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Virginia Vallejo
Argentina
virginiamvallejo@gmail.com

El uso de las nuevas herramientas digitales nos poner frente nuevos desafíos, a la hora de plantear soluciones inexistentes tiempo atrás. ¿Cuáles no te podés perder? ¿Querés un paso a paso para adoptarlas?

Hasta hace poco, la inteligencia artificial (IA) parecía algo lejano e inalcanzable para quienes trabajamos en sectores como el veterinario en el que nos encontramos cargados de tareas diarias y con presupuestos ajustados. Pero hoy, la realidad cambió.
La IA está al alcance de todos. No es necesario ser programadores ni millonarios. Solo hay que saber qué puede hacer por vos, y cómo empezar a usarla.
Soy Virginia Vallejo, fundadora de Hoteles de Gatos Mishmosos y estudiante de la Maestría en Negocios Digitales de la Universidad de San Andrés. Desde hace más de una década lidero un negocio especializado en bienestar felino, y en los últimos años descubrí cómo la IA puede mejorar la eficiencia, liberar tiempo (activo más valioso) y hacer que nuestro servicio sea todavía más humano.

¿Qué es un “prompt” y por qué importa?

Una de las herramientas más conocidas es ChatGPT, pero su eficacia depende de algo muy sencillo: el prompt. Es decir, la instrucción que le das.
Esto que te cuento es clave: la calidad de la respuesta de la IA dependerá de la calidad de tu pregunta. Por eso, en vez de escribir: “Quiero mejorar mi veterinaria”. Podés probar con: “Tengo una veterinaria en una ciudad de 80.000 habitantes. Trabajo con tres personas y quiero aumentar visitas en temporada baja sin hacer grandes inversiones. ¿Qué ideas de marketing local podrías sugerirme?”
Cuanto más contexto brindás, mejor será la respuesta. Aprender a usar prompts es una habilidad esencial, y no hace falta saber programación para dominarla. Solo entender tu negocio, tener claridad, y animarte a explorar.

¿Qué puede hacer la IA por tu negocio veterinario?

Estos son algunos ejemplos de tareas concretas que ya resolvemos con IA en Hoteles de Gatos Mishmosos:
• Atención al cliente automatizada: Usamos un chat con IA que responde todas las consultas frecuentes: precios, requisitos, fechas disponibles, formas de pago. Está activo 24/7, mejora con el tiempo gracias al aprendizaje automático, y reduce más del 60% del trabajo administrativo.
• Inteligencia sobre el cliente: Nuestro chatbot no solo responde: también nos dice qué quieren saber las personas, qué productos consultan más y cuáles son los obstáculos más comunes al momento de reservar. Esa información vale oro.
• Contenido profesional en minutos: Desde posteos para Instagram hasta emails personalizados o instructivos educativos para nuestros clientes, la IA se ha convertido en una aliada de todos los días. Nos permite generar borradores de calidad en cuestión de minutos, que luego adaptamos con nuestro tono y estilo de marca. Lo que antes nos llevaba horas, hoy lo resolvemos de forma ágil y con resultados aún mejores. ¿La mejor parte? Con la versión premium, que cuesta solo 20 dólares mensuales, accedés a funciones avanzadas, respuestas más precisas y herramientas que realmente marcan la diferencia en el día a día.
• Automatización de tareas repetitivas: Usamos herramientas que programan turnos, envían recordatorios, preparan listas y resúmenes. Esto libera tiempo para lo verdaderamente importante: la atención personalizada y la estrategia.
• Formación interna y externa: Creamos materiales de capacitación para nuestro equipo y recursos didácticos para los tutores de gatos. Usamos IA para organizar y traducir información compleja en piezas simples y claras.

Lo que vi en la Global Pet Expo

En marzo de 2025 participé de la Global Pet Expo en Orlando, uno de los eventos más grandes e influyentes del mundo en el sector de mascotas. Allí se reunieron más de 1.000 expositores y miles de visitantes profesionales.
La IA fue uno de los temas más discutidos. En el panel “AI Unleashed: Transforming the Pet Industry” se habló de asistentes virtuales que interpretan el lenguaje corporal de las mascotas para detectar signos de dolor o ansiedad, plataformas que diseñan planes de alimentación personalizados y sistemas que predicen necesidades de reposición en Petshops según patrones de compra. Otra tendencia también fueron las plataformas que analizan el historial clínico de cada mascota y proponen protocolos sanitarios adaptados al paciente. Todo, en tiempo real, con interacción simple y sin necesidad de hardware costoso.
Realmente la IA ya está presente en muchos países, y su gran accesibilidad nos ayudará a no quedarnos atrás.

¿Te va a reemplazar?

No. Pero sí va a reemplazar ciertas formas de trabajar que quedaron obsoletas.
La IA no es una amenaza: es una herramienta que permite que vos hagas mejor lo que nadie más puede hacer: conectar con tus clientes, liderar tu negocio y pensar en grande. ¿Y si no sabés por dónde empezar?
1. Elegí una tarea simple. Por ejemplo: responder una consulta frecuente, redactar un mensaje o clasificar turnos.
2. Probá una herramienta. ChatGPT, Canva con IA, Notion, Copy.ai, WhatsApp con respuestas automáticas. No todas son complejas. Algunas funcionan como cualquier app del celular.
3. Pedí ayuda. Buscá mentores tecnológicos. Alguien joven de tu equipo, un/a colega, tu sobrina, un consultor. Alguien que te diga: “Probemos juntos”.
4. Capacitate de a poco. Seguí una cuenta de LinkedIn que hable de IA, mirá un video por semana, sumate a webinars. Yo estoy haciendo una maestría y aprendo tanto en clase como en los pasillos.
5. Documentá. Anotá lo que probaste, qué funcionó, qué no. Aprendé de vos mismo.

¿Y si no hago nada?
La tecnología no va a esperar. Quedarse quietos hoy no es neutral: es retroceder.
Incorporar IA a tu negocio no significa perder el control. Todo lo contrario: significa ganar libertad, foco y capacidad de crecimiento. A mayor eficiencia, mayor posibilidad de ser más humano en lo que hacés.

Preguntas frecuentes (que quizás también te hiciste)

1. ¿Y si no tengo tiempo? Empezá con 15 minutos por semana. Probá una herramienta, hacé una pregunta, mirá un video. No necesitás hacerlo todo de golpe.
2. ¿Qué pasa si me equivoco? Nada grave. La IA aprende, y vos también. Lo importante es intentarlo. Como todo en nuestro rubro: se mejora con la práctica.
3. ¿Voy a perder mi estilo o la conexión con mis clientes? Para nada. La IA no reemplaza tu tono, ni tu esencia. Solo te ayuda a construir sobre eso, con más consistencia y velocidad.
4. ¿Necesito pagar algo? Muchas herramientas tienen versiones gratuitas o muy accesibles. Empezá por esas; luego verás si vale la pena invertir.
5. ¿Puedo involucrar a mi equipo? ¡Debés! La IA funciona mejor cuando toda la organización la adopta. Incluí a tu recepcionista, a tu Community manager, a quien gestione WhatsApp. Van a sorprenderte.

En resumen

La inteligencia artificial ya está acá. No para reemplazarnos, sino para amplificarnos. Usarla no te va a quitar autenticidad, ni cercanía; te da herramientas para ser más efectivo/a, más presente y competitivo/a. Y lo mejor: no necesitás ser experto/a, solo tener curiosidad. Yo ya lo estoy haciendo. Y si llegaste hasta acá, creo que vos también estás listo para empezar.
¡Nos vemos en el camino! Y si querés compartir lo que vas descubriendo, podemos escribirme por mail: virginiamvallejo@gmail.com.

Lizi Dominguez
Redactora
info@minegocioveterinario.com

Desde su Veterinaria Vida, desde el aula y desde su pasión por las competencias humanísticas, el MV Javier Paoloni siembra a diario esta potente idea.

