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Llegó al país el antiparasitario inyectable que ofrece 12 meses de protección continua contra pulgas, garrapatas y ácaros en perros con una sola dosis subcutánea.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

El control de ectoparásitos, como pulgas, garrapatas y ácaros, representa uno de los desafíos clínicos más persistentes en la medicina veterinaria de animales de compañía. Más allá del impacto directo en su salud y bienestar del paciente canino, el riesgo constante de transmisión de enfermedades hace de la prevención ininterrumpida una necesidad.
Sin embargo, una de las principales barreras para lograr un control exitoso sigue siendo el cumplimiento terapéutico por parte de los tutores, quienes a menudo fallan en sostener la regularidad de las administraciones.
Frente a esta problemática MSD Salud Animal ha lanzado en Argentina su producto Bravecto 365, el antiparasitario inyectable de larga duración, a base de Fluralaner, para perros (12 meses), que se administra en una sola dosis subcutánea.
De esta manera la compañía avanza al siguiente nivel en la protección de pulgas, garrapatas y ácaros en perros, prometiendo “cambiar para siempre el paradigma del cuidado preventivo”.

Una innovación en veterinaria

En un evento llevado a cabo en el Hilton Pilar, Buenos Aires, que congregó a los referentes de más de 30 distribuidoras veterinaria de todo el país, MSD Salud Animal presentó un nuevo paradigma en el control parasitario canino: Bravecto 365.
Esta ambiciosa apuesta, definida como «una innovación en el mundo veterinario», fue el centro de una jornada donde la compañía repasó además su estratégico y expansivo plan de lanzamientos biológicos y productos terapéuticos en Argentina.
Allí, Fabiano Hideto Ikejiri, gerente general de la empresa en Argentina, fue el quien destacó el liderazgo de la firma: «Somos una de las farmacéuticas más grandes del mundo, con una facturación aproximada de U$S 65.000 millones. Invertimos alrededor del 25% de nuestros ingresos en investigación y desarrollo».
Esta inversión se traduce en resultados concretos para el mercado local: «El año pasado lanzamos 13 nuevos productos en el país y para este 2026 nuestra ambición es lanzar otros 16 más”, afirmó Ikejiri.

Innovación clínica y protección prolongada

El protagonista indiscutido de la noche fue Bravecto 365, un antiparasitario inyectable de larga duración exclusivo para uso veterinario que asegura 12 meses de protección continua contra pulgas, garrapatas y ácaros con una sola dosis por vía subcutánea.
Walter Comas, Director de la unidad de negocios, repasó el impacto histórico de la marca para dimensionar este nuevo salto tecnológico: «Hace más de 10 años hicimos el lanzamiento de Bravecto, el cual fue un cambio de paradigma para el control y la prevención de pulgas y garrapatas. Marcó un hito que ya es parte de la normalidad en los tratamientos en las clínicas veterinarias. Hoy les presentamos este nuevo cambio de paradigma».
Matías Garrido, gerente de marketing y técnico en MSD, profundizó en las características disruptivas del producto. «Bravecto 365 ya está presente en más de 60 países, destacamos que se trata de una sola aplicación subcutánea que asegura un año de protección contra pulgas, garrapatas y ácaros», explicó.

Bravecto 365

Uno de los principales diferenciales de la innovación radica en su formulación de alta tecnología: «Bravecto 365 contiene Fluralaner, un principio activo conocido, confiable y eficaz, pero en una innovadora formulación de cristales de liberación prolongada, lo que asegura la duración de un año completo contra pulgas, garrapatas y ácaros; todo en una inyección administrada por el veterinario», destacó Garrido.
Esta administración clínica es una pieza clave en la estrategia comercial, ya que garantiza el cumplimiento terapéutico —el perro queda protegido por todo el año sin depender de la constancia del tutor— y centraliza el negocio en la veterinaria.

Un ecosistema de soluciones

El evento también fue el marco ideal para repasar otras incorporaciones al portafolio de MSD a nivel local. Allí, se hizo hincapié en que en el último año lanzaron cuatro productos que son «los primeros de su clase»:

  • Nobivac Puppy DP Plus: En el área de la prevención temprana, se destacó esta vacuna viva desarrollada mediante ingeniería genética. Garrido la definió como «la primera vacuna que es capaz de proteger el 100% de los cachorros contra parvovirus». Al poder administrarse desde las 4 semanas de edad, brinda una solución segura en situaciones de alto riesgo de infección.
  • Complejo Respiratorio Infeccioso (CIRD): MSD ha decidido expandirse en el mercado con dos innovaciones complementarias. Por un lado, Nobivac Intra Trac Oral Bb, una vacuna de administración oral contra Bordetella bronchiseptica. Por otro lado, la reciente Nobivac Respira Bb, una novedosa vacuna inyectable que utiliza tecnología de fimbrias purificadas (subunidad inactivada) en lugar de la bacteria completa, logrando una «inmunidad mucho más robusta que reduzca no solo los signos clínicos, sino también la excreción bacteriana».
  • Mometamax Ultra: Para el abordaje de la otitis externa, se presentó este revolucionario tratamiento ótico de única dosis. Garrido explicó que el principal problema de las otitis crónicas es la falta de cumplimiento por parte de los tutores al aplicar gotas diarias, por lo que esta innovación administrada en el consultorio «nos permite asegurar el cumplimiento y eficacia contra la enfermedad… y tratarla es muy fácil».
  • Bravecto Plus: Finalmente, en el segmento felino, se repasó el lanzamiento de la pipeta que provee acción endectocida. Protege a los gatos contra parásitos externos (pulgas, garrapatas, ácaros) e internos (gusano del corazón y nematodos intestinales) durante 3 meses.

