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La clínica de Eva Inguerman recibió, a fines del año pasado, la certificación Cat Friendly Gold. Por el momento, es la única del país. En pocos meses, los resultados ya están a la vista.

Guadalupe Varelli
guadalupe@motivar.com.ar

La ciudad de Córdoba es el escenario donde transcurre esta historia, la de Eva Inguerman, una mujer de 40 años que diseñó y puso en marcha la clínica veterinaria a la que le hubiera gustado llevar a sus mascotas.
Se recibió hace tres años de médica veterinaria en la Universidad Nacional de Río Cuarto y desde entonces trabaja en este proyecto. “Diseñar la clínica me llevó casi un año y medio, abrimos en diciembre de 2018”, contó en entrevista con esta Revista 2+2.
La Clínica Veterinaria Eva Inguerman atiende emergencias las 24 horas. Cuenta con un staff de 25 personas, entre ellas ocho veterinarios, recepcionistas, administrativos, comerciales y estudiantes del último año de la carrera que hacen prácticas allí.
“Me parece importante que haya personas dedicadas a cada una de las diferentes tareas para que los veterinarios puedan hacer su trabajo como médicos, para que realmente puedan estar pensando en cuál es el mejor tratamiento para cada paciente”, enfatizó Inguerman.
La clínica tiene una sala de shock room para tratar emergencias y un quirófano aislado, con estrictas normas de asepsia y desinfección, que permite atender felinos sin correr el riesgo de que sientan olores de una cirugía anterior. Es gracias a este quirófano que pudieron obtener la categoría Gold de la certificación Cat Friendly, por el momento la única en el país.
Por otra parte, los pacientes internados son controlados cada 20 minutos -por eso las guardias se hacen de a tres personas- y la clínica está monitoreada por cámaras. También hay peluquería, spa y ozonoterapia.
Inguerman nos da la clave de su inspiración: la empatía. “Mis ideas vienen de pensar cómo me hubiera gustado que traten a mis mascotas cuando estuvieron internadas y cómo me hubiera gustado que me traten a mí como empleada”, explicó.
“Siempre pensé que cuando tuviera mi propia clínica los gatos iban a tener su espacio”, comentó la veterinaria. En pos de este objetivo, puso en práctica todo su conocimiento en medicina felina y las recomendaciones de la práctica Cat Friendly (CFP) (ver recuadro). Esta Revista 2+2 conversó con ella para conocer más sobre su experiencia.

Revista 2+2: ¿Por qué es importante pensar en el bienestar de los gatos en la consulta?

Eva Inguerman: El estrés en los gatos tiene muchas consecuencias. Aumenta los días de internación, dificulta los análisis de sangre y la bioquímica. Un buen manejo de los gatos te permite revisar mejor los signos clínicos.
También te beneficia al momento de hablar con el dueño, porque se siente más seguro y no tiene miedo de que su gato salga lastimado.

Cuando abriste la clínica, ¿lo hiciste pensando en la práctica Cat Friendly desde el comienzo?

La idea estuvo desde el comienzo, pero no la certificación, que la obtuvimos recién a fines del año pasado.
Cuando abrimos, teníamos internación exclusiva para gatos, sala de espera separada y usábamos uno de los seis consultorios con prioridad para gatos. Cuando tomé la decisión de pedir la certificación CFP tuve que incorporar un consultorio exclusivo para gatos.

¿Qué otras cosas tuviste que adecuar para obtener la certificación?

En primer lugar, tuvimos que cambiar el color de las jaulas de internación. Eran blancas y ahora son violeta oscuro, porque los colores oscuros estresan menos a los gatos.
El consultorio exclusivo para gatos tampoco puede ser blanco, es de color trigo.
Además, arriba de la camilla tenemos una manta rellena con hierba gatera, que los tranquiliza. También hay una almohadita y juguetes con hierba gatera para ellos.

En las fotos se ven una rampas, ¿qué función cumplen?

Según la certificación CFP hay que proporcionarles a los gatos algún lugar al que se puedan trepar cuando salen de la transportadora para que puedan mirar la sala desde arriba y se sientan más tranquilo. Entonces, mientras el veterinario conversa con el dueño sobre el motivo de la consulta, el gato se puede trepar y relajar con la sensación de control que le da ver la situación desde arriba. Las rampas tienen que estar en altura pero al alcance del veterinario.
Además, a la noche, durante la guardia, dejamos jugar a los gatitos que están internados pero que ya se sienten mejor, aunque eso depende del carácter del gato, porque si es muy miedoso eso lo puede estresar más todavía.

¿Cuál es tu balance de los últimos meses?

A pesar de que todavía no hace un año desde que tenemos la certificación, ya vimos resultados. Los dueños de los gatos prestan mucha atención a cómo es el trato con su mascota, y cuando ven que tenemos un manejo distinto para gatos que para perros se sienten más cómodos y te recomiendan. Incluso en este contexto de aislamiento social aumentó mucha la cantidad de pacientes felinos. También aumentaron las internaciones porque hay menos reticencia de parte de los dueños a dejar a su gato cuando ve que tiene su propia zona y un cuidado especial.

Entonces ¿la inversión vale la pena?

Sí, desde los dos puntos de vista. Desde al lado económico, vale la pena porque atrae más clientes, y desde el punto de vista médico, vale muchísimo la pena porque es impresionante cómo cambian los niveles de éxito que se alcanzan en los tratamientos.
Todos estos detalles, los juegos, el sonido, las feromonas, tomarte el tiempo para pensar qué les gusta a los gatos y que no, realmente hacen la diferencia.

