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La dupla formada por Victorio Firpo y Pablo Mangioni dirige una cadena con nueve sucursales y atiende 3.000 productores en una zona con 2 millones de cabezas de ganado. ¿Cómo lo lograron?

"Las sucursales llegaron a partir de observar oportunidades"

Facundo Sonatti
facundo@motivar.com.ar

El crecimiento de las empresas de familia muchas veces no está signado por la planificación estratégica, sino más bien motorizado por la mera necesidad de progreso en pos de satisfacer las necesidades propias tanto como las de los clientes.
Esa máxima se multiplica si detrás de la empresa no es una sino dos las familias que dirigen los destinos del negocio, como sucede con la historia de Veterinaria Hernández, asentada originalmente en esa localidad de Nogoyá, Entre Ríos, y hoy presente en otras nueve.
Los MV Victorio Firpo y Pablo Mangioni son los protagonistas de esta historia que acumula 44 años de trabajo, más de 40 colaboradores, 3.000 clientes y una zona de influencia sobre 2 millones de cabezas de ganado. “Las aperturas de las sucursales llegaron a partir de observar oportunidades en algunas plazas y en otras, simplemente sucedió que los productores de la zona nos las pedían”, resume Mangioni lo que fue la expansión de la cadena.
“Siempre hicimos buena letra: se corre el comentario y se asocian valores de compromiso y eficiencia a Veterinaria Hernández que nos llevan a instalarnos en nuevas zonas. De todos modos, siempre analizamos las oportunidades y evaluamos qué tan competitivos somos antes de abrir una nueva sucursal”, agrega Firpo que inició el negocio en 1976.

Una relación win-win con los veterinarios

La pata comercial es una de las cuentas pendientes de muchos veterinarios. En el caso de Veterinaria Hernández el vínculo con la profesión se hizo carne. “En la mayoría de las sucursales, los veterinarios son los encargados del manejo de la veterinaria y es una simbiosis porque le damos un lugar para desarrollarse en la parte profesional y nosotros le proveemos insumos agropecuarios. Así nos quedamos con una comisión y los honorarios corren por su cuenta”, señala Firpo y completa: “Todos los empleados tienen un rol participativo y eso genera un buen clima de trabajo. Tenemos muy buena relación”.
En la práctica la comercialización de insumos veterinarios es el corazón del negocio de la compañía que, hoy, tiene base operativa en San José de Feliciano, Entre Ríos. Por eso, otra relación de valor que construyó la firma entrerriana es con los laboratorios.
“En cada una de las veterinarias se trabaja mucho con los laboratorios, es muy importante su apoyo”, asegura Mangioni y agrega: “Tenemos una inversión inicial que si bien no suele ser tan grande, se repaga con la comercialización de los productos”.
Veterinaria Hernández hace las veces de distribuidor. En palabras de Firpo, cuentan con un gran stock, eso hace más fácil la apertura de un local. “Lo importante en cada sucursal es el equipo de trabajo que se conforme, eso nos asegurará el éxito de la misma”, agrega.

Oportunidad

La última apertura de la marca se concretó en Paraná, a fines de 2017. “El potencial de la sucursal está relacionado con que está en la capital de la provincia de Entre Ríos, estratégicamente ubicada a 10 km de la ciudad de Santa Fe, por donde pasa mucha gente de todas las provincias. De este modo, es una manera de tener presencia institucional con la marca en una ciudad importante”, repasa los beneficios Firpo, socio fundador de Veterinaria Hernández. Allí está a cargo de la atención uno de sus hijos. “La presencia en esta ciudad nos ayuda mucho también en la parte logística. La sucursal tiene mucho potencial”, sostiene.
En la nueva generación recaerá la nueva etapa de expansión. Mientras que dos de los cuatro hijos de Firpo ya forman parte del negocio, son tres de cinco en el caso de su socio. Es así como Ignacio Mangioni, también veterinario, hace trabajos profesionales junto a su padre; Juan se desempeña en todo lo que tiene que ver con Pago a proveedores y Cuentas Corrientes; y Santiago, está en el área de Stock y Logística. Mientras tanto, Agustín Firpo es el responsable de la sucursal de Paraná y su hermana, Andrea, está a cargo de las relaciones institucionales y el marketing de la firma. “La próxima generación tiene como desafío profesionalizar la red de veterinarias y generar una nueva hipótesis de negocio para ampliar la cadena”, resume Mangioni padre la visión de la compañía multifamiliar.

La clínica de Eva Inguerman recibió, a fines del año pasado, la certificación Cat Friendly Gold. Por el momento, es la única del país. En pocos meses, los resultados ya están a la vista.

Desde Córdoba, una clínica de Oro para los gatos

Guadalupe Varelli
guadalupe@motivar.com.ar

La ciudad de Córdoba es el escenario donde transcurre esta historia, la de Eva Inguerman, una mujer de 40 años que diseñó y puso en marcha la clínica veterinaria a la que le hubiera gustado llevar a sus mascotas.
Se recibió hace tres años de médica veterinaria en la Universidad Nacional de Río Cuarto y desde entonces trabaja en este proyecto. “Diseñar la clínica me llevó casi un año y medio, abrimos en diciembre de 2018”, contó en entrevista con esta Revista 2+2.
La Clínica Veterinaria Eva Inguerman atiende emergencias las 24 horas. Cuenta con un staff de 25 personas, entre ellas ocho veterinarios, recepcionistas, administrativos, comerciales y estudiantes del último año de la carrera que hacen prácticas allí.
“Me parece importante que haya personas dedicadas a cada una de las diferentes tareas para que los veterinarios puedan hacer su trabajo como médicos, para que realmente puedan estar pensando en cuál es el mejor tratamiento para cada paciente”, enfatizó Inguerman.
La clínica tiene una sala de shock room para tratar emergencias y un quirófano aislado, con estrictas normas de asepsia y desinfección, que permite atender felinos sin correr el riesgo de que sientan olores de una cirugía anterior. Es gracias a este quirófano que pudieron obtener la categoría Gold de la certificación Cat Friendly, por el momento la única en el país.
Por otra parte, los pacientes internados son controlados cada 20 minutos -por eso las guardias se hacen de a tres personas- y la clínica está monitoreada por cámaras. También hay peluquería, spa y ozonoterapia.
Inguerman nos da la clave de su inspiración: la empatía. “Mis ideas vienen de pensar cómo me hubiera gustado que traten a mis mascotas cuando estuvieron internadas y cómo me hubiera gustado que me traten a mí como empleada”, explicó.
“Siempre pensé que cuando tuviera mi propia clínica los gatos iban a tener su espacio”, comentó la veterinaria. En pos de este objetivo, puso en práctica todo su conocimiento en medicina felina y las recomendaciones de la práctica Cat Friendly (CFP) (ver recuadro). Esta Revista 2+2 conversó con ella para conocer más sobre su experiencia.

Revista 2+2: ¿Por qué es importante pensar en el bienestar de los gatos en la consulta?

Eva Inguerman: El estrés en los gatos tiene muchas consecuencias. Aumenta los días de internación, dificulta los análisis de sangre y la bioquímica. Un buen manejo de los gatos te permite revisar mejor los signos clínicos.
También te beneficia al momento de hablar con el dueño, porque se siente más seguro y no tiene miedo de que su gato salga lastimado.

Cuando abriste la clínica, ¿lo hiciste pensando en la práctica Cat Friendly desde el comienzo?

La idea estuvo desde el comienzo, pero no la certificación, que la obtuvimos recién a fines del año pasado.
Cuando abrimos, teníamos internación exclusiva para gatos, sala de espera separada y usábamos uno de los seis consultorios con prioridad para gatos. Cuando tomé la decisión de pedir la certificación CFP tuve que incorporar un consultorio exclusivo para gatos.

¿Qué otras cosas tuviste que adecuar para obtener la certificación?

En primer lugar, tuvimos que cambiar el color de las jaulas de internación. Eran blancas y ahora son violeta oscuro, porque los colores oscuros estresan menos a los gatos.
El consultorio exclusivo para gatos tampoco puede ser blanco, es de color trigo.
Además, arriba de la camilla tenemos una manta rellena con hierba gatera, que los tranquiliza. También hay una almohadita y juguetes con hierba gatera para ellos.

En las fotos se ven una rampas, ¿qué función cumplen?

Según la certificación CFP hay que proporcionarles a los gatos algún lugar al que se puedan trepar cuando salen de la transportadora para que puedan mirar la sala desde arriba y se sientan más tranquilo. Entonces, mientras el veterinario conversa con el dueño sobre el motivo de la consulta, el gato se puede trepar y relajar con la sensación de control que le da ver la situación desde arriba. Las rampas tienen que estar en altura pero al alcance del veterinario.
Además, a la noche, durante la guardia, dejamos jugar a los gatitos que están internados pero que ya se sienten mejor, aunque eso depende del carácter del gato, porque si es muy miedoso eso lo puede estresar más todavía.

¿Cuál es tu balance de los últimos meses?