Conectando con la clínica veterinaria

Para dar soporte a este nivel de innovación tecnológica, el trabajo en el campo es vital. Juan Fierro, gerente de ventas, cerró la presentación resaltando el valor humano y las herramientas de fidelización, como el programa Bravecto Rewards. «En MSD seguimos innovando, y no solo en productos, sino en programas de lealtad, para elevar el estándar de la industria, y conectar al veterinario con los tutores», concluyó.

Profundizamos sobre un concepto clave para entender por qué algunos servicios generan confianza y recomendación, mientras que otros pasan desapercibidos. ¿Por dónde pasa la diferencia?

Julia Bercovich
Mi Negocio Veterinario
julia@minegocioveterinario.com

Dos clínicas veterinarias pueden ofrecer exactamente el mismo servicio médico, cobrar precios similares y atender al mismo tipo de pacientes. Sin embargo, una de ellas genera recomendaciones constantes, fideliza clientes y construye una reputación sólida, mientras que en la otra la relación con el tutor no alcanza el mismo nivel de compromiso. ¿Qué explica esa diferencia?
La respuesta (en este caso) no está en la calidad técnica del servicio, sino en cómo el tutor vive la experiencia de atención y sus resultados.
Este fenómeno se conoce como “valor percibido”, un concepto clave para entender por qué algunos servicios generan confianza, recomendación y fidelidad, mientras que otros pasan desapercibidos, aun cuando prestan el mismo servicio en iguales condiciones en cuanto a precio y conocimiento técnico.

Comprender el valor
percibido no significa
convertir la medicina
veterinaria en un
negocio puramente
comercial

¿Qué es el valor percibido?

En marketing, el valor percibido es la evaluación que hace el cliente sobre los beneficios que recibe de un producto o servicio en relación con el costo que paga. Esto quiere decir que los tutores a la hora de evaluar la consulta no tendrán en cuenta sólo el criterio clínico, sino la experiencia completa que la rodea.
Obviamente, es importante el diagnostico y el tratamiento, ni hace falta decirlo, pero también intervienen, con mucho peso, la confianza generada, la empatía en la consulta, la claridad de la comunicación y el acompañamiento posterior.

Los cuatro pilares a tener en cuenta

En servicios profesionales, y especialmente en los vinculados a la salud, el valor percibido suele construirse a partir de cuatro factores principales: confianza, empatía, comunicación y resultados.

1. Confianza:

En medicina veterinaria, la confianza se construye en los pequeños gestos del día a día: la forma en que se explica un diagnóstico, la seguridad con la que se toman decisiones o la honestidad al plantear un pronóstico.
El tutor necesita hoy sentir que su mascota está en manos de alguien que sabe lo que hace, pero también que se actúa con criterio y transparencia.
Muchas veces, esa confianza se refuerza con detalles simples: explicar por qué se recomienda un estudio, contar cómo funciona un tratamiento o mostrar que detrás de cada decisión hay formación y experiencia.
Cuando esa confianza está presente, el precio deja de ser el factor principal en la decisión. El tutor no siempre está buscando la opción más barata, sino el profesional en quien puede confiar para cuidar a su compañero.

2. Empatía

Los veterinarios tienen un desafío extra a la hora de compararlos con otros profesionales de la salud: el paciente no puede explicar qué le pasa. Por lo tanto, gran parte del foco de la consulta está puesto en el tutor (mala noticia para aquellos que todavía no se habían dado cuenta…).
Escuchar con atención, dejar espacio para que la persona cuente lo que observa en su mascota o reconocer su preocupación son gestos que cambian completamente la experiencia de atención.
La empatía no significa dramatizar, ni perder objetividad clínica. Significa entender que detrás de cada consulta hay un vínculo afectivo muy fuerte y que, muchas veces, el tutor llega al consultorio con miedo, culpa o incertidumbre.

3. Comunicación

Comunicar bien no significa simplificar la medicina, sino traducirla: diagnósticos, estudios, tratamientos o tiempos de evolución pueden resultar complejos
si no se explican de forma clara. Cuando la información queda a medias o se expresa en términos demasiado técnicos, aparece la confusión y con ella la ansiedad. Si la comunicación es clara y cercana, el tutor no solo entiende mejor el proceso, también se siente parte del cuidado de su mascota.

4. Resultados

En cualquier servicio de salud, los resultados son importantes. Sin embargo, en medicina veterinaria no siempre se miden únicamente en términos de curación. Hay situaciones, como enfermedades crónicas, pacientes geriátricos o tratamientos oncológicos, en las que el objetivo no es eliminar el problema, sino mejorar la calidad de vida del animal y acompañar a la familia durante el proceso.
En estos casos, el valor del servicio también se construye en la forma en que se transita el tratamiento: la claridad de los objetivos, la honestidad al hablar de pronósticos y la disponibilidad para acompañar decisiones difíciles.
Cuando el tutor siente que su animal fue cuidado con compromiso y respeto, incluso en escenarios complejos, la percepción del servicio sigue siendo positiva.

La experiencia completa del servicio

Un punto fundamental del marketing de servicios es entender que los clientes evalúan la experiencia completa. En el caso veterinario, esto significa que el tu-
tor, a la hora de generar una percepción sobre la veterinaria, tendrá en cuenta todos los elementos que participan de la experiencia, no solo la consulta.
El valor percibido comienza cuando busca información, agenda un turno o entra por primera vez al establecimiento
Continúa en la recepción, en el tiempo de espera, en la limpieza, en la forma en que se explica el diagnóstico  y en la claridad del presupuesto. Y sigue después de que el tutor vuelve a su casa: en el seguimiento del tratamiento, en la disponibilidad para responder dudas y en la sensación de acompañamiento. Cada uno de estos momentos contribuye a construir, o debilitar, la percepción de valor.
Comprender el valor percibido no significa convertir la medicina veterinaria en un negocio puramente comercial. Al contrario: implica reconocer que la calidad del servicio también depende de factores humanos y comunicacionales.
Cuando una clínica logra integrar excelencia médica con empatía, comunicación clara y una experiencia cuidada, el valor percibido aumenta de forma natural y con él llegan también la fidelización, la recomendación y la sostenibilidad del negocio.