Un buen ambiente para pacientes y clientes

Estas son algunas de las medidas puesta en práctica en la Clínica Veterinaria Eva Inguerman para crear un ambiente que sea confortable tanto para los perros como para los gatos:

  • En toda la clínica hay música funcional. “Descubrimos que la misma música que les gusta a los gatos les gusta a los perros: la música clásica, Beethoven, Mozart. No tengo bibliografía que me apoye, esto que te digo es solo desde la experiencia, pero descubrimos que la música relajante con ruido de agua, animales y naturaleza los ponía en alerta, no nos dio el mismo resultado”, describió Inguerman.
  • Hay difusores de feromonas de gatos en los ambientes.
  • Las jaulas de internación están divididas en dos pisos para que pueda tener acceso a altura. Tienen una puerta de vidrio oscuro y otro de vidrio claro. Así los gatos pueden esconderse en la parte oscura y sentirse protegidos.
  • La sala de espera de gatos está antes que la de los perros. Allí hay un espacio para apoyar las transportadoras en altura. Si no tienen una propia, hay kennels disponibles. Si el gato está muy nervioso, se lo ubica mirando contra la pared. “Como él no te ve a vos asume que vos tampoco sabés que él está ahí”, explicó la doctora.
  • En el área de internación, hay una pileta para higienizar a los animales y sus elementos para que nada salga de ese espacio ni se contamine con los olores del resto de la clínica. También se usan termómetros y estetoscopios exclusivos para gatos. “Su olfato es impresionante y si usás un termómetro que usaste con un perro ellos lo sientes y perdés todo lo que ganaste con todos los cuidados que tomaste hasta ese momento. Hay detalles que son pequeños, pero hacen una gran diferencia”, detalló Inguerman.
  • Se trabaja en un ambiente silencioso para no estresar a los gatos. En este mismo sentido, se incorporó un medidor de presión silencioso para que no sea justamente el ruido del aparato el que le haga subir la presión por el miedo y el estrés.

Compartimos los resultados de un trabajo en el cual se demuestra que la participación de un veterinario en este momento estratégico de la producción representa un 2% de la producción total de terneros.

Por Luis Rodríguez Kelly y Antonio Castelletti
antonio.j.castelletti@zoetis.com

El objetivo del campo de cría es obtener un ternero por vaca al año.

En este caso, si no hubiera estado el profesional , las pérdidas podrían haber alcanzar el 11% de la producción de terneros (terneros por las vaquillonas salvadas más 54 terneros salvados).»

En un establecimiento con la sanidad controlada e índices de preñez estables este objetivo es difícil de lograr, debido a las mermas que se ocasionan desde que se diagnostica una vaca preñada hasta que desteta su ternero.
Es fundamental detectar dónde se producen estas mermas para poder corregir el problema, ya sea sanitario o de manejo.
Estas mermas las podemos clasificar según el momento en que ocurren, vacas preñadas al tacto que no paren: merma preñez-parición o que paren, pero se les muere antes del destete: merma parición-destete (en esta etapa también se las puede clasificar en muertes dentro de las primeras 48 horas de vida, en los primeros 7 días de vida o posterior a 7 días).
En ambos casos se expresa como un índice porcentual (Figura N° 1).

Figura N° 1. Relación en KG y en cantidad de terneros.

Figura N° 1. Relación en KG y en cantidad de terneros.

En muchos establecimientos previo a la época de parición se pone en discusión la contratación de un profesional veterinario para la atención de partos, situación que -por supuesto- depende de la cantidad de vaquillonas a parir.
Pasamos a analizar los números de una parición del año pasado de un establecimiento de la Cuenca del Salado sobre un total de 830 vaquillonas de primera parición entoradas a los 15 meses de edad:

Días $  día Total Total Kg. ternero
45 $5.700 $256.500 2.230

Para la atención de partos fue contratado un profesional veterinario, el cual también dio asistencia técnica a los otros rodeos de vacas en parición, atendiendo además de los trabajos de partos con problemas sanitarios relacionados a los terneros (como por ejemplo diarrea neonatal, entre otros), cuyos beneficios no se evalúan en esta nota.
Para las equivalencias en KG de terneros se tomó un precio de 115 $/KG, un peso del ternero de 140 kg, precio de novillo 95 $/KG y 75 $/KG en el caso de la vaquillona salvada.
Los beneficios fueron 54 terneros salvados, 8 cesáreas (no se cobran aparte) y 23 vaquillonas levantadas.

Conclusiones

El costo de la atención de partos por un profesional veterinario fue en este caso del 2% (16 terneros/830 terneros) de la producción de terneros. En este caso las pérdidas, si no hubiera estado el profesional, hubieran podido alcanzar el 11% de la producción de terneros (terneros por las vaquillonas salvadas más 54 terneros salvados).
La atención y el seguimiento profesional es de suma importancia en la mejora de las mermas en los rodeos de cría, en momentos claves como es la parición por las recomendaciones técnicas y sanitarias que se pueden bridar al productor hasta el momento del destete.
Tratamientos específicos en los brotes de diarrea, antibiograma de materia fecal de terneros para cambiar antibióticos, brotes de queratoconjuntivitis o neumonía como para poner ejemplos, todo esto repercute directamente en el bolsillo del productor.

Una técnica de marketing que permite aumentar las ventas y, al mismo tiempo, fidelizar al cliente. La planificación y el conocimiento del consumidor son decisivos para que funcione.

De la Redacción de Revista 2+2

Cross selling, o venta cruzada, es una técnica de venta que consiste en ofrecer productos complementarios a los que el consumidor tiene la intención de comprar.
Con esta táctica se buscan alcanzar dos grandes objetivos. Por un lado, aumentar las ventas; por otro, fidelizar al cliente. ¿Cómo? Anticipándose a sus necesidades para generar confianza y aportar más valor.
Para que una venta cruzada funcione, es necesario tener en cuenta que el producto o servicio ofrecido esté realmente relacionado con lo que el consumidor ya compró y le proporcione un valor adicional. Se trata de sugerencias que se deben hacer en tono reflexivo y positivo después de haber satisfecho aquella necesidad por la que se acercó en primer lugar. Jamás se lo debe inducir a comprar lo que no necesita ni invadir su privacidad, ya que probablemente eso lleve a la pérdida del cliente.
A partir de esta técnica de venta, es posible alcanzar otros objetivos, además de los dos ya mencionados:

  • Optimizar los costos: al ofrecer nuevos productos o servicios a un cliente que ya conoce la clínica y la eligió para su compra inicial, los costos de realizar acciones de marketing para generar nuevas ventas se reducen considerablemente. También se disminuyen los costos de envío de las compras online.
  • Mejorar la imagen de la marca: al brindar información relacionada con los productos y servicios que se ofrecen, el usuario reconoce fácilmente el valor que implica reducir los tiempos de búsqueda, mejora su satisfacción y, por tanto, beneficia a la imagen de la clínica.
  • Vender productos “desconocidos”: es muy posible que un cliente compre con regularidad los mismos productos, pero desconozca otras opciones, complementarias a las que ya realiza. Es una oportunidad para dar a conocer productos o servicios que no tienen tanto movimiento.

