
También percibo una nueva actitud: hay una mayor conciencia sobre la necesidad de hablar de gestión, de seguir formándose en habilidades como la comunicación con los tutores, el lenguaje verbal y no verbal o incluso la inteligencia emocional. Ese cambio de mentalidad es un buen punto de partida para seguir evolucionando.

En este contexto, ¿las veterinarias están logrando ser rentables?

JSN: La realidad es que pocas clínicas alcanzan el nivel de rentabilidad que deberían tener. Hay muchos veterinarios que podrían ganar más dinero con su trabajo si ordenaran mejor la gestión de sus clínicas.
Todavía existe cierta subestimación de la importancia de la gestión, y eso suele reflejarse en los resultados económicos.
Los veterinarios que logran buenos resultados entienden algo muy simple: sin cliente no hay paciente, y sin paciente no hay clínica.
Por eso es fundamental trabajar en la comunicación con el cliente, generar tráfico hacia la clínica y, al mismo tiempo, manejar con claridad los números del negocio. Cuando esas dos cosas se alinean —buena comunicación con el cliente y control financiero— los resultados suelen ser muy buenos, incluso en contextos difíciles.

Sos pionero en la consultoría para clínicas veterinarias. ¿Cómo comenzó ese camino?

JSN: Fue un inicio complejo porque hace doce años el concepto de gestión no estaba tan desarrollado como hoy. Desde el primer día mi objetivo fue ayudar al médico veterinario en un sentido amplio, incluso ayudándolo a pensar su negocio. No se trata simplemente de calcular un margen bruto de un servicio, sino de ordenar el pensamiento del veterinario en relación con la gestión.
Ese enfoque fue evolucionando. No fue sencillo, pero creo que esa idea de acompañar al veterinario en la toma de decisiones fue clave para construir el camino.
Hoy ese trabajo se refleja en distintos formatos: contenidos en redes sociales (Instagram y LinkedIn), capacitaciones presenciales y en el desarrollo de una escuela online de formación que estará disponible próximamente.

¿Qué recomendaciones compartirías para este 2026?

JSN: Lo primero es prestar atención a la dimensión financiera y económica de la clínica. El contexto es complejo, pero eso no significa que sea imposible lograr buenos resultados. La gestión requiere tiempo. No alcanza con dedicarle quince minutos por semana.
También es importante pedir ayuda cuando sea necesario. Muchas veces apoyarse en profesionales especializados permite ahorrar tiempo y acelerar los resultados.
Las clínicas necesitan mirar hacia adentro, analizar su funcionamiento y entender cuáles son sus principales dificultades. A partir de ahí, el trabajo debe ser conjunto, involucrando al equipo y construyendo soluciones de manera colaborativa. Ordenarse internamente es el primer paso para poder crecer.

PRAXIS GESTIÓN VETERINARIA:
DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA REAL

Praxis Gestión Veterinaria surge tras más de una década de experiencia en consultoría aplicada al sector. Javier Sánchez Novoa redefine su propuesta con un enfoque claro: llevar la teoría a la práctica real, ayudando a los veterinarios a gestionar sus clínicas de forma eficiente y aplicable al día a día.
El servicio abarca la gestión integral de clínicas veterinarias, desde profesionales independientes hasta hospitales 24 horas. El trabajo se centra en áreas clave como comercialización, administración, finanzas, recursos humanos y procesos, fundamentales para ordenar y hacer crecer cualquier empresa veterinaria.

La metodología parte de un enfoque similar al médico: primero se realiza un diagnóstico.
En una instancia inicial se analiza la historia, los objetivos y los problemas del negocio, identificando síntomas y causas. A partir de ahí, se definen objetivos y acciones concretas, siempre trabajando en conjunto con el veterinario.
El acompañamiento también incluye a los equipos de trabajo, abordando tanto lo técnico como lo humano dentro de la clínica.
El objetivo no es generar dependencia, sino brindar herramientas y metodologías que permitan al veterinario tomar decisiones con autonomía y sostener mejoras en el tiempo.

VetesWeb lanza la II edición de su Posgrado en Estrategias de Crecimiento y Marketing para clínicas veterinarias. Una propuesta pensada para ordenar y hacer crecer negocios que hoy funcionan… pero sin un rumbo claro.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

En el día a día de una clínica u hospital veterinario, los desafíos no siempre están vinculados a la capacidad médica de quienes trabajan en ella. Muy por el contrario, el sector está compuesto por profesionales altamente capacitados, con vocación, compromiso y una formación médica sólida. Sin embargo, la realidad muestra otra cara: negocios que no crecen, estructuras desordenadas y decisiones que se toman más por intuición que por estrategia.