La MV Rosa Saturno fue atacada en su veterinaria el pasado 4 de noviembre. Su abogado, Juan Quevedo, explicó en una entrevista exclusiva con MOTIVAR por qué buscan que el hecho se caratule como intento de homicidio, y qué impacto se espera que tenga en la comunidad.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

No fue una discusión que se fue de las manos

El 4 de noviembre, la médica veterinaria Rosa Saturno fue agredida brutalmente en la puerta de su veterinaria en Barrio San Pablo, Córdoba. Una clienta la golpeó en la cabeza con una tenaza metálica que llevaba escondida en la cartera. El golpe en su cabeza dejó en evidencia una situación que muchos profesionales vienen señalando hace tiempo: la violencia hacia veterinarios existe, y va en aumento.
El caso generó una fuerte reacción institucional. El Colegio de Médicos Veterinarios de Córdoba (CMVPC) decidió involucrarse como querellante en la causa penal. El objetivo: que la Justicia no trate este caso como una simple agresión, sino que lo reconozca como lo que fue: un intento de homicidio.
Quevedo sostiene esta postura basado en las siguientes claves:

  • La agresora llevó una tenaza escondida: “Nadie lleva una herramienta así en la cartera por casualidad”.
  • Revisó su cartera antes de atacar, calculó la distancia y golpeó con precisión.
  • Eligió una zona vital: el golpe fue al cráneo, con un objeto con filos y ángulos.

Gracias a la actuación del Colegio y a las pruebas presentadas (como los videos de seguridad), la fiscalía agravó la carátula inicial de “lesiones leves” y hoy el caso se investiga como “lesiones leves agravadas”. Pero el objetivo sigue siendo claro: que la Justicia avance hacia una imputación por intento de homicidio.

Un ataque que expuso una realidad innegable

Aunque este caso generó gran repercusión por su brutalidad, no es un hecho aislado. Las agresiones físicas, verbales y psicológicas hacia veterinarios van en aumento. Lo que antes parecía una excepción, hoy empieza a convertirse en parte del día a día de muchos profesionales de la salud animal.
Esta realidad impacta directamente en la salud emocional y mental de los afectados. De hecho, la medicina veterinaria se encuentra entre las tres profesiones con mayor índice de suicidios en el país, un dato tan preocupante como revelador, y que se agrava cuando se suman el maltrato, las exigencias desmedidas y la falta de reconocimiento.

Lo que hoy se pone sobre la mesa

Con esta causa, el Colegio busca sentar un precedente. Mostrar que estos hechos no pueden ser naturalizados, ni relativizados como situaciones aisladas. El mensaje es claro: los veterinarios merecen ejercer su profesión en un entorno seguro y respetuoso, sin temor a ser agredidos por hacer su trabajo.
El acompañamiento de CMVPC fue integral. No sólo activó su protocolo para estos casos para la contención de Rosa, sino que logró que Juan Quevedo, miembro de su equipo legal, se constituyera como querellante en la causa. Mientras, la Fiscalía evalúa las pruebas (videos) aportados por la profesional agredida. Este accionar institucional marca un camino claro sobre cómo responder, de manera organizada, frente a hechos de violencia.
Tener un respaldo, sentir contención y visibilidad, puede marcar una diferencia profunda cuando un veterinario se enfrenta a situaciones de este tipo.
Desde el Colegio sostienen que si se logra que este caso avance como intento de homicidio, se podría dar un paso histórico en la defensa legal de los veterinarios en Argentina. La agresión a Rosa no fue un incidente menor, y mostrarlo como tal ante la Justicia puede cambiar la forma en que estos temas se abordan en el país.
Lo que este proceso pone en discusión es algo más profundo: el respeto hacia una profesión que, si bien se elige con pasión y vocación, no puede seguir ejerciéndose en condiciones de violencia o desprotección.
El reconocimiento institucional, la acción jurídica firme y la visibilidad pueden convertirse en herramientas clave para proteger a quienes, todos los días, sostienen sus clínicas, sus equipos y sus negocios en contextos que muchas veces son hostiles.

Te dejamos un link a la entrevista completa en MOTIVAR.

 

Un nuevo caso de leptospirosis en la provincia de Buenos Aires vuelve a poner en foco un tema clave: la salud pública empieza muchas veces en el consultorio veterinario.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

El Ministerio de Salud bonaerense confirmó recientemente un caso fatal de leptospirosis en Ensenada. La persona afectada realizaba tareas en una zona anegada y habría estado expuesta a agua contaminada. A partir de este hecho, el Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires recordó el rol clave de los profesionales en la prevención, el control y la educación frente a enfermedades zoonóticas como ésta.

En este contexto, la intervención del veterinario cobra un valor particular: la detección temprana en perros, la indicación de vacunas, el asesoramiento al tutor o incluso una simple advertencia sobre condiciones del entorno pueden marcar la diferencia mucho antes de que la enfermedad llegue al sistema de salud humano.

“Algo tan simple como el aleteo de una mariposa…”

El efecto mariposa es un concepto que viene de la física: un aleteo en un lugar del mundo puede desencadenar una tormenta en otro. Se usa muchas veces para hablar de gestos o decisiones mínimas que terminan generando un impacto mucho mayor. Y en el mundo veterinario, este efecto toma un valor aún más especial.

Una consulta por fiebre en un perro. Una vacunación de rutina. Una charla breve con un tutor sobre el riesgo de aguas estancadas o acumulación de basura. Son acciones comunes en la práctica diaria. Pero cuando hay enfermedades zoonóticas en circulación, esos gestos pueden ser el primer eslabón de una cadena que previene algo más grande.