Otros productos que te podrían interesar…

¿Cómo poner en marcha esta herramienta? Te damos algunos ejemplos para que te inspires y pienses qué opciones son las mejores para poner en práctica en tu veterinaria.
Una forma muy común de realizarlo es a través del envío de email marketing a los pocos días de realizada una venta ofreciendo otros productos. Si un cliente tuvo una cita con la peluquería canina, es posible que quiera comprar un shampoo para su perro.

A partir de la puesta en marcha de esta técnica, es posible optimizar costos, mejorar la imagen y vender más.

Otra opción es la publicidad web dirigida por la que se muestra a un consumidor productos relacionados con sus compras anteriores. Los ejemplos más clásicos son “otros productos que te podrían interesar” y “otros usuarios compraron”. Es una herramienta digital, pero puede inspirar también formas de acercamiento en la tienda física.
De lo que se trata, finalmente, es de satisfacer una necesidad latente del comprador detectada a partir de la observación de sus conductas en el momento en que el cliente ya está adquiriendo un producto inicial, ya sea en una tienda física o virtual. Por lo tanto, a pesar de ser una herramienta desconocida para el consumidor, es predecible para el vendedor. Para poder hacerlo, conocer en profundidad los servicios y productos que se ofrecen y las conductas de los clientes es fundamental.
No se trata recurrir a la improvisación, sino de prever la necesidad del cliente.
Como en cualquier otra acción de marketing, es necesario planificar a partir de una estrategia y establecer los objetivos que se esperan conseguir para que sea efectiva.

Fuentes consultadas:
www.vilmanunez.com, www.economipedia.com, www.doofinder.com, www.foodconsulting.es.

Sabrina Fuente desarrolló un modelo de negocio que se adaptó a la actual situación de aislamiento social obligatorio. Cuenta su experiencia en la atención domiciliaria de animales no tradicionales.

Guadalupe Varelli
guadalupe@motivar.com.ar

«Como médicos veterinarios especializados, estamos habilitados a atender cualquier especie.»

Los animales tienen derecho a acceder a una buena salud. Todos los animales: los perros y los gatos, pero también los conejos, las tortugas, los loros, los murciélagos y las ratas. Así lo ve Sabrina Fuente, médica veterinaria especializada en animales no tradicionales, quien no discrimina ni por especie, ni por situación legal, los atiende a todos.

El modelo de negocio que desarrolló en los últimos años resultó ser especialmente adecuado en épocas de pandemia y aislamiento social obligatorio.
Desde hace diez años trabaja de forma independiente atendiendo consultas a domicilio: la veterinaria de Sabrina Fuente se mueve con ella.
“Hoy puedo ofrecer un servicio a domicilio amplio porque voy con todo un sistema médico de accesorios instrumentales. Entonces, excepto por las cirugías, que necesariamente deben hacerse en el quirófano, puedo brindar un servicio completo”, explicó.
Esta Revista 2+2 conversó con ella para conocer su experiencia, las particularidades de su forma de trabajo y su forma de valorar la profesión veterinaria en un contexto en que la salud, su cuidado y su prevención, está en la agenda de todos los argentinos.

Revista 2+2: ¿Qué te llevó a elegir la especialización en animales no tradicionales?

Sabrina Fuente: Cuando ingresé a la Carrera me interesé muchísimo por el trabajo con animales de zoológico, pero no conocía la especialización en animales no tradicionales. En los últimos años, en la Universidad del Salvador hay una cátedra de recursos faunísticos y ahí empecé a conocer la cantidad de especies que hay como animal de compañía. Eso fue hace 17 años, empecé a ejercer, seguí mi formación, cada vez me gustó más y hoy estoy convencía de que es lo mío.

¿Qué tiene de particular esta especialidad?

La variación, porque trabajamos con especies absolutamente diferentes, con anatomías y fisiología diferentes, de condiciones de necesidades nutricionales o de manejo absolutamente diferentes en cada una de las especies.
Y si bien requiere mucho conocimiento, me resulta sumamente atractivo e interesante ver cómo puede variar tanto entre una especie y la otra y eso va a influenciar mucho en las condiciones que se le puedan brindar.

Como agentes de salud que somos, no solo tenemos que ocuparnos de la parte médica de los pacientes sino también de contener a los cuidadores para que nos entiendan y colaboren con el tratamiento.»

¿Qué pasa cuando se trata de animales que no son legales?

Nosotros, como médicos veterinarios especializados en animales no tradicionales, estamos habilitados a atender cualquier especie, independientemente de que el animal sea legal o ilegal. De hecho, los animales silvestres requieren justamente de nuestros conocimientos para intentar darle la mayor calidad de vida y tratar de cubrir todas sus necesidades del modo en que la especie lo requiere, ya que no todos los animales silvestres o que fueron capturados pueden volver a liberarse y reintroducir a la naturaleza.

¿Cuál fue tu primera reacción cuando se declaró el aislamiento social obligatorio?

En un primer momento dejé de trabajar, por decisión propia y porque tampoco me solicitaban turnos.
Después empecé a atender urgencias y finalmente volví a prestar el servicio completo, aunque limitado a algunas zonas, y con toda una serie de medidas que tuve que implementar para seguir ejerciendo.

¿Cómo te mantuviste en contacto con tus pacientes?

Yo tengo una forma de trabajar que es muy personalizada, por lo que tengo contacto con los cuidadores de los animales de forma fluida y permanente así que eso no fue un problema.

Fuente atiende a sus pacientes fuera del domicilio y está en contacto con un único cuidador por animal.

¿Cuáles fueron las medidas que tuviste que implementar?

En primer lugar, para minimizar la posibilidad de contagio, intento atender a mis pacientes sin ingresar al domicilio, siempre que sea posible. Además, solicito estar en contacto con un único cuidador por animal, que debe estar con tapaboca en todo el tiempo que dure la consulta.
Por otro lado, previo a la visita, los cuidadores tienen que avisar si son COVID19 positivo o si han tenido contacto o sospecha de contacto con algún caso positivo.

¿Recurriste a la telemedicina?

