Visitamos a la médica pediatra Fernanda Mariotti a fin de conocer el modo en que logra establecer vínculos -integrando el aspecto emotivo- con quienes la consultan.
LUCIANO ABA

“Priorizo el hecho de dialogar con quienes asisten a la consulta”.
Cordialmente nos recibió en uno de los consultorios del Centro Médico Luis Pasteur de Belgrano, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Puntual y con su guardapolvo puesto -aunque no se trataba la nuestra de una visita del tipo que acostumbra a recibir- la médica pediatra Fernanda Mariotti se dispuso a dialogar sobre un tema también para ella relevante. Es que claro, la gran mayoría de sus pacientes aún no habla o no dispone de las herramientas suficientes para transmitirle puntualmente cuál es la causa que los llevó hacia ella (cualquier paralelismo con la profesión veterinaria ligada al segmento de animales de compañía no es pura coincidencia). Es por ello, que nuestra entrevistada asume como central el modo en que se lleva adelante la comunicación con el mayor responsable que la visita.
Recibida en la Facultad de Medicina de la UBA en 1993 y con experiencia tanto en el Hospital de Niños Pedro de Elizalde (ex Casa Cuna), como en Gutiérrez, entre otros, Mariotti nos cuenta que decidió avanzar en su formación sin perder de vista la importancia de la psicología a la hora de poder brindar un servicio eficiente: «Considero a esta integración un sinónimo de salud», nos explica.
Luego de haber realizado una serie de capacitaciones ligadas a la terapia vincular, es que la profesional puede efectuar una serie de afirmaciones: «Realmente no puedo concebir al paciente sin su entorno. No siempre me encuentro frente a niños enfermos, sino que se acercan por cuestiones ligadas a controles de rutina, detección precoz de enfermedades, etc, temas que deben ser evaluados en conjunto con la salud emocional», afirma y aclara: «Para ello se debe dedicar tiempo. En lo particular, no doy turnos de menos de treinta minutos (los cuales se extienden al tiempo que sea necesario) porque priorizo el hecho de dialogar con quienes me visitan».
¿De qué manera plantea esa comunicación?
Básicamente escucho, pregunto y propongo. Esto es importante porque por más que sé muchas cosas, hay otras que no: es clave obtener toda la información posible antes de avanzar en un diagnóstico. Este vínculo es central en lo que es el desarrollo del chico sano: cómo van a manejarse los padres con sus límites, con la alimentación, con el sueño, etc. Intento establecer un vínculo, a partir del cual se le pueda dar una oportunidad a lo que se plantea en la conversación. En este sentido, lograr la confianza del otro es esencial y se va construyendo con cada encuentro; con tiempo. No a las apuradas.
Las personas valoran el hecho de sentirse contenidas.
¿Cómo informa un diagnóstico complicado?
Esta es una tarea difícil ya que, si bien los padres intuyen que algo está mal -lo ven-, el decírselos puede generar, entre varias, dos sensaciones muy frecuentes: el alivio de conocer cuál es el problema y el miedo, enojo o negación que a partir de allí se pueda generar.
Es por esto que al momento de dar un diagnóstico complicado siempre intento proponer una acción inmediata al respecto. Después podemos ir reviéndolo, pero genero una propuesta. Dejo en claro que, al menos, se hará todo lo posible para encontrar una solución.
¿Y a nivel de acciones de prevención?
Es posible encontrarse con gente que no esté a favor de seguir un plan de vacunación. Lo importante allí (y si bien no comparto esa visión) es exponer mi punto de vista y no juzgar al otro. Más allá de esto y a nivel general, la prevención de enfermedades a través de las vacunas obligatorias y opcionales cuenta con buena aceptación.
¿Cómo es la búsqueda de información para no subestimar casos que podrían ser diagnosticados rápidamente?
Es importante tener en cuenta que el cristal con que uno mire hace que se vean o no ciertas cosas. Es importante lo que uno adquiere escuchando y viendo al otro en una conversación. Claro que nos valemos de los exámenes físicos y de las historias clínicas, pero es un error pensar que uno ya sabe. Aquí entra en juego la comunicación para sacar aquello que uno no controla, porque no conoce.
Mediante el diálogo podemos enterarnos que ese niño que presenta broncoespasmo de manera recurrente no es alérgico -por ejemplo- sino que está siendo afectado quizás por alguien de su familia que fuma mientras lo cuida.