Ese es el efecto mariposa aplicado a la veterinaria: una acción puntual que, aunque no lo parezca, puede ayudar a evitar un brote, una internación o incluso una muerte. No porque el veterinario lo haga todo, sino porque está en una posición estratégica: es muchas veces el primero en ver una señal de alerta.

Una Sola Salud

Hablar de zoonosis es una invitación a cambiar la escala del impacto de tu trabajo diario: dejar de verlo como un acto clínico aislado y empezar a entenderlo como una pieza clave en el entramado de la salud pública.

La historia no tiene por qué empezar con la enfermedad en un hospital. Muchas veces puede terminar, silenciosamente, en un consultorio veterinario. Y eso también es parte del valor de esta profesión.

El enfoque de Una Salud propone entender que la salud humana, animal y ambiental están conectadas. Pero más allá del concepto, lo que este caso deja claro es que esa conexión se manifiesta en hechos concretos: en una vacuna que se aplica, en una conversación con un tutor, en una observación sobre el entorno.

Sólo en el primer semestre del año se notificaron más de 100 casos de leptospirosis canina y 134 casos humanos, concentrados principalmente en Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. En muchos de esos casos, los animales actuaron como indicadores tempranos del riesgo ambiental. Esa información, si se toma a tiempo, puede evitar consecuencias mayores.

El trabajo diario en las veterinarias muchas veces se da por sentado. Pero cada ficha clínica, cada análisis, cada recomendación puede ser una pieza dentro de una red sanitaria más amplia. El efecto mariposa no es un recurso poético: es una forma real de entender el impacto que puede tener una profesión cuando se ejerce con responsabilidad, criterio y conciencia del entorno.

La salud pública no es solo una cuestión de hospitales, ministerios o protocolos. También se construye en los consultorios, todos los días, si pensamos en el enfoque de Una Sola Salud.
Y muchas veces, empieza mucho antes de que se note.

En los tiempos que corren, las clínicas veterinarias tienen la posibilidad de aplicar estrategias concretas no solo para darle valor a sus servicios, sino también para impulsar las ventas de estación.

Julia Bercovich
Mi Negocio Veterinario
julia@minegocioveterinario.com

En marketing y comunicación experiencial, es sabido que el valor real de un servicio no siempre coincide con el valor percibido. Según Philip Kotler, lo que el cliente compra no es solo un producto, sino una propuesta de valor emocional, funcional y simbólica. Y autores como Schmitt o Dan Ariely profundizan esta idea: las personas valoran más aquello en lo que participan activamente. Cuando sienten que son parte del proceso, el vínculo con el servicio se refuerza, la experiencia se potencia y la recordación se prolonga.
Este concepto se refleja también en el comportamiento del consumidor cuando el producto es intangible o no genera un cambio visible inmediato… como sucede en muchas acciones preventivas del ámbito veterinario.

Cuando el cliente siente que es parte del proceso, el vínculo con el servicio se refuerza.

Un caso clásico que lo explica todo

En los años ´20, una empresa lanzó una premezcla para tortas que solo requería agregar agua antes de hornear. La promesa era irresistible: cocinar sin esfuerzo.
Pero el producto no se vendía.
Las amas de casa de la época —cuyo rol social estaba muy ligado a la cocina— sentían que poner solo agua no era “cocinar de verdad”. Faltaba algo.
El producto era técnicamente bueno, pero emocionalmente insatisfactorio.
La solución no fue mejorar la receta, sino incluir al usuario en el proceso. ¿Cómo?
La nueva fórmula requería cambiar el agua por leche y huevos. Resultado: se dispararon las ventas. Ese pequeño gesto simbólico devolvía protagonismo, sensación de acción, pertenencia… y satisfacción.

¿Qué tiene que ver esto con tu veterinaria?

Mucho más de lo que parece. Hoy, hay tutores que llevan a sus mascotas al veterinario, compran una pipeta, aplican un antiparasitario o hacen una consulta de rutina… pero no sienten que están haciendo “lo suficiente”.
Desde la mirada profesional, ustedes saben que un chequeo semestral o anual puede prevenir enfermedades graves.
Pero desde la percepción del tutor, si no hay intervención activa, si no participa, si no “hace” algo… no se valora igual.

Sin datos, tampoco hay paraíso

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Ser proactivo en las ventas es vital: campañas estacionales, chequeos preventivos, packs de diagnóstico o charlas que acerquen a los clientes a la clínica son un gran motor para sostener la agenda en tiempos de consumo retraído.
Sin embargo, nada de esto alcanza si no hay una gestión administrativa ordenada detrás.
Porque no se trata solo de vender más, sino de entender si esas ventas alcanzan para cubrir los costos y dejar margen real. ¿Cuánto representan hoy los salarios —incluido el del dueño— con sus cargas sociales? ¿Qué porcentaje se lleva el alquiler, los servicios o los insumos médicos? ¿Qué impacto tienen los impuestos y los costos financieros?
Sin esos números sobre la mesa, cualquier estrategia comercial puede convertirse en un castillo de naipes.
En veterinaria, como en cualquier empresa, rentabilidad no es “ganar mucho”, sino evitar perder en silencio. Y la única manera de lograrlo es con información precisa: saber dónde se fugan recursos, renegociar con proveedores, ajustar gastos que no aportan valor y fijar metas claras de facturación en función del punto de equilibrio actualizado.
El desafío es doble: salir a buscar clientes con propuestas que transmitan valor, y al mismo tiempo ordenar la gestión interna para que cada peso cuente. No se trata de elegir entre vender más o gastar mejor; se trata de integrar ambas acciones bajo una misma premisa: sin datos no hay decisiones inteligentes, y sin decisiones inteligentes no hay futuro sostenible para la clínica.

