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Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Después de casi 20 años en este sector y compartir momentos memorables con cientos de profesionales, algo me quedó bien claro: trabajar en una veterinaria implica tomar decisiones todo el tiempo. Algunas son visibles y estructurales: invertir en equipamiento, incorporar un nuevo servicio, sumar una persona al equipo o redefinir los precios. Pero la mayoría de las decisiones que atraviesan la jornada no tienen ese peso evidente.

Son mucho más pequeñas. Y mucho más frecuentes.

A lo largo de un día, un veterinario puede tomar decenas de microdecisiones: reorganizar la agenda frente a un imprevisto, priorizar un caso sobre otro, explicar con mayor o menor profundidad una recomendación médica, aceptar un turno fuera de horario o postergar una conversación necesaria con un cliente o con alguien del equipo.

Cada una de esas decisiones parece menor en el momento en que ocurre. Sin embargo, cuando se acumulan, empiezan a definir algo mucho más profundo: la forma en que funciona la veterinaria.

En ese punto aparece una tensión silenciosa que atraviesa a cualquier persona que lidera un negocio: cómo mediar entre lo urgente y lo importante. Entre lo operativo que exige respuestas inmediatas y lo estratégico que define hacia dónde se quiere ir.

Cada decisión, por pequeña que parezca, tiene un costo… y una dirección.

La presión del día a día es real. Los turnos se suceden, los clientes esperan, los equipos necesitan respuestas y el contexto económico muchas veces obliga a tomar decisiones difíciles. En ese escenario, decidir rápido se vuelve casi inevitable.

Pero el liderazgo no se mide por la cantidad de decisiones que se toman, sino por la calidad de esas decisiones en función de un objetivo más amplio.

Porque liderar una veterinaria implica algo más que resolver lo que aparece en la agenda del día. Implica sostener una mirada capaz de conectar el presente con el futuro del negocio.

A veces eso significa aceptar decisiones incómodas: ordenar procesos, redefinir prioridades o sostener ciertos criterios incluso cuando lo más fácil sería resolver rápido y seguir adelante.

No se trata de decir qué decisiones están bien o mal. La realidad del trabajo veterinario es compleja, dinámica y muchas veces exigente. Pero sí vale la pena recordar que cada decisión, por pequeña que parezca, tiene un costo… y también una dirección.

Porque al final, las veterinarias no se construyen solamente con grandes definiciones estratégicas tomadas cada tanto. Se construyen, sobre todo, con la suma de pequeñas decisiones que, día tras día, terminan marcando el rumbo.

Y justamente ahí aparece el verdadero desafío del liderazgo: no perder de vista hacia dónde queremos ir, incluso en medio de todas las decisiones que exige el presente.

No se trata de grandes planes ni cambios drásticos. Se trata de ordenar lo básico ahora para no llegar cansados, desordenados y sin margen a mitad de año. ¿Cómo hacerlo?

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Enero suele ser un mes “extraño” para muchas veterinarias. Ritmos irregulares, equipos incompletos, agendas que se acomodan como pueden. Febrero, en cambio, es distinto. Es el mes en el que el año empieza “en serio”. Y justamente por eso es también el mes ideal para dejar de improvisar.
Improvisar no significa trabajar mal. Significa trabajar mucho, resolver lo urgente, apagar incendios… pero sin una mínima estructura que sostenga el día a día. El problema es que ese modo de trabajo, sostenido en el tiempo, agota, desordena y termina pasando factura.

No hace falta un gran plan (de verdad)

Cuando se habla de orden y planificación, muchos veterinarios imaginan algo complejo, rígido o difícil de sostener. Y ahí aparece la resistencia. Pero febrero no pide eso. Pide algo mucho más simple: ordenar lo básico.
Ordenar no es cambiar todo. Es revisar pocas cosas, pero las correctas. Es preguntarse cómo estamos arrancando el año y si ese punto de partida es sostenible durante los próximos meses.

Cuatro preguntas que valen oro en febrero

Antes de que el ritmo diario vuelva a taparlo todo, febrero ofrece una ventana corta pero valiosa para responder algunas preguntas clave:

  • ¿Sabés cómo están tus números o trabajás por sensación?
  • ¿Los precios y honorarios están actualizados o quedaron atrasados?
  • ¿El equipo tiene claro qué se espera de cada uno en este inicio de año?
  • ¿Estamos corriendo todo el día o tenemos algún criterio para priorizar?

No se trata de tener todas las respuestas perfectas, sino de hacerse las preguntas a tiempo.

El error más común: seguir igual “porque siempre funcionó”

Muchas veterinarias arrancan febrero copiando y pegando el esquema del año anterior. Mismos horarios, mismos precios, mismos servicios, mismas dinámicas. El problema es que el contexto cambia, los costos cambian, los clientes cambian… y la veterinaria también debería hacerlo, aunque sea un poco.
Seguir igual no siempre es estabilidad. A veces es solo inercia. Y la inercia, tarde o temprano, se paga con cansancio, desorden o falta de margen económico.

¿Qué viene después?

Hay otro motivo, muy concreto y bien conocido por todos, por el cual febrero es un mes estratégico: en marzo cambia el comportamiento de gasto de las familias. El inicio de las clases, las compras escolares, los ajustes de rutina y otros compromisos hacen que una parte importante del ingreso disponible se reasigne.
Eso no es nuevo. Pasa todos los años. Y justamente por eso, febrero es el momento para ordenar la veterinaria antes de que el contexto apriete un poco más. Llegar a marzo con precios desactualizados, desorden interno o falta de claridad suele traducirse en más tensión, más dudas y menos margen para decidir con tranquilidad.
Lo que no se revisa en febrero, después suele resolverse a las apuradas.

Ordenar lo básico impacta más de lo que parece

Pequeños ajustes hechos ahora pueden cambiar por completo cómo se vive el año:

  • Tener claros los números evita decisiones apuradas más adelante.
  • Revisar agendas mejora tiempos y reduce estrés.
  • Alinear al equipo desde el inicio previene conflictos innecesarios.
  • Definir prioridades evita trabajar mucho en cosas que aportan poco.

