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Hasta en las actividades más cotidianas se pueden encontrar ejemplos para pensar en cómo tratar los clientes.
PATRICIO JIMENEZ
¿Nos ponemos en su lugar, o intentamos interpretar sus pensamientos y necesidades?

¿Nos ponemos en su lugar, o intentamos interpretar sus pensamientos y necesidades?

Haciendo zapping, me encontré con una película que hacía tiempo no veía pero que siempre capta mi atención: «Lo que ellas quieren», nombre de una historia protagonizada por Mel Gibson y Helen Hunt.

Si bien el argumento es conocido, nos permitirá avanzar en las tendencias actuales del Marketing y las Ventas.

Nick (Gibson) es un exitoso creativo que trabaja en una agencia de publicidad, destacándose por lograr siempre sus objetivos.

Sin embargo y a lo largo del film, la empresa necesita captar un mercado que le es esquivo y que pone sobre el tapete una realidad que se acentuaba al inicio de este siglo: el rol de la mujer en las decisiones de compra.

Teniendo en cuenta esto, los propietarios de la firma deciden contratar a Darcy (Helen Hunt) para que se haga cargo del departamento creativo, relegando a Nick.

Si bien los protagonistas se terminan enamorando, repasaremos el camino que sigue Gibson para llegar con sus ideas a ese mercado.

 

Repetir fórmulas viejas

Primero y desde su evidente machismo, propone ideas en desuso.

Recordemos que hace algunos años gran parte de esta publicidad se basaba en la aparición de mujeres semidesnudas, utilizando tal producto, trabajando el doble sentido y la provocación.

Si bien esta estrategia sigue vigente, muchas empresas han cambiado su eje.

Gibson busca entre lo que ya conoce y repite fórmulas que en otro momento le dieron resultado, sin entender los cambios del mercado.

Esta realidad suele visualizarse también en otros rubros, donde se le sigue prestando poca atención a las necesidades de los consumidores: se piensa que son siempre iguales, que todos necesitan lo mismo y que solamente nosotros se lo podemos brindar.

Esta es una idea equivocada: los clientes están informados y exigen una atención distinta.

 

Ponerse en lugar del otro

El segundo paso adoptado por el personaje de Gibson, es intentar sentir como si fuera una mujer y lograr interpretar sus mecanismo de decisión (se depila, maquilla, etc).

Es decir que intenta ponerse en el lugar del otro.

Y comete otro error: no somos el otro y no existe razón para imaginarnos en su lugar.

Esa práctica suele ubicarnos en el rol del psicólogo que escucha problemas y no en el que corresponde: resolver situaciones mediante el servicio.

El mecanismo de Nick, nos aleja de clientes que terminan buscando soluciones en otro lado.

 

Leer la mente

La tercera estrategia es la que le da resultados.

Luego de probar los productos para mujeres, accidentalmente recibe una descarga eléctrica y consigue escuchar sus pensamientos.

De ese modo, logra brillantes deducciones sobre lo que ellas quieren.

Si bien es poco probable que lleguemos a escuchar los pensamientos del otro, se debería realizar un esfuerzo por conocer al cliente de manera tal que podamos llegar a «leer su mente», o algo por el estilo.

Entender cómo piensa -y no ponerse en su lugar- sirve para crear empatía, un acercamiento que nos conducirá al éxito.

No se trata de ser adivinos; esto se puede lograr preguntando inteligentemente e interiorizándonos en las necesidades reales de los clientes.

De esta manera, es más fácil ganar su confianza, para ofrecerles más y mejores servicios.

Lograr impacto desde el conocimiento es la técnica que más a mano tienen los profesionales para crecer.
LUCIANO ABA

Ilustracion«Eso es una pavada». «Se vende siempre igual». «Ninguna de esas acciones tiene sentido»…, decimos hasta que empezamos a ver que quienes las aplican logran mejores resultados y ganan más prestigio que nosotros.

Siempre con el objetivo de proponer opciones que mejoren el accionar comercial de las veterinarias, nos permitimos avanzar en una herramienta infalible para concretar la venta de tecnologías sanitarias (porque eso es lo que son): el conocimiento de los profesionales.

Hoy los productores adquieren algo más que productos y servicios: compran soluciones. En ese sentido cobran cada vez importancia los beneficios intrínsecos que brindan las herramientas que previenen o solucionan problemas sanitarios.

Emplear el concepto de «Característica – Ventaja – Beneficio» ante cada una de las recomendaciones, activará un sentimiento de comprensión, que inducirá una mayor aceptación de los compromisos. Si bien los productores acceden a informaciones, datos, tendencias y números, el conocimiento es otra cosa y -en materia de sanidad animal- lo siguen teniendo los veterinarios.