¿Cómo podés sumar valor simbólico a tu consulta?

Acá te comparto algunas ideas que quizás puedan servirte como disparadores:

1. Convertí la consulta en una experiencia compartida
No des por hecho que el tutor sabe y entiende todo lo que hacés. Mostrarlo:

  • Explicá lo que revisás.
  • Preguntá cosas que lo involucren.
  • Usá un lenguaje claro, con soporte visual, cercano, educativo.

Esto transforma la consulta en un momento de conexión y aprendizaje.

2. Ofrecé planes de salud con materiales entregables

Un plan de vacunación o desparasitación puede parecer algo frío o técnico. Pero esto podría cambiar si le sumás:

  • Carnet con sellos.
  • Certificado impreso o digital.
  • Recordatorio visual (como un imán con próximas fechas).

Así es como el tutor se lleva algo tangible de la veterinaria, un símbolo de cuidado.
En los tiempos que corren, agregar valor al servicio para incrementar (o de mínima sostener) el precio de la consulta es imprescindible.

3. Incorporá rituales o gestos simbólicos a cada paso
Así como la premezcla de nuestro ejemplo mejoró cuando se sumaron huevos, tu consulta mejora cuando le das al tutor algo que pueda hacer o sentir que hace:

  • Firmar un “compromiso de bienestar”.
  • Recibir una checklist con cosas para hacer en casa.
  • Participar activamente de la revisión.

4. Sumá tareas post consulta que refuercen el rol activo del tutor

  • Algunos tips personalizados.
  • Una rutina de cuidado domiciliario.
  • Algún juego o estimulación cognitiva recomendada.

¡No lo dudes! Esto extiende la experiencia más allá del consultorio.

Lo urgente es desparasitar, lo importante es enamorar

Llegó la primavera y con ella la temporada alta de antiparasitarios. Lo primero que debemos tener en cuenta es que no es solo el momento de mayor demanda: es una excusa perfecta para activar acciones de marketing relacional en tu veterinaria. Una oportunidad para conectar con los tutores, educar sobre prevención, mejorar la experiencia de atención y, sí, también vender mejor.
El secreto está en mirar más allá de la venta.
Como dice Philip Kotler, el marketing moderno debe centrarse en construir relaciones. No se trata solo de colocar un producto en manos del tutor, sino de generar valor, cercanía y continuidad.
Por eso, esta temporada puede ser mucho más que un pico de ventas. ¡Puede ser tu momento para destacarte!

¿Por qué decimos que esta temporada es ideal para el marketing veterinario?
• Porque hay más circulación en la veterinaria.
• Porque los tutores están más receptivos.
• Porque hablar de prevención te posiciona como referente.
• Porque podés implementar acciones simples, sin grandes presupuestos.

Estrategias
Te comparto acá algunas ideas:
1. Convertí la venta en una experiencia: No hace falta gran presupuesto, pero sí coherencia estética y narrativa. Podés armar una mini campaña temática, con cartelería, flyers, posteos y un tono unificado en todo el equipo.
2. Activá WhatsApp como canal de comunicación: Segmentá por fecha de última compra de antiparasitario y enviá recordatorios personalizados. Usá listas de difusión para compartir promociones, tips o trivias. Enviá contenido educativo breve: infografías, mitos y verdades, videos cortos.
3. Educá con creatividad en redes: No hables solo del producto. Hablá del problema que resuelve. La prevención no tiene por qué ser aburrida. Sumá campañas lúdicas y educativas.
4. Aplicá ventas cruzadas con criterio: El tutor que entra a comprar una pipeta o un comprimido nos da una oportunidad para también sugerir un chequeo preventivo; preguntar por el estado de vacunación y ofrecer productos complementarios: shampoo antipulgas, collares, juguetes, golosinas o productos de higiene.
5. Formá equipo; todos comunican: El marketing relacional no se hace solo desde Instagram. También está en cómo atienden en la recepción; el orden en el mostrador y hasta en cómo responde el equipo las dudas más comunes.
No lo olvides: una veterinaria que comunica con coherencia y calidez transmite profesionalismo… y eso fideliza.

Conclusión
Sí, el tutor necesita resolver un problema. Pero también busca un lugar en donde sentirse bien atendido, comprendido y contenido.
Si lo ayudás a prevenir, a entender, a recordar y a proteger… no solo te va a comprar. Te va a elegir.
Y ahí es donde empieza la diferencia.

Lo simple no siempre se valora; hacelo significativo

Una pipeta o un comprimido antiparasitario no parecen “gran cosa”.
Un control clínico de 15 minutos puede parecer poco ante la mirada de algún cliente que estuvo media hora esperando en la sala de espera.
Pero cuando el tutor se siente parte, cuando su acción se convierte en cuidado, cuando le das algo para hacer, guardar, compartir o contar, todo cambia.
El desafío está en encontrar el equivalente a esos “huevos y leche” simbólicos empleados tan fructíferamente en la gastronomía, para que transformen tu servicio en una experiencia emocionalmente valiosa y repetible.