En una ceremonia marcada por la diversidad de perfiles y el entusiasmo por el futuro, la Universidad Nacional de Río Cuarto, Córdoba, distinguió recientemente a tres profesionales del ecosistema emprendedor local: una referente del triple impacto, un experto en inteligencia artificial… y un veterinario. Se trata de Javier Paoloni, fundador y alma máter de Veterinaria Vida, una clínica con más de dos décadas de historia que ha sabido crecer en estructura, servicios y, sobre todo, en propósito.
El reconocimiento no fue casual. Paoloni no solo forma parte desde 2019 del Programa de Formación en el Desarrollo Emprendedor —una propuesta innovadora y gratuita para estudiantes y profesionales de la zona—, sino que lleva años predicando con el ejemplo: ser un veterinario no es solo atender animales. Es liderar equipos, construir vínculos, tomar decisiones estratégicas y tener la valentía de repensarse cada día.

Nacida del esfuerzo

Veterinaria Vida nació en 2003, “en un garaje chiquito”, como recuerda Javier. Hoy, con 22 años de trayectoria, funciona en un moderno edificio de dos pisos con salas de espera separadas para perros y gatos, servicios diferenciados y todo el equipamiento necesario. Pero lo que más destaca su fundador no son las paredes ni los aparatos, sino la cultura que sostiene ese lugar.
“Es como una hija para mí”, dice, y no es una metáfora. La gestó y la acompañó en cada una de sus etapas tanto como a sus tres hijas: Camila (28), Maitena (24) y María Sol (20).

“Hoy en día, el que no se adapta, pierde”.

Hoy su equipo está conformado por cinco clínicos, una especialista en medicina felina (su hija), dos ecografistas, un cirujano, una dermatóloga, un oncólogo, contador, abogado… y un compromiso inquebrantable con el bienestar animal y humano. Paoloni trata patologías cardiorrespiratorias y gestiona todas las áreas de su empresa.
“Si hubiera tenido las herramientas que tengo hoy, me habría ahorrado muchos errores. Pero todo llega a su tiempo”, reflexionó.

Claves que construyen

¿Qué sostiene este crecimiento sostenido y sustentable? ¿Qué hace que Veterinaria Vida siga floreciendo cuando muchas clínicas luchan por sostenerse?
Paoloni lo resume en una estructura tan simple como poderosa y es la que precisamente transmite a sus colegas:

1. Trabajo en equipo: “Empezar desde lo básico: crear espacios donde podamos compartir lo que pensamos y sentimos, sin miedo a ser juzgados. Espacios con seguridad psicológica”.
2. Comunicación interna: “Corregimos errores sin explicar, damos por entendido lo que no se dijo. Necesitamos procesos comunicacionales con intencionalidad y contenido”.
3. Cambio de comportamiento: “No imponemos el cambio desde el deseo, sino desde el miedo. Por eso no se sostiene. Falta reforzamiento, y sin refuerzo volvemos a foja cero”.
4. Comunicación con el cliente: “Nos entrenan para mirar al animal, no al tutor. Pero ahí está la clave: comprender sus emociones, sus historias, sus límites. Esa empatía es lo que genera fidelidad”.

Todo emprendimiento tiene una parte técnica y una parte humana. Y esa parte humana es la que motoriza los logros”.

Lo humano importa

Para Paoloni, no se trata sólo de organizar mejor una clínica, sino de transformar la mirada sobre la profesión. “No estamos en la era de la inteligencia artificial, sino en la era de la adaptabilidad infinita”, afirma con convicción. “Y para adaptarnos, necesitamos lo humano”, refuerza.
Su propuesta es clara: ciclos cortos de acción y corrección.
“En vez de hacer mil kilómetros sin freno, parar cada 100, revisar, ajustar. No se trata de improvisar, sino de recorrer el camino con inteligencia y sensibilidad”, aseguró Paoloni en diálogo con Mi Negocio Veterinario.
Y completó: “A muchos colegas les falta formación en competencias humanísticas. Trabajamos intuitivamente, cuando podríamos hacerlo con método. Crear equipos sólidos, gestionar desde la escucha, construir relaciones duraderas con los clientes… todo eso se aprende”.

Formación con propósito

Desde su puesta en marcha, en 2019, Paoloni participa del Programa de Formación en el Desarrollo Emprendedor de la Universidad Nacional de Río Cuarto, el cual comenzará su nueva edición en junio. Consta de 16 módulos distribuidos en dos años, con dictado híbrido (presencial y virtual), y está abierto no solo a estudiantes de veterinaria, sino también a profesionales de toda la zona.
“Trabajo en los módulos de competencias blandas: trabajo en equipo, comunicación, motivación. Es contenido que, si se dictara en una universidad privada, costaría 400 o 500 dólares al mes. Pero es público y gratuito”, sostiene.
Y ahí radica, para él, una gran contradicción. “Cuando algo es gratuito, muchas veces no se valora. El día de la presentación, en el aula magna había abogados, contadores, empresarios, autoridades de la universidad. Al momento de dar mi charla pregunté: ¿Cuántos veterinarios hay?… y sólo uno levantó la mano”, recordó el profesional.

Donde todo se conecta

Para Javier Paoloni, no hay grieta entre la gestión y la vocación. La técnica y la emoción, el equipamiento y el vínculo, son piezas de un mismo sistema. “Todo emprendimiento tiene una parte técnica y una parte humana —reflexiona—. Y esa parte humana es la que motoriza los logros”. La frase no es solo una declaración de principios, sino la brújula que guía cada decisión dentro de Veterinaria Vida.
“No me lamento por lo que no tuve. Invertí en lo que sí tenía: una manera distinta de tratar a la gente”, dice, con la sencillez de quien entendió que el valor diferencial no siempre está en los aparatos de última generación, sino en la experiencia emocional del cliente. Por eso insiste: “Podés tener la mejor tecnología, la clínica más moderna, pero si no sabés comunicarte, el cliente va a volver a quien le generó confianza”.
La rentabilidad, entonces, no se mide solo en facturación, sino también en fidelización.
Lejos de las frases hechas, Paoloni propone una ética del hacer cotidiano. No impone, acompaña. No exige, propone. “No estamos en la era de la tecnología, sino en la era de la adaptabilidad. El que no se adapta, pierde.” Y adaptarse no es traicionarse, sino descubrir una mejor versión de uno mismo. Se trata, como él lo define, de moverse en ciclos cortos de acción y corrección: probar, evaluar, ajustar, volver a intentar. Y, sobre todo, aprender.

“Podés tener la mejor tecnología, pero si no sabés comunicarte, el cliente va a volver con quien le generó confianza”.

“Se puede ser feliz y rentable. No es una utopía. Solo hay que aprender lo que nunca nos enseñaron.” En esa frase final se resume todo su recorrido: de la clínica al aula, del error a la mejora, del instinto al método.
Con una mirada que inspira, Javier Paoloni invita a otros colegas a mirar más allá, y a entender que una veterinaria saludable es, ante todo, un proyecto humano.

Virginia Vallejo
Argentina
virginiamvallejo@gmail.com

El uso de las nuevas herramientas digitales nos poner frente nuevos desafíos, a la hora de plantear soluciones inexistentes tiempo atrás. ¿Cuáles no te podés perder? ¿Querés un paso a paso para adoptarlas?

Hasta hace poco, la inteligencia artificial (IA) parecía algo lejano e inalcanzable para quienes trabajamos en sectores como el veterinario en el que nos encontramos cargados de tareas diarias y con presupuestos ajustados. Pero hoy, la realidad cambió.
La IA está al alcance de todos. No es necesario ser programadores ni millonarios. Solo hay que saber qué puede hacer por vos, y cómo empezar a usarla.
Soy Virginia Vallejo, fundadora de Hoteles de Gatos Mishmosos y estudiante de la Maestría en Negocios Digitales de la Universidad de San Andrés. Desde hace más de una década lidero un negocio especializado en bienestar felino, y en los últimos años descubrí cómo la IA puede mejorar la eficiencia, liberar tiempo (activo más valioso) y hacer que nuestro servicio sea todavía más humano.

¿Qué es un “prompt” y por qué importa?

Una de las herramientas más conocidas es ChatGPT, pero su eficacia depende de algo muy sencillo: el prompt. Es decir, la instrucción que le das.
Esto que te cuento es clave: la calidad de la respuesta de la IA dependerá de la calidad de tu pregunta. Por eso, en vez de escribir: “Quiero mejorar mi veterinaria”. Podés probar con: “Tengo una veterinaria en una ciudad de 80.000 habitantes. Trabajo con tres personas y quiero aumentar visitas en temporada baja sin hacer grandes inversiones. ¿Qué ideas de marketing local podrías sugerirme?”
Cuanto más contexto brindás, mejor será la respuesta. Aprender a usar prompts es una habilidad esencial, y no hace falta saber programación para dominarla. Solo entender tu negocio, tener claridad, y animarte a explorar.