A pesar de que todavía no hace un año desde que tenemos la certificación, ya vimos resultados. Los dueños de los gatos prestan mucha atención a cómo es el trato con su mascota, y cuando ven que tenemos un manejo distinto para gatos que para perros se sienten más cómodos y te recomiendan. Incluso en este contexto de aislamiento social aumentó mucha la cantidad de pacientes felinos. También aumentaron las internaciones porque hay menos reticencia de parte de los dueños a dejar a su gato cuando ve que tiene su propia zona y un cuidado especial.

Entonces ¿la inversión vale la pena?

Sí, desde los dos puntos de vista. Desde al lado económico, vale la pena porque atrae más clientes, y desde el punto de vista médico, vale muchísimo la pena porque es impresionante cómo cambian los niveles de éxito que se alcanzan en los tratamientos.
Todos estos detalles, los juegos, el sonido, las feromonas, tomarte el tiempo para pensar qué les gusta a los gatos y que no, realmente hacen la diferencia.

Un buen ambiente para pacientes y clientes

Estas son algunas de las medidas puesta en práctica en la Clínica Veterinaria Eva Inguerman para crear un ambiente que sea confortable tanto para los perros como para los gatos:

  • En toda la clínica hay música funcional. “Descubrimos que la misma música que les gusta a los gatos les gusta a los perros: la música clásica, Beethoven, Mozart. No tengo bibliografía que me apoye, esto que te digo es solo desde la experiencia, pero descubrimos que la música relajante con ruido de agua, animales y naturaleza los ponía en alerta, no nos dio el mismo resultado”, describió Inguerman.
  • Hay difusores de feromonas de gatos en los ambientes.
  • Las jaulas de internación están divididas en dos pisos para que pueda tener acceso a altura. Tienen una puerta de vidrio oscuro y otro de vidrio claro. Así los gatos pueden esconderse en la parte oscura y sentirse protegidos.
  • La sala de espera de gatos está antes que la de los perros. Allí hay un espacio para apoyar las transportadoras en altura. Si no tienen una propia, hay kennels disponibles. Si el gato está muy nervioso, se lo ubica mirando contra la pared. “Como él no te ve a vos asume que vos tampoco sabés que él está ahí”, explicó la doctora.
  • En el área de internación, hay una pileta para higienizar a los animales y sus elementos para que nada salga de ese espacio ni se contamine con los olores del resto de la clínica. También se usan termómetros y estetoscopios exclusivos para gatos. “Su olfato es impresionante y si usás un termómetro que usaste con un perro ellos lo sientes y perdés todo lo que ganaste con todos los cuidados que tomaste hasta ese momento. Hay detalles que son pequeños, pero hacen una gran diferencia”, detalló Inguerman.
  • Se trabaja en un ambiente silencioso para no estresar a los gatos. En este mismo sentido, se incorporó un medidor de presión silencioso para que no sea justamente el ruido del aparato el que le haga subir la presión por el miedo y el estrés.

El Dr. Matías Tellado junto a su esposa, Laura Pisano, también veterinaria, en la sede de VetOncología.

El Dr. Matías Tellado montó su propia clínica dedicada exclusivamente a la atención de pacientes con cáncer. A solo un año de su apertura, atiende más de 130 consultas por semana.

“Tenemos una demanda insatisfecha, hay más pacientes que especialistas”

Facundo Sonatti
facundo@motivar.com.ar

Los animales que se han vuelto un miembro más de muchas familias argentinas, tanto perros como gatos, no solo gozan de los beneficios de ser bien atendidos por sus dueños sino también que, gracias a la medicina preventiva, viven más. Sin embargo, como contrapartida, la longevidad acarrea algunas patologías propias de los pacientes gerontes, como puede ser el cáncer y con ello la necesidad de una atención personalizada. El veterinario oncológico Matías Tellado suma casi dos décadas de experiencia en la atención exclusiva de estos pacientes y desde el año pasado lo hace desde su propia clínica VetOncología, en Villa Real, CABA.
“Hace muchos años que me dedico a la oncología de forma exclusiva, algo que no es muy frecuente”, reconoce el profesional que de la mano de su esposa, la también MV Laura Pisano, formó un equipo de más de media docena de profesionales con los que asiste más de 130 pacientes por semana.
A la hora de graficar el mercado local de pacientes oncológicos, Tellado prefiere no arriesgar cifras, pero admite que, “tenemos una demanda absolutamente insatisfecha, hay muchísimos más pacientes que especialistas”. En la práctica, VetOncología está trabajando solo con turnos, al máximo de su capacidad y especula con sumar un nuevo oncólogo a sus filas.

Una especialidad que no es para cualquiera

“La especialidad tiene dos puntos críticos porque te tiene que gustar mucho debido a que hay cambios constantes que demandan actualizarse de forma continua. A su vez, hay que tener un empatía especial para poder transmitir en las consultas los mensajes a las familias porque esta enfermedad acarrea una enorme carga emocional”, señala Tellado y agrega: “Nuestro rol no es solo 100% ejecución sino también saber lidiar con cuestiones emocionales y el manejo de la parte social de la consulta”. (Ver recuadro)

Oncología es un sector en pleno desarrollo desde el punto de vista de la formación, el interés de los colegas y los dueños de mascotas.»

En la Argentina casi no existen las clínicas dedicadas exclusivamente a los pacientes oncológicos para animales.
“Solo la Dra. Laura Denzoin tiene una en Tandil, pero en otras partes en el mundo, hay varias incluso en una misma ciudad”, advierte Tellado. “A partir de todo esto y la experiencia como especialista en la materia, pensé que era una buena idea crear un espacio exclusivo en Buenos Aires”, resume el fundador de VetOncología y completa: “Es un sector en pleno desarrollo desde el punto de vista de la formación, el interés de los colegas y los dueños de mascotas. Creemos que hay una gran demanda de un servicio integral por parte del mercado, desde la radioterapia hasta la cirugía”.
En la práctica, si bien la inversión es mayor a lo que puede ser la apertura de una clínica tradicional, también los honorarios se ajustan al servicio. Para Tellado, los costos naturalmente son altos porque son muchas las intervenciones sobre el paciente desde el diagnóstico hasta el tratamiento. “Nuestros clientes suelen tener la capacidad de costear este tipo de atención. Además, no hay que perder de vista que las personas han incorporado a las mascotas como un miembro más de la familia y no reparan en gastos a la hora de tratar su salud”, acota.
“Usualmente la consulta oncológica tenía un valor que duplicaba la consulta clínica, pero hoy perdimos esa referencia”, advierte el profesional y explica: “Hoy, se puede decir que la consulta asciende a $2.000. Es un valor similar a otras especialidades. Sin embargo, hay margen para que crezca porque observamos un retraso generalizado en los valores. Hay que tener en cuenta que un porcentaje de los costos son en dólares y si con los ingresos de la clínica no se puede destinar una parte a solventar esos gastos, se ingresa en un ciclo donde no se puede comprar los últimos equipos y como consecuencia tampoco elevar los valores de nuestros servicios. Sobre todo cuando ni siquiera hay acceso al crédito”.

El equipo de VetOncología asiste a más de 130 pacientes por semana.

La calidad de vida en el eje del tratamiento

En VetOncología perros y gatos, en número, ingresan por igual a pesar que tienen diferentes prevalencias. A su vez, tienen un equipo médico para asistir equinos. Para Tellado, es muy difícil definir el porcentaje de sobrevida de las mascotas con cáncer y si bien tenemos estadísticas sobre cada tipo cáncer y su estadio, es algo sensible que prefiere no compartir.

El objetivo de los tratamientos es mejorar la calidad de vida en el transcurso de la enfermedad.»

“Si lo trasladamos a las personas, un cáncer de próstata en un adulto mayor puede matarlo en pocos días, mientras que un joven de 40 años tiene otros 40 de sobrevida siempre que se lo tome a tiempo, de lo contrario, en un estadio avanzado, lo puede matar en pocas semanas. En las mascotas pasa algo similar”, compara el MV.
Los costos varían según el peso de los animales y los tratamientos. “Es muy variable”, resalta Tellado y comparte alguna precisión: “El costo de un tratamiento oncológico es sutilmente más elevado a cualquier enfermedad crónica. Si bien no hay estudios a nivel nacional, el tumor venéreo transmisible (TVT) es posiblemente el más frecuentemente diagnosticado y tratado en veterinarias clínicas. Sin embargo, en VetOncología es extremadamente infrecuente. Los más comúnmente atendidos por nuestro equipo son los siguientes: mastocitoma, linfoma, carcinoma mamario, sarcomas de tejidos blandos, carcinoma escamoso nasal felino”.
El profesional asegura que en la clínica suelen trabajar con veterinarios que a partir de un diagnóstico o una fuerte sospecha, derivan los pacientes. “Por suerte observo que hay una gran toma de conciencia de los veterinarios clínicos de ser empáticos, cautelosos y respetuosos para comunicar estos diagnósticos a los dueños de las mascotas”, comenta Tellado que espera observar más competencia para hacer crecer estos modelos de negocios en el rubro veterinario y cierra: “El objetivo de los tratamientos es mejorar la calidad de vida en el transcurso de la enfermedad. La mayoría de los propietarios demandan muchísima información y les preocupa mucho más no saber que lo que realmente le tenemos que decir sobre lo que le pasa a su mascota”.