No es magia. Es gestión mínima, pero consciente.

No es para correr, es para acomodarse

Uno de los mayores errores es querer “arrancar fuerte”. Febrero no pide velocidad, pide dirección. Porque cuando el año se acelera —y se acelera siempre— ya no hay tiempo para pensar, solo para ejecutar.
Acomodarse ahora es una forma de cuidarse después. Es evitar llegar a junio o julio con la sensación de cansancio acumulado, sin saber bien por qué se trabaja tanto y rinde tan poco.

Pensar febrero como una inversión

Dedicar tiempo en febrero a ordenar procesos, revisar precios, hablar con el equipo y mirar números no es perder tiempo clínico. Es invertir en un año más llevadero, más rentable y más profesional.
No hace falta hacerlo todo. Hace falta empezar.
Porque improvisar puede servir un día, una semana o incluso un mes. Pero sostener una veterinaria durante todo un año requiere algo más que buena voluntad y vocación.
Febrero está para eso: para dejar de improvisar y llegar a marzo con una base más sólida. El resto del año —y tu energía— lo van a agradecer.

El miedo no siempre se reconoce como tal: los veterinarios con los que conversamos los manifiestan en forma de postergación, de culpa, de excusa, de falta de decisión o de cansancio.

A continuación vamos a ponerle nombre a los miedos que más nos comparten, y a vincular cada uno de ellos con una herramienta probada de la psicología DBT, un modelo que invita a equilibrar la aceptación y el cambio.

Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
florciabadiplaksin@gmail.com

Miedo a poner límites

“Si digo que no a esto, sólo voy a generar más problemas”

En este ambiente, poner límites suele juzgarse como falta de compromiso. Pero en realidad, decir que no es una demostración de cuidado: cuidás la calidad de tu trabajo, al paciente, tu relación con colegas, jefes y tutores; y, sobre todo, a vos mismo.
¿Qué habilidad podés aplicar? DEAR MAN.
Es un guión claro que te ayuda a comunicar la negativa de forma efectiva. Sus siglas resumen los pasos: describir, explicar cómo te sentís, ser asertivo, reforzar tu pedido, mantener tu posición, mostrar seguridad y negociar.
Tenemos una nota específica sobre esta habilidad, que te dejamos acá.
Tené en cuenta siempre que poner límites, en lugar de alejarte de los demás, asegura que puedas seguir estando ahí de forma sostenible.

Miedo a hablar de plata

“Si hablo de este tema, van a pensar que no tengo vocación”

Es usual escuchar, tanto de veterinarios como de tutores, que la vocación implica no pensar en dinero. Pero, en la realidad, el veterinario necesita y merece una compensación por su trabajo y conocimiento. Evitar el tema no es una demostración de empatía ni de amor por tu profesión: al contrario. Te expone al desgaste y al malestar.
¿Qué habilidad te proponemos? ACCIÓN OPUESTA.
Consiste en reconocer los impulsos de acción que te pide la emoción que estás sintiendo (esa que ya sabés que no te lleva al resultado que querés), y hacer exactamente lo contrario.
Por ejemplo: si al hablar del costo de un estudio sentís vergüenza, probablemente tu cuerpo se cierre, tu voz se vuelva más baja y empieces a justificarte demasiado.
La acción opuesta te invita a hacer lo contrario: mantener una postura abierta, cuidar el tono y volumen de tu voz, y comunicar el valor de tu trabajo sin excusas.
Es una forma de comunicarle a tu mente que esa emoción no va a dirigir la conversación.

Miedo a delegar y perder el control

“Dejá, es más fácil que lo haga yo”

En conversaciones con veterinarios, descubrimos que delegar no es sinónimo de alivio. Al contrario: es un factor de estrés, porque implica aceptar que el resultado no va a ser exactamente el que obtendrías vos.
Pero cuando todo depende de una sola persona, el margen de error aumenta exponencialmente y el cansancio también.
¿Qué habilidades podés usar? En este caso, te proponemos una combinación: MENTE SABIA + TOLERANCIA AL MALESTAR.
La primera habilidad implica convertirse en juez entre tu mente emocional y tu mente racional. Encontrar el camino del medio entre lo que sentís y lo que sabés o pensás. No se trata de eliminar la emoción ni de volver todo racional, sino de integrar ambas perspectivas. Cuando operás desde la mente sabia, elegís qué delegar con criterio, no desde el impulso ni desde la culpa.
Una vez que tomaste esa decisión, entra en juego la tolerancia al malestar. Esta habilidad te ayuda a atravesar la incomodidad natural de haber delegado algo que te cuesta soltar. En DBT, se entrena observando la emoción sin reaccionar de inmediato y usando recursos concretos: respirar, esperar, observar sin juzgar y recién después intervenir si es necesario.
Tené en cuenta que delegar no es un acto de desinterés, si no una distribución de responsabilidades en pos de un objetivo claro: que todo salga mejor.

Miedo a perder la vocación

“Ya no tengo ganas de venir a trabajar, debe ser que ya no me gusta ser veterinario”

Si te estás sintiendo así, lo más probable no es que hayas perdido la vocación, si no que ella esté enterrada debajo de capas de cansancio, exigencia y frustración. Seguramente no hayas perdido tu deseo de ayudar ni el amor con los animales, si no el contacto con el sentido original del trabajo.
Porque cuando la rutina es avasallante y entrás en modo de supervivencia, no hay conexión emocional que aguante.
¿Qué habilidades podés usar? En este caso, también te proponemos una combinación: ACUMULAR EXPERIENCIAS POSITIVAS + MENTE DEL ESTAR
La primera implica agregarle a tu día pequeñas experiencias que te devuelvan energía y sentido. Elegir los casos que más te apasionan, decorar tu espacio de trabajo, comer algo rico entre pacientes, usar el ambo que te haga sentir bien, retomar un proyecto que te entusiasmaba o hacer un curso que te inspire. Vos sabés qué cosas te conectan con el disfrute de tu profesión: se trata de volver a darles espacio.
Conectado con eso, vas a mantenerte en la “mente del estar”. Intentá relacionarte con la realidad no solo desde la acción, si no también desde la presencia y la observación. Habitá los momentos con atención plena, sin pensar en el paciente que se acaba de ir o en el turno que está por llegar.