¿Qué puede hacer la IA por tu negocio veterinario?

Estos son algunos ejemplos de tareas concretas que ya resolvemos con IA en Hoteles de Gatos Mishmosos:
• Atención al cliente automatizada: Usamos un chat con IA que responde todas las consultas frecuentes: precios, requisitos, fechas disponibles, formas de pago. Está activo 24/7, mejora con el tiempo gracias al aprendizaje automático, y reduce más del 60% del trabajo administrativo.
• Inteligencia sobre el cliente: Nuestro chatbot no solo responde: también nos dice qué quieren saber las personas, qué productos consultan más y cuáles son los obstáculos más comunes al momento de reservar. Esa información vale oro.
• Contenido profesional en minutos: Desde posteos para Instagram hasta emails personalizados o instructivos educativos para nuestros clientes, la IA se ha convertido en una aliada de todos los días. Nos permite generar borradores de calidad en cuestión de minutos, que luego adaptamos con nuestro tono y estilo de marca. Lo que antes nos llevaba horas, hoy lo resolvemos de forma ágil y con resultados aún mejores. ¿La mejor parte? Con la versión premium, que cuesta solo 20 dólares mensuales, accedés a funciones avanzadas, respuestas más precisas y herramientas que realmente marcan la diferencia en el día a día.
• Automatización de tareas repetitivas: Usamos herramientas que programan turnos, envían recordatorios, preparan listas y resúmenes. Esto libera tiempo para lo verdaderamente importante: la atención personalizada y la estrategia.
• Formación interna y externa: Creamos materiales de capacitación para nuestro equipo y recursos didácticos para los tutores de gatos. Usamos IA para organizar y traducir información compleja en piezas simples y claras.

Lo que vi en la Global Pet Expo

En marzo de 2025 participé de la Global Pet Expo en Orlando, uno de los eventos más grandes e influyentes del mundo en el sector de mascotas. Allí se reunieron más de 1.000 expositores y miles de visitantes profesionales.
La IA fue uno de los temas más discutidos. En el panel “AI Unleashed: Transforming the Pet Industry” se habló de asistentes virtuales que interpretan el lenguaje corporal de las mascotas para detectar signos de dolor o ansiedad, plataformas que diseñan planes de alimentación personalizados y sistemas que predicen necesidades de reposición en Petshops según patrones de compra. Otra tendencia también fueron las plataformas que analizan el historial clínico de cada mascota y proponen protocolos sanitarios adaptados al paciente. Todo, en tiempo real, con interacción simple y sin necesidad de hardware costoso.
Realmente la IA ya está presente en muchos países, y su gran accesibilidad nos ayudará a no quedarnos atrás.

¿Te va a reemplazar?

No. Pero sí va a reemplazar ciertas formas de trabajar que quedaron obsoletas.
La IA no es una amenaza: es una herramienta que permite que vos hagas mejor lo que nadie más puede hacer: conectar con tus clientes, liderar tu negocio y pensar en grande. ¿Y si no sabés por dónde empezar?
1. Elegí una tarea simple. Por ejemplo: responder una consulta frecuente, redactar un mensaje o clasificar turnos.
2. Probá una herramienta. ChatGPT, Canva con IA, Notion, Copy.ai, WhatsApp con respuestas automáticas. No todas son complejas. Algunas funcionan como cualquier app del celular.
3. Pedí ayuda. Buscá mentores tecnológicos. Alguien joven de tu equipo, un/a colega, tu sobrina, un consultor. Alguien que te diga: “Probemos juntos”.
4. Capacitate de a poco. Seguí una cuenta de LinkedIn que hable de IA, mirá un video por semana, sumate a webinars. Yo estoy haciendo una maestría y aprendo tanto en clase como en los pasillos.
5. Documentá. Anotá lo que probaste, qué funcionó, qué no. Aprendé de vos mismo.

¿Y si no hago nada?
La tecnología no va a esperar. Quedarse quietos hoy no es neutral: es retroceder.
Incorporar IA a tu negocio no significa perder el control. Todo lo contrario: significa ganar libertad, foco y capacidad de crecimiento. A mayor eficiencia, mayor posibilidad de ser más humano en lo que hacés.

Preguntas frecuentes (que quizás también te hiciste)

1. ¿Y si no tengo tiempo? Empezá con 15 minutos por semana. Probá una herramienta, hacé una pregunta, mirá un video. No necesitás hacerlo todo de golpe.
2. ¿Qué pasa si me equivoco? Nada grave. La IA aprende, y vos también. Lo importante es intentarlo. Como todo en nuestro rubro: se mejora con la práctica.
3. ¿Voy a perder mi estilo o la conexión con mis clientes? Para nada. La IA no reemplaza tu tono, ni tu esencia. Solo te ayuda a construir sobre eso, con más consistencia y velocidad.
4. ¿Necesito pagar algo? Muchas herramientas tienen versiones gratuitas o muy accesibles. Empezá por esas; luego verás si vale la pena invertir.
5. ¿Puedo involucrar a mi equipo? ¡Debés! La IA funciona mejor cuando toda la organización la adopta. Incluí a tu recepcionista, a tu Community manager, a quien gestione WhatsApp. Van a sorprenderte.

En resumen

La inteligencia artificial ya está acá. No para reemplazarnos, sino para amplificarnos. Usarla no te va a quitar autenticidad, ni cercanía; te da herramientas para ser más efectivo/a, más presente y competitivo/a. Y lo mejor: no necesitás ser experto/a, solo tener curiosidad. Yo ya lo estoy haciendo. Y si llegaste hasta acá, creo que vos también estás listo para empezar.
¡Nos vemos en el camino! Y si querés compartir lo que vas descubriendo, podemos escribirme por mail: virginiamvallejo@gmail.com.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Ante más de 2.000 asistentes, laboratorios nacionales y multinacionales, se sumaron a marcas de alimentos balanceados con novedades en el encuentro organizado por Intermédica.

El Goldencenter de Parque Norte, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue la sede del evento más grande de la industria veterinaria de pequeños animales de Argentina.
Se trata de las Jornadas Veterinarias Intermédica, que recibieron a más de 2.000 veterinarios de todo el país, también de Uruguay y Paraguay.
Con más de 15 disertantes internacionales y 60 horas de educación continua, esta nueva edición superó las expectativas de sus organizadores quienes dividieron el evento en 7 salas simultáneas sobre medicina felina, dermatología, cardiología, tejidos blandos, anestesia, dolor, gastroenterología, enfermedades infecciosas, etiología, ortopedia, entre otros temas.

Lanzamientos de los laboratorios

Las propuestas de las Jornadas Veterinarias se destacaron también por su exposición comercial, donde las principales empresas del sector se encuentran presentando innovaciones, servicios y lanzamientos.
• Zoetis lanzó Librela, un producto monoclonal de primera elección para hacer frente al dolor por osteoartritis en perros.
• Biogénesis Bagó amplió su portfolio en animales de compañía con dos nuevos antiparasitarios externos Bagogard 4 y Bagogard Fel. Además, el laboratorio nacional mostró su nueva imagen para la categoría.
• König desplegó toda su fuerza en la difusión de su reciente lanzamiento, el antiparasitario Cidar para perros y gatos.
• Bechlab presentó su nueva pregabalina PregalBech y también otra nueva solución para los veterinarios
• Over llevó uno de sus últimos lanzamientos A.V.o, un producto antiemético bajo del dolor al momento de la aplicación inyectable.
• Labyes innovó y 15 minutos antes de cada charla, hizo vivir a los participantes una experiencia inversiva de teatro ciego de situaciones cotidianas veterinarias.
• Boehringer Ingelheim, completó su línea para felinos y presentó una solución innovadora y específica para la prevención y el tratamiento de la enfermedad renal crónica (ERC) en gatos. Semintra controla los signos clínicos de la ERC, ayudando a reducir la progresión de la enfermedad y contribuyendo al bienestar general de los gatos afectados.
• Royal Canin brindó una charla sobre innovación en la salud digestiva y presentó tres novedades. Una charla sobre innovación en la salud digestiva y presentó tres novedades.
• John Martín en su stand también posicionó tres nuevos productos orientados a la salud de perros y gatos.