Sí, empecé a brindar este servicio cuando se declaró la cuarentena obligatoria. En una situación como esta, donde las visitas no siempre son posibles, creo que puede ser una herramienta útil, tanto para las consultas informativas como para estabilizar a pacientes que requieren tratamiento urgente y no es posible verlos en lo inmediato. Pero es una coyuntura particular porque las limitaciones que tiene son muy altas.
Es difícil realizar indicaciones médicas sin ver al paciente y hacer todas las maniobras necesarias, y eso puede conducir a errores. Por eso, siempre voy a estimular ver a los pacientes personalmente porque considero que el servicio médico que voy a dar va a ser mucho más acertado y más efectivo.

¿Viste algún cambio de conducta en los cuidadores este último tiempo?

Hay algo que es notorio y es la cantidad de personas que están incorporando mascotas a sus hogares, y de todas las especies.
Tendremos que esperar para conocer las consecuencias de este fenómeno cuando tengan que volver al ritmo de vida habitual fuera del hogar.

¿Cuál es tu balance de los últimos cuatro meses?

La primera conclusión a la que llegué es que, como sociedad, tenemos un poder de adaptación maravilloso.
La segunda, que el miedo es un gran enemigo que no lleva a ningún lado.
El conocimiento sí, y en eso los veterinarios tenemos un puto a favor porque tenemos una formación que nos permite entender lo que sucede y qué medidas adoptar.
Además, como agentes de salud que somos, no solo tenemos que ocuparnos de la parte médica de los pacientes sino también de contener a los cuidadores para que nos entiendan, para que sepan lo que tienen que hacer y colaboren con el tratamiento.

Se trata de un servicio complementario que se puede brindar hoy. Analizamos cómo trabajan, cuándo son necesarios y qué aspectos hay que tener en cuenta para desarrollar esta disciplina en el contexto de pandemia.

Gimena Rubolino

El comportamiento es uno de los aspectos que más preocupa a las personas que viven con perros en su hogar.
Muchas veces, se ven en la necesidad de interpretar determinadas conductas para poder ayudar a sus mascotas a tener una vida plena. Satisfacer esta necesidad dentro de la clínica veterinaria puede ser una puerta de acceso para nuevos clientes y un mejor servicio para los que ya las visitan.
Para ello, será de gran importancia contar con un profesional en etología, la disciplina que se encarga de cuidar la conducta de los animales.
Incorporar un especialista etólogo siempre es una buena oportunidad de crecimiento para el negocio porque funciona como un complemento del trabajo clínico diario y porque los dueños de las mascotas tienen la comodidad de hacer todo en el mismo espacio, el que ya conocen.
Para acercarnos a esta especialidad, conversamos con el Dr. Rubén Mentzel, médico veterinario de la Universidad de Buenos Aires, especialista en clínica y etología de caninos y felinos doméstico, miembro del Colegio de Veterinarios de la provincia de Buenos Aires.
Mentzel también es presidente fundador del Colegio Latinoamericano de Etología Clínica Veterinaria (CLECVe) y tiene una gran trayectoria como docente en distintas universidades.

Revista 2+2: ¿Cómo se trabaja desde esta especialidad?

Rubén Mentzel: Los etólogos trabajamos siempre junto a los clínicos, los generalistas y los diferentes especialistas, como los dermatólogos, ya sea formando parte del equipo de una clínica o de un hospital veterinario. Trabajamos generalmente por derivación, una vez que el paciente ha sido evaluado por el veterinario generalista o clínico y presenta algún signo que no se debe a una enfermedad física.

¿Cuáles son los temas de consulta más habituales?

Los dueños de las mascotas llegan al consultorio para entender qué pasa cuando los perros empiezan a tener ciertas conductas inadecuadas y cómo modificarlas.
Los problemas más frecuentes de los animales son: reacciones agresivas, problemas de elección del lugar de evacuación, desobediencia, comportamientos destructivos o actividad excesiva. Estas conductas, en algunos casos, son parte del temperamento del animal. En otros pacientes, en cambio, son conductas fuera de contexto, que presentan falta de control y diferentes patologías que tienen que ver con problemas de adaptación y alteraciones en los mecanismos de relación con el entorno.

¿Cuál es el origen concreto de estos problemas?

El comportamiento de los animales se determina por muchas causas, como la constitución genética, hay marcadores genéticos relacionados con trastornos de comportamiento. Pero, además, su conducta se ve influenciada por el entorno, no solo en lo que se refiere al trato del dueño sino también a las experiencias vividas por los animales desde muy temprana edad.
Es decir, el trato que le brinda la madre biológica, más los estímulos, las interacciones y el trato que le ofrezcan los humanos que participan de su crianza, sumado a la predisposición genética que traiga, van a determinar el temperamento de cada animal.

¿Cuáles son las estrategias terapéuticas más utilizadas?

Para corregir conductas, los etólogos utilizamos diferentes técnicas combinadas en función del diagnóstico de cada paciente, como los enfoques sistémicos, la manipulación del ambiente, ciertas pautas de manejo y directivas. Son recursos que se brindan a los propietarios para que actúen de determinada manera en distintas situaciones. Todo esto arma un esquema de modificación del comportamiento de las mascotas.
En los casos de conductas mal canalizadas, con esto es suficiente, como cuando un perro rompe la basura, saluda de forma inadecuada, salta y molesta, o mastica objetos indebidos. Pero cuando la conducta es patológica, es necesario complementar esta terapia con el uso de fármacos de acción central que apunten corregir o regular aquella parte del comportamiento cerebral que necesita ser modificado sin alterar los otros aspectos.

¿Qué se debe tener en cuenta antes de incorporar este servicio en la veterinaria?

El etólogo es un profesional que requiere una formación específica en esta disciplina. El dueño de la clínica puede formarse en esta área si le resulta de su interés o trabajar con otro profesional capacitado.
Las competencias de esta especialidad se basan en haber profundizado significativamente los conocimientos y haber adquirido práctica a través del ejercicio de la especialidad durante varios años.
Además de eso, hay que ser un buen observador y un buen semiólogo en lo que tiene que ver con la entrevista al dueño del animal basada en el diálogo dirigido.
También es necesario saber leer entre líneas y superar lo que los tenedores de los animales no pueden ver.

¿Qué beneficios aporta incorporar este servicio en la veterinaria?

Ofrecer este servicio es una responsabilidad que tenemos como profesionales veterinarios porque los problemas de comportamiento son también parte de la salud de los animales.
Hay datos estadísticos que indican que la mayoría de los casos de eutanasia o abandono de animales de compañía son por problemas de comportamiento.
Entonces, los beneficios son muchos: ayudar a los animales a tener una mejor salud, dar respuesta a una necesidad de quienes llegan a la consulta y, sin dudas, tener más trabajo porque las consultas por este tema son diarias y constantes.