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

En la medicina veterinaria no existen soluciones mágicas. Esta afirmación es ampliamente aceptada por cualquier profesional del sector. Los tratamientos exitosos requieren diagnóstico, seguimiento, experiencia clínica y, sobre todo, un plan. La improvisación, por más creativa que sea, pocas veces da resultados sostenibles cuando se trata de la salud de un paciente.
Lo llamativo es que esa lógica muchas veces no se traslada al ámbito de la gestión. En las veterinarias, frente a un contexto económico desafiante o una baja en la facturación, no es raro que se apele a decisiones puntuales, desordenadas y sin una mirada integral.
Se lanzan promociones, suman servicios, se ajustan precios o se incorporan tecnologías sin tener un verdadero diagnóstico del negocio, sin un rumbo definido, sin un objetivo claro.
Y, al igual que en la clínica, los resultados de esa falta de planificación no tardan en aparecer. Las soluciones aisladas generan un alivio momentáneo, pero difícilmente consolidan un crecimiento real. Sin orden, sin estrategia, sin visión, no hay «magia» posible.
La gestión de una empresa —por más pequeña que sea— necesita estructura. Y esa estructura no es sinónimo de rigidez, sino de claridad. Saber quiénes somos como marca, qué lugar queremos ocupar, a qué tipo de clientes queremos atraer, qué experiencia queremos brindarles, y cómo vamos a medir si lo estamos logrando, son preguntas fundamentales que deberían preceder cualquier decisión táctica.

Las soluciones aisladas generan un alivio momentáneo, pero difícilmente consolidan un crecimiento real.

Pensá

Ordenar implica detenerse a pensar.
Analizar los números, interpretar tendencias, detectar cuellos de botella, revisar procesos, escuchar al equipo, y, a partir de ahí, diseñar un modelo de negocio coherente con la realidad y con las aspiraciones del emprendimiento.
Gestionar no es apagar incendios, es construir un camino. Es tomar decisiones que se sostengan en el tiempo. Y eso no ocurre sin planificación.
En tiempos donde abundan los consejos rápidos, las recetas instantáneas y los gurúes de turno, es fundamental volver a los principios básicos. No hay herramientas milagrosas, ni acciones aisladas que transformen un negocio de la noche a la mañana.
Lo que sí existe —y funciona— es el trabajo metódico, ordenado y estratégico.
Una veterinaria con identidad clara, procesos bien definidos, objetivos medibles y un equipo alineado, tiene muchas más chances de crecer y sostenerse.
Y es en ese entorno, estructurado pero flexible, donde finalmente puede aparecer la creatividad, la innovación y, con suerte, algo de esa “magia” que todos buscan.
Pero nunca al revés.
Sin orden, no hay magia.

Animalia lanzó GENESIS, una línea de fórmulas húmedas calidad Human Grade (para perros y gatos), que se presenta como una solución para los médicos veterinarios.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Conformada íntegramente por médicos veterinarios con una sólida trayectoria en la nutrición animal, la empresa Animalia lanza al mercado GENESIS.

“GENESIS es una nueva herramienta para los médicos veterinarios, que les permitirá aportar a sus pacientes prevención a través del alimento. Es una línea de fórmulas húmedas, completas y balanceadas, que contienen nutracéuticos únicos en el mercado veterinario, como Postbióticos, Astaxantina, Cúrcuma y Aceite de coco (entre otros), con beneficios nutricionales científicamente comprobados, tanto para la prevención, como para el soporte al tratamiento de diversas patologías o necesidades específicas de sus pacientes”, explicó el MV Alejo Acevedo (MN 8.273), Director Técnico de Animalia, en diálogo con Mi Negocio Veterinario.

Si bien los primeros desarrollos de Animalia comenzaron hace ya 4 años, este 2025 marca un hito con el lanzamiento GENESIS, que se suma a sus otras dos marcas: Big Love y Taste of The Valley.

“En esta primera etapa, lanzamos dos fórmulas, GENESIS -dieta carnívora para gatos adultos y GENESIS -dieta omnívora para perros adultos-. Se trata de alimentos húmedos naturales, con carnes enteras (no ultraprocesados) y vegetales enteros (en la fórmula perro) de calidad Human Grade, en envase sustentable de Tetra Pak de 340 g.”, detalló Acevedo.

Nutrición diferencial – Human Grade

“Para graficarlo de manera resumida, podríamos decir que, a nivel nutricional, si tomamos el mejor de cada categoría, el alimento seco estaría en la base de la pirámide, seguido el húmedo ultraprocesado (todas las latas y sobres), y en la cima de la pirámide nuestras fórmulas, compuestas por trozos de carnes enteros, vegetales, y nutracéuticos.
Si hablamos de Calidad Human Grade, nuestros productos son los únicos del mercado que realmente cumplen con los requisitos, ya que son elaborados en una planta que fabrica comidas para humanos, con los mismos ingredientes, en el mismo formato de envase Tetra Pak esterilizado por autoclave, y con certificaciones internacionales de Calidad (FSSC 22.000, HACCP, BPM).”

El futuro de la nutrición

“Como médicos veterinarios, tenemos incorporado en nuestro ADN el Método Científico, por lo cual, les propongo a nuestros colegas realizar su propia experiencia con nuestras fórmulas, y que sean ellos los que determinen el futuro de la nutrición para nuestros queridos animales de compañía”, concluyó.

Una nueva campaña lanzada por el Colegio de Médicos Veterinarios de Córdoba puso en palabras algo que muchas veces se da por sentado:
“Donde hay médicos veterinarios, hay salud.”
Y no se refiere solo a la salud animal.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

El concepto de Una Salud (One Health) nos recuerda que la salud de las personas, los animales y el ambiente están profundamente conectadas. En ese marco, los veterinarios cumplen un rol esencial que muchas veces pasa desapercibido.

La pregunta es:
¿Estás comunicando ese valor desde tu clínica?

El rol del veterinario va más allá del consultorio

Desde campañas de vacunación hasta el control de enfermedades zoonóticas, la presencia del médico veterinario impacta directamente en la salud pública. La atención clínica es solo una parte del trabajo. También se participa en:

  • Educación sobre tenencia responsable
  • Detección temprana de enfermedades transmisibles
  • Asesoramiento en higiene y prevención
  • Participación en programas de bienestar animal

Sin embargo, muchos profesionales no logran que ese aporte se vea reflejado en la percepción que tienen sus clientes.