Miedo a hacer un balance y ver los resultados

“Los números me van a decir que soy un fracaso”

En muchas clínicas, el momento de hacer balance se vive con tensión. Revisar resultados no siempre es un ejercicio de gestión: también puede ser un disparador emocional. A veces evitamos mirar porque creemos que esos datos hablan de nosotros, de nuestra capacidad o de nuestro valor profesional. Pero evitar la realidad no la mejora: sólo prolonga la ansiedad de no saber y, en el peor de los casos, hace que las consecuencias sean más graves.
¿Qué habilidad podés usar? VERIFICAR LOS HECHOS.
En DBT, esta herramienta invita a separar lo que realmente está ocurriendo de la interpretación emocional que hacemos sobre eso: que haya bajado el ticket promedio no significa que seas mal vendedor, solamente te marca un área de oportunidad.
Pensarlo así te permite aumentar tu campo de acción y dejar de relacionar tus resultados laborales con tu valor como persona.

Hablar de estos miedos no es solo un ejercicio emocional: es una herramienta de gestión.
Aprender a enfrentarlos es lo que permite que la práctica veterinaria sea sostenible, saludable y plena.

Frente a este gran dilema, planteamos una serie de conceptos estratégicos que todo dueño de veterinaria debe realizar a la hora de pensar en su relación con los colaboradores.

Javier Sánchez Novoa
Argentina
javier.sanchez@consultoramercader.com.ar

Los datos son tiranos: “el 34% de los trabajadores argentinos tiene la intención de cambiar de empleo, impulsados principalmente por el deseo de mejorar su remuneración y alcanzar un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal», según un informe de la consultora Randstad (Fuente: La Nación 08/06/2025).
Pero aún más fuerte es la realidad que atraviesan las clínicas veterinarias de Argentina y la región. De hecho, diría que supera ese porcentaje de trabajadores en nuestro sector.
Es duro, pero hay que decirlo. Cuando tenés una renuncia o debés despedir a una persona de tu equipo pensas… ¿y ahora que hago?, ¿cómo vuelvo a cubrir su puesto? Y ahí es cuando comienzan las preguntas existenciales, entre ellas:
¿Será que la remuneración no es la adecuada?, ¿será que no era la persona?, ¿no se adaptó al equipo?, y muchas otras preguntas que aparentemente no tienen respuesta. Pensemos juntos algo que es clave y te lo adelanté en el título, ¿la relación laboral con tu gente está realmente basada en la “retención”?
Cuidado: el efecto de las remuneraciones crecientes tiene un natural efecto de “anestesia” de los reclamos o presión salarial. ¿Observaste que luego de otorgar el aumento de su remuneración, al tiempo el/la colaborador/a vuelve a configurarse a la postura anterior?… Y sí, es natural, por eso uno suele apelar a revisar constantemente la remuneración y seguir intentando lo mismo, con resultados similares. ¡Ojo! que estás reteniendo solo por remuneración.
El contexto nos obliga a posicionarnos para tener una visión real, por eso te invito reorientarte y pensar juntos cómo podríamos pasar de “retenerlos” a “que nos elijan”… ¿Todo un desafío no?
Hay tres grandes puntos que debemos abordar, el primero son las características de los “nuevos” empleados, luego el costo de la rotación del personal y por último el liderazgo, específicamente el contexto que debemos desarrollar para que se comience la construcción del mismo.
Los tiempos cambian, las sociedades evolucionan, y las personas presentan nuevas necesidades.
Esto te obliga a vos cómo empresa empleadora a adaptarte a la evolución.
Entonces, primero debemos conocer las generalidades de los nuevos empleados:
  • Prevalece la búsqueda del espacio y tiempo personal, por sobre lo laboral.
  • El trabajo es un “medio para”, no está alienado con la persona, es solo un instrumento.
  • Búsqueda de un mejor salario, sí, pero primero un balance entre calidad de vida, lo personal y el trabajo.
  • Los perfiles de tipo digital y profesional tienen menor rotación respecto a los puestos operativos.
  • Los “nuevos” perfiles son menos adversos al riesgo, se repiten frases como “después veo que hago, igual renuncio”.
Algo que no tenemos que perder de vista es el costo de la rotación de personal, sobre el que mucho se habla, pero que no siempre se toma conciencia de su impacto financiero. Los costos de rotación pueden ir entre uno y tres salarios, ya que una rotación del empleado provoca:
  1. Tiempo de un nuevo proceso de búsqueda y selección.
  2. Supervisión del nuevo/a colaborador/a en la curva de aprendizaje, eso es tiempo y plata.
  3. Horas extras del personal que está cubriendo los huecos que se generaron. Esto también impacta en la salud mental de los colaboradores.
  4. Impacto en el promedio de ticket, baja por que el nuevo integrante no tiene todavía los conocimientos para poder vender los productos y servicios de la clínica veterinaria.
  5. Algunos clientes pueden desertar por el cambio de profesionales.

Cuando el clima laboral es sano, se respira cordialidad, se ven sonrisas y la experiencia global mejora sustancialmente .

¿Qué hacemos con  todo esto?