Con el foco en la ciencia

El creador de la clínica VetOncología, Matías Tellado, suma múltiples credenciales, desde veterinario graduado en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (FVET) y docente del área de Química Biológica de la misma institución, pasando por socio fundador del Grupo Interdisciplinario de Oncología Comparada (GIOnCo), hasta miembro de la European Association for Cancer Research (EACR), y de la International Society for Electroporation-Based Technologies and Treatments (ISEBTT), entre otras. “Siempre me interesó el estudio del cáncer y sus mecanismos. De hecho, ahora mismo estoy involucrado en cuatro estudios sobre investigación sobre oncología”, reconoce Tellado, en diálogo con Revista 2+2. Y a continuación, comparte un punteo de los trabajos en los que está participando:

  • Electroquimioterapia en neoplasias de cabeza y cuello en caninos y felinos (Doctorado UBA veterinaria).
  • Electrotransferencia de genes de interleuquinas 2 y 12 en cáncer metastásico en caninos (cooperación Argentina Conicet-Universidad de Roma, Italia).
  • Estudio de Fase 1 con anticuerpo monoclonal en cáncer avanzado, estudio con empresa privada del sector veterinario.
  • Evaluación de efectividad y tolerancia de nutracéutico para mejorar calidad de vida en pacientes con cáncer con empresa privada del sector veterinario.

A su vez, el médico veterinario, recuerda que si bien la criocirugía hace muchos años que existe en la Argentina, “fuimos los que lanzamos un curso en Latinoamérica hace tres años y eso es lo que permitió que decenas de colegas incorporen la terapia en sus clínicas veterinarias”.
Otra disciplina en la cual Tellado se vinculó es la electroquimioterapia. “La desarrollamos en el país hace 12 años. Si bien en Argentina ya se brinda un excelente servicio en muchas veterinarias, aún es potencialmente la que tiene más capacidad de crecimiento”, adelanta el creador de VetOncología y completa: “El diagnóstico mediante patología por congelación y el diagnóstico molecular (inmunohistoquimica y PCR) son técnicas muy útiles y en potencial desarrollo, en unos años van a ser indispensables para terminar de convertir una medicina de enfermedades a una medicina de individuos”.

La dupla formada por Victorio Firpo y Pablo Mangioni dirige una cadena con nueve sucursales y atiende 3.000 productores en una zona con 2 millones de cabezas de ganado. ¿Cómo lo lograron?

"Las sucursales llegaron a partir de observar oportunidades"

Facundo Sonatti
facundo@motivar.com.ar

El crecimiento de las empresas de familia muchas veces no está signado por la planificación estratégica, sino más bien motorizado por la mera necesidad de progreso en pos de satisfacer las necesidades propias tanto como las de los clientes.
Esa máxima se multiplica si detrás de la empresa no es una sino dos las familias que dirigen los destinos del negocio, como sucede con la historia de Veterinaria Hernández, asentada originalmente en esa localidad de Nogoyá, Entre Ríos, y hoy presente en otras nueve.
Los MV Victorio Firpo y Pablo Mangioni son los protagonistas de esta historia que acumula 44 años de trabajo, más de 40 colaboradores, 3.000 clientes y una zona de influencia sobre 2 millones de cabezas de ganado. “Las aperturas de las sucursales llegaron a partir de observar oportunidades en algunas plazas y en otras, simplemente sucedió que los productores de la zona nos las pedían”, resume Mangioni lo que fue la expansión de la cadena.
“Siempre hicimos buena letra: se corre el comentario y se asocian valores de compromiso y eficiencia a Veterinaria Hernández que nos llevan a instalarnos en nuevas zonas. De todos modos, siempre analizamos las oportunidades y evaluamos qué tan competitivos somos antes de abrir una nueva sucursal”, agrega Firpo que inició el negocio en 1976.

Una relación win-win con los veterinarios

La pata comercial es una de las cuentas pendientes de muchos veterinarios. En el caso de Veterinaria Hernández el vínculo con la profesión se hizo carne. “En la mayoría de las sucursales, los veterinarios son los encargados del manejo de la veterinaria y es una simbiosis porque le damos un lugar para desarrollarse en la parte profesional y nosotros le proveemos insumos agropecuarios. Así nos quedamos con una comisión y los honorarios corren por su cuenta”, señala Firpo y completa: “Todos los empleados tienen un rol participativo y eso genera un buen clima de trabajo. Tenemos muy buena relación”.
En la práctica la comercialización de insumos veterinarios es el corazón del negocio de la compañía que, hoy, tiene base operativa en San José de Feliciano, Entre Ríos. Por eso, otra relación de valor que construyó la firma entrerriana es con los laboratorios.
“En cada una de las veterinarias se trabaja mucho con los laboratorios, es muy importante su apoyo”, asegura Mangioni y agrega: “Tenemos una inversión inicial que si bien no suele ser tan grande, se repaga con la comercialización de los productos”.
Veterinaria Hernández hace las veces de distribuidor. En palabras de Firpo, cuentan con un gran stock, eso hace más fácil la apertura de un local. “Lo importante en cada sucursal es el equipo de trabajo que se conforme, eso nos asegurará el éxito de la misma”, agrega.

Oportunidad

La última apertura de la marca se concretó en Paraná, a fines de 2017. “El potencial de la sucursal está relacionado con que está en la capital de la provincia de Entre Ríos, estratégicamente ubicada a 10 km de la ciudad de Santa Fe, por donde pasa mucha gente de todas las provincias. De este modo, es una manera de tener presencia institucional con la marca en una ciudad importante”, repasa los beneficios Firpo, socio fundador de Veterinaria Hernández. Allí está a cargo de la atención uno de sus hijos. “La presencia en esta ciudad nos ayuda mucho también en la parte logística. La sucursal tiene mucho potencial”, sostiene.
En la nueva generación recaerá la nueva etapa de expansión. Mientras que dos de los cuatro hijos de Firpo ya forman parte del negocio, son tres de cinco en el caso de su socio. Es así como Ignacio Mangioni, también veterinario, hace trabajos profesionales junto a su padre; Juan se desempeña en todo lo que tiene que ver con Pago a proveedores y Cuentas Corrientes; y Santiago, está en el área de Stock y Logística. Mientras tanto, Agustín Firpo es el responsable de la sucursal de Paraná y su hermana, Andrea, está a cargo de las relaciones institucionales y el marketing de la firma. “La próxima generación tiene como desafío profesionalizar la red de veterinarias y generar una nueva hipótesis de negocio para ampliar la cadena”, resume Mangioni padre la visión de la compañía multifamiliar.

El Dr. Matías Tellado junto a su esposa, Laura Pisano, también veterinaria, en la sede de VetOncología.

El Dr. Matías Tellado montó su propia clínica dedicada exclusivamente a la atención de pacientes con cáncer. A solo un año de su apertura, atiende más de 130 consultas por semana.

“Tenemos una demanda absolutamente insatisfecha, hay más pacientes que especialistas”

Facundo Sonatti
facundo@motivar.com.ar

Los animales que se han vuelto un miembro más de muchas familias argentinas, tanto perros como gatos, no solo gozan de los beneficios de ser bien atendidos por sus dueños sino también que, gracias a la medicina preventiva, viven más. Sin embargo, como contrapartida, la longevidad acarrea algunas patologías propias de los pacientes gerontes, como puede ser el cáncer y con ello la necesidad de una atención personalizada. El veterinario oncológico Matías Tellado suma casi dos décadas de experiencia en la atención exclusiva de estos pacientes y desde el año pasado lo hace desde su propia clínica VetOncología, en Villa Real, CABA.
“Hace muchos años que me dedico a la oncología de forma exclusiva, algo que no es muy frecuente”, reconoce el profesional que de la mano de su esposa, la también MV Laura Pisano, formó un equipo de más de media docena de profesionales con los que asiste más de 130 pacientes por semana.
A la hora de graficar el mercado local de pacientes oncológicos, Tellado prefiere no arriesgar cifras, pero admite que, “tenemos una demanda absolutamente insatisfecha, hay muchísimos más pacientes que especialistas”. En la práctica, VetOncología está trabajando solo con turnos, al máximo de su capacidad y especula con sumar un nuevo oncólogo a sus filas.

Una especialidad que no es para cualquiera

“La especialidad tiene dos puntos críticos porque te tiene que gustar mucho debido a que hay cambios constantes que demandan actualizarse de forma continua. A su vez, hay que tener un empatía especial para poder transmitir en las consultas los mensajes a las familias porque esta enfermedad acarrea una enorme carga emocional”, señala Tellado y agrega: “Nuestro rol no es solo 100% ejecución sino también saber lidiar con cuestiones emocionales y el manejo de la parte social de la consulta”. (Ver recuadro)

Oncología es un sector en pleno desarrollo desde el punto de vista de la formación, el interés de los colegas y los dueños de mascotas.»