El ejemplo

Retomando la necesidad de instrumentar el concepto anteriormente mencionado, avanzamos en un ejemplo sobre cómo se puede demostrar conocimiento frente a productores, encargados o peones, llevándolos a que perciban la diferencia entre ser y no ser especialistas en un tema.

El producto escogido en este caso es una oxitetraciclina. Veamos:

  • Característica: Antibiótico de amplio espectro y larga acción.
  • Ventaja: Sin identificar el agente, logra una buena efectividad. Se indica una sola dosis.
  • Beneficio: Se obtendrá a partir del buen resultado que lograremos luego del tratamiento, con una sola aplicación y con menores costos.

Frente a esto, ¿qué creen que se llevará el cliente? ¿Un antibiótico o un producto de bajo costo que con una  dosis mejora el desempeño de los animales?

Los invito a realizar este ejercicio con otros medicamentos que comercialicen: les permitirá ordenar el discurso a la hora de ofrecerlos como corresponde.

Para tener en cuenta

A la hora de generar diálogos que permitan avanzar en un mejor asesoramiento, es clave tener en cuenta cómo se desarrollan los procesos de comunicación entre quien emite el mensaje y aquel que los recibe.

  • Se piensa en decir un 100%.
  • Se transmite un 80%.
  • Se recibe un 60%.
  • Se interpreta un 50%.

Frente a esto, es importante lograr ser concretos en las propuestas y dejar de lado todo tipo de prejuicio que tengamos sobre el cliente.
La mayoría de las personas escucha para responder y no para entender; evitemos caer en ese error.

Hace dos meses nos centramos en aquello necesario para inscribir una empresa. En esta edición, el encuadre ideal.
JUAN I. ALVAREZ JOFRE

Resumimos las principales características para ser monotributista y los aspectos destacados a cumplir por los responsables inscriptos, en lo que a impuestos de la AFIP se refiere.

 

Monotributo

En esta categoría ingresan las personas físicas o sociedades de hecho, en caso de no contar con más de tres socios y cuando los ingresos anuales no superen los $200.000 en locaciones o prestaciones de servicio, o los $300.000 para la venta de bienes. Si bien los ingresos anuales son el primer parámetro a tener en cuenta, también se debe analizar la superficie afectada a la actividad (hasta 200 metros cuadrados), el consumo de energía (hasta 20.000 KW) y los alquileres que se abonan (no más de $45.000, por año). A su vez, tampoco serán considerados «pequeños contribuyentes» quienes -al vender cosas muebles- establezcan precios unitarios superiores a los $ 2.500.

Acceder al Monotributo implica pagar los impuestos de una manera sencilla, ya que se abona una suma fija mensual, dependiendo de la categoría en la cual se encuadre. Allí se deben tener en cuenta los parámetros previamente mencionados. A su vez, cuatrimestralmente se debe presentar una Declaración Jurada Informativa con esa misma información.

¿Para qué? Para que la AFIP sepa si se debe cambiar de categoría al interesado o no. Los monotributistas emiten facturas «C», de imprentas autorizadas.

 

Responsable inscripto

Quienes no estén dentro de alguno de los parámetros del Monotributo, deben encuadrarse como Responsables Inscriptos, presentando declaraciones mensuales de IVA y otra anual de Impuesto a las Ganancias. Este tipo de contribuyentes emiten facturas «A» o «B», según quien sea su cliente (otro responsable inscripto -la A- o Consumidores Finales y Monotributistas -la B-).

Para estar atentos…

Según estimaciones de la AFIP, buena parte de los monotributistas realizan gastos o compras de bienes inmuebles o muebles registrables de carácter suntuario, o registran acreditaciones bancarias, incompatibles con los ingresos brutos máximos admisibles para sus categorías y aún para el propio régimen.

Para ser más claros: desde mayo quedan excluidos de pleno derecho del régimen, aquellos a los que se detecte adquisición de bienes o gastos personales, por un importe igual o superior al monto de los ingresos brutos anuales máximos admitidos para la categoría en la cual estén encuadrados.

Los tiempos cambian y la información es hoy más fácil de obtener y contrastar. En este sentido, a mediados del mes pasado la AFIP profundizó medidas para controlar a los más de un millón trescientos mil monotributistas inscriptos. Se trata de la Resolución 3328/12, publicada en el Boletín Oficial, la cual profundizará el control de cuentas bancarias, compras y gastos para ver si están bien categorizados. Caso contrario, recategorizarlos de oficio o darles de baja y pasarlos al régimen de autónomos. Lo que deberán justificar los monotributistas será:

  •  Gastos y compras: demostrar que dichas adquisiciones o gastos fueron pagados con ingresos acumulados en ejercicios anteriores y/o con ingresos adicionales compatibles con los obtenidos por las actividades incluidas en el Monotributo.
  • Depósitos bancarios: Para evitar la exclusión, los fondos depositados deben corresponder a ingresos acumulados en ejercicios anteriores provenientes de la actividad por la cual se encuentra adherido al régimen.