Vamos a enumerar las tácticas que podemos desarrollar:
  • Compensación real y ajustada: Si bien en nuestro país se ha recuperado parcialmente el salario real, todavía estamos buscando equilibrar.
  • Establecer bandas salariales y te aconsejo establecer una política ajustes bimestrales o trimestrales, vas a lograr bajar la ansiedad.
  • Buscar la forma de estructurar guardias “humanas”: Las renuncias se gatillan por calidad de vida en la mayoría de los equipos de médicos veterinarios / asistentes. Es necesario no quemar a los colaboradores con agendas prendidas fuego y con poco equipo de asistencia, al principio la remuneración le va a servir al profesional, luego viene el estrés y por última la deserción.
  • Desarrollá un “mapa de carrera” si tu estructura lo permite: Establece bandas salariales y beneficios para jóvenes profesionales, y otras para profesionales senior de tu equipo, lo mismo para tus colaboradores de atención al cliente. Diseña esquemas comisionales crecientes, según el avance de la persona en el puesto.
  • Que tus colaboradores no sientan que están en un molde inamovible.
  • Feed back real, positivo y sistemático: Tenés que escuchar a tu personal, reunión cada 15 días, para establecer los desafíos y los puntos a trabajar, luego una la reunión mensual se hace una puesta en común para chequear los logros del equipo y se planifican los próximos puntos.
  • Desarrollá objetivos de aprendizaje para cada persona en su puesto: ¿Es tedioso? Si, pero necesario, recordá que esta es una de las claves para que te elijan, cada colaborador deberá sentir que no solo está “para atender”.
  • Imprimí tu cultura, todos los días: En cada reunión privada que tengas, pregunta ¿qué es lo que puedo mejorar?, ¿qué salió bien?
  • Establecé reconocimientos mensuales a miembros del equipo: ¿A quién no le gusta el reconocimiento?, A todos. Si algo sale mal, analizar sin culpas, que esté traccionado por el aprendizaje.
  • Diseña descripciones de cada puesto: Este documento debe detallar principalmente sus funciones y responsabilidades, debe quedar claro cuáles son los puntos de evaluación. ¿Qué es lo que evaluarías en cada puesto para determinar si un colaborador tiene buen desempeño? No puede haber medias tintas. También es muy importante acompañar con la descripción de puesto un organigrama claro de la clínica veterinaria, de manera clara y destacando sobre todo la línea de mando.
Con todo esto pensá que podrías desarrollar para que tu clínica “sea elegible”, te aseguro que podés, hay muchas clínicas veterinarias que lo hicieron (y hacen), con excelentes resultados.
También es clave poder trabajar tu rol como líder, la evolución también debe venir desde un punto clave, tu posición cómo director o gerente de tu clínica.

Claves para poder  desarrollar el liderazgo

  1. Activá tu liderazgo consciente: Hacé reuniones de equipo quincenales y mensuales, pero dale tiempo a las “reuniones de Check In” que pueden ser esporádicas, te van a ayudar a detectar desvíos, alinear tareas y estar alerta ante pequeños chispazos entre los integrantes del equipo.
  2. Formulá los roles de tus colaboradores: Enumerá las responsabilidades de cada puesto, más general que la descripción, la esencia de su puesto, los pilares fundamentales, siempre poniendo al cliente en el centro de escena. Dejá muy en claro lo que esperás de cada puesto, sin vueltas. La claridad es muy sana para fomentar el liderazgo.
  3. Formá a tu equipo, pero al lado de ellos: Tenés que capacitar a los equipos de trabajo, cerca de ellos, tenés que ir chequeando el avance de cada integrante, dales feedback, pero siempre al lado de ellos. Convocá a otros especialistas para sumar capacitaciones, tu equipo tiene que ver y sentir tu apertura hacia los procesos de capacitación.
  4. Trabajá en los reconocimientos: Cumpleaños, días especiales, o cualquier motivo para reconocer que su trabajo es importante para vos y para la empresa. Es una acción súper ecológica para los equipos.
  5. Alineá el propósito y valores de la clínica con los puestos de tus colaboradores.
  6. Medí y mejorá todos los indicadores del clima organizacional: Diseñá encuestas online dirigidas a tus equipos, con preguntas claves para medir su bienestar, que piensa, que opina, etc. Mantené la mente abierta y se receptivo a todas las respuestas.
En todo este planteo no debemos olvidarnos del cliente. Cuando el clima laboral es sano, se respira de otra forma, ese perfume de cordialidad, sonrisas y rostros relajados, que el cliente observa en sus visitas.
No te olvides que se puede ser feliz en tu trabajo, recordá que la profesión que elegiste es hermosa, y que tiene un impacto social enorme. ¿Por qué sufrir? Poné manos a la obra y diseña estos planes de trabajo que te van a mejorar tu clima laboral y vas a disminuir la rotación de tu personal, hoy podés marcar la diferencia para tu clínica veterinaria y para tus equipos de trabajo.

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Arrancó 2025, un año que sin dudas será esafiante para los dueños de veterinarias y profesionales del sector. Después de años de inflación descontrolada, la nueva realidad económica argentina exige revisar cada aspecto de nuestra gestión para garantizar la sostenibilidad del negocio.
En este contexto, hay cuatro claves que marcarán la diferencia para quienes gestionan veterinarias y hospitales veterinarios: la segmentación efectiva de clientes; la importancia de transmitir correctamente el valor de los servicios; la gestión inteligente de precios y proyecciones de venta, y la optimización de costos y reducción de desperdicios.

Venderle a quien realmente te necesita

No todos los clientes son iguales, ni buscan lo mismo cuando visitan una veterinaria. En un año donde la rentabilidad será clave, segmentar bien a tu clientela te permitirá enfocar esfuerzos en quienes realmente valoran tus servicios y están dispuestos a pagar por ellos.
Es momento de conocer a fondo a tus clientes y definir estrategias para cada segmento: ¿Buscan un servicio premium y personalizado? ¿Priorizan precio sobre calidad? ¿Prefieren planes de salud anuales?

Transmitir el valor y cobrar correctamente

Este no es un año para vender barato, sino para vender con criterio. Con costos en constante movimiento y clientes más exigentes, el desafío estará en explicar correctamente el valor de cada servicio. Los clientes deben entender que no pagan solo por un medicamento o un procedimiento, sino por el conocimiento, la tecnología y la experiencia de los profesionales.
Si necesitás ofrecer alguna facilidad, evaluá opciones como financiación, planes de pago o beneficios exclusivos para clientes fidelizados.
Siempre asegurándote de que el valor de tu servicio quede claro desde el principio.

Gestión de precios

Ajustar precios ya no es solo una necesidad, es una obligación para mantenerse competitivo y rentable. La clave estará en monitorear los costos, los márgenes y la percepción del cliente sobre los servicios que brindás.
Además, será fundamental seguir de cerca las proyecciones de venta y evitar sorpresas desagradables en el flujo de caja. Con un mercado más volátil, tener una planificación financiera clara permitirá tomar decisiones con respaldo en datos y no desde la urgencia.