¿Cómo funciona el cerebro de los perros?

Rubén Mentzel

Rubén Mentzel

El cerebro de los perros funciona muy parecido al nuestro.
La diferencia está, desde el punto de vista estructural, en una corteza cerebral con menos capas celulares y circunvoluciones. Y desde el punto de vista funcional, en un menor grado de procesamiento de la información.
Si nos referimos a la capacidad de aprender, ellos son inteligentes. Si hablamos de procesar información previa para resolver nuevos problemas, también. Pero, obviamente, menos que el ser humano.
Además de tener un espectro olfatorio y auditivo mucho más amplio que el nuestro, tienen una capacidad de pautar el tiempo que todavía no sabemos cómo funciona. Con respecto a si distinguen los colores, sí que lo hacen, pero menos que nosotros y de una manera menos intensa. Principalmente ven el azul, verde y rojo.

La atención en tiempos de pandemia

Dr. Hernán Naccarato

“Al comienzo de la pandemia bajaron mucho las consultas”, comentó a esta Revista 2+2 el Dr. Hernán Naccarato, médico veterinario de la Universidad de Buenos Aires y especialista en etología clínica canina y felina. “Cuando la gente volvió a consultar, tuvimos que adaptarnos a atender por videollamada, en los casos en que se puede aplicar”, agregó.
Naccarato, quien trabaja en clínica de pequeños animales y como docente universitario, recibió un premio del Consejo Profesional de Médicos Veterinarios (CABA) en 2014 por las tareas desarrolladas por el Equipo de Trabajo de Intervenciones Asistidas con Animales. Sobre la atención en tiempos de cuarentena, insistió en que “es importante poder diferenciar qué casos requieren la presencia física terapéutica y cuáles no. Para ello, resulta necesario hacer un análisis global del problema mediante una llamada telefónica previa con la familia de la mascota y hacer una aproximación inicial a la problemática para poder evaluar si es factible manejar por vía virtual el conflicto o no”.
Cuando es necesario, realiza visitas a domicilio, siempre respetando las indicaciones de Asociación de Veterinarios Especializados en Animales de Compañía Argentina (AVEACA), la Asociación de Medicina Veterinaria Americana (ADMA) y la Asociación Mundial de Veterinaria de Pequeños Animales (WSAVA), que indican atender todo lo que se pueda a través de forma virtual y dejar la asistencia presencial solo para los casos que así lo requieran.
En lo que refiere a los tiempos, el MV afirma que la durabilidad de los tratamientos depende del problema de cada paciente.
“Si son casos puntuales de comportamiento, los tratamientos suelen ser de uno o dos meses. En casos más patológicos se requiere más tiempo e incorporar algunos manejos, es decir, hábitos, que deben mantenerse de por vida”, explicó.

El Dr. Matías Tellado junto a su esposa, Laura Pisano, también veterinaria, en la sede de VetOncología.

El Dr. Matías Tellado montó su propia clínica dedicada exclusivamente a la atención de pacientes con cáncer. A solo un año de su apertura, atiende más de 130 consultas por semana.

Facundo Sonatti
facundo@motivar.com.ar

Los animales que se han vuelto un miembro más de muchas familias argentinas, tanto perros como gatos, no solo gozan de los beneficios de ser bien atendidos por sus dueños sino también que, gracias a la medicina preventiva, viven más. Sin embargo, como contrapartida, la longevidad acarrea algunas patologías propias de los pacientes gerontes, como puede ser el cáncer y con ello la necesidad de una atención personalizada. El veterinario oncológico Matías Tellado suma casi dos décadas de experiencia en la atención exclusiva de estos pacientes y desde el año pasado lo hace desde su propia clínica VetOncología, en Villa Real, CABA.
“Hace muchos años que me dedico a la oncología de forma exclusiva, algo que no es muy frecuente”, reconoce el profesional que de la mano de su esposa, la también MV Laura Pisano, formó un equipo de más de media docena de profesionales con los que asiste más de 130 pacientes por semana.
A la hora de graficar el mercado local de pacientes oncológicos, Tellado prefiere no arriesgar cifras, pero admite que, “tenemos una demanda absolutamente insatisfecha, hay muchísimos más pacientes que especialistas”. En la práctica, VetOncología está trabajando solo con turnos, al máximo de su capacidad y especula con sumar un nuevo oncólogo a sus filas.

Una especialidad que no es para cualquiera

“La especialidad tiene dos puntos críticos porque te tiene que gustar mucho debido a que hay cambios constantes que demandan actualizarse de forma continua. A su vez, hay que tener un empatía especial para poder transmitir en las consultas los mensajes a las familias porque esta enfermedad acarrea una enorme carga emocional”, señala Tellado y agrega: “Nuestro rol no es solo 100% ejecución sino también saber lidiar con cuestiones emocionales y el manejo de la parte social de la consulta”. (Ver recuadro)

Oncología es un sector en pleno desarrollo desde el punto de vista de la formación, el interés de los colegas y los dueños de mascotas.»

En la Argentina casi no existen las clínicas dedicadas exclusivamente a los pacientes oncológicos para animales.
“Solo la Dra. Laura Denzoin tiene una en Tandil, pero en otras partes en el mundo, hay varias incluso en una misma ciudad”, advierte Tellado. “A partir de todo esto y la experiencia como especialista en la materia, pensé que era una buena idea crear un espacio exclusivo en Buenos Aires”, resume el fundador de VetOncología y completa: “Es un sector en pleno desarrollo desde el punto de vista de la formación, el interés de los colegas y los dueños de mascotas. Creemos que hay una gran demanda de un servicio integral por parte del mercado, desde la radioterapia hasta la cirugía”.
En la práctica, si bien la inversión es mayor a lo que puede ser la apertura de una clínica tradicional, también los honorarios se ajustan al servicio. Para Tellado, los costos naturalmente son altos porque son muchas las intervenciones sobre el paciente desde el diagnóstico hasta el tratamiento. “Nuestros clientes suelen tener la capacidad de costear este tipo de atención. Además, no hay que perder de vista que las personas han incorporado a las mascotas como un miembro más de la familia y no reparan en gastos a la hora de tratar su salud”, acota.
“Usualmente la consulta oncológica tenía un valor que duplicaba la consulta clínica, pero hoy perdimos esa referencia”, advierte el profesional y explica: “Hoy, se puede decir que la consulta asciende a $2.000. Es un valor similar a otras especialidades. Sin embargo, hay margen para que crezca porque observamos un retraso generalizado en los valores. Hay que tener en cuenta que un porcentaje de los costos son en dólares y si con los ingresos de la clínica no se puede destinar una parte a solventar esos gastos, se ingresa en un ciclo donde no se puede comprar los últimos equipos y como consecuencia tampoco elevar los valores de nuestros servicios. Sobre todo cuando ni siquiera hay acceso al crédito”.