Comunicar salud es construir confianza

La campaña del Colegio de Córdoba visibiliza esta problemática: si la sociedad no conoce el verdadero alcance de la profesión veterinaria, tampoco la valora como debería.

Desde la gestión de una clínica o pet shop, hay acciones simples que pueden marcar la diferencia:

  • Mostrar en redes el detrás de escena de tu trabajo: no solo curás, también prevenís.
  • Explicar con lenguaje accesible cómo tus servicios impactan en la salud de las familias.
  • Participar en campañas de concientización comunitaria: castraciones, desparasitación, jornadas educativas.
  • Capacitar al equipo para que pueda transmitir estos conceptos en el día a día con los tutores.

Una identidad profesional más visible y reconocida

El desafío no es solo ofrecer un buen servicio, sino hacer visible el valor que ese servicio aporta a la comunidad. Como señala el Colegio de Córdoba, es momento de consolidar la identidad del veterinario como un agente de salud integral.

“Debemos reforzar nuestra presencia en el espacio público, no como simples prestadores de servicios, sino como profesionales de la salud”, afirman desde la institución.

En tiempos donde la confianza es clave, contar lo que hacés (y cómo eso mejora la vida de los demás) puede ser el diferencial que te destaque.

VetOncología, de la mano de Matías Tellado y Laura Pisano, se consolida como un centro de referencia en el diagnóstico y tratamiento del cáncer en animales de compañía.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Desde su creación en 2019, VetOncología se consolidó como un centro de referencia en el diagnóstico y tratamiento del cáncer en animales de compañía.
Fundada por los veterinarios Matías Tellado y Laura Pisano, la clínica sigue apostando al crecimiento con inversiones en infraestructura, equipamiento y capacitación de profesionales, respondiendo a la creciente demanda de servicios especializados en oncología veterinaria.

Inversión y especialización

Ubicada en la Ciudad de Buenos Aires, VetOncología nació para brindar atención integral a pacientes oncológicos, ofreciendo servicios de última generación. Desde sus inicios, Tellado y Pisano invirtieron en la ampliación de las instalaciones y en la incorporación de tecnología avanzada, consolidando su propuesta de valor en un nicho en plena expansión.
La clínica cuenta con un equipo multidisciplinario de más de 10 oncólogos, oncohematólogos, cirujanos, anestesistas y especialistas en nutrición y terapia del dolor. Además, han incorporado dos equipos de diagnóstico por imágenes en ecografía y uno de radiología.

Servicios y tecnologías

Uno de los diferenciales de VetOncología es su capacidad para ofrecer un amplio abanico de opciones terapéuticas, adaptadas a las necesidades de cada paciente. Entre sus servicios destacan: Electroquimioterapia y radioterapia, Cirugía oncológica y criocirugía, Unidad de investigación clínica aplicada y Diagnóstico por imágenes especializado.
El 70% de los pacientes llegan derivados de otras veterinarias, lo que refleja la confianza en la clínica como centro de referencia. “Nos enfocamos en el diagnóstico temprano y en brindar opciones terapéuticas que mejoren la calidad de vida del paciente”, señala Tellado.

Expansión

Con el aumento en la demanda de servicios, VetOncología se enfrenta al desafío de crecer sin perder eficiencia. Por ello, en 2024 iniciaron un plan de ampliación para optimizar sus quirófanos, mejorar la atención y sumar nuevas especialidades. La inversión total supera los US$ 150.000, con la proyección de destinar un monto similar en los próximos meses para la incorporación de paneles solares y un servicio propio de tomografía computada.
“La velocidad en oncología es clave. Poder contar con equipamiento propio nos permitirá ofrecer diagnósticos más rápidos y precisos, optimizando los tratamientos”, explica Tellado.

Formación continua

VetOncología también apuesta a la formación de especialistas. Desarrolla pasantías y cursos especializados, ofreciendo la posibilidad de capacitarse en oncología aplicada, con formación práctica y clases teóricas.
“La educación es clave. Nuestro objetivo es que los profesionales que pasen por aquí no solo observen, sino que participen los tratamientos y procedimientos”, afirma Tellado.

Oncología veterinaria

Con un modelo de negocio basado en inversión, formación y servicios de calidad, VetOncología sigue marcando el camino en el desarrollo de la oncología veterinaria en Argentina y la región.
«La clave del éxito está en la combinación de tecnología, conocimiento y un equipo humano preparado”, concluye Tellado.

Escribe Guadalupe Gallo
MV y Coach ontológica
guadalupe.egallo@gmail.com

El mayor desafío de los profesionales no es solo saber actuar, sino poder hacerlo incluso cuando la incertidumbre y el miedo amenazan con paralizarlos.

La M.V. Inés observaba con atención al gato atigrado que estaba sobre la camilla de emergencias. Su respiración era entrecortada, sus mucosas pálidas, su cuerpo inmóvil salvo por los espasmos de cada intento desesperado de oxigenarse. La tutora, con el rostro desencajado, suplicaba ayuda entre gritos y sollozos: ese gato era lo único que tenía.
Inés sabía qué hacer. Sus años de estudio y sus incontables prácticas le habían enseñado a actuar en emergencias, a priorizar, a ejecutar con precisión. Pero en ese momento, en el instante crítico donde debía tomar el control, su cuerpo se quedó quieto. Su mente, inundada por la responsabilidad, se nubló.
El conocimiento estaba allí, pero sus emociones le jugaron en contra.
La capacidad de gestionar las emociones y tomar decisiones bajo presión es tan importante como el conocimiento técnico en la medicina veterinaria.
El mayor desafío de los profesionales no es solo saber actuar, sino poder hacerlo incluso cuando la incertidumbre y el miedo amenazan con paralizarlos. Inés comprendió en esa guardia que la inteligencia emocional no es un complemento, sino una herramienta esencial para salvar vidas.