Dialogar es central: no podemos perder de vista que las parejas actuales tienen poca tolerancia a las frustraciones -por así decirlo- y que las crisis, o directamente atravesar un divorcio, impactan y se manifiestan también en el cuerpo. No debemos subestimar ningún dato. Somos una unidad.
¿Es esta una tendencia creciente?
Efectivamente, cada vez somos más los pediatras que nos enfocamos en lo vincular. Allí es clave el hecho de escuchar, pero también de transmitir correctamente lo que se quiere decir. En el caso de las recomendaciones, particularmente las doy en términos entendibles; hasta puedo llegar a hacer algún dibujo con el objetivo de ser comprendida. Me muestro abierta a las preguntas y también a las repreguntas. Escribo las indicaciones, con fecha, nombre y -si estoy segura- también dejo sentado el diagnóstico, o los pasos a seguir.
Es interesante en este aspecto analizar qué ocurre, por ejemplo, con las consultas homeopáticas. Allí, la gente habla sin apuros, responde preguntas que muchas veces no vienen al caso de la problemática que se planteó, etc, etc. Es una consulta terapéutica, de cierto modo: el paciente sale distinto aunque no haya tomado nada.
Este es un ejemplo en el que se evidencia lo que tiene de poderoso la palabra y el lenguaje.
¿Cuál es la rea importancia de esforzarse por mostrar dedicación en cada consulta?
Es central poder transmitir tranquilidad. Frente a una consulta y antes de dar una opinión, debe haber un sustento visible para el otro. Caso contrario, puede que la gente crea que porque no se le recetó nada, el paciente «no tiene nada».
Claro que un bebé con fiebre tiene algo, pero quizás no se solucione con un antibiótico, por ejemplo. Es necesario que quede claro que estamos haciendo algo al respecto; es allí cuando más valor cobran las explicaciones: la palabra.
Medicina y dinero
Otro de los temas que tuvimos posibilidad de analizar junto con la Dra. Mariotti es aquel ligado con el valor y la cobranza de las consultas. En este sentido, dejando de lado lo que es el servicio prestado a través de obras sociales y refiriéndose al caso de su consultorio en particular, nuestra entrevistada asegura que sin dudas se trata de un tema confuso y difícil para el cual los médicos tampoco han sido formados. «Tal vez porque desde sus orígenes la práctica de la medicina tiene que ver con lo sagrado, o con un sacerdocio. ¿Cómo se vincula lo sagrado con lo material? Sin embargo, vivimos en este mundo, uno tiene sus honorarios y debe hacerlos valer. Si alguien no me lo puede pagar, no es un inconveniente, puedo obsequiarle mi servicio, pero es una decisión de cada uno. En mi consultorio soy yo la encargada de cobrar, para lo cual informo ya al momento de otorgar el turno el valor del mismo. Por muy difícil que sea hablar sobre este tema, tengo en cuenta que se trata de mi trabajo, que lo hago a conciencia, que tiene un valor y que está bien que así sea», explicó Mariotti.
«Es importante evaluar el sufrimiento vincular»
A lo largo de su trayectoria, la Dra. Fernanda Mariotti ha decidido hacerse fuerte en su formación como médica pediatra, sin perder interés por diversas necesidades sociales que afectan a las personas y repercuten directamente en la salud de sus pacientes. «Es común recibir en la consulta a bebés de menos de un año con patologías respiratorias recurrentes, las cuales muchas veces terminan requiriendo de tratamientos neumonológicos «preventivos» prolongados; cuando en realidad la auténtica prevención sería que no fueran a la guardería. En estos casos es clave detectar el problema (mediante el diálogo) y acompañar a la familia a pensar en otras alternativas», nos explica.
«Otro motivo de consulta frecuente son los conflictos en la escuela y como éstos se interrelacionan y retroalimentan con las vivencias familiares, generando en ocasiones trastornos clínicos clásicos (como el dolor abdominal recurrente, por ejemplo), que funcionan como salvoconductos que permiten evitar aquellas situaciones que generan stress para el niño. Esto no quiere decir que no tenga dolor abdominal, pero el origen del síntoma es lo que tratamos de dilucidar, para poder resolverlo. Es importante evaluar el sufrimiento vincular como para poder orientar una buena derivación a tiempo», concluyó.
Todos temas que, sin una buena comunicación, sería imposible detectar…