“Si no fuera por los veterinarios, no estaríamos acá”

Por su parte, Eduardo Modyeievsky, organizador del evento, celebró el éxito alcanzado y destacó la felicidad de todo la industria en esta nueva edición.
“Nosotros estamos super contentos, los veterinarios están muy felices. Realmente tuvimos 2 días a pura fiesta, con charlas, presentaciones; las empresas se jugaron con los sorteos y la gente lo disfrutó mucho. Como siempre decimos, este evento lo hacemos Intermédica, las empresas y los veterinarios que, si no fuera por ellos, no estaríamos acá”.

Animalia lanzó GENESIS, una línea de fórmulas húmedas calidad Human Grade (para perros y gatos), que se presenta como una solución para los médicos veterinarios.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Conformada íntegramente por médicos veterinarios con una sólida trayectoria en la nutrición animal, la empresa Animalia lanza al mercado GENESIS.

“GENESIS es una nueva herramienta para los médicos veterinarios, que les permitirá aportar a sus pacientes prevención a través del alimento. Es una línea de fórmulas húmedas, completas y balanceadas, que contienen nutracéuticos únicos en el mercado veterinario, como Postbióticos, Astaxantina, Cúrcuma y Aceite de coco (entre otros), con beneficios nutricionales científicamente comprobados, tanto para la prevención, como para el soporte al tratamiento de diversas patologías o necesidades específicas de sus pacientes”, explicó el MV Alejo Acevedo (MN 8.273), Director Técnico de Animalia, en diálogo con Mi Negocio Veterinario.

Si bien los primeros desarrollos de Animalia comenzaron hace ya 4 años, este 2025 marca un hito con el lanzamiento GENESIS, que se suma a sus otras dos marcas: Big Love y Taste of The Valley.

“En esta primera etapa, lanzamos dos fórmulas, GENESIS -dieta carnívora para gatos adultos y GENESIS -dieta omnívora para perros adultos-. Se trata de alimentos húmedos naturales, con carnes enteras (no ultraprocesados) y vegetales enteros (en la fórmula perro) de calidad Human Grade, en envase sustentable de Tetra Pak de 340 g.”, detalló Acevedo.

Nutrición diferencial – Human Grade

“Para graficarlo de manera resumida, podríamos decir que, a nivel nutricional, si tomamos el mejor de cada categoría, el alimento seco estaría en la base de la pirámide, seguido el húmedo ultraprocesado (todas las latas y sobres), y en la cima de la pirámide nuestras fórmulas, compuestas por trozos de carnes enteros, vegetales, y nutracéuticos.
Si hablamos de Calidad Human Grade, nuestros productos son los únicos del mercado que realmente cumplen con los requisitos, ya que son elaborados en una planta que fabrica comidas para humanos, con los mismos ingredientes, en el mismo formato de envase Tetra Pak esterilizado por autoclave, y con certificaciones internacionales de Calidad (FSSC 22.000, HACCP, BPM).”

El futuro de la nutrición

“Como médicos veterinarios, tenemos incorporado en nuestro ADN el Método Científico, por lo cual, les propongo a nuestros colegas realizar su propia experiencia con nuestras fórmulas, y que sean ellos los que determinen el futuro de la nutrición para nuestros queridos animales de compañía”, concluyó.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Existen técnicas para impulsar la mayor repetitividad en las consultas de los pacientes para no depender de salir a buscar nuevos. ¿Las conocés? Acá te las contamos.

En la gestión de una veterinaria, hay indicadores que no podés dejar de mirar si querés que el negocio funcione con eficiencia y, sobre todo, con previsibilidad. Uno de ellos es la frecuencia media de visita, un dato que muchas veces pasa desapercibido, pero que es clave para la rentabilidad y la fidelización de tus clientes.
¿De qué hablamos? Simple: cuántas veces, en promedio, cada uno de tus clientes visita la veterinaria a lo largo de un año. Se calcula dividiendo la cantidad total de visitas anuales por el número de clientes activos. Parece sencillo, pero detrás de ese número hay un mundo de oportunidades…

El ejemplo

Supongamos que una veterinaria tiene 500 clientes activos y registra unas 1.800 visitas totales al año. Eso nos da una frecuencia media de 3,6 visitas por cliente al año.
¿Está bien? ¿Está mal? Depende, claro, del perfil de tu negocio y tus pacientes.
En general, para perros, un rango saludable estaría entre 3 y 4 visitas por año. Para gatos, el promedio suele ser más bajo, entre 2 y 3 visitas anuales. Pero la realidad argentina es bastante más desafiante: según datos del mercado, solo 4 de cada 10 gatos visitan la veterinaria, y lo hacen en promedio menos de una vez al año.
En el caso de los perros, el potencial también es enorme: apenas se aplican vacunas antirrábicas para menos del 40% de la población, y los antiparasitarios no superan una dosis anual por animal. Un panorama que claramente tiene margen para crecer.

¿Por qué es importate?

Más allá de los promedios, lo importante es entender por qué este indicador merece tu atención. Primero, porque cada visita representa no solo un ingreso directo, sino también una oportunidad para ofrecer servicios complementarios, hacer controles preventivos y reforzar la relación con el cliente.
Segundo, porque aumentar la frecuencia media es mucho más rentable que invertir constantemente en captar nuevos clientes.
Y tercero, porque cuanto más recurrente es la visita, mejor es la salud y el bienestar del paciente… y eso también es parte de tu propuesta de valor.
Ahora bien, ¿cómo podés lograr que tus clientes vuelvan más veces al año?

  • Una estrategia efectiva es la implementación de planes de salud anuales. No hablamos solo de vender un pack de vacunas, sino de ofrecer una propuesta integral: consulta, vacunación, control antiparasitario, chequeos preventivos cada seis meses y hasta beneficios adicionales como descuentos en emergencias o estética.De esta manera, podés asegurarte al menos 3 o 4 visitas al año de cada cliente, con la ventaja de planificar turnos por adelantado y mejorar tu flujo de caja.
  • Otra herramienta poderosa (y sencilla) es el uso de recordatorios automáticos. WhatsApp Business, email marketing o incluso llamadas programadas para avisar cuándo toca renovar el antiparasitario, retirar alimento premium o agendar un chequeo son prácticas que no solo incrementan la frecuencia, sino que también transmiten profesionalismo y compromiso con la salud del animal.
  • No subestimes tampoco el impacto de sumar servicios complementarios. La limpieza dental anual, el asesoramiento nutricional o incluso pequeñas acciones como talleres para tutores responsables pueden ser excusas genuinas para que el cliente vuelva, generando además un diferencial frente a la competencia.

Un dato: muchas veces creemos que el problema es la falta de nuevos clientes, pero en realidad el potencial está en quienes ya confían en nosotros. Por eso, antes de pensar en salir a buscar más, revisá cuánto estás aprovechando la base de clientes que ya tenés.
La pregunta clave es: ¿sabés cuántas veces por año, en promedio, vuelve cada cliente a tu veterinaria? ¿Qué estrategias aplicás para que ese número crezca?
No alcanza con esperar que el tutor vuelva.
La frecuencia media de visita no solo es un número: es una radiografía de la relación que tenés con tus clientes y del potencial de crecimiento que todavía podés explotar.


Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com




Margarita Briceño
Líder de Marketing en Mi Negocio Veterinario
margarita@minegocioveterinario.com

El mercado veterinario ha vivido una verdadera transformación. Mientras el número de gatos en los hogares crece sin parar, las clínicas siguen viendo que la frecuencia de visitas felinas está lejos (muy) de alcanzar su potencial.
De hecho, según las últimas estadísticas solo 4 de cada 10 gatos visitan al menos una vez por año una veterinaria.
¿Y cuántos se vacunan? Incluso menos.
¿Por qué si los gatos ocupan un lugar cada vez más importante en las familias argentinas, no logramos que crucen más seguido las puertas de la veterinaria?
La respuesta no es simple. Sabemos que el tutor de gatos tiene comportamientos distintos al de un perro; que prioriza el bienestar, pero muchas veces subestima (o no conoce) la necesidad de controles preventivos.
El estrés del traslado, el desconocimiento sobre la importancia de la consulta veterinaria y la falta de comunicación efectiva son apenas algunas piezas del rompecabezas.
En este contexto, desde Mi Negocio Veterinario, junto a Holliday Scott, y con el acompañamiento de AAMeFe, decidimos poner sobre la mesa estas inquietudes y organizar Gato Visión 2025. Convocamos a 20 referentes en el mundo felino, con realidades diversas, pero con un mismo objetivo: entender las barreras que alejan a los gatos de la consulta veterinaria y, más importante aún, pensar juntos soluciones prácticas y reales para actuar en consecuencia.
En este informe, compartimos las 8 barreras que detectamos colectivamente y, lo más valioso: propuestas concretas para que puedan aplicarlas en sus veterinarias.
No hablamos de grandes inversiones, ni de estrategias inalcanzables, sino de cambios simples, ideas creativas y herramientas que podés empezar a usar hoy mismo.

Barrera 1: Dificultades y estrés en el traslado del animal

¿Quién no escuchó alguna vez eso de “Mi gato no se deja meter en el transportador”?
¡Clásico! La sola idea de preparar el traslado ya genera ansiedad en el tutor, y ni hablar del estrés que experimenta el propio gato.
Esta es una de las razones principales por las cuales muchos optan por no ir a la veterinaria (en Argentina y en el mundo).
¿Qué soluciones podemos ofrecer? Una opción es generar alianzas con apps de movilidad locales o con remiseros pet-friendly para ofrecer un servicio exclusivo de traslado.
Otra alternativa (aunque no muy friendly para los veterinarios) es dedicar un día al mes para visitas a domicilio, especialmente para gatos geriátricos.
Y ojo con subestimar el poder de la educación: envía miniguías o transmití breves webinars, con tips para que acostumbren al gato al transportador con premios y juegos, o incluso armá un video rápido para tus redes explicando cómo hacerlo. Es clave ayudarlos a eliminar ese primer obstáculo.
Asimismo, los veterinarios presentes en Gato Visión 2025 hicieron foco en seguir avanzando en el mayor conocimiento sobre una premedicación específica, bien comunicada y efectivizada en conjunto con los tutores.

Barrera 2: Mala comunicación desde la veterinaria

Aunque a veces no se diga con todas las letras, muchos tutores no vuelven con sus gatos simplemente porque nadie se los pidió. La veterinaria no se comunicó de manera clara, ni lo suficientemente atractiva para recordarles que había que volver. Y no hablamos solo de explicar con palabras técnicas qué vacuna se aplicó o cuándo hay que volver. Hablamos de crear una experiencia de comunicación más amigable, multicanal, creativa y sobre todo efectiva.
Por eso, en Gato Visión 2025 se propusieron soluciones muy concretas, simples de implementar, y pensadas para clínicas que no tienen grandes equipos de marketing, pero sí muchas ganas de mejorar.
Una de ellas fue sencilla y poderosa: entregar al tutor un imán con un código QR que lo lleve a una página (puede ser propia o compartida entre colegas) con el calendario de salud del gato según su edad.
¿El plus? Que el calendario tenga lenguaje claro, e incluso botones para pedir turno.
¿Otra? No hay que subestimar el poder de lo físico. Una ficha con los hitos clave de cada etapa de vida del gato, disponible en la sala de espera, puede ser la excusa perfecta para hablar con el tutor sobre su próxima visita. Si le sumamos un QR que lleve a más Info o al turno online, cerramos el círculo.
También desde Mi Negocio Veterinario se propuso sumar un sticker para WhatsApp con la frase “Es hora de mi chequeo” y el link directo a turnos. Además de acciones como un Podcast veterinario o mini cápsulas en redes, con cápsulas educativas con tips, signos de alerta y cuidados básicos son una excelente herramienta para mantenerse presente en la mente del tutor.

Barrera 3: El alto costo de la consulta

Es común que algunos tutores de gatos perciban que “una simple consulta” es demasiado costosa, sobre todo si el animal no presenta signos evidentes de enfermedad. Sin embargo, lo que muchas veces está fallando no es tanto el precio, sino la percepción de valor. Y ahí hay un terreno inmenso por recorrer desde las clínicas veterinarias. ¿Algunas ideas?

  • Informar para dar valor: Una estrategia es entregar al tutor, al finalizar cada consulta, un informe físico o digital detallando los hallazgos clínicos: peso, observaciones sobre el estado general y recomendaciones personalizadas. Esa hoja que muchos subestiman es una herramienta clave para que entienda que recibió un servicio profesional completo.
  • Planes de salud accesibles y fraccionados: Otra vía es ofrecer planes de salud con pagos mensuales, que permitan cubrir chequeos, vacunas, desparasitaciones y controles sin que el tutor tenga que afrontar el total del gasto en un solo momento. Lo ideal: segmentarlos por etapa de vida del felino (Plan Gatito, Adulto y Senior), ajustando prestaciones y frecuencia según necesidades reales.
  • Fidelización que recompensa: Los programas de puntos también pueden jugar un rol clave. Cada consulta suma beneficios: descuentos futuros, premios por derivaciones, campañas especiales. También se pueden lanzar promociones en fechas clave, como el mes del gato, vacaciones de invierno o verano, o fechas especiales como Black Friday.

El precio de la consulta es, en muchos casos, una excusa que esconde otras barreras: falta de claridad, miedo al gasto imprevisto o desconocimiento de los beneficios.
Acompañar a los tutores con información clara, alternativas de pago y propuestas adaptadas a cada necesidad puede transformar esa percepción negativa en una oportunidad.

Barrera 4: “Los gatos no se enferman”

Es otro de los clásicos, ¿no? Los tutores de gatos tienden a pensar que, si el animal está comiendo, jugando y no muestra signos evidentes de enfermedad, no hay motivo para llevarlo a la consulta veterinaria.
La pregunta es: ¿cómo romper con esa falsa seguridad del tutor?
En primer lugar, los asistentes a Gato Visión 2025 coincidieron en que está en manos de los veterinarios visibilizar la importancia de la medicina preventiva. Y no solo desde el mostrador, sino en cada espacio posible: redes sociales, mails, cartelería, recordatorios automáticos e incluso en las charlas y capacitaciones que muchos referentes brindan.
Una de las propuestas que acercamos desde Mi Negocio Veterinario tiene que ver con la importancia de la detección temprana de enfermedades silenciosas.
¿Cómo es esto? Claro, para poder vencer esta barrera que hace que pocos tutores lleven a sus gatos a la veterinaria, sería interesante ofrecer campañas concretas o bien generar una estrategia de WhatsApp y mails a clientes con gatos jóvenes o adultos que regularmente compran alimento o accesorios, pero no pasan por la consulta veterinaria.
Otra de las propuestas tuvo que ver con generar un “Test de edad felina” en redes sociales y también en la clínica. Este sería un test interactivo, donde los tutores responden preguntas sobre su gato y reciben un diagnóstico en términos de “edad real felina” + recomendaciones de chequeo. Se pueden imprimir carteles físicos con QR al test para que los tutores lo hagan mientras esperan.

Barrera 5: Los tutores no tienen conocimiento preventivo

Una de las barreras más profundas —y a la vez más invisibles— que enfrenta la atención felina en Argentina es la falta de conocimiento preventivo por parte de los tutores. No es que no quieran cuidar a sus gatos: simplemente no saben cuándo, cómo o por qué hacerlo más allá de una urgencia o una vacuna aislada.
Una de las estrategias propuestas es aprovechar eventos o ferias pet-friendly para instalar un espacio de atención rápida y educativa, bajo el concepto “Chequeo felino en 20 minutos”. En estas jornadas, se puede crear un módulo de revisión “express” en clínicas móviles o stands bien identificados, donde se entregue una checklist con recomendaciones.
Otra idea poderosa compartida desde Mi Negocio Veterinario es el armado de un kit preventivo para nuevos tutores, que la clínica puede entregar al momento de la adopción. El objetivo es capitalizar ese momento inicial de vínculo con el animal, enviando información clara sobre salud, alimentación, comportamiento y calendario de controles. Esa primera impresión —acompañada de buenos datos— puede marcar una diferencia real.
La clínica también puede generar un diferencial organizando un taller de bienestar felino, presencial u online, con clases breves sobre salud preventiva, manejo del estrés, higiene y detección de signos de enfermedad. Este tipo de iniciativas empodera al tutor y fortalece su vínculo con el equipo veterinario.
En resumen: la prevención empieza por la información.