Este desfasaje entre la calidad profesional y la solidez del negocio no es casual. Durante años, la formación veterinaria ha puesto el foco obviamente en lo clínico, dejando en un segundo plano aspectos clave como la gestión, el marketing, la organización interna o la planificación financiera. El resultado es conocido: clínicas que funcionan, pero no necesariamente crecen; equipos que trabajan mucho, pero sin un rumbo claro; y propietarios que sienten que podrían estar mejor, pero no saben exactamente cómo.
En este contexto, la segunda edición del Curso de Posgrado en Estrategias de Crecimiento y Marketing para Clínicas

Veterinarias de VetesWeb se presenta como una respuesta concreta, probada y aplicable a los inconvenientes reales que atraviesan las empresas veterinarias en la región.

Lejos de las propuestas teóricas o de los contenidos desconectados de la realidad, este Posgrado propone un recorrido estructurado que parte desde el diagnóstico del propio negocio y avanza hacia la construcción de un modelo sólido, sostenible y con proyección.

Desde el primer módulo, enfocado en pasar del caos a la estrategia, los participantes trabajan sobre su propia clínica, identificando fortalezas, errores y oportunidades reales.

Pensado para la realidad

A lo largo del programa on line, se abordan temas centrales como la segmentación de clientes, la construcción de una propuesta de valor clara, la comunicación efectiva, el uso estratégico de redes sociales y la generación de ingresos con menor nivel de improvisación. Todo esto con un enfoque eminentemente práctico, que se traduce en actividades concretas, encuentros aplicados y herramientas listas para implementar desde el primer día.

Uno de los grandes diferenciales de esta propuesta radica justamente en su orientación a la acción. Cada módulo combina contenido asincrónico, espacios en vivo y tutoría permanente, permitiendo que los participantes no solo incorporen conceptos, sino que los lleven directamente a su realidad diaria. La lógica es clara: aprender haciendo, con acompañamiento y foco en resultados.
El programa también pone especial énfasis en aspectos muchas veces relegados, pero determinantes para el crecimiento: la gestión financiera, la organización de procesos, el desarrollo de equipos y la construcción de alianzas estratégicas. Porque sin orden interno, sin números claros y sin un equipo alineado, cualquier intento de crecimiento queda rápidamente limitado.

En este sentido, el posgrado propone una mirada integral del negocio veterinario, en la que cada decisión tiene un impacto y cada área debe estar conectada con una estrategia general. Tal como plantea uno de susconceptos centrales: sin estrategia no hay crecimiento sostenible.

Cada módulo combina contenido asincrónico, espacios en vivo y seguimiento vía WhatsApp, para generar mayor impacto

Los especialistas

El cuerpo docente es otro de los pilares que sostienen esta propuesta. Conformado por profesionales con amplia experiencia en el sector veterinario de América Latina, el equipo aporta una mirada práctica, actualizada y profundamente conectada con la realidad del mercado. Luciano Aba (ARG), Javier Sánchez Novoa (ARG), Eliana Mogollón (COL), Javier Paoloni (ARG), Margarita Briceño (MEX), Dagny Hurtado (COL) y Alejandra Mejía Vallejos (COL) integran un equipo que no solo conoce los desafíos del sector , sino que trabaja activamente en su transformación.
Las Masterclass en vivo, orientadas al bienestar profesional, los indicadores clave y la gestión emocional, complementan el recorrido formativo, aportando herramientas adicionales para abordar el negocio desde una perspectiva más amplia y sostenible en el tiempo.
En definitiva, esta segunda edición del Posgrado certificado por la FCV de Tandil, no busca sumar más información, sino ordenar, enfocar y potenciar lo que ya existe dentro de cada clínica veterinaria.

Sin órden interno, números claros y un equipo alineado, todo intento de crecimiento es limitado

Porque el problema, muchas veces, no es la falta de trabajo ni de conocimiento técnico, sino la ausencia de un sistema que permita transformar ese esfuerzo en resultados concretos.

Para quienes sienten que su clínica u hospital veterinario podría estar mejor, que el día a día los absorbe o que las decisiones se toman sin una base clara, esta propuesta aparece como una oportunidad concreta de dar un paso adelante.
Cuando la estrategia entra en juego, el crecimiento deja de ser una posibilidad y empieza a convertirse en un camino.

Descargá el Programa completo del Posgrado de VetesWeb

 

Te contamos cómo trazar el camino desde donde estás hacia la mejor versión de tu clínica veterinaria, cuidando tus recursos y tu energía. 

Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
abadi.flor@minegocioveterinario.com

Abrís Google Maps o Waze, cargás el destino y arrancás. La aplicación tarda en ubicarse.
La flecha no coincide con la calle, gira, se acomoda, vuelve a girar. Te pide doblar donde no hay giro. Avanzás unos metros más esperando que se corrija sola. No lo hace. Cambia la indicación otra vez. En ese punto aparece una primera certeza: la aplicación todavía no sabe dónde estás parado y, en el afán de darte una respuesta rápida y seguir andando, va a seguir dándote indicaciones inútiles.
Pero vos ya sabés que seguir avanzando sin esa información solo te va a hacer perder tiempo o, incluso, ponerte en peligro. Intuitivamente, tenés claro que no hay posibilidad de una ruta eficiente sin un punto de partida claro.
En la gestión veterinaria, pensar en eficiencia exige esa misma lucidez incómoda.
Ubicarse, en este caso, es entender cómo está funcionando hoy la clínica.
Recién ahí vas a poder aclarar tu destino —los objetivos— y trazar la ruta más eficiente hacia ellos.
Hay otros aprendizajes que se pueden tomar de la búsqueda de eficiencia de las aplicaciones de navegación. Además de las variables ya nombradas, cruzan más información: qué está pasando en el entorno, tiempos esperados y tiempos reales, e incluso decisiones internas del usuario, cómo evitar autopistas o peajes, hacer paradas intermedias o priorizar ciertos caminos.
Recién cuando toda esa información entra en juego al mismo tiempo, la indicación empieza a tener sentido.
En tu clínica veterinaria pasa lo mismo.
Para trazar una ruta eficiente necesitás algo más que un destino: un origen claro, una lectura en tiempo real del contexto externo y claridad total sobre tus propias preferencias y posibilidades.
Entendiendo esto, desde Mi Negocio Veterinario generamos un E-Book con recomendaciones prácticas para que puedas hacer un diagnóstico claro de tu 2025, y tomar el control de tu clínica para emprender un camino que no será sencillo, pero que sin dudas es hoy más que necesario (Ver Recuadro).

El punto de origen

Definir el punto de origen de una veterinaria no es hacer un diagnóstico general, ni listar todo lo que falta. Es observar cómo funciona hoy la clínica.
La dificultad está, por un lado, en poder ser sincero con uno mismo y enfocarse en los resultados más que en las intenciones. Por otro, en hacerse las preguntas correctas.

No hay posibilidad de una ruta eficiente sin un punto de partida claro.

¿Tenés definido cuánto es tu sueldo como veterinario y cuál es la ganancia que deja el negocio? ¿Sabés qué es el punto de equilibrio y cuál es el tuyo? ¿Se sostiene la clínica con lo que genera o depende de tu aporte constante para no caerse? ¿Tenés protocolos que ordenen la comunicación interna y externa? ¿Se adaptan las comunicaciones a los diferentes destinatarios? ¿En qué momentos aparecen más reclamos? ¿Qué siente un tutor cuando sale de tu clínica? ¿Por qué te eligen tus empleados? ¿Tenés una propuesta de valor clara? ¿La experiencia de tus clientes es mejor en la clínica o en las redes? ¿Sabés por qué te eligen tus clientes? ¿Qué porcentaje de primeras visitas lográs fidelizar?
Responder estas preguntas puede resultar abrumador, pero es el paso necesario para saber dónde estás parado, en qué fortalezas podés apoyarte y qué es prioritario cambiar.

Con más claridad: ¿para dónde vamos?

Un objetivo solo es funcional cuando es propio, claro y sirve para ordenar.
Cuando cumple esa función, organiza prioridades, pone límites, orienta el uso del tiempo y simplifica las decisiones cotidianas. En una clínica veterinaria eso es vital, porque el día a día empuja a resolver urgencias y a accionar con poco margen para pensar.
Muchas veces el problema no está en la falta de intención, sino en cómo se formulan los objetivos.
Expresiones amplias como “crecer”, “facturar más” o “mejorar la comunicación” señalan una dirección general, pero no alcanzan para decidir. No marcan por dónde empezar, qué priorizar ni qué conviene dejar en pausa.
Esta dificultad para escribir objetivos operativos fue lo que observó George T. Doran a comienzos de los años ochenta cuando revisaba planes estratégicos prolijos que quedaban archivados sin traducirse en acciones concretas.
No era un problema de ideas, ni de voluntad, sino de formulación.