El equipo de VetOncología asiste a más de 130 pacientes por semana.

La calidad de vida en el eje del tratamiento

En VetOncología perros y gatos, en número, ingresan por igual a pesar que tienen diferentes prevalencias. A su vez, tienen un equipo médico para asistir equinos. Para Tellado, es muy difícil definir el porcentaje de sobrevida de las mascotas con cáncer y si bien tenemos estadísticas sobre cada tipo cáncer y su estadio, es algo sensible que prefiere no compartir.

El objetivo de los tratamientos es mejorar la calidad de vida en el transcurso de la enfermedad.»

“Si lo trasladamos a las personas, un cáncer de próstata en un adulto mayor puede matarlo en pocos días, mientras que un joven de 40 años tiene otros 40 de sobrevida siempre que se lo tome a tiempo, de lo contrario, en un estadio avanzado, lo puede matar en pocas semanas. En las mascotas pasa algo similar”, compara el MV.
Los costos varían según el peso de los animales y los tratamientos. “Es muy variable”, resalta Tellado y comparte alguna precisión: “El costo de un tratamiento oncológico es sutilmente más elevado a cualquier enfermedad crónica. Si bien no hay estudios a nivel nacional, el tumor venéreo transmisible (TVT) es posiblemente el más frecuentemente diagnosticado y tratado en veterinarias clínicas. Sin embargo, en VetOncología es extremadamente infrecuente. Los más comúnmente atendidos por nuestro equipo son los siguientes: mastocitoma, linfoma, carcinoma mamario, sarcomas de tejidos blandos, carcinoma escamoso nasal felino”.
El profesional asegura que en la clínica suelen trabajar con veterinarios que a partir de un diagnóstico o una fuerte sospecha, derivan los pacientes. “Por suerte observo que hay una gran toma de conciencia de los veterinarios clínicos de ser empáticos, cautelosos y respetuosos para comunicar estos diagnósticos a los dueños de las mascotas”, comenta Tellado que espera observar más competencia para hacer crecer estos modelos de negocios en el rubro veterinario y cierra: “El objetivo de los tratamientos es mejorar la calidad de vida en el transcurso de la enfermedad. La mayoría de los propietarios demandan muchísima información y les preocupa mucho más no saber que lo que realmente le tenemos que decir sobre lo que le pasa a su mascota”.

Con el foco en la ciencia

El creador de la clínica VetOncología, Matías Tellado, suma múltiples credenciales, desde veterinario graduado en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (FVET) y docente del área de Química Biológica de la misma institución, pasando por socio fundador del Grupo Interdisciplinario de Oncología Comparada (GIOnCo), hasta miembro de la European Association for Cancer Research (EACR), y de la International Society for Electroporation-Based Technologies and Treatments (ISEBTT), entre otras. “Siempre me interesó el estudio del cáncer y sus mecanismos. De hecho, ahora mismo estoy involucrado en cuatro estudios sobre investigación sobre oncología”, reconoce Tellado, en diálogo con Revista 2+2. Y a continuación, comparte un punteo de los trabajos en los que está participando:

  • Electroquimioterapia en neoplasias de cabeza y cuello en caninos y felinos (Doctorado UBA veterinaria).
  • Electrotransferencia de genes de interleuquinas 2 y 12 en cáncer metastásico en caninos (cooperación Argentina Conicet-Universidad de Roma, Italia).
  • Estudio de Fase 1 con anticuerpo monoclonal en cáncer avanzado, estudio con empresa privada del sector veterinario.
  • Evaluación de efectividad y tolerancia de nutracéutico para mejorar calidad de vida en pacientes con cáncer con empresa privada del sector veterinario.

A su vez, el médico veterinario, recuerda que si bien la criocirugía hace muchos años que existe en la Argentina, “fuimos los que lanzamos un curso en Latinoamérica hace tres años y eso es lo que permitió que decenas de colegas incorporen la terapia en sus clínicas veterinarias”.
Otra disciplina en la cual Tellado se vinculó es la electroquimioterapia. “La desarrollamos en el país hace 12 años. Si bien en Argentina ya se brinda un excelente servicio en muchas veterinarias, aún es potencialmente la que tiene más capacidad de crecimiento”, adelanta el creador de VetOncología y completa: “El diagnóstico mediante patología por congelación y el diagnóstico molecular (inmunohistoquimica y PCR) son técnicas muy útiles y en potencial desarrollo, en unos años van a ser indispensables para terminar de convertir una medicina de enfermedades a una medicina de individuos”.

Esta adquisición consolida la posición de Merck Animal Health en la categoría de animales de compañía de los EE.UU. SENTINEL, marca de parasiticidas combinados para animales de compañía, complementa la amplia cartera de vacunas y productos farmacéuticos de la firma.

Merck Animal Health anunció la finalización de su adquisición, previamente anunciada, de los derechos en EE. UU. de los masticables SENTINEL® FLAVOR TABS® y SENTINEL® SPECTRUM® en la categoría de animales de compañía de Virbac.

La protección completa contra los parásitos es una parte esencial de la salud y el bienestar general de los caninos. «Nuestros medicamentos veterinarios, incluidos los parasiticidas, y las vacunas continúan transformando la industria de la salud animal y solidificando aún más nuestra posición en la categoría de animales de compañía de los Estados Unidos», dijo Rick DeLuca, presidente de Merck Animal Health.

«La extensa amplitud y profundidad de nuestra cartera de productos mejora nuestra oferta de soluciones integrales para el cuidado de las mascotas, que proporcionan una gama completa de soluciones complementarias para que nuestros clientes mejoren la salud y el bienestar de los animales y de las personas que los cuidan», agregó DeLuca

Merck Animal Health, conocida como MSD Animal Health fuera de los Estados Unidos y Canadá, es una división de Merck & Co., Inc., Kenilworth, N.J., EE.UU.