En la Argentina casi no existen las clínicas dedicadas exclusivamente a los pacientes oncológicos para animales.
“Solo la Dra. Laura Denzoin tiene una en Tandil, pero en otras partes en el mundo, hay varias incluso en una misma ciudad”, advierte Tellado. “A partir de todo esto y la experiencia como especialista en la materia, pensé que era una buena idea crear un espacio exclusivo en Buenos Aires”, resume el fundador de VetOncología y completa: “Es un sector en pleno desarrollo desde el punto de vista de la formación, el interés de los colegas y los dueños de mascotas. Creemos que hay una gran demanda de un servicio integral por parte del mercado, desde la radioterapia hasta la cirugía”.
En la práctica, si bien la inversión es mayor a lo que puede ser la apertura de una clínica tradicional, también los honorarios se ajustan al servicio. Para Tellado, los costos naturalmente son altos porque son muchas las intervenciones sobre el paciente desde el diagnóstico hasta el tratamiento. “Nuestros clientes suelen tener la capacidad de costear este tipo de atención. Además, no hay que perder de vista que las personas han incorporado a las mascotas como un miembro más de la familia y no reparan en gastos a la hora de tratar su salud”, acota.
“Usualmente la consulta oncológica tenía un valor que duplicaba la consulta clínica, pero hoy perdimos esa referencia”, advierte el profesional y explica: “Hoy, se puede decir que la consulta asciende a $2.000. Es un valor similar a otras especialidades. Sin embargo, hay margen para que crezca porque observamos un retraso generalizado en los valores. Hay que tener en cuenta que un porcentaje de los costos son en dólares y si con los ingresos de la clínica no se puede destinar una parte a solventar esos gastos, se ingresa en un ciclo donde no se puede comprar los últimos equipos y como consecuencia tampoco elevar los valores de nuestros servicios. Sobre todo cuando ni siquiera hay acceso al crédito”.

El equipo de VetOncología asiste a más de 130 pacientes por semana.

La calidad de vida en el eje del tratamiento

En VetOncología perros y gatos, en número, ingresan por igual a pesar que tienen diferentes prevalencias. A su vez, tienen un equipo médico para asistir equinos. Para Tellado, es muy difícil definir el porcentaje de sobrevida de las mascotas con cáncer y si bien tenemos estadísticas sobre cada tipo cáncer y su estadio, es algo sensible que prefiere no compartir.

El objetivo de los tratamientos es mejorar la calidad de vida en el transcurso de la enfermedad.»

“Si lo trasladamos a las personas, un cáncer de próstata en un adulto mayor puede matarlo en pocos días, mientras que un joven de 40 años tiene otros 40 de sobrevida siempre que se lo tome a tiempo, de lo contrario, en un estadio avanzado, lo puede matar en pocas semanas. En las mascotas pasa algo similar”, compara el MV.
Los costos varían según el peso de los animales y los tratamientos. “Es muy variable”, resalta Tellado y comparte alguna precisión: “El costo de un tratamiento oncológico es sutilmente más elevado a cualquier enfermedad crónica. Si bien no hay estudios a nivel nacional, el tumor venéreo transmisible (TVT) es posiblemente el más frecuentemente diagnosticado y tratado en veterinarias clínicas. Sin embargo, en VetOncología es extremadamente infrecuente. Los más comúnmente atendidos por nuestro equipo son los siguientes: mastocitoma, linfoma, carcinoma mamario, sarcomas de tejidos blandos, carcinoma escamoso nasal felino”.
El profesional asegura que en la clínica suelen trabajar con veterinarios que a partir de un diagnóstico o una fuerte sospecha, derivan los pacientes. “Por suerte observo que hay una gran toma de conciencia de los veterinarios clínicos de ser empáticos, cautelosos y respetuosos para comunicar estos diagnósticos a los dueños de las mascotas”, comenta Tellado que espera observar más competencia para hacer crecer estos modelos de negocios en el rubro veterinario y cierra: “El objetivo de los tratamientos es mejorar la calidad de vida en el transcurso de la enfermedad. La mayoría de los propietarios demandan muchísima información y les preocupa mucho más no saber que lo que realmente le tenemos que decir sobre lo que le pasa a su mascota”.

Con el foco en la ciencia

El creador de la clínica VetOncología, Matías Tellado, suma múltiples credenciales, desde veterinario graduado en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (FVET) y docente del área de Química Biológica de la misma institución, pasando por socio fundador del Grupo Interdisciplinario de Oncología Comparada (GIOnCo), hasta miembro de la European Association for Cancer Research (EACR), y de la International Society for Electroporation-Based Technologies and Treatments (ISEBTT), entre otras. “Siempre me interesó el estudio del cáncer y sus mecanismos. De hecho, ahora mismo estoy involucrado en cuatro estudios sobre investigación sobre oncología”, reconoce Tellado, en diálogo con Revista 2+2. Y a continuación, comparte un punteo de los trabajos en los que está participando:

  • Electroquimioterapia en neoplasias de cabeza y cuello en caninos y felinos (Doctorado UBA veterinaria).
  • Electrotransferencia de genes de interleuquinas 2 y 12 en cáncer metastásico en caninos (cooperación Argentina Conicet-Universidad de Roma, Italia).
  • Estudio de Fase 1 con anticuerpo monoclonal en cáncer avanzado, estudio con empresa privada del sector veterinario.
  • Evaluación de efectividad y tolerancia de nutracéutico para mejorar calidad de vida en pacientes con cáncer con empresa privada del sector veterinario.

A su vez, el médico veterinario, recuerda que si bien la criocirugía hace muchos años que existe en la Argentina, “fuimos los que lanzamos un curso en Latinoamérica hace tres años y eso es lo que permitió que decenas de colegas incorporen la terapia en sus clínicas veterinarias”.
Otra disciplina en la cual Tellado se vinculó es la electroquimioterapia. “La desarrollamos en el país hace 12 años. Si bien en Argentina ya se brinda un excelente servicio en muchas veterinarias, aún es potencialmente la que tiene más capacidad de crecimiento”, adelanta el creador de VetOncología y completa: “El diagnóstico mediante patología por congelación y el diagnóstico molecular (inmunohistoquimica y PCR) son técnicas muy útiles y en potencial desarrollo, en unos años van a ser indispensables para terminar de convertir una medicina de enfermedades a una medicina de individuos”.

Los profesionales orientados a pequeños animales ocupan un lugar destacado en Revista 2+2 como “casos de éxito” y son una fuente de inspiración para colegas y expertos en el rubro.

Veterinarios empresarios: múltiples reflexiones, una idea común

Facundo Sonatti
facundo@motivar.com.ar

Los “casos de éxito” son un modelo que la Revista 2+2 explota desde hace años y, que durante el 2019, intensificó con más protagonistas de un segmento que, a pesar de la crisis, no detiene su crecimiento.

En las reflexiones de profesionales veterinarios a cargo de clínicas casi unipersonales o grandes cadenas de distintos puntos del país se encuentran algunas de las claves que explican el buen desempeño de estos negocios pensados para pequeños y grandes animales en un país acostumbrado a lidiar con una economía inestable.

Jerarquizar la profesión

“Hay que dejar de cuidarle el bolsillo a los clientes y empezar a cuidar el nuestro”, dispara la médica veterinaria María Julia Cocconi, creadora de Veterinaria del Parque, en Rosario, Santa Fe.
“A veces no se sugiere un examen prequirúrgico porque se cree que el cliente no puede pagar y, sinceramente, si no va a pagar por nuestros servicios o prefiere pagar $200 menos en otro lugar, no me sirve: no es un buen cliente para mí”, analiza la profesional con una década en el rubro.
“Esto lo aprendí con el paso de los años y lo trato de implementar a diario en mi actividad, prefiero tener cinco clientes ‘buenos’ a diez ‘más o menos’”, suma Cocconi, quien abrió su clínica en 2011.

Un aliada estratégica

Desde “El Pájaro Loco”, su clínica veterinaria emplazada en Oberá, Misiones, Marcos Arnhold atiende un promedio de 20 pacientes por día. Al año de comenzar, conoció a quien sería su esposa, Carola Oswald, una ingeniera comercial, hija de la propietaria de la Confitería Alemana, un referente comercial de Oberá. “Ella se crio con el costado comercial. A su vez, hizo un posgrado en PyMe y su aporte en el desarrollo de la clínica fue fundamental. Aún me sigue ayudando a manejar los números del negocio, es mi mano derecha”, asegura el médico veterinario que tiene en la parte clínica y de cirugía su mayor peso en la facturación.