Barrera 6: Mala experiencia en la veterinaria

Pocas cosas son tan difíciles de revertir como una mala experiencia. Y, lamentablemente, los gatos —sus tutores— no siempre se van con la mejor sensación luego de visitar una clínica veterinaria.
Frente a esto, la primera propuesta es ir al hueso: capacitar al equipo en habilidades blandas, enfocándose en la comunicación con los tutores.
No podemos dejar de lado lo más visible: el entorno físico. Muchas veces, lo que define la experiencia de un tutor es tan simple como si había o no lugar para sentarse, si el ambiente era ruidoso o si el lugar olía mal.
Hacer un diagnóstico sincero sobre las comodidades que brinda la clínica —teniendo en cuenta el perfil de los clientes— puede derivar en pequeñas pero poderosas mejoras. Porque, como dice la frase: como te ven, te tratan.
Pero sabemos que no alcanza solo con mejorar lo que pasa puertas adentro. Es necesario también sanar las huellas de lo que pasó antes. Para eso, una estrategia efectiva es mostrar públicamente cómo se trabajó para revertir una situación negativa. Por ejemplo, publicar un testimonio real de un cliente que recuperó la confianza en la clínica puede tener más impacto que cualquier campaña publicitaria.

Barrera 7: Falta de servicio completo desde la clínica

Muchas veces, los tutores no vuelven porque no encuentran todo lo que necesitan en un solo lugar. Y no hablamos solo de tener un laboratorio o un quirófano equipado, sino de poder ofrecer una experiencia integral: donde el chequeo general se complemente con una consulta con el especialista adecuado, sin tener que pasar de clínica en clínica.
Una gran solución es diseñar un modelo de suscripción mensual a un Plan de Salud Felino, en el que los tutores paguen una cuota fija que incluya chequeos regulares, vacunas, desparasitaciones y acceso a consultas con especialistas. Esta modalidad, además de facilitar la planificación financiera del tutor, genera un ingreso constante para la clínica y fomenta la fidelización.
Y si todo esto no fuera suficiente, siempre existe la posibilidad de apoyarse en la consulta especializada a distancia. Es decir, que durante la consulta general, el veterinario pueda comunicarse con un colega especialista (a través de videollamada, audio o chat) y, juntos, tomar decisiones clínicas más informadas. Esto no solo eleva el nivel del servicio, sino que también transmite al tutor un compromiso profesional que muchas veces termina marcando la diferencia.

Barrera 8: “Mi gato no se deja revisar”

El clásico “el gato no se deja tocar” no solo frena visitas al consultorio, sino que también genera frustración en los tutores, estrés en los gatos y un mal recuerdo para todos. Pero atención: que un gato no se deje revisar no significa que no se pueda revisar. Significa que necesita otra manera de ser abordado.
Una idea que se propuso en Gato Visión 2025 tuvo que ver con generar una primera consulta sin procedimientos, en la que el gato simplemente conozca al profesional, a la sala, a los olores y al entorno. Esa media hora es, en realidad, una inversión en un vínculo que después permite trabajar mucho mejor.
Otra herramienta simple pero poderosa: asignar horarios especiales para la atención felina. Que no haya perros en sala de espera, que el tránsito externo sea más bajo, que no haya música fuerte ni ruidos de fondo. Un “bloque felino” semanal puede ser la clave para que más tutores se animen a venir y repetir.
¿Por qué no anticiparse? Otra idea es enviar, junto con el turno, un PDF o un video con consejos sobre cómo trasladar al gato, cómo acostumbrarlo a la transportadora, a qué señales prestar atención, etc., puede marcar la diferencia.

Reflexión final

Después de repasar estas 8 barreras, queda claro que no es casualidad que muchos gatos no lleguen a la veterinaria. Detrás hay una mezcla de creencias, hábitos, desinformación… y también falta de estrategia por parte nuestra. Pero lo más importante es que cada una de esas barreras puede ser superada, siempre que seamos capaces de empatizar con el tutor y, a la vez, de profesionalizar la gestión de nuestra veterinaria.
Desde Mi Negocio Veterinario creemos firmemente que la rentabilidad y la eficiencia no están peleadas con el bienestar animal, ni con la cercanía con el cliente. Y por eso, cada taller, cada evento, cada contenido que generamos busca justamente ese equilibrio: darle herramientas reales a los veterinarios para que gestionen mejor sus negocios, disfruten más su profesión y se animen a romper moldes.
Este informe sobre lo ocurrido en Gato Visión 2025 no es más que un ejemplo de lo que proponemos: sentarnos, escuchar, identificar obstáculos y transformarlos en oportunidades concretas. No para «vender más por vender», sino para brindar un servicio de excelencia y, al mismo tiempo, sostener clínicas veterinarias sanas, rentables y en crecimiento.

Solicitá el resumen completo de Gato Visión 2025 acá

Daniela Mattiussi
daniela@minegocioveterinario.com

 

El MV Federico Machín se convirtió en un referente en cirugía veterinaria y anestesiología en Uruguay. Su Clínica Veterinaria del Rhin está en pleno crecimiento gracias a una visión de gestión estratégica.

Desde sus primeros años de formación, el MV Federico Machín demostró una vocación clara por la medicina veterinaria. Su interés por la cirugía y la anestesiología lo llevó a especializarse en distintas instituciones de Argentina, Chile y España, adquiriendo conocimientos avanzados en el manejo del dolor, cuidados críticos y cirugía de tejidos blandos. Actualmente, es presidente de la Red Nacional de Veterinarios de Uruguay y un referente en la profesión.

Junto con su socia, la MV Victoria Demicheli, en 2013 fundó la Clínica Veterinaria del Rhin en Montevideo, un centro que, desde sus inicios, prioriza la atención especializada y el trato empático hacia los animales de compañía y sus dueños.

Hoy la clínica se encuentra en pleno crecimiento edilicio y de personal con la mira puesta en la gestión estratégica para que cada uno potencie su rol.
“Si yo me tengo que dedicar a la facturación y administración de la clínica, no solo lo hago a medias, sino que le quito tiempo al quirófano que es donde soy más rentable”, comenzó explicando Machín en diálogo con Mi Negocio Veterinario.

Por otro lado, en 2018, decidieron enfocarse en la medicina felina, asociándose a la International Society of Feline Medicine (ISFM) y logrando en 2021 la certificación Cat Friendly Practice Silver, un reconocimiento que garantiza condiciones óptimas para la atención de los gatos y la reducción del estrés durante las consultas.

“Este logro representa el esfuerzo y compromiso tenemos con la salud felina. Sabemos que los gatos requieren un manejo distinto y hemos adaptado nuestra clínica para brindarles el mejor servicio posible”, detalló.

Su modelo de gestión

Pero la práctica veterinaria no es solo el trabajo de estos profesionales.
Es que el éxito de la clínica se basa en un equipo de trabajo interdisciplinario compuesto por 4 veterinarios especializados en distintas áreas, además de asistentes capacitados en la gestión clínica.
Este modelo les permitió consolidar un servicio integral con consultas generales, cirugía avanzada y atención en anestesiología y manejo del dolor.
Cabe resaltar que en Uruguay existe la implementación de un sistema mutualista que permite a los dueños de mascotas acceder a consultas ilimitadas mediante una cuota mensual. Este sistema fue clave para fidelizar clientes y garantizar una atención accesible y continua. Además, la clínica cuenta con un servicio de urgencias tercerizado, brindando soporte 24/7 a los afiliados.
“Nuestro objetivo es que los clientes sientan la tranquilidad de que siempre habrá un equipo dispuesto a atender a su mascota cuando lo necesiten”, señaló Machín.
En ese sentido, la clínica implementó un enfoque proactivo en la educación de los tutores, promoviendo charlas, asesoramiento personalizado y seguimiento de los pacientes a través de consultas periódicas. “Creemos que educar al tutor es clave para prevenir enfermedades y garantizar el bienestar de los animales”, agregó.