A partir de esa experiencia propuso un marco simple para volver los objetivos utilizables, pensado para quienes tenían que ejecutarlos y no solo escribirlos. Así surgió el enfoque SMART: un conjunto de condiciones que ayudan a que un objetivo sea claro, posible y sostenible en la práctica.

  • La S de Specific (específico) obliga a decir con precisión qué se quiere lograr. Un objetivo específico evita formulaciones abiertas y genéricas y define una acción o cambio concreto. Cuanto más claro es el enunciado, más fácil resulta decidir qué hacer después.
  • La M de Medible introduce un criterio de seguimiento. Implica definir algún dato observable que permita saber si hay avance o no. Para evitar depender de sensaciones, intuiciones o recuerdos fragmentados al evaluar resultados.
  • La A de Alcanzable o Asignable remite a los recursos reales. Tiempo, equipo, dinero, herramientas, energía disponible. También a quién se hace cargo. Un objetivo que no considera estas condiciones tiende a abandonarse rápido.
  • La R de Realista conecta el objetivo con un problema concreto de la clínica que es posible solucionar. Cuando un objetivo no responde a algo que hoy importa, queda siempre desplazado por lo urgente.
  • La T de Temporal sitúa el objetivo en un plazo concreto, lo que lo enmarca. Un momento para revisar avances, ajustar o redefinir. Sin esa referencia temporal, el objetivo queda flotando y pierde fuerza operativa.

Cuando estas condiciones están claras, el objetivo se puede escribir en una sola frase, simple y funcional.
Una frase que puedas releer en medio del ruido del día y que siga teniendo sentido.

Vos sos el algoritmo

Con el objetivo claro y como punto de referencia, vamos a construir la ruta a partir de decisiones concretas.
El primer paso es traducir ese objetivo en acciones que tengan relación directa con lo que querés lograr. Unas cuantas acciones que creas que realmente van a mover la aguja.
Después aparece el orden. No todas las acciones se pueden hacer al mismo tiempo, ni con la misma intensidad.
Algunas preparan el terreno, otras consolidan avances.

¿Sabés por qué te eligen tus clientes?

Definir la secuencia evita el desgaste de empezar todo junto y no terminar nada.
También permite anticipar fricciones: cuellos de botella, tiempos muertos, sobrecarga del equipo, decisiones que dependen de otras. Pensar la ruta es, en gran parte, pensar dónde es esperable que algo se trabe.
El tercer punto es ajustar la ruta al contexto real. El objetivo puede ser el mismo, pero el recorrido cambia según el momento del año, el estado del equipo, la situación económica y la energía disponible. Una ruta eficiente se revisa, se recalcula y se adapta sin perder el rumbo. Eso requiere mirar datos, pero también leer señales: saturación, errores repetidos, tareas que no se sostienen en el tiempo.
Por último, conviene definir cómo vas a saber si esa ruta está funcionando para detectar desvíos a tiempo.
¿Qué indicador te va a mostrar avance?, ¿qué señal te va a alertar de que algo no está funcionando y cuándo vas a frenar para revisar?
La eficiencia no aparece cuando todo sale perfecto, sino cuando corregís antes de acumular desgaste.
Recordá siempre que la ruta más eficiente no es la más rápida, ni la que más recorre. Es aquella que te lleva a donde tenés que ir, con el menor gasto de energía y recursos posible.

La Guía que necesitabas

Si querés profundizar en el diagnóstico de tu 2025, trazar los objetivos de este año que comienza y armar un plan para que realmente se cumplan, podés descargarte el libro digital Plan de Acción para Negocios Veterinarios (que quieran crecer en 2026) escaneando este QR.
¿Qué vas a encontrar en este material?
Un recorrido ordenado que empieza por ubicar con precisión el punto de partida del negocio —en gestión, comunicación y marketing— y continúa con criterios claros para definir objetivos posibles, escribirlos de forma operativa y traducirlos en acciones concretas.
El Ebook propone herramientas para pasar del ideal a la ejecución, aprovechar oportunidades reales del calendario, ordenar conceptos clave de marketing y sostener los objetivos en el tiempo, sin perder de vista el contexto ni los recursos disponibles. Además, incorpora un módulo sobre Inteligencia Artificial aplicada al trabajo cotidiano, pensado para optimizar tiempo, ordenar procesos y potenciar ideas con criterio, sin depender de modas ni soluciones mágicas.
Cada módulo tiene su apartado de ejercicios prácticos para que el recorrido sea lo más personalizado posible.
Descargalo haciendo click ACÁ

Te contamos cómo pasar de la trinchera a la planificación. No son ideas mágicas. Es un plan comprobado para brindar la mejor medicina, a la vez de asegurar el bienestar económico y emocional. ¿Listos para el cambio?