La inversión en el centro de la escena

Un edificio de cuatro plantas y 1.000 m2 le cambió la cara a Veterinaria Panda.
Asentada desde 1993 en el barrio de Villa Urquiza (CABA), la creación de dos compañeros de facultad, los médicos veterinarios Marina Falbo y Fernando Calcagno atravesó cada crisis como oportunidad y multiplicó varias veces el negocio desde entonces.
Hoy, Veterinaria Panda suma cinco locales y 130 colaboradores que atienden unos 5.000 pacientes por mes.
A la cadena de clínicas veterinarias se sumó la atención por telemedicina y desde hace poco más de un año, OSPAN, una obra social pensada para las mascotas (y sus dueños).
“Hace poco más de dos años nos planteamos la posibilidad de crecer. Y cuando hablamos de crecer no solo se trata de mejorar la infraestructura, sino pensar en cómo brindar un mejor servicio. La excelencia en veterinaria es nuestro objetivo y para eso hay que invertir”, sostiene Falbo quien aprovechó la salida de su hermano, Renato, del mundo corporativo para sumarlo como socio y encarar un plan de negocios con un perfil más comercial que le demandó más de US$ 200.000 de inversión.

Ofrecer un servicio integral

María Gabriela Martelli reconoce que, si bien Alcorta es una localidad de 8.000 habitantes, hay muchos pueblos más pequeños a 20 kilómetros a la redonda y muchos eligen llevar a sus mascotas allí.
“Ofrecemos un servicio integral desde consultas, radiografías, ecografías, laboratorios, aplicación de vacunas, internación, guardería y cirugía. Creemos que ese valor agregado hace que cada vez vengan pacientes desde más lejos, como Firmat o Arequito, incluso por diversos motivos, algunos evitan ingresar a Rosario y prefieren venir a Alcorta”, asegura y resalta: “Hoy ya no vemos ninguna diferencia entre nuestro servicio y las clínicas grandes de Rosario, que son nuestros referentes más cercanos”.

El valor de la especialización

Javier Céspedes certificó a su veterinaria bajo el programa específico de la Sociedad Americana de Medicina Felina.

“Ser la primera veterinaria Cat Friendly del país mejoró los resultados de mi negocio”. El Dr. Javier Céspedes hace ocho años que orientó sus cañones a atender pacientes felinos. Hoy, desde Rosario (Santa Fe), es un referente.
El 75% de los pacientes de su clínica son de esa especie.
A la hora de describir a los dueños de los gatos, Céspedes no repara en elogios y asegura que son muy puntillosos, delicados y cumplen a rajatabla las indicaciones.
“Siento que están más comprometidos con las recomendaciones y tratamientos que le proponemos desde la clínica que aquellos que vienen con su perro. Además, entienden el valor de nuestro trabajo y pagan por ello”, afirma el profesional para luego insistir en la responsabilidad que este perfil de clientes muestra para con la tenencia responsable de su gato.

El momento de delegar

“Sé que con la profesión se puede vivir muy bien, siempre y cuando seas un buen médico veterinario”, asegura Matías Ferrante y amplía su concepto: “Siempre tuve una buena farmacia, porque pienso que la farmacia es parte de la profesión y debe ser completísima. Más allá de esto, mi visión sobre la profesión no pasa por el Pet Shop. Muchas veces, la gente prefiere tener el perro limpio, pero con pulgas”.
Con la visión de crecer, hace apenas dos años, se asoció a dos amigos para desarrollar una cadena comercial y desligarse de las tareas que no atañen estrictamente a la profesión.
Marcelo Belleri, futbolista y encargado de la pata comercial; y Gastón Ariel Márquez, gerente de Quilmes, a cargo de los números de la compañía, se montaron el negocio al hombro para hacerlo escalar.

La Dra. Araceli Porras construyó desde cero el Hospital Veterinario del Interior, un espacio de tres plantas en San Fernando, Buenos Aires, donde trabajan 50 personas y cuentan con 38.000 historias clínicas. ¿Cuál es su visión del negocio?

“En las clínicas integrales está el futuro de la profesión”

Por Facundo Sonatti

Un disfraz compuesto por una peluca y un par de gafas fue el arma que llevaría a la Dra. Araceli Porras a conquistar el mercado de pequeños animales en San Fernando (GBA). A lo largo de ocho días, merodeó la zona donde se encontraba uno de los médicos veterinarios referentes de dicha localidad bonaerense para valerse de información a la hora de elegir cuál sería la ubicación ideal de su propia clínica.
“Anotaba cuál era el flujo de clientes que se veía: cuántos llevaban perros y cuántos gatos. Así fue cómo me di cuenta que aún había mucha gente que compraba el alimento balanceado por peso y las colas que se hacían en la veterinaria eran interminables. A su vez, muchos perros no estaban bien cuidados. Es decir, faltaba asesoramiento, y así comprobé que había una oportunidad”, resume la estrategia que aplicó Porras antes de hacer su primera inversión como profesional independiente.
Hoy, es la directora y propietaria del Hospital Veterinario del Interior, una mole de 550 metros cuadrados en tres plantas, donde trabajan 50 colaboradores y suman 38.000 historias clínicas.

Hospital Veterinario del Interior en números.
Año de fundación: 2006
Inversión inicial (mensual): $10.000 (valores actuales).
Año de mudanza: 2014
Inversión (terreno): US$ 350.000
Superficie del nuevo espacio: 550m2
Colaboradores: 50
Historias clínicas: 38.000
Utilización de la capacidad
instalada: 25%

“El Hospital Veterinario del Interior lo pensé, dibujé y planeé desde cero en base a toda mi experiencia; y contemplando que en la zona no había ningún lugar de internación 24 horas. En paralelo, en el Pet Shop me di cuenta que faltaban productos y terminé creando una división de indumentaria «Angueto», de la cual me encargaba de ir a elegir las telas a Once, hacer los diseños y producía a fasón. Llegué a vender en 86 veterinarias en todo el país y, sin querer, ese hobby se transformó en una empresa. Sin embargo, en 2015, tuve que discontinuarla en pos de concentrarme en la apertura del nuevo espacio veterinario”, explica -en pocas palabras- sus múltiples roles como empresaria.

Equipo y protocolos

La Dra. Porras nació en Mendoza y desde chica siempre estuvo vinculada al campo.
Cursó su carrera en la Universidad Nacional de Río Cuarto (Córdoba), pero la explosión económica de 2001 la llevó a Buenos Aires. Pronto se alistó como parte del staff del Hipódromo de San Isidro y construyó su carrera entre los stud hasta que un día dijo «¡basta!».
“Aprendí mucho durante los cinco años que trabajé en ese rubro, pero empezaron a pasar cosas y no me daban el lugar que me merecía. Lamentablemente, la persona con la que trabajaba no estaba dispuesta a crear equipo y me di cuenta que nunca iba a tener el espacio que quería. En ese momento, me di cuenta lo importante que es formar gente para poder delegar”, reflexiona ya 13 años después, en diálogo con esta Revista 2+2.
“El día que me autodecreté que no iba a trabajar más con caballos lloré durante más de siete horas”, recuerda y se explaya: “A la mañana siguiente, compré el diario y me puse a buscar trabajo en los clasificados. En la segunda entrevista, en un Pet Shop de San Martín, quedé, pero inmediatamente me di cuenta que había cosas para mejorar en ese lugar. Me sentía mal porque no sabía cómo era el manejo de pequeños animales, a tal punto que “volteaba” a los perros debido a mi experiencia en el hipódromo. Sin embargo, en simultáneo, empecé a trabajar y aprender con dos profesionales mayores en otro espacio, también de San Martín. Así, pude hacerme de recursos y experiencia en el rubro de pequeños animales”.
Toda esa experiencia fue ganando espacio en la creación y desarrollo de su propia clínica y los protocolos ocupan un rol central en la estrategia del negocio.
“Armé y protocolicé todo para reducir el margen de error y tener un seguimiento, una auditoría, de todo lo que se hace en mi clínica”, sintetiza lo que tiene como política en su empresa.
“A su vez, a partir de las estadísticas, sabemos cuáles son los procesos que permiten salvar mayor cantidad de vidas y por eso también los protocolos”, agrega.
“Nunca había imaginado tener una clínica de estas características”, reconoce Porras y recuerda lo que fueron los primeros días desde la apertura.
“La mudanza final se concretó en una noche y en las primeras semanas, muchos clientes no venían. Mucha gente se asustó. Pasó tiempo para que vuelvan a confiar y es lógico porque temían que los costos aumentaran. Sin embargo, hicimos una política activa de llamados y envíos de mails que nos permitió recuperar los clientes y crecer a partir de la diferenciación no por precio, sino por la calidad”.

Entre gallinas y espacios integrales

Los ocho días de estudio de mercado debajo de su peluca y un par de gafas la alentaron para pagar el equivalente a $10.000 actuales por alquiler mensual de un espacio que le quedaba grande.
“En los primeros días no entraba nadie y los pocos que pasaban pedían maíz molido, porque había muchas gallinas en la zona. Entonces, salí a buscar bolsas de maíz entero y molido y eso terminó siendo el anzuelo para los primeros clientes”, recuerda lo que fueron los primeros pasos, en 2006. “Al año, me di cuenta que la sala de espera estaba llena de gente y yo estaba sola haciendo todo. Así fue como decidí comenzar a contratar colaboradores”, dispara Porras en diálogo con este medio.

Hoy, las personas cumplen con lo que le pide el veterinario y eso es parte de haber jerarquizado a la profesión.