Desafíos y estrategias

A lo largo de los años, la clínica enfrentó diversos desafíos, desde la gestión financiera hasta la necesidad de actualización tecnológica. Para optimizar recursos, el equipo trabajó en la planificación de inversiones estratégicas, aprovechando beneficios fiscales para la adquisición de equipos de última generación.
Otro aspecto fundamental en la gestión de la clínica fue el desarrollo de alianzas estratégicas con laboratorios y proveedores de insumos veterinarios.
La implementación de un software de gestión fue otro factor clave, permitiendo un control detallado de los inventarios, facturación y seguimiento de pacientes.
«Hoy la tecnología juega un papel esencial en la gestión veterinaria. Adaptarnos a estos cambios ha sido clave para seguir avanzando», afirmó Machín.

Crecimiento de la demanda

Machín destacó que la pandemia marcó un punto de inflexión en la medicina veterinaria. Con el crecimiento del vínculo humano-animal y el aumento de la demanda de servicios veterinarios, la clínica experimentó un incremento en consultas y procedimientos quirúrgicos.
Esto puso de manifiesto la necesidad de contar con un equipo multidisciplinario y de fortalecer el enfoque empático en la atención al cliente.
«El impacto de la pandemia nos demostró que nuestra profesión es esencial para muchas familias. La demanda de atención creció exponencialmente y tuvimos que adaptarnos a una nueva realidad», explicó.
Además, la clínica ha incorporado estrategias para el manejo del duelo, considerando el impacto emocional que genera la pérdida de una mascota. «No solo atendemos a los animales, también acompañamos a las personas en estos momentos difíciles», explica Machín, quien recientemente se capacitó en manejo del duelo y busca integrar apoyo psicológico para el equipo de trabajo.
El impacto de la pandemia también llevó a la revalorización de la medicina preventiva. Los clientes han mostrado un mayor interés en mantener la salud de sus mascotas a través de chequeos regulares y vacunaciones, lo que ha impulsado el desarrollo de planes de salud personalizados dentro de la clínica. «Notamos que la gente está mucho más consciente de la importancia de la prevención. Eso nos permite trabajar mejor y evitar problemas graves a futuro», manifestó Machín.

Proyectos de inversión

A través de distintos proyectos para pequeñas y medianas empresas del gobierno, lograron llevar a cabo una planificación para incorporar otros profesionales, tecnología, entre otras cosas. Entre toda la incorporación que se hace y el empleo que vas a dar con estos cambios, se genera una escala de beneficios que luego se descuenta de los impuestos.
“Gracias a eso logramos incorporar el laboratorio, una máquina nueva de anestesia de última generación, adquirimos equipamiento como el electrobisturí, una nueva mesa de cirugía, lámparas, un microscopio, etc.”, detalló Machín.
Además, adelantó que el próximo objetivo es dividir la clínica en dos plantas: arriba está el salón con los dos consultorios y se trasladará el laboratorio y abajo, en el subsuelo, hay una zona de prequirófano con unos caniles muy prolijos y el quirófano.
“Queremos llevar el laboratorio hacia arriba y, dentro de unos meses, queremos expandir la clínica hacia el local que está pegado y que corresponde a los mismos dueños. Esto nos va a permitir estar mucho más cómodos”, manifestó.

Tiempo rentable

Con la mirada puesta en el crecimiento, la próxima incorporación de la Clínica Veterinaria del Rhin, en cuanto a personal, es una persona exclusivamente administrativa. “Vemos las partes de gestión como un lugar a invertir y creo que tener una persona que lleve la facturación, los proveedores y que esté chequeando los precios, es de vital importancia”, resaltó Machín.
En ese sentido recordó que su principal error era no prestarle atención a lo no clínico e indicó que en varios países de Latinoamérica es una de las cuestiones que más les cuesta a los veterinarios.
“Lo hacemos a media y encima la hacemos mal. Pero ese tiempo a medias que debo dedicarle, hace que me saque mi tiempo más rentable que es estar en el quirófano. Ese es mi tiempo más rentable, en el que yo más produzco para la clínica y para mí”, manifestó el MV.

“Atendemos perros, gatos y personas”

Otro de los objetivos para este año es la incorporación de un psicólogo o para hacer, en ocasiones, terapia en grupo. “Uno no se da cuenta que muchas veces vive situaciones difíciles y se disocia para poder trabajar. Quiero que mi equipo tenga herramientas para ayudar y para protegerse también, para cuidarse”, detalló Machín.
Y agregó: “Con el tiempo entendí que, en realidad, nuestra razón de ser es la persona más que el animal. Muchas veces escuche decir que no valoran a la profesión, pero al que menos le importa es a uno porque no es consciente del impacto que hoy tiene”.
Por otro lado, resaltó el término de familias multiespecie y la importancia para esta nueva conformación. “Hay que entender que en realidad el perro o el gato que va con un tumor en la cara no va solo, sino que lo lleva una persona que está que está angustiada, que le preocupa, que sufre por ver al animal en esas condiciones.
Entonces nosotros somos los primeros que tenemos que ser conscientes de la responsabilidad que tenemos”, concluyó Federico Machín.

Escribe Guadalupe Gallo
MV y Coach ontológica
guadalupe.egallo@gmail.com

El mayor desafío de los profesionales no es solo saber actuar, sino poder hacerlo incluso cuando la incertidumbre y el miedo amenazan con paralizarlos.

La M.V. Inés observaba con atención al gato atigrado que estaba sobre la camilla de emergencias. Su respiración era entrecortada, sus mucosas pálidas, su cuerpo inmóvil salvo por los espasmos de cada intento desesperado de oxigenarse. La tutora, con el rostro desencajado, suplicaba ayuda entre gritos y sollozos: ese gato era lo único que tenía.
Inés sabía qué hacer. Sus años de estudio y sus incontables prácticas le habían enseñado a actuar en emergencias, a priorizar, a ejecutar con precisión. Pero en ese momento, en el instante crítico donde debía tomar el control, su cuerpo se quedó quieto. Su mente, inundada por la responsabilidad, se nubló.
El conocimiento estaba allí, pero sus emociones le jugaron en contra.
La capacidad de gestionar las emociones y tomar decisiones bajo presión es tan importante como el conocimiento técnico en la medicina veterinaria.
El mayor desafío de los profesionales no es solo saber actuar, sino poder hacerlo incluso cuando la incertidumbre y el miedo amenazan con paralizarlos. Inés comprendió en esa guardia que la inteligencia emocional no es un complemento, sino una herramienta esencial para salvar vidas.

Las emociones en la práctica clínica

A menudo creemos que las decisiones médicas que tomamos en nuestra práctica clínica son producto de un pensamiento estructurado y lineal, como si siguiéramos un algoritmo riguroso hasta alcanzar el diagnóstico y tratamiento correctos. En teoría, debería ser así. Pero en esas listas interminables de probabilidades que nos llevan a un solo punto, rara vez consideramos un factor fundamental: las emociones.
Todavía recuerdo mis últimos años en la universidad, cuando junto a mis compañeros nos reuníamos en ronda para analizar y discutir casos clínicos de papel. Todo empezaba de manera ordenada: «Paciente canino, macho, entero…».

«La inteligencia emocional no es un lujo ni un concepto abstracto: es una herramienta que puede marcar la diferencia entre una buena o una mala decisión, entre salvar una vida o quedarnos paralizados.»

Seguía la reseña completa, la anamnesis detallada, y una lista exhaustiva de signos clínicos producto de una revisión meticulosa. Pero aquel paciente solo existía en el papel. No estaba frente a nosotros. No había un tutor angustiado esperando una respuesta, ni el peso de la responsabilidad sobre nuestros hombros. Además, teníamos la seguridad de estar rodeados por supervisores que corregían cualquier posible error antes de que tuviera consecuencias reales.

La Inteligencia emocional en veterinaria

La inteligencia emocional no es un concepto abstracto ni algo que se estudia en un libro. Es la capacidad de entender lo que sentimos, manejar nuestras emociones y conectar con los demás de manera efectiva. En la veterinaria, esto es clave, ya que cada día enfrentamos situaciones que pueden ser emocionalmente desafiantes.