Fuente: www.clarin.com.

Juan Ignacio Alvarez JofreJuan Ignacio Álvarez Jofré

Contador Público Nacional (CPN) y Licenciado en Administración de Empresas recibido en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Técnico Superior en Periodismo en TEA (Taller Escuela Agencia). E mail: jijofre@hotmail.com

No es buena idea dejar para último momento la definición de los precios. Aquí, una guía que orienta esta decisión crucial en la rentabilidad de las empresas.
ARIEL BAÑOS
Figura N°1

Figura N°1

«…y ahora, ¿qué precio le ponemos?» Luego de un enorme esfuerzo y meses de trabajo, el producto está casi listo para el lanzamiento. Sin embargo, la empresa -casi de apuro- recién comienza a debatir a qué precio saldrá al mercado.

Cinco claves para no cometer errores

¿Por qué muchas empresas dejan para  último momento la definición de los precios?

Más allá de la necesidad de actualización por efecto de la inflación, el precio es un tema muy poco abordado, hasta que el lanzamiento comercial lo hace inevitable. Un hecho determinante es que se trata de una   decisión incómoda, sin respuestas cerradas.

No hay fórmulas de aplicación universal, no existen macros de Excel, ni siquiera un software enlatado capaz de brindar respuestas definitivas acerca del precio a cobrar.

Sin embargo, se trata de una decisión  impostergable, ya que su impacto es crítico en la viabilidad económica del negocio. Un precio muy bajo puede desbordar la capacidad de la empresa, sin generar el resultado suficiente para mantenerla a flote. Por otro lado, cobrar un valor muy alto, puede también generar un resultado insuficiente, si  pocos clientes están dispuestos a pagarlo.

Veamos entonces cinco cuestiones fundamentales que pueden ayudar a evitar dolores de cabeza en las decisiones de precios.

Atención: Vender más no es equivalente a ganar más:

En ocasiones es muy duro ver que un cliente se va con las manos vacías, luego de preguntar el precio. Sin embargo, esto no es necesariamente un indicador de que nuestros precios sean muy altos y, en consecuencia, incorrectos. A la vez, que la cantidad o la facturación se encuentren en aumento, tampoco garantizan que los resultados también estén creciendo. Existen empresas que sostienen grandes volúmenes realizando constantes descuentos o promociones, aunque no siempre logran un resultado económico positivo. Por ejemplo, consideremos que si decidimos reducir un 10{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} nuestro precio, partiendo de una rentabilidad sobre ventas del 30{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4}, el volumen facturado deberá crecer al menos un 50{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4}, para obtener el mismo resultado que antes. Es decir que, nuestras cantidades deberán crecer más de un 50{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} para que dicha reducción de precios realmente impulse el resultado. ¿Está seguro de poder alcanzar este volumen adicional?

Los precios definen los costos, y no a la inversa:

No hay que poner la carreta delante del caballo. La determinación del precio de venta permitirá saber en qué nivel de costos puede incurrir la empresa, para vender rentablemente un producto. No a la inversa.

Dado que se trata de una variable netamente interna, el costo nunca podría ser el principal determinante de los precios, ya que nada nos dice acerca del valor percibido por los clientes, ni tampoco considera los precios de los competidores.

Por ejemplo, muchos comercios que trabajan artículos del rubro regalería aplican este criterio de forma muy interesante. En primer lugar, definen un nivel de precios de gran atractivo para los clientes -como, por ejemplo $9,99-.

Recién a continuación, comienzan una búsqueda de productos y proveedores que puedan suministran opciones interesantes, a un costo que haga rentable dicho precio de venta.

Competir por precios es una batalla sin ganadores:

A menos que tengamos una ventaja de costos inigualable -algo realmente difícil de lograr y sostener en el tiempo- no se nos  debería cruzar por la cabeza ganar mercado únicamente apelando a reducir los precios por debajo de nuestros competidores.

El precio es la variable más fácil de imitar.

Los precios se replican rápido, pero también se esfuman

Sin inversión y en forma casi instantánea pueden replicarse los movimientos de precios, por lo cual es una ventaja que puede esfumarse muy rápidamente.

La empresa debería focalizar su estrategia competitiva en variables que representen ventajas más difíciles de imitar.

Acciones como la innovación, un nivel de servicio destacado o una marca bien posicionada, permiten construir ventajas competitivas más sustentables.