“En 2008, vendí mi casa y puse todos mis ahorros para comprar el lote, donde hoy se levante el Hospital, por el cual pagué US$ 350.000. Luego, a partir de créditos y la reinversión constante logré levantar este edificio de tres plantas, inaugurado en septiembre de 2014”, repasa la historia que la llevó de cuatro colaboradores a 50 en menos de una década.
“En ese proceso, llegué a hacer más de cuatro cirugías por día y se fueron generando una a una nuevas divisiones de negocios, como una guardería y el área de radiología que llegó de la mano de un nuevo empleado. ¿Qué es lo que más te gustaría hacer? le pregunté y él me respondió: “imágenes”. Así fue como invertí mediante otro préstamo en un equipo de rayos, el mismo que tenía la Clínica Trinidad y aún conservo”, afirma quien también cuenta con el asesoramiento externo de Javier Sánchez Novoa, en materia de marketing, gestión y estrategia.
En el medio de ese proceso, a Porras le llegó una propuesta para hacer un posgrado de negocios en Chile.
“Fue una beca que no podía desaprovechar, la cual durante tres años me llevó a viajar todos los fines de semana a Santiago de Chile y en la semana, volvía, para trabajar en mi clínica. El paso por esta capacitación en gerenciamiento me dio seguridad y me permitió encarar mis pensamientos. Siempre llevé estadísticas, pero hacer este curso, me permitió profesionalizarme”, resume ese paso fundamental en su carrera ascendente como empresaria.
Sin embargo, la Dra. Porras no está sola.
“Tengo la suerte de poder delegar en gente comprometida con lo que hace. Mi equipo es emergentólogo por naturaleza”, asegura y destaca a sus principales colaboradores: “Cecilia Itterman, es la encargada general de administración y ayudante de quirófano; Leonardo Rodríguez, al frente de atención al público y responsable de organización e higiene de los consultorios; Stephanie Núñez, atención al público, caja y control de stock de las dos farmacias (nocturna y diurna); y Alejandra Ortega, al frente del control de stock de insumos médicos y jefa de enfermería”.

En su visión del negocio, Porras asegura que el futuro de la profesión pasa por la profesionalización.
«Nuestra idea es poder viajar y capacitar a través de nuestra experiencia y demostrar cómo se pueden generar unidades de negocios rentables y poder vivir bien de la profesión», aseguró la entrevistada. Y agrega: “El negocio veterinario terminará en espacios integrales de gran escala, donde las pequeñas veterinarias van a tender a desaparecer porque el consultorio primario no supera la etapa de vacunación. Hoy, nuestro Hospital está operando al 25%, tenemos todo por crecer, con tres consultorios, peluquería, radiología, quirófano, internación y un mega pet. Los veterinarios deben empezar a unirse porque de lo contrario terminarán siendo empleados de grandes espacios”, analiza.
Y cierra: «Hoy, el grueso de los ingresos y ganancias pasan por la atención veterinaria y las internaciones están a la cabeza, representando dos tercios de los ingresos genuinos de la compañía. Sin embargo, jamás se subsidia una unidad con otra. Por ejemplo, más allá de la ganancia marginal que genera la peluquería puede derivar que, el propietario termine comprando un collar o necesite una vacuna. Todo tiene como objetivo la fidelización del cliente, brindándole un servicio integral. Hoy, la persona hace lo que le pide el veterinario y eso es parte de haber jerarquizado a la profesión”.

¿Cuál es actualmente el servicio más rentable?

Para la Dra. Araceli Porras hay tres tipos de clientes: patológicos, conscientes y aquellos que no tienen ningún tipo de apego a su mascota.
“Los patológicos son esas personas que creen que la mascota es más que ellos mismos o sus propios hijos y sostienen que uno es más que un médico veterinario y puede hacer milagros por ellos”, explica la creadora del Hospital Veterinario del Interior. “El consciente es aquel que sabe que el perro es parte de la familia, pero tiene el equilibrio suficiente para entender que todo esto también se trata de bi ología. Esta clase de clientes suelen ser los más rentables para la clínica”, asegura Porras. Y agrega: “Mientras tanto, tenemos al que no tiene ningún apego y es capaz de reemplazar a su mascota porque le sale más barato que operarla. En este caso, no valoran tu trabajo y ni les interesa a tal punto que he rechazado muchos trabajos, de hecho, aquellos que no quieren hacer prequirúrgico, nos los opero”.

La Dra. Araceli Porras construyó desde cero el Hospital Veterinario del Interior, un espacio de tres plantas en San Fernando, Buenos Aires, donde trabajan 50 personas y cuentan con 38.000 historias clínicas. ¿Cuál es su visión del negocio?

“En las clínicas integrales está el futuro de la profesión”

Por Facundo Sonatti

Un disfraz compuesto por una peluca y un par de gafas fue el arma que llevaría a la Dra. Araceli Porras a conquistar el mercado de pequeños animales en San Fernando (GBA). A lo largo de ocho días, merodeó la zona donde se encontraba uno de los médicos veterinarios referentes de dicha localidad bonaerense para valerse de información a la hora de elegir cuál sería la ubicación ideal de su propia clínica.
“Anotaba cuál era el flujo de clientes que se veía: cuántos llevaban perros y cuántos gatos. Así fue cómo me di cuenta que aún había mucha gente que compraba el alimento balanceado por peso y las colas que se hacían en la veterinaria eran interminables. A su vez, muchos perros no estaban bien cuidados. Es decir, faltaba asesoramiento, y así comprobé que había una oportunidad”, resume la estrategia que aplicó Porras antes de hacer su primera inversión como profesional independiente.
Hoy, es la directora y propietaria del Hospital Veterinario del Interior, una mole de 550 metros cuadrados en tres plantas, donde trabajan 50 colaboradores y suman 38.000 historias clínicas.

Hospital Veterinario del Interior en números.
Año de fundación: 2006
Inversión inicial (mensual): $10.000 (valores actuales).
Año de mudanza: 2014
Inversión (terreno): US$ 350.000
Superficie del nuevo espacio: 550m2
Colaboradores: 50
Historias clínicas: 38.000
Utilización de la capacidad
instalada: 25%

“El Hospital Veterinario del Interior lo pensé, dibujé y planeé desde cero en base a toda mi experiencia; y contemplando que en la zona no había ningún lugar de internación 24 horas. En paralelo, en el Pet Shop me di cuenta que faltaban productos y terminé creando una división de indumentaria «Angueto», de la cual me encargaba de ir a elegir las telas a Once, hacer los diseños y producía a fasón. Llegué a vender en 86 veterinarias en todo el país y, sin querer, ese hobby se transformó en una empresa. Sin embargo, en 2015, tuve que discontinuarla en pos de concentrarme en la apertura del nuevo espacio veterinario”, explica -en pocas palabras- sus múltiples roles como empresaria.

Equipo y protocolos

La Dra. Porras nació en Mendoza y desde chica siempre estuvo vinculada al campo.
Cursó su carrera en la Universidad Nacional de Río Cuarto (Córdoba), pero la explosión económica de 2001 la llevó a Buenos Aires. Pronto se alistó como parte del staff del Hipódromo de San Isidro y construyó su carrera entre los stud hasta que un día dijo «¡basta!».
“Aprendí mucho durante los cinco años que trabajé en ese rubro, pero empezaron a pasar cosas y no me daban el lugar que me merecía. Lamentablemente, la persona con la que trabajaba no estaba dispuesta a crear equipo y me di cuenta que nunca iba a tener el espacio que quería. En ese momento, me di cuenta lo importante que es formar gente para poder delegar”, reflexiona ya 13 años después, en diálogo con esta Revista 2+2.
“El día que me autodecreté que no iba a trabajar más con caballos lloré durante más de siete horas”, recuerda y se explaya: “A la mañana siguiente, compré el diario y me puse a buscar trabajo en los clasificados. En la segunda entrevista, en un Pet Shop de San Martín, quedé, pero inmediatamente me di cuenta que había cosas para mejorar en ese lugar. Me sentía mal porque no sabía cómo era el manejo de pequeños animales, a tal punto que “volteaba” a los perros debido a mi experiencia en el hipódromo. Sin embargo, en simultáneo, empecé a trabajar y aprender con dos profesionales mayores en otro espacio, también de San Martín. Así, pude hacerme de recursos y experiencia en el rubro de pequeños animales”.
Toda esa experiencia fue ganando espacio en la creación y desarrollo de su propia clínica y los protocolos ocupan un rol central en la estrategia del negocio.
“Armé y protocolicé todo para reducir el margen de error y tener un seguimiento, una auditoría, de todo lo que se hace en mi clínica”, sintetiza lo que tiene como política en su empresa.
“A su vez, a partir de las estadísticas, sabemos cuáles son los procesos que permiten salvar mayor cantidad de vidas y por eso también los protocolos”, agrega.
“Nunca había imaginado tener una clínica de estas características”, reconoce Porras y recuerda lo que fueron los primeros días desde la apertura.
“La mudanza final se concretó en una noche y en las primeras semanas, muchos clientes no venían. Mucha gente se asustó. Pasó tiempo para que vuelvan a confiar y es lógico porque temían que los costos aumentaran. Sin embargo, hicimos una política activa de llamados y envíos de mails que nos permitió recuperar los clientes y crecer a partir de la diferenciación no por precio, sino por la calidad”.

