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#Chantas

Chantas

Luciano Aba
Editor Revista 2+2
Web: dosmasdos.com.ar
Twitter: @aba_luciano

#Chantas

ChantasEl prejuicio es un proceso de formación anticipada de conceptos sobre algo o alguien, del cual seguramente todos hemos formado parte en algún momento de nuestras vidas.

Dicho esto, los invito a situarse en la realidad cotidiana; la de todos los días: ¿qué pensarían si una persona no mayor a los 24 años; pelo largo, barba y poco esmero en su vestimenta sostuviera en tono épico que lidiar con gente es entre 20 y 30 veces más complejo que ser exitoso en el mundo de las finanzas? ¿Dirían que es un chanta? ¿Lo mandarían a trabajar «en serio»?

Consolidada culturalmente bajo la premisa de adquirir conocimientos «duros» para triunfar en la vida (personal y, fundamentalmente, laboral), nuestra sociedad ha abandonado conceptos tan básicos y naturales, que aquellos que nos los recuerdan suelen ser tomados a la ligera.

Herramientas como el coaching, la comunicación efectiva, el autoconocimiento, la escucha, la interpretación de los pensamientos y hasta la propia inteligencia emocional son subestimadas al ser propuestas como solución a problemas dentro de las empresas, cualquiera sea el rubro del que estas participen.

Más allá de esto, desde hace algunos años avanza una corriente de pensamiento que revaloriza el rol de las áreas (y las personas) vinculadas a los recursos humanos.

El trabajo en equipo, el peso estratégico de generar vínculos, las comunidades, la necesidad de delegar y no saber cómo… Y así podríamos seguir enumerando situaciones, términos y conceptos que deambulan entre subestimaciones y desconocimientos.

«Son temas para escuchar en una charla, pero que después no tenés ni idea cómo aplicarlos», podemos llegar a pensar si nos consultan sobre esto. ¿No?

El círculo

Claro está que, quienes no terminamos de validar la importancia de avanzar en estas materias, fuimos formados sobre la base de paradigmas sustancialmente distintos, donde conceptos como el de la creatividad y la empatía no sólo estaban lejos de estimularse en los ámbitos educativos y culturales, sino que eran muchas veces “castigados” por nuestros mandos superiores en el ámbito laboral.

Hoy estas herramientas son imprescindibles. Vincularse con el otro y tener ideas. Nada más y nada menos; de eso se trata.

Claro que cuando lo aceptamos y decidimos avanzar decididamente sobre el tema buscando bibliografía, asistiendo a eventos o bien contratando a personal especializado para consultorías específicas, nos encontramos con nuestra barrera natural: el prejuicio. Así es como solemos tirar la toalla a la primera vez que escuchamos frases como: «tenemos que hacernos amigos del fracaso», “lo primero es el cliente”, «para lograr resultados distintos debemos cambiar las cosas que hacemos», «es clave sentirnos cómodos en el trabajo», o bien: «estimular a nuestros colaboradores debe ser un objetivo central».

Y ahí está el desafío. En comprender que si bien no tenemos predisposición a trabajar sobre estos aspectos básicos y centrales de las relaciones entre las personas, tampoco podemos pretender que una frase salve nuestro destino.

Las frases son frases, pero suelen dejar enseñanzas; muchas de las cuales permiten romper las formas en que abordamos los conflictos. Porque de eso se trata: entender, analizar, pensar y compartir.

En definitiva, quienes creen en la importancia de abordar con estas herramientas la resolución de conflictos lo hacen desde la lógica pura de volver a lo básico: al lenguaje, los vínculos, las emociones y el contenido real de las palabras. ¿Lo demás? Se lo lleve el viento…

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