Optimización de costos y reducción de desperdicios

Durante años, la inflación ocultó ineficiencias en la administración de las veterinarias. Con la estabilización parcial de la economía, aquellas que no optimicen sus costos corren el riesgo de ver comprometida su rentabilidad.
Este es el momento ideal para analizar en detalle dónde se están perdiendo recursos innecesariamente: ¿Se están desperdiciando insumos médicos por falta de control de stock? ¿Se están pagando costos operativos excesivos que podrían reducirse renegociando con proveedores? ¿Hay servicios o promociones que no generan rentabilidad y deberían ser reestructurados?
Desde Mi Negocio Veterinario seguiremos acompañándote con herramientas para que este año sea el más sólido en la gestión de tu veterinaria. ¡Vamos por un 2025 con decisiones inteligentes y crecimiento sustentable!

Definir el punto de equilibrio de tu emprendimiento es más sencillo de lo que pensabas. Lleva tiempo y necesitás contar con datos certeros, pero los resultados de hacerlo pueden ser increíbles.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario

info@minegocioveterinario.com

En la gestión de una clínica veterinaria, entender los números no es solo una cuestión contable, es clave para la supervivencia y el crecimiento del negocio. Y en ese universo de métricas financieras, hay un dato que nunca puede pasar desapercibido: el punto de equilibrio.

¿Qué es el punto de equilibrio?

El punto de equilibrio es el momento exacto en el que los ingresos cubren todos los costos fijos y variables. En otras palabras, es cuando la veterinaria no gana ni pierde dinero. Saber dónde está ese umbral es vital para tomar decisiones inteligentes sobre precios, inversiones y estrategias de venta.

Si no lo conocés, corrés el riesgo de estar trabajando al borde de la rentabilidad o, peor aún, de sostener un negocio que pierde dinero mes a mes sin darte cuenta.

¿Por qué es clave conocerlo?

  • Evita pérdidas invisibles: Podés estar facturando mucho y aún así no cubrir tus costos.
  • Toma decisiones más inteligentes: Desde cuándo invertir hasta cuándo ajustar precios.
  • Planificá objetivos claros: Sabés exactamente cuánto tenés que vender para generar ganancias.

¿Cómo calcularlo?

El cálculo es más sencillo de lo que parece:

Punto de Equilibrio = Costos Fijos Totales / (Precio Promedio de Venta – Costo Variable por Servicio o Producto).

Paso 1: Identificá tus costos fijos

Estos son los gastos que pagás todos los meses, vendas o no vendas:

  • Alquiler o hipoteca del local.
  • Sueldos fijos.
  • Servicios (luz, agua, internet).
  • Software de gestión.
  • Seguro.

Paso 2: Calculá tus costos variables.

Son los costos que dependen directamente de cada servicio o producto vendido:

  • Insumos médicos.
  • Medicamentos.
  • Material descartable.
  • Comisiones o incentivos por ventas.

Paso 3: Determiná el precio promedio de venta

Calculá el promedio entre tus servicios y productos más vendidos. No uses solo el valor de la consulta, sumá otros ingresos recurrentes como venta de antiparasitarios o planes de salud.

Ejemplo práctico en una veterinaria

  • Costos fijos mensuales: $2.000.000
  • Costo variable promedio por servicio: $4.000
  • Precio promedio por cliente: $12.000

Fórmula: $2.000.000 ÷ ($12.000 – $4.000) = 250 clientes al mes.

Esto significa que necesitás 250 consultas o ventas promedio por mes para cubrir todos tus costos. A partir del cliente 251, cada peso facturado empieza a generar ganancias reales.

¿Qué pasa si no lo alcanzás?

Si mes a mes te quedás por debajo del punto de equilibrio, el negocio absorbe pérdidas. Esto obliga a:

  • Revisar precios y márgenes.
  • Reforzar acciones de marketing y promociones.
  • Revisar costos fijos y reducir gastos innecesarios.

Consejos para alcanzar y superar el punto de equilibrio

  1. Subí el ticket promedio: Ofrecé paquetes de servicios, sugerí productos complementarios o sumá membresías.
  2. Reducí costos variables: Negociá con proveedores y comprá insumos en volumen.
  3. Aumentá la frecuencia de visita: Programá recordatorios de vacunación y chequeos.
  4. Segmentá a tus clientes: Ofrecé servicios personalizados según el perfil del tutor y su mascota.

El punto de equilibrio no es estático

Revisalo periódicamente. Cambios en precios de insumos, aumentos de alquileres o ajustes salariales impactan directamente. Por eso, es clave analizarlo al menos cada seis meses.

Conclusión

Saber dónde está el punto de equilibrio es tener el control real del negocio. Es la brújula que te permite navegar entre las tormentas financieras y crecer de manera sostenible. Porque no se trata solo de amar a los animales, sino también de mantener una clínica saludable… en todos los sentidos.

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Arrancó 2025, un año que sin dudas será esafiante para los dueños de veterinarias y profesionales del sector. Después de años de inflación descontrolada, la nueva realidad económica argentina exige revisar cada aspecto de nuestra gestión para garantizar la sostenibilidad del negocio.
En este contexto, hay cuatro claves que marcarán la diferencia para quienes gestionan veterinarias y hospitales veterinarios: la segmentación efectiva de clientes; la importancia de transmitir correctamente el valor de los servicios; la gestión inteligente de precios y proyecciones de venta, y la optimización de costos y reducción de desperdicios.

Venderle a quien realmente te necesita

No todos los clientes son iguales, ni buscan lo mismo cuando visitan una veterinaria. En un año donde la rentabilidad será clave, segmentar bien a tu clientela te permitirá enfocar esfuerzos en quienes realmente valoran tus servicios y están dispuestos a pagar por ellos.
Es momento de conocer a fondo a tus clientes y definir estrategias para cada segmento: ¿Buscan un servicio premium y personalizado? ¿Priorizan precio sobre calidad? ¿Prefieren planes de salud anuales?