Pretender llegar con el mismo precio a todo el mercado:

No todos los clientes son iguales, ni valoran de igual manera a los productos de la empresa. Por lo tanto ¿por qué definir un único precio para todo el mercado?

Las empresas deben segmentar precios; existen diversos instrumentos para ajustarlos selectivamente. Así, es cada vez más frecuente observar la puesta en práctica de   estrategias de segmentación de precios, con una gran dosis de creatividad e ingenio.

Una fotocopiadora cercana a una Universidad decidió aplicar un interesante esquema de segmentación. Desbordada por la concurrencia de estudiantes, muchas de las empresas de la zona decidían no concurrir a la fotocopiadora debido a las importantes demoras. Analizando la situación, la empresa reconoció que la urgencia del cliente era un buen indicador de la valoración del trabajo de fotocopiado. Entonces, aplicó un esquema de precios alineado con esta realidad.

Las fotocopias en el acto se cobrarían al precio de lista. Quienes encargaran su trabajo con 24 horas de anticipación tendrían un 15{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} de descuento; mientras que quienes lo hicieran 48 horas antes, accederían a un 25{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} de descuento. ¿El resultado?: precios alineados con la valoración de distintos grupos de clientes, mejor aprovechamiento de la capacidad del local, y mayores ganancias.

No hay recetas definitivas, pero sí metodologías a seguir:

Desconfíe de recetas de precios como: multiplicar por tres el costo, agregar un margen del 50{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4}, o ubicarse 10{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} por debajo del competidor principal. Menos aún, intente poner en práctica el controvertido «cobrar según la cara del cliente».

El precio es una variable multidimensional, que requiere un enfoque integrador.

Su definición depende de un adecuado y profundo análisis de cuatro factores fundamentales: costos, competidores, clientes y canal de ventas (Ver la Figura N° 1). En algunos sectores, debe sumarse el rol del Estado como condicionante de las decisiones de precios. Estas variables deben considerarse de manera simultánea y equilibrada al momento de definir precios, utilizando una metodología y herramientas especializadas, para aprovechar de mejor manera las oportunidades de capturar valor.

Ariel Baños

Foto Ariel BañosLicenciado en Economía (UNR), graduado con honores, y MBA (IDEA). En 2005 fundó, y desde entonces dirige, fijaciondeprecios.com, la primer organización del mundo hispano especializada en estrategias de precios. Es autor del libro «Los secretos de los precios» (Ed. Granica, 2011). Se desempeña como columnista especializado del diario La Nación, de Buenos Aires. Es profesor en distintas escuelas de negocios de América Latina y realiza consultoría especializada en gestión de precios.
E mail: ariel_banos@fijaciondeprecios.com.

Abrir un comercio suele ser percibido -desde lo contable- como algo cercano a lo imposible. En este breve artículo, los pasos imprescindibles.
JUAN I. ALVAREZ JOFRE

Existen tres niveles básicos, desde lo contable, para tener bien en cuenta a la hora de abrir un comercio, y estos son: el nivel nacional, el provincial y, por último, el municipal.

Para conocer y saber, antes (o después) de abrir

Nacional: En primer lugar, la persona   -ya sea física o una empresa- que se crea debe inscribirse en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).

Accediendo a la página Web de dicho organismo público (www.afip.gob.ar) uno puede conocer la Agencia que le corresponde en particular, según el domicilio donde realizará su actividad.

La persona física deberá completar el Formulario 460/F para la obtención de la Clave Única de Identificación Tributaria (CUIT) siempre y cuando no la posea.

Junto con dicho formulario deberá presentarse el DNI original, una copia del mismo y dos comprobantes de domicilio.

Cumplimentando este trámite, la AFIP entrega el CUIT y, además, le brindará una Clave Fiscal para realizar trámites por Internet. Es aquí donde se debe inscribir en el Monotributo o en el Régimen General, según ciertas pautas y límites de facturación que impone el organismo.

Provincial: Posteriormente, cuando ya realizó la inscripción en la AFIP, uno debe inscribirse en Rentas de la provincia en donde se va a realizar la actividad principal. Allí, uno va a pagar el Impuesto sobre los Ingresos Brutos.

¿Qué es esto?: un porcentaje sobre las ventas que tuvo en determinado período (se presentan anticipos mensualmente).

En el momento de inscribirse, debe tener en cuenta que distintas actividades tributan distinto porcentaje, aunque la alícuota más común es la de un 3{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4}. Más allá de esto, cada jurisdicción tiene distintos porcentajes para diferentes actividades.