Fuente: Merck Animal Health

En esta tercera entrega de la sección Cat Friendly, analizamos la importancia de la educación de los propietarios para fomentar la medicina veterinaria preventiva. Compartimos conceptos para que el gato llegue en las mejores condiciones a su revisación.

Guadalupe Varelli
guadalupe@motivar.com.ar

… o al súbdito. Con los gatos, nunca queda del todo claro quién está al mando. Muy probablemente, nadie; aunque los humanos sean la parte de la ecuación responsable de tomar la decisión crítica: ir al veterinario. En esta nota vamos a hablar de la necesidad de educar a las personas para fomentar la incorporación de los gatos a las rutinas de las clínicas veterinarias.
En primer lugar, para que tenga en claro por qué la visita reporta beneficios para la salud de su mascota. Y, luego, porque el trayecto que va desde el hogar hasta el consultorio es clave para poder abordar al gato de forma segura y efectiva a posterior.

“El 81% de los propietarios cree que su gato está bien y un 58% informa que su gato odia ir al veterinario”.
Javier Céspedes

La falta de información de los propietarios es una de las causas que atentan contra la salud del gato. Javier Céspedes, médico veterinario especialista en medicina de felinos domésticos y director médico de la Clínica que lleva su nombre (categoría Silver del programa Cat Friendly Practice de la American Association of Feline Practitioners) le aporta a esta Revista 2+2 datos relevantes, en base a informes de la AAFP.
El 83% de los gatos visitan al veterinario antes de su primer año de vida, pero más del 50% no regresan hasta que se enferman o sienten dolor. Cerca del 50% de las personas que tienen un gato no lo buscó; se lo regalaron, lo encontró… el gato simplemente llegó, lo que también habla del desconocimiento.
Céspedes explicó a esta Revista 2+2 la dificultad que implica reconocer los síntomas de enfermedad en estos animales. “Dentro de las características de la especie está la de enmascarar los síntomas de enfermedad. Cuando un gato tiene una patología no lo manifiesta rápidamente; es un animal cazador, pero también es presa: ocultar los signos de enfermedad, dolor o malestar es una conducta asociada a la supervivencia. De allí que el 81% de los propietarios diga que su gato está sano y no necesite ver al médico.” Cuando finalmente expresan la patología, ya es tarde.
“Si el dueño llega tarde, el veterinario también”, comentó Céspedes.

Más voces

La Dra. María Amelia Gisbert, docente de la Cátedra de Clínica Médica de Pequeños Animales de la carrera de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires y médica de planta del Hospital Escuela de la misma institución, nos dio un ejemplo para señalar la importancia de la medicina preventiva tanto por la posibilidad de tratar enfermedades a tiempo como por el efecto que tiene sobre el gato la costumbre de visitar (o no) al veterinario: “Si a un gato se le realizan de manera rutinaria estudios de sangre y orina, es posible detectar antes de la descompensación, por ejemplo, una enfermedad renal y tratarlo con nefroprotección, una dieta enriquecida con vitaminas, mineral, ácidos grasos, etc. Es decir, una intervención mínima que mejora su calidad de vida durante muchos años. En cambio, si el paciente acude a la consulta en estado de descompensación, posiblemente requerirá sueros, aplicaciones, internación, siendo todo esto mucho más agresivo para el animal que no está habituado a la consulta veterinario”, aseguró la experta que también compartió con nuestro medio una serie de recomendaciones estratégicas a considerar en la relación veterinario, gatos, personas (Ver Nota Adjunta).
Otra de las causas que explican la falta de regularidad en la visita médica es la forma en que lo viven los propietarios: culpa y mucho estrés. Según indicó Céspedes, el 81% de los propietarios creen que su gato está bien, piensan que no tiene nada, y un 58% informan que su gato odia ir al veterinario.
Gisbert señala que la preocupación de los propietarios repercute en los pacientes: “Si el propietario se estresa, el gato lo percibe, y esto va a afectar su comportamiento y hay posibilidades de que la revisación sea más dificultosa y sea más difícil arribar a los diagnósticos correctos.”

¿Qué pueden hacer los veterinarios ante este escenario?

Como primera medida, educar en la prevención. Los controles regulares permiten detectar las patologías a tiempo, realizar tratamientos menos invasivos y efectivos, y mejorar así la calidad y la expectativa de vida del gato. Céspedes cree que hay que hacer foco en la información que lo demuestra: “Hay evidencia médica científica que indica que a partir de los siete años los gatos pueden desarrollar hipertiroidismo y enfermedad renal crónica, por dar solo dos ejemplos, que si se descubren a tiempo se aumenta la expectativa de vida y el bienestar de nuestros pacientes”.
Hay algo más en manos de los veterinarios: reducir el estrés. Del gato y del humano.
En la charla brindada en noviembre del año pasado, dentro de la XV Gira Internacional Royal Canin Canin, el veterinario especializado en medicina felina Diego Santiveri señaló que también en España el estrés del dueño es parte del problema.
“Hay cosas simples a nuestro alcance que pueden significar una gran diferencia, como por ejemplo ofrecer un lugar dónde estacionar cerca de la clínica para que no tengan que estar dando vueltas con el auto. No tiene nada que ver con la atención veterinaria, pero ayuda a que tanto el propietario como el gato entren más tranquilos”, comentó.

“Siempre programar un turno para la próxima visita”

“Generar una rutina desde chiquito, tanto para el gato como para el propietario, favorece el momento de la revisación”. Amelia Gisbert

Los gatitos no van al veterinario sujetados de una correa, caminando tranquilamente junto a su dueño. Y no deberían hacerlo tampoco. Sacar un turno, meter al gato en la transportadora, llegar a la veterinaria, pasar a la consulta, volver. Parece simple decirlo, pero cualquiera que lo haya intentado sabe que no es fácil. Revista 2+2 charló con María Amelia Gisbert sobre toda la información que necesitamos las personas a cargo del arduo viaje. El objetivo: que el propietario no solo llegue a la veterinaria, sino que lo haga con el gato tranquilo. Y que vuelva.

Revista 2+2: ¿Se puede acostumbrar un gato a visitar al veterinario de chiquito?