Las emociones en la práctica clínica

A menudo creemos que las decisiones médicas que tomamos en nuestra práctica clínica son producto de un pensamiento estructurado y lineal, como si siguiéramos un algoritmo riguroso hasta alcanzar el diagnóstico y tratamiento correctos. En teoría, debería ser así. Pero en esas listas interminables de probabilidades que nos llevan a un solo punto, rara vez consideramos un factor fundamental: las emociones.
Todavía recuerdo mis últimos años en la universidad, cuando junto a mis compañeros nos reuníamos en ronda para analizar y discutir casos clínicos de papel. Todo empezaba de manera ordenada: «Paciente canino, macho, entero…».

«La inteligencia emocional no es un lujo ni un concepto abstracto: es una herramienta que puede marcar la diferencia entre una buena o una mala decisión, entre salvar una vida o quedarnos paralizados.»

Seguía la reseña completa, la anamnesis detallada, y una lista exhaustiva de signos clínicos producto de una revisión meticulosa. Pero aquel paciente solo existía en el papel. No estaba frente a nosotros. No había un tutor angustiado esperando una respuesta, ni el peso de la responsabilidad sobre nuestros hombros. Además, teníamos la seguridad de estar rodeados por supervisores que corregían cualquier posible error antes de que tuviera consecuencias reales.

La Inteligencia emocional en veterinaria

La inteligencia emocional no es un concepto abstracto ni algo que se estudia en un libro. Es la capacidad de entender lo que sentimos, manejar nuestras emociones y conectar con los demás de manera efectiva. En la veterinaria, esto es clave, ya que cada día enfrentamos situaciones que pueden ser emocionalmente desafiantes.

«La capacidad de

 gestionar las emociones y tomar decisiones bajo presión es tan importante como el conocimiento técnico en la medicina veterinaria.»

Podemos dividir la inteligencia emocional en cuatro áreas fundamentales:

  1. Conciencia de uno mismo: Saber qué sentimos, por qué lo sentimos y cómo afecta nuestra forma de actuar. Si en medio de una emergencia sentimos ansiedad, reconocerlo nos permite gestionarlo antes de que nos paralice.
  2. Autogestión: Controlar nuestras emociones para que no interfieran con nuestro trabajo. No se trata de reprimirlas, sino de manejarlas para que no nos dominen. Por ejemplo, ante un tutor angustiado, mantener la calma nos permite comunicarnos mejor y tomar decisiones más acertadas.
  3. Empatía: Comprender lo que sienten los tutores y nuestros colegas. Muchas veces, las personas no expresan todo con palabras, pero su tono de voz, expresiones y lenguaje corporal nos dan pistas sobre cómo se sienten. La empatía nos permite ofrecer un mejor acompañamiento y fortalecer la confianza con los clientes.
  4. Habilidades sociales: comunicarnos de manera efectiva, colaborar en equipo y resolver conflictos de manera asertiva.
    En una clínica veterinaria, el trabajo en equipo es fundamental, y saber escuchar y expresarnos con claridad hace una gran diferencia.

Estrategias que pueden ayudarte

Acá te comparto algunas estrategias sencillas que pueden ayudarte a desarrollar inteligencia emocional en tu día a día:

  1. Tomate un momento para identificar tus emociones: Antes de entrar a una consulta complicada o una cirugía, preguntate: «¿Cómo me siento en este momento? ¿Esto está afectando mi forma de actuar?»
    Ser consciente de ello te ayudará a manejarlo mejor.
  2. Respirá y pausa antes de reaccionar: Si un tutor te reclama o una situación te sobrepasa, tomate un par de segundos antes de responder. Una respiración profunda puede evitar una reacción impulsiva y ayudarte a comunicarte de manera más efectiva.
  3. Aprendé de cada experiencia: No te castigues por errores pasados. En lugar de enfocarte en la culpa, piensa en lo que puedes mejorar. Preguntate: «¿Qué puedo aprender de esto para la próxima vez?»
  4. Practicá la empatía: Ponerse en el lugar del tutor ayuda a mejorar la comunicación. A veces, un simple «Entiendo que esto es difícil para usted» puede hacer una gran diferencia en cómo se siente el cliente y en cómo se desarrolla la consulta.
  5. Buscá apoyo en tu equipo: La veterinaria puede ser una profesión solitaria si no tenemos un entorno de apoyo. Hablar con colegas sobre experiencias difíciles puede ayudarte a manejar el estrés y encontrar nuevas formas de afrontar situaciones desafiantes.

Un factor olvidado…

Lo cierto es que lo que nunca se discute con los estudiantes, profesores e incluso entre colegas es cómo influyen las emociones del veterinario en sus percepciones, juicios, acciones y reacciones. De hecho, muchas veces se cree que los errores que se cometen son básicamente técnicos: una dosis equivocada de un fármaco, tal vez. Sin embargo, a lo largo de los años he observado que los errores técnicos son solo una pequeña fracción de los errores.
La mayoría, en realidad, son errores de pensamiento, y parte de lo que los causa son nuestros sentimientos íntimos, nuestras emociones, las cuales no admitimos fácilmente y a menudo ni siquiera reconocemos.
La inteligencia emocional no es un lujo ni un concepto abstracto en la medicina veterinaria: es una herramienta fundamental que puede marcar la diferencia entre una buena o una mala decisión, entre salvar una vida o quedarnos paralizados. Desarrollarla nos permite no solo mejorar nuestra práctica clínica, sino también nuestro bienestar profesional y personal.
El conocimiento técnico es esencial, pero sin una gestión emocional adecuada, el mejor protocolo médico puede quedar inutilizado.
Integrar la inteligencia emocional en nuestra formación y práctica diaria nos hará mejores veterinarios y, sobre todo, mejores seres humanos.