Transmitir el valor y cobrar correctamente

Este no es un año para vender barato, sino para vender con criterio. Con costos en constante movimiento y clientes más exigentes, el desafío estará en explicar correctamente el valor de cada servicio. Los clientes deben entender que no pagan solo por un medicamento o un procedimiento, sino por el conocimiento, la tecnología y la experiencia de los profesionales.
Si necesitás ofrecer alguna facilidad, evaluá opciones como financiación, planes de pago o beneficios exclusivos para clientes fidelizados.
Siempre asegurándote de que el valor de tu servicio quede claro desde el principio.

Gestión de precios

Ajustar precios ya no es solo una necesidad, es una obligación para mantenerse competitivo y rentable. La clave estará en monitorear los costos, los márgenes y la percepción del cliente sobre los servicios que brindás.
Además, será fundamental seguir de cerca las proyecciones de venta y evitar sorpresas desagradables en el flujo de caja. Con un mercado más volátil, tener una planificación financiera clara permitirá tomar decisiones con respaldo en datos y no desde la urgencia.

Optimización de costos y reducción de desperdicios

Durante años, la inflación ocultó ineficiencias en la administración de las veterinarias. Con la estabilización parcial de la economía, aquellas que no optimicen sus costos corren el riesgo de ver comprometida su rentabilidad.
Este es el momento ideal para analizar en detalle dónde se están perdiendo recursos innecesariamente: ¿Se están desperdiciando insumos médicos por falta de control de stock? ¿Se están pagando costos operativos excesivos que podrían reducirse renegociando con proveedores? ¿Hay servicios o promociones que no generan rentabilidad y deberían ser reestructurados?
Desde Mi Negocio Veterinario seguiremos acompañándote con herramientas para que este año sea el más sólido en la gestión de tu veterinaria. ¡Vamos por un 2025 con decisiones inteligentes y crecimiento sustentable!

Revisar los acuerdos con los proveedores, evaluar opciones de compras con bonificaciones por mayor volumen e incorporar un sistema de gestión, son acciones clave para lograr la eficiencia.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Reducir costos en una clínica veterinaria es un reto constante para muchos profesionales. Sin embargo, ahorrar no tiene por qué significar sacrificar calidad. Con estrategias bien pensadas, es posible optimizar recursos sin afectar la experiencia del cliente, ni el bienestar de las mascotas.

Esto nos lleva a recordar el caso de Javier, propietario de una clínica veterinaria ubicada en Rosario, Santa Fe, con quien Mi Negocio Veterinario dialogó recientemente en uno de los tantos eventos en los que participamos.

Hace un año, se dio cuenta de que sus gastos estaban creciendo más rápido que sus ingresos. Determinado a cambiar esta situación, decidió realizar un análisis profundo de sus finanzas y aplicar ajustes clave.

Comenzó revisando los acuerdos con sus proveedores. Descubrió que podía obtener mejores precios al negociar volúmenes más grandes de insumos frecuentes, como vacunas y medicamentos. Además, comparó ofertas de otros proveedores y optó por los que ofrecían descuentos por compras recurrentes.

En paralelo, evaluó el manejo del inventario, una de las áreas donde notaba mayor desperdicio. Implementó un sistema de gestión que le permitió mantener un control preciso de los productos más solicitados y reducir los pedidos innecesarios. «Antes, muchas veces comprábamos medicamentos que terminaban venciendo. Ahora, cada compra está calculada», comentó Javier.

Otro cambio significativo fue la adopción de herramientas digitales. Integró un software que no solo mejoró la administración de turnos y facturas, sino que también eliminó la necesidad de registros en papel. «La digitalización nos ahorra tiempo y reduce errores», añadió.

Un paso más

En cuanto al consumo de recursos, Javier decidió reemplazar las luces tradicionales por LED y establecer horarios de uso eficiente para los equipos médicos. Esto redujo considerablemente el gasto energético, algo que impactó positivamente en su balance.

Además, invirtió en la capacitación de su equipo. Al enseñarles cómo utilizar insumos de manera eficiente y promover buenas prácticas, no solo redujo el desperdicio, sino que también elevó la calidad del servicio. «El equipo está más comprometido porque entienden que cada pequeño ahorro suma», afirmó.

La experiencia de Javier muestra que reducir costos no es solo cuestión de recortar gastos, sino de encontrar áreas de mejora y optimizar recursos. Estas estrategias no solo beneficiaron la rentabilidad de su clínica, sino también mejoraron la experiencia de sus clientes y la calidad de vida de las mascotas.

El consultor Ariel Baños hace un repaso por las principales variables a considerar a la hora de establecer los precios de productos y servicios. ¿Qué cosas no se te pueden pasar por alto?

Luciano Aba
@aba_luciano
luciano@minegocioveterinario.com

El precio es la variable ganadora, es la variable Messi de la veterinaria: transforma todo lo bueno que hagan, en resultados económicos que se puedan ver en el bolsillo o la cuenta bancaria”.
Así de clara y concreta fue la primera intervención del economista rosarino y fundador de www.fijaciondeprecios.com en lo que fue su participación en la Academia Boehringer Ingelheim junto a 45 profesionales dueños de veterinarias.
“Muchas veces tenemos una propuesta de valor, brindamos un servicio de alta calidad y representamos a las marcas líderes, pero no logramos cobrar lo que corresponde. Tanto esfuerzo, tanto trabajo por resolver las necesidades de los clientes y al final nada”, sostuvo el referente en el Módulo 1 de una iniciativa puesta en marcha por la empresa multinacional que continuará todo el año.
Allí se hizo un especial hincapié en la importancia de utilizar herramientas profesionales que ayuden a tomar el control de una variable crítica en la rentabilidad de cualquier negocio. Y fue así como Baños llevó adelante su presentación sobre la base de refutar 4 mitos que giran alrededor de los precios.