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Arrancó el año 2026 y la realidad económica nos pone, una vez más, frente a un espejo incómodo pero necesario. Después de años de transitar un mercado volátil, el diagnóstico para los dueños de veterinarias es contundente: ya no alcanza con ser un excelente médico; hoy la sostenibilidad del negocio depende de la capacidad para dejar de improvisar y empezar a gestionar con datos y estrategia. No se trata de trabajar más horas, sino de trabajar mejor, recuperando el valor que el saber profesional merece y protegiendo el activo más valioso de cualquier clínica: el tiempo y la pasión de quienes la integran.
A lo largo del último año, en mis charlas en Corrientes y en toda la región, he insistido en un concepto central: gestionar no es apagar incendios, es administrar el futuro. Por eso, para este inicio de año, te propongo un «reset» basado en siete ideas tácticas que he visto transformar realidades. Estas ideas no son sugerencias al azar; son pilares de un modelo de negocio que busca eficiencia, rentabilidad y, sobre todo, una práctica profesional más feliz y ordenada.

1. Reconvertí el rol de quien atiende el mostrador

El mostrador de una veterinaria no es un simple lugar de paso; es el espacio estratégico donde se define si un cliente vuelve o no. Durante mucho tiempo, hemos permitido que la recepción sea un cargo pasivo, un «pasapapeles» que solo despacha turnos. En 2026, esto debe cambiar radicalmente.
Quien está al frente es el primer eslabón de tu propuesta de valor y debe transformarse en un gestor de experiencias.
Este rol requiere capacitación específica para detectar necesidades latentes en el tutor, explicar con claridad los beneficios de un servicio antes de que el médico lo mencione y, fundamentalmente, aliviar las frustraciones del cliente antes de que entre al consultorio. Si tu personal de mostrador no sabe qué vendés, por qué es importante y cómo comunicarlo con empatía, la clínica está perdiendo una oportunidad de facturación crítica antes de que empiece la medicina.

2. Generá acciones para lograr nuevos clientes todos los meses

Confiar en el azar o en que alguien simplemente «pase por la puerta» no es una estrategia de crecimiento, es una apuesta peligrosa. La veterinaria moderna necesita un plan activo de captación que alimente la base de datos de manera constante. Esto implica mirar hacia afuera y entender el camino del comprador: ¿cómo te encuentran los que no te conocen?
Hoy disponemos de herramientas de bajo costo y alto impacto. Mantener tu ficha de Google My Business actualizada con fotos reales y respuestas a reseñas puede convertir una búsqueda local en una visita al local en menos de 24 horas. No podés esperar a que la demanda caiga para reaccionar; debés generar campañas de recomendación, alianzas con comercios del barrio o publicidad digital segmentada en tu zona de influencia para asegurar un flujo previsible de nuevos tutores cada mes.

3. Fomentá la venta cruzada de productos y servicios

La venta cruzada o cross-selling no es una técnica comercial agresiva; es una práctica de medicina preventiva ética.
La responsabilidad como profesionales es asegurar que el tutor se lleve todo lo que su mascota necesita para estar bien, no solo lo que vino a buscar. Si un paciente llega a la consulta por un chequeo de piel, el servicio no termina en el diagnóstico; debe incluir la recomendación del alimento medicado, el shampoo terapéutico y el suplemento necesario, por ejemplo.
Para que esto funcione, es clave que todo el equipo esté alineado: desde el veterinario que prescribe hasta el asistente que refuerza la recomendación en el salón. Cuando informamos correctamente el «por qué» detrás de cada producto asociado al tratamiento, el tutor no percibe un gasto extra, sino una solución integral que le da tranquilidad.

Debemos pasar de la atención reactiva a la gestión proactiva de la salud.

4. Lográ que un 25% de la facturación sea por atención de felinos

El mercado de gatos es la oportunidad de oro que seguimos desaprovechando por inercia. Hoy en día, hay muchos felinos que no llegan a las clínicas por el estrés que les genera el traslado o por la falta de un entorno adecuado en el local. Mi propuesta es clara: debés especializarte para captar este segmento que ya representa el presente de la profesión.
Llegar a que el 25% de tus ingresos provengan de los gatos requiere implementar protocolos Cat Friendly reales: consultorios adaptados, feromonas, manejo sin estrés y, sobre todo, entender la psicología del tutor felino.
El dueño de un gato suele tener un perfil simbologista o materno-filial; está dispuesto a invertir en alta complejidad y prevención si percibe que en tu clínica se entiende la naturaleza específica de su mascota.