«La capacidad de

 gestionar las emociones y tomar decisiones bajo presión es tan importante como el conocimiento técnico en la medicina veterinaria.»

Podemos dividir la inteligencia emocional en cuatro áreas fundamentales:

  1. Conciencia de uno mismo: Saber qué sentimos, por qué lo sentimos y cómo afecta nuestra forma de actuar. Si en medio de una emergencia sentimos ansiedad, reconocerlo nos permite gestionarlo antes de que nos paralice.
  2. Autogestión: Controlar nuestras emociones para que no interfieran con nuestro trabajo. No se trata de reprimirlas, sino de manejarlas para que no nos dominen. Por ejemplo, ante un tutor angustiado, mantener la calma nos permite comunicarnos mejor y tomar decisiones más acertadas.
  3. Empatía: Comprender lo que sienten los tutores y nuestros colegas. Muchas veces, las personas no expresan todo con palabras, pero su tono de voz, expresiones y lenguaje corporal nos dan pistas sobre cómo se sienten. La empatía nos permite ofrecer un mejor acompañamiento y fortalecer la confianza con los clientes.
  4. Habilidades sociales: comunicarnos de manera efectiva, colaborar en equipo y resolver conflictos de manera asertiva.
    En una clínica veterinaria, el trabajo en equipo es fundamental, y saber escuchar y expresarnos con claridad hace una gran diferencia.

Estrategias que pueden ayudarte

Acá te comparto algunas estrategias sencillas que pueden ayudarte a desarrollar inteligencia emocional en tu día a día:

  1. Tomate un momento para identificar tus emociones: Antes de entrar a una consulta complicada o una cirugía, preguntate: «¿Cómo me siento en este momento? ¿Esto está afectando mi forma de actuar?»
    Ser consciente de ello te ayudará a manejarlo mejor.
  2. Respirá y pausa antes de reaccionar: Si un tutor te reclama o una situación te sobrepasa, tomate un par de segundos antes de responder. Una respiración profunda puede evitar una reacción impulsiva y ayudarte a comunicarte de manera más efectiva.
  3. Aprendé de cada experiencia: No te castigues por errores pasados. En lugar de enfocarte en la culpa, piensa en lo que puedes mejorar. Preguntate: «¿Qué puedo aprender de esto para la próxima vez?»
  4. Practicá la empatía: Ponerse en el lugar del tutor ayuda a mejorar la comunicación. A veces, un simple «Entiendo que esto es difícil para usted» puede hacer una gran diferencia en cómo se siente el cliente y en cómo se desarrolla la consulta.
  5. Buscá apoyo en tu equipo: La veterinaria puede ser una profesión solitaria si no tenemos un entorno de apoyo. Hablar con colegas sobre experiencias difíciles puede ayudarte a manejar el estrés y encontrar nuevas formas de afrontar situaciones desafiantes.

Un factor olvidado…

Lo cierto es que lo que nunca se discute con los estudiantes, profesores e incluso entre colegas es cómo influyen las emociones del veterinario en sus percepciones, juicios, acciones y reacciones. De hecho, muchas veces se cree que los errores que se cometen son básicamente técnicos: una dosis equivocada de un fármaco, tal vez. Sin embargo, a lo largo de los años he observado que los errores técnicos son solo una pequeña fracción de los errores.
La mayoría, en realidad, son errores de pensamiento, y parte de lo que los causa son nuestros sentimientos íntimos, nuestras emociones, las cuales no admitimos fácilmente y a menudo ni siquiera reconocemos.
La inteligencia emocional no es un lujo ni un concepto abstracto en la medicina veterinaria: es una herramienta fundamental que puede marcar la diferencia entre una buena o una mala decisión, entre salvar una vida o quedarnos paralizados. Desarrollarla nos permite no solo mejorar nuestra práctica clínica, sino también nuestro bienestar profesional y personal.
El conocimiento técnico es esencial, pero sin una gestión emocional adecuada, el mejor protocolo médico puede quedar inutilizado.
Integrar la inteligencia emocional en nuestra formación y práctica diaria nos hará mejores veterinarios y, sobre todo, mejores seres humanos.

 

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Existen técnicas para impulsar la mayor repetitividad en las consultas de los pacientes para no depender de salir a buscar nuevos. ¿Las conocés? Acá te las contamos.

En la gestión de una veterinaria, hay indicadores que no podés dejar de mirar si querés que el negocio funcione con eficiencia y, sobre todo, con previsibilidad. Uno de ellos es la frecuencia media de visita, un dato que muchas veces pasa desapercibido, pero que es clave para la rentabilidad y la fidelización de tus clientes.
¿De qué hablamos? Simple: cuántas veces, en promedio, cada uno de tus clientes visita la veterinaria a lo largo de un año. Se calcula dividiendo la cantidad total de visitas anuales por el número de clientes activos. Parece sencillo, pero detrás de ese número hay un mundo de oportunidades…

El ejemplo
Supongamos que una veterinaria tiene 500 clientes activos y registra unas 1.800 visitas totales al año. Eso nos da una frecuencia media de 3,6 visitas por cliente al año.
¿Está bien? ¿Está mal? Depende, claro, del perfil de tu negocio y tus pacientes.
En general, para perros, un rango saludable estaría entre 3 y 4 visitas por año. Para gatos, el promedio suele ser más bajo, entre 2 y 3 visitas anuales. Pero la realidad argentina es bastante más desafiante: según datos del mercado, solo 4 de cada 10 gatos visitan la veterinaria, y lo hacen en promedio menos de una vez al año.
En el caso de los perros, el potencial también es enorme: apenas se aplican vacunas antirrábicas para menos del 40% de la población, y los antiparasitarios no superan una dosis anual por animal. Un panorama que claramente tiene margen para crecer.

¿Por qué es importate?

Más allá de los promedios, lo importante es entender por qué este indicador merece tu atención. Primero, porque cada visita representa no solo un ingreso directo, sino también una oportunidad para ofrecer servicios complementarios, hacer controles preventivos y reforzar la relación con el cliente.
Segundo, porque aumentar la frecuencia media es mucho más rentable que invertir constantemente en captar nuevos clientes.
Y tercero, porque cuanto más recurrente es la visita, mejor es la salud y el bienestar del paciente… y eso también es parte de tu propuesta de valor.
Ahora bien, ¿cómo podés lograr que tus clientes vuelvan más veces al año?
Una estrategia efectiva es la implementación de planes de salud anuales.
No hablamos solo de vender un pack de vacunas, sino de ofrecer una propuesta integral: consulta, vacunación, control antiparasitario, chequeos preventivos cada seis meses y hasta beneficios adicionales como descuentos en emergencias o estética.
De esta manera, podés asegurarte al menos 3 o 4 visitas al año de cada cliente, con la ventaja de planificar turnos por adelantado y mejorar tu flujo de caja.
Otra herramienta poderosa (y sencilla) es el uso de recordatorios automáticos. WhatsApp Business, email marketing o incluso llamadas programadas para avisar cuándo toca renovar el antiparasitario, retirar alimento premium o agendar un chequeo son prácticas que no solo incrementan la frecuencia, sino que también transmiten profesionalismo y compromiso con la salud del animal.
No subestimes tampoco el impacto de sumar servicios complementarios. La limpieza dental anual, el asesoramiento nutricional o incluso pequeñas acciones como talleres para tutores responsables pueden ser excusas genuinas para que el cliente vuelva, generando además un diferencial frente a la competencia.
Un dato: muchas veces creemos que el problema es la falta de nuevos clientes, pero en realidad el potencial está en quienes ya confían en nosotros. Por eso, antes de pensar en salir a buscar más, revisá cuánto estás aprovechando la base de clientes que ya tenés.
La pregunta clave es: ¿sabés cuántas veces por año, en promedio, vuelve cada cliente a tu veterinaria? ¿Qué estrategias aplicás para que ese número crezca?
No alcanza con esperar que el tutor vuelva.
La frecuencia media de visita no solo es un número: es una radiografía de la relación que tenés con tus clientes y del potencial de crecimiento que todavía podés explotar.