“El costo determina los precios”

Este fue el primero de los mitos desterrados por el disertante.
“En algunas empresas, esta es la única variable que tienen en cuenta para fijar precios de manera fácil, rápida, transparente, pero peligrosa. No lo recomiendo… a los clientes no les interesa el costo de la veterinaria; las personas no pagan costos… pagan que podamos resolver su necesidad”, explicó Ariel Baños. Y agregó: “Tenemos que abandonar la opción de cobrar más barato (el precio es la variable más fácil de imitar). Las empresas más rentables no suelen ser las más baratas y es aquí donde entra en juego nuestro diferencial.
El problema no es ser más caro, sino no saber explicar por qué lo soy”.
En este marco, el economista compartió el Modelo de las 4C (Ver Gráfico), por medio del cual llamó no solo a considerar al costo del producto o servicio que se ofrezca como un eslabón más, como el mínimo posible de cobrar.
“A esto debemos sumarle los Clientes, los Competidores y el Canal de Ventas.
• Costos. No los podemos ignorar. Deben marcar el piso de mis precios. Lo mínimo que puedo cobrar.
• Clientes. Algunos no discutirán los precios y otros sí, incluso por el mismo servicio o producto. “Por eso debemos personalizar el precio de manera profesional para llegar a cada cliente con el precio adecuado (segmentación de precios)”, aseguró Baños.
• Competidores. En este punto es clave conocerlos para definir qué es lo que me diferencia y agrega valor por sobre ellos.
• Canal de venta. El precio es una variable transversal y de allí la clave de jugar el partido en un contexto en el cual se sigan patrones macro definidos por el canal comercial, en el cual quede claro el rango de valores a cobrar.

El problema no es ser más caro, sino no saber explicar por qué lo soy.

El precio debe ser igual para todos los clientes

Ante este segundo mito, el consultor Ariel Baños plantó bandera.
“Muchas veces decimos con orgullo que le cobramos a todos los clientes lo mismo, sin contemplar que su disposición a pagar es distinta. No está mal dar descuento, son una herramienta muy importante, el punto es hacer lo de manera inteligente: al que realmente lo necesita; no regalarlo a quien no lo necesita. El descuento es siempre a cambio de algo”, reforzó el disertante en la Academia Boehringer Ingelheim. Y avanzó: “Puedo tener muchos precios diferentes y cero conflicto. El que accede al descuento, hace esto que otro no hizo”.

La inflación solo trae problemas

Sin dudas que la historia inflacionaria reciente en nuestro país genera incertidumbres. Sin embargo, Baños llamó a tomar esto también como una oportunidad para corregir errores y establecer nuevos parámetros.
“En primer lugar, debemos establecer una diferenciación entre lo que es hacer ajustes inflacionarios (subo mi precio en la misma proporción que subieron mis costos, no para ganar más, sino para mantener la rentabilidad), pero también ajustes estratégicos, que nos permitan incluso aumentar por sobre la inflación en función de mis fortalezas y oportunidades”, aseguró.
Asimismo, compartió una serie de claves a considerar:
• El costo relevante que debemos considerar es el costo a futuro, el de reposición. Ese es el costo real al momento de la venta. Ya no interesa cuánto lo pagaste en el pasado.
• No demorar los ajustes de precios. Es preferible aumentar de a poco y no acumularlos para trasladar al cliente.
• Utilizar índices de costos propios de la empresa. A veces no alcanza (o sobra) si trazamos los ajustes en base al IPC, por ejemplo.
• Diferenciar nuestra propuesta de valor, comunicarla y justificarla. De esto dependerá que seamos percibidos como más caros o más baratos.
• “Hay que contarlo. El cliente no se tiene que dar cuenta solo. Hay cosas que para ustedes son evidentes, pero para el que está del otro lado, no. No le puedo echar la culpa al cliente porque se queja de los precios, si no le cuento cuál es mi diferencial”, agregó Baños en este punto.

Si vendo más, gano más…

Para refutar este cuarto mito, Ariel Baños simuló una situación en la cual, desde una veterinaria, y para impulsar las ventas, se toma la decisión de generar promociones y descuentos. ¿Se va a vender más?, seguramente. Pero ¿se va a ganar más dinero? No siempre.
En el ejemplo, se habló de un producto que se vende con un margen del 30% (a $10.000 y tiene un costo de $7.000).
“¿Qué pasa si bajamos 5% el precio de venta y lo ofrecemos al público a $9.500)? ¿En cuánto tienen que crecer la cantidad de ventas para que valga la pena para ganar más?”, se preguntó el disertante para rápidamente ofrecer la respuesta: “Ahora voy a necesitar vender un 20% más para ganar lo mismo. Si vendía 100 unidades al mes, ahora 120 para ganar lo mismo”.
Y el ejemplo se repite: ¿Qué pasa si pasamos a un 10% de descuento y lo ofrecemos a $9.000. Ahora en lugar de vender 100 unidades, tengo que vender 150… Un 50% más para ganar lo mismo que antes.
“Es decir que si logro vender incluso un 40% ni siquiera compensamos el impacto que tiene bajar un 10% el precio que es la variable con más impacto directo en el resultado”, sostuvo Baños.
Y reforzó: “Hay que hacer los cálculos, no solo guiarme por la intuición, de los peores consejeros que existen en la gestión de precios. También puede pasar que subo precio, vendo menos y gano más”.

En resumen

Al finalizar su participación, Ariel Baños hizo un breve repaso por los contenidos compartidos, destacando esas claves estratégicas para tomar definitivamente el control de los precios de la veterinaria.
“Es clave aplicar un modelo integrador de precios y no valernos únicamente del costo de lo que ofrecemos para tomar decisiones. Entre otras cosas, esto nos permitirá establecer un precio para cada segmento de clientes. Y no lo olviden, es clave hacer bien los cálculos, la intuición suele ser un mal consejero que nos lleva a perder dinero”, concluyó.

Para avanzar en este gran desafío, te proponemos conocer y dar los primeros pasos en la metodología Lean. ¿La conocías?

Escribe Paolo Peppucci
Consultor internacional
paolopeppucci@gmail.com

Como bien sabemos, los costos que sostenemos diariamente para ofrecer un servicio de calidad en nuestras instalaciones son elevados e impactan significativamente en las ganancias de nuestras actividades. Para reducirlos sin comprometer el valor de nuestras prestaciones, debemos adoptar un método científico y completo.