Cabe mencionar que si se realiza la actividad en más de una jurisdicción (por ejemplo posee locales en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia) se debe inscribir en el Convenio Multilateral (el porcentaje de los Ingresos Brutos se distribuyen en las distintas jurisdicciones según ciertos parámetros).

Municipal: Como última cuestión a   tener en cuenta, al abrir un local de venta al público se debe tener la habilitación municipal correspondiente.

Depende mucho del municipio para saber qué tipo de documentación se debe presentar, en qué tiempo y qué tasas le cobran cuando ya esté ejerciendo la actividad. Habrá que interiorizarse.

Sólo para CABA

En la Ciudad de Buenos Aires, existe un Régimen Simplificado que es similar al Monotributo en la AFIP, donde si uno se encuentra dentro de ciertos límites de facturación, puede acceder a pagar sus tributos de manera más sencilla. En provincia de Buenos Aires no existe este Régimen en donde, voluntariamente, inscribirse.

Juan Ignacio Alvarez JofreJuan Ignacio Álvarez Jofré

Contador Público Nacional (CPN) y Licenciado en Administración de Empresas recibido en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Técnico Superior en Periodismo en TEA (Taller Escuela Agencia). E mail: jijofre@hotmail.com

Más allá de la percepción, siempre es bueno medir la importancia de esta herramienta con números concretos, para poder explotarla.

Foto internetHay quienes sostienen que Internet produjo el cambio más importante de la Humanidad, desde el descubrimiento del fuego. Hay gente que dice -y sería un gran slogan  para Google- que con Internet se acabaron las discusiones.

Como sea y sin necesidad de colocar rótulos grandilocuentes, todos coinciden en que la Red de redes produjo un cambio sustancial en la conducta de la gente.

Hoy es posible saber con un par de clicks cuántos goles hizo Messi desde que nació, con qué pie, cuántos de tiro libre, cuántos picándola, cuántos en días de sol y cuántos con lluvia; y también comparar productos de cualquier tipo por precio, por características y por calidad, entre muchas otras más.

Desestimar esto, es lisa y llanamente ser necio.

Toda esta intuición y dimes y diretes se resuelven de una    sola manera: obviamente con Internet. Allí encontramos que, por ejemplo, Argentina -con una población estimada en 42 millones de habitantes- tiene 28 millones de usuarios de Internet.

Es decir, el 69% del total.

Este dato cobra mucha más fuerza si se lo compara con otros del año 2000, cuando había apenas dos millones y medio.

Además, el 72% de los argentinos comienzan el proceso de compra a través de una búsqueda “on line”. Esto no significa que lo definan o que ejecuten la compra desde allí, sino que empiezan sus averiguaciones de esa forma.

Es decir: tener una página Web hoy es un medio casi excluyente para mejorar las ventas. Pero no hace magia. Es una poderosa herramienta que necesita un seguimiento especial, prestándole mucha atención a la actualización y a la veracidad, ya que de lo contrario puede ser -y seguramente lo será- contraproducente.

 

Algunos datos a tener en cuenta

  • Los usuarios leen sólo el 20% del texto que se les muestra: Tener capacidad de síntesis y riqueza en el texto es fundamental. Se debe apuntar a destacar lo que se considere más relevante y tratar de ser lo más claro posible.
  •  La lectura es muy superficial: el internauta escanea visualmente la página: El secreto está, básicamente, en ser simple, original y directo.
  • Decide sobre qué hacer “clic” en menos de 10 segundos: En definitiva es muy poco tiempo para poder generar interés, por lo cual el diseño debe ser atractivo y de fácil recorrido visual.

 

Fuentes: La Dinámica Entre la Búsqueda Online y la Compra Offline de los Consumidores Latinoamericanos. Visión General LATAM, abril 2010, Netpop Research, LLC.

Nielsen Online, ITU e Internet World Stats.

De un sondeo realizado en 2010 por Asociación de Ideas SRL se desprende que la gran mayoría de los veterinarios no revisa sus resultados financieros. ¿A qué se exponen?

Basados en las palabras de nuestro ya contador estrella, Jorge Varese (www.estudiovarese.com.ar), destacaremos tres errores centrales que suelen cometerse en las pequeñas y medianas empresas argentinas.

 

Ventas no declaradas

En este sentido y sean cuales fueran las razones para emplear esta estrategia, se debe tener en cuenta que ya no es necesario que un inspector golpee sus puertas para revisar todas y cada uno de los ingresos y egresos de la empresa. Desde una PC ya lo puede hacer, con los consecuentes riesgos para quienes se manejen por fuera de la Ley. Habrá que estar atentos entonces y lograr que los números cierren: si la empresa pierde, por ejemplo, $5 mil todos los meses (sólo en los papeles) será sencillo detectar una irregularidad.