5. Agrupá productos y servicios que estén vinculados

La «paquetización» es una herramienta poderosa para simplificar la toma de decisiones del cliente y mejorar la adherencia a los tratamientos.
Cobrar cada ítem por separado genera fricción y permite que el tutor elija qué hacer y qué no, muchas veces por motivos económicos, poniendo en riesgo la salud del animal.
Ofrecer planes de salud o «packs» (Cachorro, Senior, Control de Peso) bajo un precio único y con facilidades de pago no solo asegura ingresos recurrentes para la clínica, sino que garantiza que el paciente reciba el protocolo completo que vos diseñaste. Un paquete anual de salud es, para el cliente, la compra de un año de tranquilidad.

6. Informá y recordales a los clientes qué tienen que hacer

Informar es vender, pero sobre todo, es cuidar.
Uno de los baches más grandes en la facturación ocurre por la falta de seguimiento. El tutor no tiene la obligación de recordar cuándo vence una vacuna o un antiparasitario; esa es tu tarea como su consultor de confianza.
Una comunicación proactiva, utilizando WhatsApp Business para enviar recordatorios personalizados según la edad y especie de cada paciente, puede aumentar la frecuencia de visita de 1 a 2,5 veces al año. Si el cliente no sabe cuándo, cómo y por qué debe volver, simplemente no lo hará. Debemos pasar de la atención reactiva a la gestión proactiva de la salud.

Gestionar no es apagar incendios, es administrar el futuro.

7. Activá y salí a recuperar clientes “dormidos”

Tu base de datos es el activo más valioso de tu empresa, pero muchas veces está llena de nombres que ya no generan ingresos. Salir a recuperar a quienes alguna vez confiaron en vos pero no visitan la clínica hace más de 6 meses es mucho más económico y rentable que buscar clientes nuevos desde cero.
Esta acción requiere un trabajo de segmentación simple con etiquetas: ¿quiénes vinieron por vacunas y nunca más volvieron?
Contactarlos con un mensaje humano —preguntando por el bienestar de su mascota— es la táctica más efectiva para llenar la agenda de turnos preventivos en los meses de menor movimiento. Reactivar un cliente es reconstruir un vínculo emocional que ya tenías ganado.
El momento del «Reset» Estas 7 ideas no son conceptos aislados, son un sistema. Si logramos aplicarlas con método, veremos que la veterinaria deja de ser una trinchera para transformarse en una empresa sostenible, capaz de brindar la mejor medicina mientras asegura el bienestar económico y emocional de quienes la lideran. El 2026 nos pide dar este paso hacia la profesionalización total. ¿Estás listo para resetear tu modelo de negocio?

En Corrientes, está clínica veterinaria rompe el molde con un horario inédito para el rubro. Te contamos todo sobre una estrategia disruptiva liderada por dos socias que decidieron que la rentabilidad no respeta horarios.

Daniela Mattiussi
daniela@minegocioveterinario.com

En Corrientes, la una de la tarde marca un límite. Es el momento en que las persianas bajan, el ritmo del tránsito se reduce y la ciudad se entrega a una pausa que se extiende por horas.
Sin embargo, en ese tiempo, Veterinaria S.O.S Animal alista sus servicios y enciende las luces, mostrando así una propuesta de valor diferente.
Ubicada en la ciudad de Corrientes y con una estética que demuestra personalidad, esta clínica liderada por las médicas veterinarias Johana Rojas (30) y Camila García (27) todavía no cumplió un año de vida y ya desafía la lógica, operando “a contrarreloj”: ofreciendo sus servicios de lunes a sábado, desde las 14.00 hasta las 2.00 horas y los domingos de 18.00 a 2.00 horas.
No se trata de una guardia pasiva, ni de un servicio de 24 horas tradicional, sino de un bloque continuo de horas diseñado para captar una demanda que quedaba desatendida en ese tiempo.
Pero no todo es un tema de horarios. Además, la propuesta de valor pone el foco en la medicina preventiva, con chequeos de rutina y una fuerte vocación por informar a los tutores de perros y de gatos, tal como se percibe en los distintos contenidos que difunden en el Instagram de la veterinaria @sosanimal.ctes.