Entre gallinas y espacios integrales

Los ocho días de estudio de mercado debajo de su peluca y un par de gafas la alentaron para pagar el equivalente a $10.000 actuales por alquiler mensual de un espacio que le quedaba grande.
“En los primeros días no entraba nadie y los pocos que pasaban pedían maíz molido, porque había muchas gallinas en la zona. Entonces, salí a buscar bolsas de maíz entero y molido y eso terminó siendo el anzuelo para los primeros clientes”, recuerda lo que fueron los primeros pasos, en 2006. “Al año, me di cuenta que la sala de espera estaba llena de gente y yo estaba sola haciendo todo. Así fue como decidí comenzar a contratar colaboradores”, dispara Porras en diálogo con este medio.

Hoy, las personas cumplen con lo que le pide el veterinario y eso es parte de haber jerarquizado a la profesión.

“En 2008, vendí mi casa y puse todos mis ahorros para comprar el lote, donde hoy se levante el Hospital, por el cual pagué US$ 350.000. Luego, a partir de créditos y la reinversión constante logré levantar este edificio de tres plantas, inaugurado en septiembre de 2014”, repasa la historia que la llevó de cuatro colaboradores a 50 en menos de una década.
“En ese proceso, llegué a hacer más de cuatro cirugías por día y se fueron generando una a una nuevas divisiones de negocios, como una guardería y el área de radiología que llegó de la mano de un nuevo empleado. ¿Qué es lo que más te gustaría hacer? le pregunté y él me respondió: “imágenes”. Así fue como invertí mediante otro préstamo en un equipo de rayos, el mismo que tenía la Clínica Trinidad y aún conservo”, afirma quien también cuenta con el asesoramiento externo de Javier Sánchez Novoa, en materia de marketing, gestión y estrategia.
En el medio de ese proceso, a Porras le llegó una propuesta para hacer un posgrado de negocios en Chile.
“Fue una beca que no podía desaprovechar, la cual durante tres años me llevó a viajar todos los fines de semana a Santiago de Chile y en la semana, volvía, para trabajar en mi clínica. El paso por esta capacitación en gerenciamiento me dio seguridad y me permitió encarar mis pensamientos. Siempre llevé estadísticas, pero hacer este curso, me permitió profesionalizarme”, resume ese paso fundamental en su carrera ascendente como empresaria.
Sin embargo, la Dra. Porras no está sola.
“Tengo la suerte de poder delegar en gente comprometida con lo que hace. Mi equipo es emergentólogo por naturaleza”, asegura y destaca a sus principales colaboradores: “Cecilia Itterman, es la encargada general de administración y ayudante de quirófano; Leonardo Rodríguez, al frente de atención al público y responsable de organización e higiene de los consultorios; Stephanie Núñez, atención al público, caja y control de stock de las dos farmacias (nocturna y diurna); y Alejandra Ortega, al frente del control de stock de insumos médicos y jefa de enfermería”.

En su visión del negocio, Porras asegura que el futuro de la profesión pasa por la profesionalización.
«Nuestra idea es poder viajar y capacitar a través de nuestra experiencia y demostrar cómo se pueden generar unidades de negocios rentables y poder vivir bien de la profesión», aseguró la entrevistada. Y agrega: “El negocio veterinario terminará en espacios integrales de gran escala, donde las pequeñas veterinarias van a tender a desaparecer porque el consultorio primario no supera la etapa de vacunación. Hoy, nuestro Hospital está operando al 25%, tenemos todo por crecer, con tres consultorios, peluquería, radiología, quirófano, internación y un mega pet. Los veterinarios deben empezar a unirse porque de lo contrario terminarán siendo empleados de grandes espacios”, analiza.
Y cierra: «Hoy, el grueso de los ingresos y ganancias pasan por la atención veterinaria y las internaciones están a la cabeza, representando dos tercios de los ingresos genuinos de la compañía. Sin embargo, jamás se subsidia una unidad con otra. Por ejemplo, más allá de la ganancia marginal que genera la peluquería puede derivar que, el propietario termine comprando un collar o necesite una vacuna. Todo tiene como objetivo la fidelización del cliente, brindándole un servicio integral. Hoy, la persona hace lo que le pide el veterinario y eso es parte de haber jerarquizado a la profesión”.

¿Cuál es actualmente el servicio más rentable?

Para la Dra. Araceli Porras hay tres tipos de clientes: patológicos, conscientes y aquellos que no tienen ningún tipo de apego a su mascota.
“Los patológicos son esas personas que creen que la mascota es más que ellos mismos o sus propios hijos y sostienen que uno es más que un médico veterinario y puede hacer milagros por ellos”, explica la creadora del Hospital Veterinario del Interior. “El consciente es aquel que sabe que el perro es parte de la familia, pero tiene el equilibrio suficiente para entender que todo esto también se trata de bi ología. Esta clase de clientes suelen ser los más rentables para la clínica”, asegura Porras. Y agrega: “Mientras tanto, tenemos al que no tiene ningún apego y es capaz de reemplazar a su mascota porque le sale más barato que operarla. En este caso, no valoran tu trabajo y ni les interesa a tal punto que he rechazado muchos trabajos, de hecho, aquellos que no quieren hacer prequirúrgico, nos los opero”.

Luego de afrontar una serie de inversiones ligadas no solo a cuestiones edilicias, sino también a la incorporación de tecnologías, equipamientos y a la continua capacitación de su personal, el laboratorio Tecnofarm logró certificar las normas GMP oficiales del Senasa. El alcance de la certificación contempla: 1) Procedimientos generales para la elaboración, acondicionamiento y depósito de productos veterinarios. 2) Procedimientos para la elaboración de líquidos estériles y no estériles, incluyendo que en su formulación contengan principios activos beta – lactámicos; y 3) Procedimientos para la elaboración de sólidos (polvos) estériles beta – lactámicos. Consultado por este medio, el gerente general del laboratorio, Juan Carlos Aba, no ocultó la alegría: “Haber logrado esta certificación revaloriza a nuestro equipo de trabajo, el cual sin asesoramiento externo y mostrando su conocimiento y capacidad técnica pone de manifiesto su alto grado de profesionalismo, orgullo de nuestra empresa y base de nuestra frase “sabemos de lo que hacemos”.

Para la MV. Mariela Varesse, asentada en Río Cuarto, no todo es la atención clínica. Comparte su experiencia en Pepsi y el plan de sumar un Servicio de Atención las 24 horas.

“El éxito del negocio también depende de nuestro relacionamiento con las personas”

Por Facundo Sonatti

Mariela Varesse es un caso llamativo en el sector profesional dedicado a los animales de compañía: recorrió el camino inverso al que están acostumbrado la inmensa mayoría de los veterinarios.
Primero sumó experiencia en el rubro comercial, ocupando desde muy joven un rol en la multinacional de bebidas gaseosas Pepsi para, tiempo más tarde, dar un giro de 180° y convertirse en médica veterinaria. Lleva diez años en el rubro con una clínica propia en la ciudad cordobesa de Río Cuarto, donde, a su vez, es una referente a través de una participación activa en el canal de TV local (Ver recuadro).

En diálogo con esta Revista 2+2, Varesse reconoce que siempre supo su vocación: quería ser veterinaria. “A los ocho años, les planteé a mis padres que quería seguir la Carrera, pero los medios económicos de mi familia hacían difícil sustentar los estudios en la capital cordobesa; por lo cual me dediqué a trabajar, estudié marketing y administración y orienté mi carrera hacia el aspecto comercial”, resume.

 

Mariela Varesse se recibió en 2006 y desde 2008 tiene su propia clínica.

Mariela Varesse se recibió en 2006 y desde 2008 tiene su propia clínica.

Un antes y un después

Varesse puede repasar su vida entre un antes y un después del accidente aéreo de LAPA en Aeroparque.
En ese entonces, tenía turno en el registro civil para dar el “sí” ante el hombre de su vida, pero el destino quiso que él tomará ese vuelo fatídico del 31 de agosto de 1999, la peor tragedia aérea argentina.
Ella iba a tomar el mismo vuelo, pero por compromisos laborales nunca viajó.
“Me pregunté si realmente estaba haciendo lo que quería con mi vida porque mientras me estaba “entreteniendo” con Pepsi, en realidad quería ser veterinaria”, reflexiona al respecto.
En febrero del año 2000, solo unos meses después de aquel terrible hecho, empezó a estudiar la carrera de Veterinaria.
“Jamás me aplazaron, fluí, todo fue más sencillo de lo esperado y me recibí en tiempo y forma”, asegura Varesse, quien si bien hoy se dedica exclusivamente a pequeños animales, en sus años de estudio pensó que inclusive en el área de la ganadería intensiva (feedlots) también podía encontrar su futuro.
“Tuve mucha suerte con los vínculos: desde 2002 siempre estuve cerca del Dr. Juan Tomás Wheeler, un docente que me marcó tanto en su rol de cirujano, como persona”, resalta la profesional y avanza en lo que fueron sus primeros años en su nueva etapa. “Me gradué en 2006.