En definitiva, el círculo se va cerrando y un ajuste por ventas no declaradas de AFIP significa el desembolso de lo que no se pagó, sumado a los intereses y las multas, las cales y en el caso de que se la considere por «defraudación», tendrá un mínimo del 200% del capital que se dejó de pagar.

 

Mal encuadre en el Monotributo

Si se realiza una compra a un proveedor determinado, ya por las solas percepciones se sabe si el comprador está bien encuadrado en el Monotributo o no (categoría más que habitual en el ambiente veterinario). Las prescripciones impositivas son de cinco años: En el peor de los ejemplos y en caso que se esté cometiendo un error, se podrá exigir un ajuste por los últimos 7 años.

 

Trabajadores no declarados

Los empleados en negro es otro tema central. «¿Para qué blanquearlos?», preguntarán algunos. Pues bien, básicamente porque este es uno de los ejes sobre los cuales hoy más están trabajando los organismos de control. Casi sin excepción, todos los que tienen un negocio tuvieron algún relevamiento de personal: del Ministerio de Trabajo, de la AFIP o de un sindicato.

Un abogado podría asumir esto como un riesgo laboral, al que alguien se expone frente a un futuro y potencial arreglo.

Sin embargo, el peor de los riesgos en este sentido es el impositivo… el previsional, que surge de distintos tipos de inspecciones, generando ajustes por los últimos de 10 años. Esto puede empeorar drásticamente si ocurre un accidente de trabajo.

Las aquí planteadas no son situaciones a las cuales haya que temer, sino simplemente conocer a la hora de tomar las decisiones que cada uno entienda necesarias para su emprendimiento. Sin emitir aquí ningún tipo de juicio de valor sobre la ética de cada persona en particular.

El sector local alcanzó en 2010 los US$ 687 millones, con un consumo estimado en 500.000 toneladas. A través de las veterinarias, se comercializa menos del 20% del total.

Pet FoodCrecer es el anhelo de toda industria, realidad que se comprueba también en lo que ocurre con el mercado de Pet Food en nuestro país. Por supuesto que este desarrollo fue producto de una serie de acciones que lo hicieron posible. En este sentido, se destaca el esfuerzo y profesionalismo de los integrantes del sector, sin olvidar la calidad de los alimentos que se elaboran y comercializan en el país.

Según cifras dadas a conocer en la revista Agroindustria, de la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal, en los últimos ochos años la industria en cuestión logró llevar adelante un crecimiento más que sostenido. Ya en 2008 se había duplicado el consumo en el mercado interno en comparación con 2003, situándose en la actualidad en cerca de las 500.000 toneladas por año.

En cuanto a la facturación, el segmento de alimentos para mascotas movilizó unos US$ 624 millones en 2009 y otros US$ 687 millones en 2010.

Según se destaca en el informe presentado por Caena, el escenario actual, con una creciente humanización de las mascotas y el lugar que las mismas ocupan en los hogares argentinos, sumados a la facilidad de acceso a la información y una progresiva concientización respecto de la importancia de la nutrición en la salud, llevan a que los consumidores se vuelquen cada vez más hacia los alimentos balanceados y dejen la antigua modalidad de alimentación de «dar las sobras».

Si bien la producción actual cubre entre el 35 y el 40% del total de calorías que el número de animales domésticos existentes necesitan, aún la mayor parte de las mascotas se sigue alimentando con verduras, frutas y restos de comidas caseras. En estos datos radica la potencialidad del crecimiento del sector.

Si bien la mayoría de los alimentos comercializados en el mercado local son los denominados «Económicos», estos no representan una mayoría abrumadora.

En Argentina, el 42% del total de las ventas corresponden a esta categoría de productos, versus un 29% de ventas de los «Estándar», un 18% de «Premium» y un 11% de «Súper Premium». Los puntos de venta -a nivel general- son dominados por las forrajerías, en donde se ofrece un 64% de los alimentos; seguidas por las veterinarias, donde se comercializa otro 17%, mientras que en los canales masivos se vende el 17% -14% en los supermercados y 3%, en almacenes».

En cuanto al consumo por clase social, Caena destaca que se sigue manteniendo la tendencia respecto de que el grupo ABC1 sostiene sus preferencias hacia los alimentos «Súper Premium», mientras que el segmento medio está inclinándose fundamentalmente hacia los productos «Estándares» y más «Económicos».

Pese a los prejuicios con los cuales muchos asistimos a las capacitaciones en gestión y ventas,un cambio de mentalidad permite incorporar conceptos claves para el quehacer profesional.