María Amelia Gisbert: Si el gatito va a la veterinaria desde chico va a entender que no siempre que va a ese lugar pasan cosas malas. A veces las consultas solamente consisten en una revisación, o se indica un tratamiento que sigue el propietario en su hogar.
En cambio, si cada vez que va lo pinchan, le sacan sangre, lo operan o acude con dificultad respiratoria o lastimado, ese lugar solo va a significar cosas negativas para el animal. Generar una rutina desde chiquito, tanto para el gato como para el propietario, favorece el momento de la revisación y, al practicar la medicina preventiva, se pueden identificar enfermedades de manera más precoz y con mejores resultados.

¿Cuál es el primer paso?

Los gatos se estresan con las situaciones nuevas, que los agarran de sorpresa. Por eso nos tenemos que ir anticipando para que sienta que todo está “normal”, por ejemplo, al ver la transportadora. Si cada vez que la ve, termina en el veterinario, la va a odiar.
Una forma de evitar eso es tenerla en el ambiente unos días antes, dejarla a su alcance para que la conozca, juegue, descanse, incluso coma ahí. Eso la va a impregnar de su propio olor, se va a acostumbrar a ella. Entonces, al momento de meterlo dentro no va a sentir tanta ansiedad, porque es un lugar conocido, con sus feromonas.

¿Los olores afectan?

Sí, los felinos tienen el sentido del olfato muy desarrollado. Hay feromonas sintéticas que ayudan mucho y también hay recursos naturales, como la valeriana, el romero o la vainilla. Se puede colocar dentro de la transportadora una mantita impregnada con algunos de estos olores o algún producto que lo atraiga. Lo importante es no forzarlo, porque por más amigable que sea el ambiente el gato va a estar nervioso y repleto de feromonas del miedo y el estrés. Otra cuestión a tener en cuenta es la visión. Si el gato puede ver a través de la transportadora se va a asustar, se va a ver encerrado en un ambiente al que no puede reaccionar, va a querer salir, no va a poder y eso va a aumentar el estrés. Lo aconsejable es cubrir la transportadora con una manta.

¿Cuál es la forma correcta de transportarlo?

En una transportadora. Hay personas que lo llevan en una mochila, abrazados, pensando que pegadito a su dueño se va a sentir más seguro, pero no es así. Al contario, eso lo hace sentir más vulnerable. La transportadora tiene que tener una base rígida para que se pueda apoyar en firme. También hay que elegir el tamaño adecuado, para que no esté apretado como en una lata de sardinas, necesita tener un poco de espacio.

¿Qué pasa una vez que iniciamos el viaje?

Si se transporta en auto, tiene que ir bien sujeto adentro del auto, con el cinturón de seguridad. Si está suelto, frente una irregularidad del terreno, un salto le puede provocar un estrés enorme. Si el recorrido se hace caminando, es recomendable elegir las calles internas, aunque sea un poco más largo, y evitar las avenidas y los ruidos fuertes.
Si existe la posibilidad, es conveniente elegir los horarios de menos tránsito, entre las 8 y las 16, cuando los chicos están en los colegios, y fuera de la hora pico.

Al llegar a la clínica ¿cómo se debe comportar el propietario?

Al ingresar, tiene que buscar un lugar donde apoyar la transportadora, en este punto es clave lo que podemos ofrecer desde la veterinaria. Se necesita un lugar firme y en altura, como mínimo por arriba de las rodillas. Si el gato queda al nivel del suelo, al paso del tránsito de personas y animales, se va a sentir en inferioridad de condiciones.
El gato siempre se siente mucho más seguro estando en altura, dominando de alguna manera la situación. Y si el gato tiene que ver algo, que siempre sea al dueño.

Y en la sala de espera… ¿tenés algún consejo?

Sí, ¡qué no se presenten a los gatos! Ellos no van a hacer sociales a la veterinaria. A veces veo que las personas se muestran los gatitos, “mirá, tu amiguito también vino la veterinaria” y es lo peor que le podés hacer a un gato. Ellos son solitarios, muchos de ellos incluso no quieren convivir con otros gatos en la misma casa, menos les interesa conocer a un desconocido. Eso los estresas mucho. El gato tiene que quedar mirando a su dueño, tranquilo, y entrar en cuando lo llaman desde el consultorio.

Terminó la revisación, todo salió bien, ¿nos vamos?

Todavía no, hay que programar un turno para la próxima consulta. Tenemos que intentar por todos los medios que las visitas sean programadas. Así se reduce el tiempo de espera, el gato está menos tiempo en la clínica, se cruza con menos animales, en lo posible ninguno.
Además, esto ayuda a mantener la rutina de visitas periódicas y evita que el gato solo nos vea cuando está ahogado, lastimado o ya demasiado enfermo.

¿Cuál es la frecuencia de visita recomendada?

Al tanto de la importancia de incrementar la frecuencia media de visitas a la veterinaria por parte de los propietarios de gatos, es que avanzamos junto con la Dra. María Amelia Gisbert, docente y médica de planta del Hospital Veterinario de la UBA en la problemática.
“Depende de la edad de los gatos. En los extremos de la vida, cuando son cachorros y cuando son adultos, debe ser más frecuente. Cuando son cachorros necesitan cumplir con su cartilla sanitaria, con sus planes de vacunación y desparasitación, y en esa etapa se va evaluando el crecimiento y el peso, que suele ser una vez por mes. Después, a partir del año, se pueden hacer controles cada seis u ocho meses, o una vez por año, coincidiendo con las vacunas”, explicó la profesional en dialogo con esta Revista 2+2. Y reforzó: “En el otro extremo de la vida, cuando los gatos entran en la categoría de geronte, se vuelven a hacer de forma más frecuente, cada seis meses”.
Más allá de esto y a la hora de destacar la buena comunicación como pilar estratégico en el vínculo con las personas que llevan a sus gatos a la veterinaria Gisbert sostuvo: “Mi recurso personal es hablar y escuchar. El propietario necesita ser escuchado porque hay un montón de detalles que solamente él conoce y que nosotros en la consulta no lo vemos. Durante la revisación, les explico lo que voy haciendo, y después lo dejo todo por escrito de forma tal que lo puedan entender y transmitir al resto de la familia, porque es la única manera que tienen de tomar decisiones y de ser fieles al tratamiento que les voy a indicar”.