Los colegas que no se amiguen con el aspecto comercial de nuestra profesión, terminarán compitiendo en desventaja frente a quienes le damos su debida importancia al tema.

Los primeros dos años estuve en Córdoba en la veterinaria de Raúl Rodolfo Rustán (El Jagüel) con muchas horas de guardia a día completo. Eso me permitió aprender mucho y él siempre fue muy generoso porque sabía que yo iba a poner mi propia clínica: me enseñó todo; desde la atención hasta el aspecto del negocio”, repasa.
“Cuando sentí que ya sabía lo que necesitaba, pero quería hacerlo a mí manera, volví a Río Cuarto y alquilé un espacio donde montar mi negocio veterinario”, completa los primeros pasos la entrevistada.
Apenas tres años más tarde, en 2011, compró su inmueble actual.
“Nos manejamos con mucha eficiencia porque la clínica se pensó desde cero para que yo la pueda manejar sola; desde las jaulas conectadas a las cloacas que permiten prácticamente auto limpiarlas con la apertura de un grifo, hasta los espacios de trabajo”, asegura Varesse, quien ejerce el día a día de su actividad de la mano de su esposo, Mauricio Nicolino, y una colega.
“Si bien a la gente no le gusta esperar, muchas veces nosotros buscamos generar un ambiente ameno, con foco en la temperatura, los aromas, la iluminación y el sonido, a fin de favorecer la experiencia de compra. Después de un breve saludo de bienvenida, le damos a los clientes el tiempo suficiente para que puedan repasar todos los artículos y servicios que tenemos para ofrecerles. Esto muchas veces termina traduciéndose en un ticket de compra”, comparte la profesional.

Atención personalizada

Una carta de bienvenida es un elemento distintivo que Varesse impuso en su negocio desde 2010. En la clínica asentada en Río Cuarto, a todos aquellos nuevos pacientes se les da un trato especial desde el inicio con el envío de un sobre con una carta personalizada y folletería con información pensada especialmente para ese paciente.
“Una de las enseñanzas que me llevé de Pepsi es lograr que cada consumidor se sienta único y en la clínica eso empieza por saber el nombre de la mascota y su dueño. Somos muy puntillosos con el tema datos”, confiesa la creadora de la clínica que recibe un flujo de 15 pacientes a diario.

La clínica tiene un flujo que supera los 15 pacientes diarios. El próximo paso es un Servicio de Atención las 24 horas.

La clínica tiene un flujo que supera los 15 pacientes diarios.

“En el sobre también se incorpora la folletería sobre la información institucional de la veterinaria, nuestros servicios, y la propuesta nutricional de su mascota. Eso tiene un gran impacto, porque en el medio de un montón de facturas de impuestos y servicios por pagar, te llega un sobre grande, pesado, repleto de cosas personalizadas para tu mascota, firmada y sellada por mí”, detalla Varesse. Y sigue: “Hemos visto gente que se cruza toda la ciudad para traer a su mascota u otros que vienen por recomendaciones de familiares o amigos, incluso mucho tiempo después, por este tipo de tratamiento especial que tenemos con cada uno de ellos”.
A la hora de pensar en la tarea de cobrar por los servicios prestados, la profesional le confiesa a esta Revista 2+2 que, tiene mucha suerte.
“La gente que entra a mi clínica no pregunta cuánto cuesta, mis honorarios son los que estipula el Colegio de Veterinarios y la consulta vale lo mismo para el que viene en camioneta, como en bicicleta. Incluso los que me dicen que no pueden, le permitimos hacerlo en cuotas”,

Nuestro trabajo excede lo veterinario y es más complejo. El éxito de tu negocio no va a depender solo de tus capacidades como médico, sino que pasa también por el relacionamiento con los propietarios de los pacientes.

afirma quien tiene una farmacia completa, como otro de sus fuertes.
“Pongo mucho énfasis en describir la diferencia entre precio y valor. En la consulta inicial, nos tomamos la molestia de señalar cuál es la nutrición ideal para su cachorro y vemos que eso la gente lo comprende. Ya no se trata de venir solo por una vacuna y te vas a tu casa, sino pagar una consulta que permita evitar, en el corto plazo, “meter la pata”, describe Varesse.
Y ejemplifica: “Hay muchas personas que vienen con su Caniche de dos años, que no puede defecar, simplemente porque no le explicaron desde un principio que es una raza que necesita corte de pelo cada 15 días. Si bien nosotros también después “aprovechamos” el error ajeno, se trata de hacer un trabajo preventivo”.

En otro pasaje de la charla, la profesional nacida en Esquel, Chubut, sostiene que, “los veterinarios que hemos hecho el switch entre lo clínico y el aspecto comercial somos los menos”. Y reflexiona: “Quizás tiene que ver con las pasiones: lo que hago realmente es una pasión y todo resulta más fácil si haces lo que te gusta, todo fluye. Hoy, nuestro trabajo excede lo veterinario y es más complejo. El éxito de tu negocio no va a depender solo de tus capacidades como médico, sino que pasa también por el relacionamiento con los propietarios de los pacientes”.

El próximo paso es un Servicio de Atención las 24 horas.

El próximo paso es un Servicio de Atención las 24 horas.

A los números

Hoy las ventas se reparten en partes iguales entre los honorarios profesionales y el pet.
Esta última, fue creciendo y con la reposición crece sola. Los animales siempre comen y la gente elige todo el tiempo más accesorios.
“Muchos colegas usan a modo de crítica que somos comerciantes, pero no por eso dejó de ser médico veterinario. Muchos profesionales están peleados con el aspecto comercial desde la Universidad y creo que los que no se amiguen con esa parte van a terminar comidos por las grandes cadenas o simplemente van a competir en desventaja con quienes le damos su debida importancia al aspecto comercial”, resume. Y completa: “Hay que ponerse también en el lugar del consumidor”.
En tiempos de crisis, Varesse asegura que jamás pensó en retrasar inversiones.
Muy por el contrario, este año, terminó su nuevo quirófano.
“Todo se resume en mucho trabajo, aún lo hago con el entusiasmo del recién recibido, tengo la alegría del aprendiz. Acá se usan mantas bordadas, los pacientes se internan con un peluche, todo lo hacemos con buena intención y alegría y eso se ve. Es un privilegio haber encontrado mi profesión”, asegura y adelanta los próximos pasos. “Entre los planes a futuro, en pos de alcanzar la excelencia veterinaria, pensamos en implementar las 24 horas lo que demandaría más personal. Estoy en una mejora continúa porque al haber tenido la muerte tan cerca no me quiero quedar con ganas de nada”, cierra Varesse.

“El objetivo es orientar a los dueños de las mascotas”

Mariela VaresseEn línea con un espíritu sin límites a la hora de alcanzar los objetivos propuestos, Mariela Varesse es mucho más que una médica veterinaria.
Hace ocho años que asumió su rol como comunicadora en un programa de TV local de Río Cuarto. “Empecé a hacer televisión en 2011, hablando de nutrición animal para pasar hacer micro puntuales en otro programa y en los últimos tres años, hay un segmento denominado Vinculado Humano Animal por Canal 13 de Río Cuarto, cada 15 días, donde hablamos del rol de los sentimientos, emoción y muchas veces cómo el dueño por querer ayudar complica, pero no directamente de las patologías y algo aburrido de las enfermedades”, describe su rol como referente en la temática. “Hay un gran ida y vuelta orientado siempre a los dueños de mascotas”, asegura Varesse.

“Informamos todos y cada uno de los servicios que ofrecemos”

Una carta de bienvenida es un elemento distintivo que Varesse impuso en su negocio desde 2010. En la clínica asentada en Río Cuarto, a todos aquellos nuevos pacientes se les da un trato especial desde el inicio con el envío de un sobre con una carta personalizada y folletería con información pensada especialmente para ese paciente.
“Una de las enseñanzas que me llevé de Pepsi es lograr que cada consumidor se sienta único y en la clínica eso empieza por saber el nombre de la mascota y su dueño. Somos muy puntillosos con el tema datos”, confiesa la creadora de la clínica que recibe un flujo máximo de 15 pacientes a diario.
“En el sobre también se incorpora la folletería sobre la información institucional de la veterinaria, nuestros servicios, y la propuesta nutricional de su mascota. Eso tiene un gran impacto, porque en el medio de un montón de facturas de impuestos y servicios por pagar, te llega un sobre grande, pesado, repleto de cosas personalizadas para tu mascota, firmada y sellada por mí”, detalla Varesse y sigue: “Hemos visto gente que se cruza toda la ciudad para traer a su mascota u otros que vienen por recomendaciones de familiares o amigos, incluso mucho tiempo después, por este tipo de tratamiento especial que tenemos con cada uno de ellos”.