 Escribe Mauro Fernández

El día que fui a un Seminario de Ventas

 

El ser humano es por carácter propio desconfiado. O si quieren -y para llevarlo a un universo más pequeño y un poco más cierto- muchos de los seres humanos son desconfiados.

Si aún están pensando en que estas afirmaciones son exageradas e infundadas, reduciré el espectro al mínimo y me centraré en mi personalidad, en definitiva: desconfiada por naturaleza.

De la mano de semejante desconfianza vienen los prejuicios de pensar que nadie podrá aportarme recetas o métodos infalibles para ayudarme a vender más en mi emprendimiento (empresa).

Así, mi desconfianza, mis prejuicios y yo nos presentamos en un curso de ventas.

Para ser sincero, con más ganas de confirmar mis presunciones que de aprender, me apersoné en este Seminario propiamente dicho.

Ya desde la llegada misma saqué el «escudo protector» y me sorprendió esa mano extendida con una sonrisa bien amplia que tan bien saben emplear los vendedores de raza.

Todo es prolijo y la recepción, cálida.

Tengo frente a mis ojos medialunas y café. Mis defensas bajan un poco.

El orador se presenta y durante su discurso muestra un conocimiento de quién realmente soy. Intenta hacerme creer que la charla es para mí. Sabe dónde trabajo, a qué me dedico. Inclusive, la primera proyección que exhibe tiene escrito mi nombre. Mi interés despierta lentamente.

 

Ya estoy ahí

A continuación, ese orador señala los objetivos de su charla: «Lograr que usted potencie sus ventas y aprenda a manejar tres tipos de clientes: actuales, no activos y potenciales». Esto me parece obvio, pero estoy dispuesto a escuchar.

Después de todo ya estoy ahí, aunque nunca di crédito a la máxima «todos los días se aprende algo nuevo». Luego, viene una frase de un pensador aplicada a la realidad de las ventas, algo que puntualmente me molesta. Tomo aire y sigo.

Llega al rato un momento que capta mi atención con la disyuntiva entre seguir haciendo lo mismo o ser diferente, entendiendo que el activo más importante que tenemos no es ni nuestra fuerza de producción, ni nosotros mismos, sino el cliente. Y a partir de ese momento comienza un nuevo universo de posibilidades que consiste básicamente en desentrañar que quienes pagan mi sueldo son ellos, los otros.

Entonces es claro y básico los debo cuidar y estimular.

Si bien estos conceptos siguen rozando la obviedad teórica, sorprenden las estadísticas a partir de las cuales se demuestra que, por ejemplo, el precio de adquirir nuevos clientes es cinco veces mayor al costo de mantener a los existentes; que el 68{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} de las personas que se van de mi negocio lo hacen por la actitud indiferente de un empleado, cuando apenas el 14{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} es atraído por la competencia.

Todos estos datos confirman la importancia de los clientes actuales, a quienes uno -quizás por costumbre- hasta llega a maltratar, relegándolos y haciéndolos esperar porque «total… siempre están».

 

Otra vez, «fidelizar»

Llega entonces el momento en el cual la persona que se encuentra capacitándome hace hincapié en la relación que mantengo con mis clientes actuales.

Mantenerlos y guiarlos hacia una mayor utilización de los productos y servicios que les ofrezco es una buena forma de seguir creciendo. Además hay que tener en cuenta que las necesidades no son siempre las mismas, sino que cambian, generándose también nuevos requerimientos.

En este sentido, me explican que realizar reuniones periódicas es importante.

Tener una comunicación interactiva y permanente me acerca a los clientes; les brinda un sentido de pertenencia: la ansiada fidelidad. Así se concretan objetivos mutuos a largo plazo; en definitiva, lo que toda empresa busca.

De esta manera, me dicen, puedo conocer las necesidades de las personas.

Ya abordando el universo de los clientes «no activos», el disertante explicaba cómo retomar contactos con aquellos que ya no me visitan, deteniéndose en el manejo de las objeciones, las cuales siempre aparecen.

Allí se hablaba de evitar el «no», transformar las situaciones adversas en positivas, encontrar los beneficios del debate y evitar contradecir: todas cuestiones que muchas veces pasan de largo sin que me detenga a pensar en su importancia.

 

Y dale con el «éxito»

Por supuesto entendiendo que la mejor forma de conseguir nuevos negocios es hacer un buen trabajo para los clientes que ya tengo. Trabajar en pos de un mensaje unificado en mi empresa aparece como otro aspecto determinante. Tanto como la preparación de un contacto, ya sea personal o telefónico.

Tengo que tener claro el propósito y los objetivos, pero por sobre todo demostrar que me preocupo por ese cliente.

Mencionar que su tiempo es importante y escuchar sus necesidades.