Cuando el diferencial es claro y está a la vista

Aprovechando la visita de Luciano Aba a Corrientes como parte de una serie de charlas organizadas por la distribuidora Serprove, Mi Negocio Veterinario visitó el lugar dialogó con Camila y Johana sobre sus inicios y el origen de la iniciativa.
Vale destacar el asesoramiento que las profesionales recibieron por parte de Diego Cayo, referente de Serprove y especializado en la gestión de clínicas veterinarias.
“Nuestra idea siempre fue marcar la diferencia y Diego nos fue orientando. Siempre nos dijo que la clave estaba en ser diferentes y no caer en lo mismo de siempre”, nos explicaba Johana Rojas. Y agregó: “Anteriormente yo trabajaba en urgencias y ella, atendiendo domicilios, también recibía mucha demanda en este punto”.
El análisis final fue contundente: la mayoría de las veterinarias en la capital correntina cierran entre las 13 y las 17, y finalizan su jornada a las 20.30. “La gente está muy agradecida. Buscamos hacer una clínica diferente, con el foco en los chequeos preventivos e informando a los tutores; no es necesario que esperen a ver que el gato hace piso con sangre para venir. La idea es prevenir”, nos contaba Camila.
Una vez tomada la decisión en cuanto al modelo de negocios y habiendo realizado una exhaustiva búsqueda del lugar donde montar la veterinaria el desafío pasaba a un segundo nivel.
“También Diego nos advirtió en cuando a la importancia de cuidar nuestros horarios personales y no perder de vista que además teníamos que vivir!”, nos contaban las veterinarias. Es así como organizaron un sistema de turnos rotativos, que les permite (aprovechando la cercanía entre sus casas y la veterinaria) para descansar y hacer actividad física. La estructura avanza y demuestra que la urgencia no usa reloj.
Como si esto fuera poco, de nuestro diálogo con Johana y Camila surge otra novedad: toda la estética de la veterinaria, sus colores, el logo y hasta su slogan (“Donde cada latido importa”) fueron generados con el soporte de ChatGPT, así como también la información que hoy muestran en Google Maps, herramienta clave al momento de destacar su horario diferenciado y los servicios que brinda.
Todo esto, complementado con lo que luego fue la puesta en marcha de WhatsApp Business, con foco en brinda una atención de calidad, recordatorios e información clave para los tutores de perros y de gatos.

Gestión: precios, percepción y finanzas

Veterinaria S.O.S Animal ofrece servicios de clínica general y cirugías, con la posibilidad de realizar análisis de sangre y contando con profesionales externos que dan soporte en temas como ecografía y cardiología, entre otros.
Trabajar a contrarreloj implica educar al cliente sobre el valor del servicio. El valor de la consulta tiene un diferencial por el horario, situación que los clientes han comprendido desde el primer día. “La gente valora que estés ahí, brindando el servicio en ese horario”, agregan las veterinarias destacando que los resultados en los primeros meses han sido buenos: “Logramos recuperar la inversión inicial que hicimos en menos tiempo del esperado”.
Con una fuerte vocación por seguir creciendo, Camila y Johana nos cuentan que tienen instalado el sistema de gestión MyVete y que con el tiempo seguramente irán mejorando en función de las finanzas de la veterinaria. “Estamos en una etapa inicial en la cual seguimos reinvirtiendo permanentemente”, completaron.

Expansión obligada

El modelo funcionó tan bien que el espacio físico quedó chico en tiempo récord. Por eso, Veterinaria S.O.S Animal se expandió alquilando también el local de al lado con el objetivo de brindar un servicio cada vez mejor.
Esta ampliación les permitió sumar el área de peluquería (muy demandada por sus clientes), a la vez de ampliar la zona de quirófano con mayores facilidades para los pacientes y anexar una zona de farmacia que complementa la propuesta.
¿A futuro? Dividir el ingreso de perros y gatos a la veterinaria y tomar una decisión en función de sumar servicio a domicilio para sus clientes y/o incorporar un servicio de ambulancia con la capacidad de trasladar a los pacientes al lugar.
A menos de un año de abrir sus puertas, S.O.S Animal muestra un modelo innovador que empatiza con su público, fomenta el boca en boca y pone el eje en la información: disponibilidad horaria y prevención, una propuesta real.