Tengo que preguntar, escuchar activamente y pensar constantemente en soluciones posibles para él. Luego de esto, llegamos a lo que quizás sea el punto central de la disertación y sin dudas lo más novedoso para mí, la diferencia entre «antes y ahora»: mientras que antes la necesidad de mi cliente debía adaptarse a lo que le ofrecía, hoy es exactamente al revés.

Mis servicios y productos deben adaptarse, porque la gran cantidad de información -y competencia- hace que los clientes busquen soluciones personales, rápidas y efectivas. Respuestas a su medida.

Con respecto a los clientes potenciales, volví a escuchar la «utopía» de aquel vendedor de sonrisa amplia y engañosa.

Sin embargo esta vez me quedó claro la importancia de preguntar, mostrar interés y, sobre todo, de saber escuchar e interpretar las necesidades para poder satisfacer realmente a la demanda.

Es en este momento donde entran en juego las nuevas tecnologías como las redes sociales (Facebook y Twitter, por ejemplo) más las tradicionales como Google y el e -mail. Bien utilizadas se convierten en aliadas clave para llegar a más gente y, a su vez, afianzar los vínculos existentes.

Por último, me explican todo lo necesario para mantener un contacto personal, teniendo en cuenta principalmente tres premisas: dar información, tomar información y lograr compromisos.

Además -y ya en el campo del contacto personal- nuevos datos me sorprenden: el 7{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} de la información se las atribuye a las palabras, el 38{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} a la voz y el 55{4adbc17c030d51c01aaa8963ad5665f139ab1902e320bb247e1d9c7f0bc665e4} al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimientos de los ojos, etc). Increíble.

 

Una buena decisión

Algunas recomendaciones más y llega el momento de la retirada. Pese a mis prejuicios, encontré que existen distintas formas de encarar la realidad y que abriéndome un poco hacia otras experiencias, puedo encontrar distintas soluciones.

Los milagros no existen, como así tampoco los cambios abruptamente exitosos, pero sí es factible la incorporación gradual de algunos métodos que están ahí, al alcance de la mano.

En la segunda edición de DOSmasDOS nos deteníamos en la posibilidad que las veterinarias sumen las tarjetas de crédito y débito a su servicio.

Pasaron dos años de aquel artículo en donde planteábamos las ventajas de ingresar al mundo de las tarjetas de crédito y débito, lo cual constituía hasta ese momento un universo (para algunos) desconocido. La idea planteada fue pensar en la conveniencia de incorporar a las clínicas veterinarias estos elementos, imprescindibles a la hora de mejorar el sistema de cobranzas, fundamentalmente. Si bien sería apresurado determinar en qué porcentaje contribuyen las tarjetas a que la posibilidad de que la gente se acerque o no a la clínica, queda claro que es un servicio adicional que siempre es importante tener disponible.

Existen ventajas, llegado el momento de abonar con tarjeta, sea esta de crédito, como de débito. En primer lugar, las personas no siempre cuentan con efectivo, básicamente por un tema de seguridad y porque saben que ya en todos los rubros pueden abonar de esa manera. ¿Otra variable?

En general, se gasta más plata. Es decir se consume más, utilizando las tarjetas. Favorecen la venta de artículos que no estaban en la mente de nuestros clientes, pero que durante la visita surgen como un nuevo requerimiento.

Por otro lado, es una ayuda para quienes deben cobrar por productos o servicios: no quedan enormes sumas de dinero en el local y la plata está más segura. Otro punto para destacar es que cada pago que se efectúa con débito obtiene un regreso de 5% del total del IVA.

Si bien no muchos lo saben, algunos lo aprovechan.

Además vuelcan todos sus gastos a las tarjetas, ya que de esa manera suman puntos para canjearlos por premios.

Por supuesto que también existen distintas realidades y diferentes temores al momento de decidirse por incorporar este servicio. Sumar las tarjetas en los comercios implica trabajar con bancos, pagar IVA e ingresos brutos por adelantado, etc.

Y si bien, como decía un amigo: «no quiero ni ver el logo de la AFIP porque me duele todo», ordenar los números terminará siendo beneficioso.

Las cobranzas y la autenticidad de las firmas y cuentas de los clientes constituyen otro miedo importante.

Hoy esto está controlado y el sistema aceitado.

Si bien estadísticamente no se ven problemas, es importante mantener siempre los comprobantes que acrediten la realización de las operaciones.

Ofrecer más servicios y mayores facilidades a los clientes es siempre importante; aún cuando se trate del momento final de la transacción: pagar.

Solicite este artículo completo a: info@dosmasdos.com.ar o descárguelo ingresando en la sección «Marketing Veterinario», dentro de www.motivar.com.ar.