Ser dueño de una veterinaria y no tener un sueldo fijo es un problema. Establecer, respetar y ordenar tu ingreso no es un premio, es una acción clave para saber si tu negocio de verdad funciona.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Durante años, en el mundo veterinario se repitió casi como una regla no escrita: el dueño de la veterinaria no tiene sueldo. Cobra si sobra. Se “arregla” a fin de mes. Se paga último. Y muchas veces se conforma con lo que queda después de abonar proveedores, impuestos, sueldos del equipo y gastos operativos.
Aunque cueste creerlo, esta lógica todavía sigue muy presente en clínicas veterinarias, pet shops y también entre profesionales independientes. Y lejos de ser una muestra de compromiso o vocación, es uno de los principales desórdenes de gestión que arrastra el sector.
En los últimos años, es cierto, cada vez más dueños lograron establecerse un sueldo básico fijo, e incluso algunos sumaron un esquema mixto: un sueldo base más un componente variable atado al rendimiento comercial del mes. Sin embargo, todavía son pocos. La mayoría sigue trabajando sin un ingreso definido, viviendo el negocio con incertidumbre permanente.
Establecer un sueldo no es un premio por “haber llegado a fin de mes”. Es una herramienta clave de gestión. Porque cuando el dueño no tiene un sueldo claro, el negocio tampoco tiene números claros. Y sin números claros, no hay decisiones profesionales posibles.
Ahora bien, hay un punto clave que suele generar confusión y que vale aclarar con total honestidad: si el dueño de la veterinaria también trabaja como veterinario, su ingreso debería contemplar dos cosas distintas.

Hacé la VTVet y mejorá tu gestión

Animate, ingresá en www.vtvet.vet y respondé el cuestionario que desde Mi Negocio Veterinario preparamos para que puedas impulsar tus habilidades en Comunicación, Marketing y Gestión Veterinaria.

Por un lado, el sueldo correspondiente a su trabajo profesional —como médico veterinario—, comparable al de cualquier colega que cumple funciones similares. Y por otro, un plus por su rol como dueño, por la responsabilidad, el riesgo asumido y la gestión del negocio.
No se trata de “cobrarse dos veces”, sino de reconocer roles distintos. Mezclar todo en una sola bolsa suele llevar a subestimarse, a no saber cuánto vale realmente el trabajo propio y a tomar malas decisiones económicas.
Definir un sueldo permite, además, incorporar ese ingreso dentro de los costos fijos del negocio. Y cuando eso ocurre, la veterinaria deja de “ver si alcanza” y empieza a hacerse la pregunta correcta: ¿este modelo de negocio es sustentable?
El miedo más común es claro: “Si me pongo un sueldo, el negocio no da”.
Pero la pregunta de fondo debería ser otra: si el negocio no da pagando un sueldo razonable al dueño, ¿qué es lo que está mal?

Para empezar a ordenar este punto, hay algunas claves simples:

  • El sueldo del dueño no se improvisa. No puede ser “lo que quede”. Debe definirse con criterio y con referencia a valores de mercado.
  • Conviene empezar por un básico posible. No se trata de fundirse, sino de construir orden de manera progresiva.
  • Separar billeteras es fundamental. El sueldo del dueño es un gasto del negocio, no una extensión de la caja diaria.

Cuando una veterinaria no puede pagarle un sueldo a su propio dueño, el problema no es el sueldo. El problema suele estar en los precios, en la estructura de costos, en el mix de servicios o en la forma de gestionar.
Ordenar este punto no es perder vocación. Es ganar claridad.
Y una veterinaria con números claros no solo cuida mejor a sus pacientes, sino también a quienes la sostienen todos los días.

5 claves para pasar del «si sobra, cobro» al sueldo fijo

Para que esta nota no quede solo en teoría, acá tenés la hoja de ruta para implementar este cambio en febrero:

  • Paso 1: Sincerar el rol operativo. Si atendés consultas, definí tu básico según el mercado para un veterinario de tu experiencia. No se trata de «cobrarse dos veces», sino de reconocer que tu tiempo clínico tiene valor.
  • Paso 2: Asignar el plus de gestión. Sumá un monto o porcentaje por tu responsabilidad como dueño y el riesgo asumido.
  • Paso 3: Incorporar el gasto al sistema. Cargá este «Sueldo de Dueño» en tu planilla de costos fijos mensuales. Al hacerlo, la veterinaria deja de «ver si alcanza» y empezás a medir la sustentabilidad real del modelo.
  • Paso 4: Separar billeteras. El sueldo del dueño es un gasto del negocio, no una extensión de la caja diaria. Transferite ese monto a una cuenta personal y no toques la caja de la clínica para gastos particulares.
  • Paso 5: El diagnóstico de salud. Si al incluir tu sueldo los números dan rojo, el problema no es tu ingreso, sino posiblemente tus precios o tu estructura de costos.

Establecer y respetar tu ingreso no es un premio, es una acción clave para saber si tu negocio de verdad funciona