En mi opinión, la metodología Lean es la solución ideal para lograr este objetivo.
La Lean, conocida también como “el método Toyota”, es una técnica que utiliza herramientas específicas para “atacar” los desperdicios sin disminuir el valor para el cliente. Originada en los años 50 dentro de la industria automovilística japonesa, se basa en principios de eficiencia y mejora continua. Su objetivo es optimizar los procesos operativos mediante la eliminación sistemática de los desperdicios, conocidos como “muda”.
Implementar la metodología Lean no significa recortar costos indiscriminadamente, sino identificar y eliminar las actividades que no agregan valor al servicio ofrecido. Este enfoque permite reducir los tiempos de producción, mejorar la calidad del servicio y aumentar la productividad, creando así más valor para los clientes utilizando menos recursos.
En el transcurso de este artículo, exploraremos los primeros pasos para aplicar la metodología Lean a la gestión de su clínica veterinaria. Analizaremos primero el concepto de desperdicio y valor según Lean y profundizaremos en la clasificación de los 7 tipos de desperdicios, proporcionando ejemplos prácticos sobre cómo identificarlos y eliminarlos.

Mirar nuestra actividad a través del lente del cliente permite ver claramente los desperdicios y centrarse en la eliminación de todo lo que no agrega valor.

El concepto de Desperdicio y Valor

Al empezar a estudiar una metodología para la reducción de costos como la Lean, se esperaría que el primer paso consista en la definición de los desperdicios y su eliminación. Sin embargo, Lean adopta un enfoque diferente: primero identifica el valor. El valor es todo aquello por lo que el cliente está dispuesto a pagar; todo lo que no agrega valor desde la perspectiva del cliente es considerado un desperdicio y debe ser eliminado (Ver ilustración).
Este proceso, aunque sencillo, es revolucionario. ¿Qué está dispuesto a pagar nuestro cliente? Cuando realizo consultorías en clínicas veterinarias, a menudo pregunto a mis colegas cuál es el valor de su clínica. Con frecuencia, empiezan hablando de conceptos vagos y personales, como su profesionalismo, la cantidad de personal empleado, la belleza de la clínica y el equipo tecnológico adquirido.
Entonces pregunto: ¿El consumidor está dispuesto a pagar por tu concepto abstracto de profesionalismo? ¿Cómo reaccionaría si le dijéramos: “Tienes que pagar un poco más porque somos profesionales”? O: “Tienes que pagar un poco más porque has esperado dos horas en nuestra hermosa sala de espera”?
¿Está dispuesto a pagar por un personal motivado pero atrapado en procesos ineficientes?  ¿Y por inversiones en maquinaria costosa que usamos poco y por la cual pagamos un préstamo mensual elevado?
Claramente, la respuesta es no. Sin embargo, muchos colegas aún están atrapados en esta percepción errónea de lo que es el valor. Cuando adopté esta visión, y comencé a ver mi clínica con los ojos de mis clientes, los desperdicios empezaron a surgir claramente y comencé a identificar las ineficiencias ocultas.
Mirar nuestra actividad a través del lente del cliente permite ver claramente los desperdicios y centrarse en la eliminación de todo lo que no agrega valor.

Los 7 Desperdicios en las clínicas veterinarias

Cada tipo de desperdicio representa un problema para la eficiencia y la rentabilidad de nuestra empresa. Sin embargo, en la metodología Lean, los problemas nunca se ven como excepciones negativas, sino más bien como oportunidades para mejorar.
El papel del gerente se convierte entonces en buscar constantemente problemas o, mejor dicho, oportunidades de mejora. Con esta nueva conciencia, es de gran importancia ahora entender cuáles son los 7 desperdicios o Muda, para que conociéndolos sea más fácil identificarlos en las actividades clínicas diarias, como bien sabemos en medicina, “solo se diagnostica lo que se conoce”:
1. Sobreproducción:
• Exceso de personal en determinados períodos, como horas específicas del día, días de la semana o algunos meses del año.
• Preparación excesiva de materiales para intervenciones quirúrgicas que no se realizan, causando desperdicio de tiempo y recursos.
• Variabilidad de la carga de trabajo. Por ejemplo, un exceso de visitas y citas en un día específico, que causa errores, estrés y una disminución de la calidad del servicio para el cliente.
2. Esperas
• Los tiempos muertos entre una actividad y otra representan un enorme desperdicio. Por ejemplo, el personal que espera que el equipo esté disponible o que los animales estén listos para los tratamientos, como el cirujano que espera a un anestesista…
• Los clientes que esperan mucho tiempo en la sala de espera debido a una gestión ineficiente de las citas o retrasos acumulados durante el día.
3. Transportes
• Movimientos innecesarios de materiales o información. Por ejemplo, mover repetidamente los animales o el equipo de una sala a otra sin una lógica organizativa. Esto no solo aumenta los tiempos operativos, sino que también puede causar estrés al personal, a los clientes y a los animales.
• La continua búsqueda de información que no está inmediatamente disponible antes de proceder con cualquier terapia.
4. Procesos inútiles
• Implementar protocolos redundantes y excesivamente prolijos, como la duplicación de documentos o el exceso de formularios.
• Realizar un exceso de controles médicos post-terapia, un exceso de vendajes o curaciones, realizar exámenes diagnósticos innecesarios por exceso de celo. Todos estos son procesos inútiles que consumen tiempo y recursos sin agregar valor al servicio ofrecido.
5. Exceso de inventario
• Mantener demasiadas existencias de medicamentos y consumibles en los almacenes puede inmovilizar capital y espacio valioso. Tener un almacén lleno de productos adquiridos sin una lógica precisa y que no se utilizan rápidamente es un claro ejemplo de este desperdicio. El exceso de inventario aumenta el riesgo de deterioro y obsolescencia de los productos, generando pérdidas financieras adicionales.
6. Movimientos innecesarios
• Los movimientos innecesarios del personal dentro de la clínica para poder realizar un servicio utilizado frecuentemente pero ubicado en un lugar periférico.
• Veterinarios y técnicos que deben caminar de un lado a otro para buscar herramientas, medicamentos o documentos porque no están organizados de manera eficiente o porque no están en su lugar.
• La falta de ergonomía en los lugares de trabajo, que obliga al personal a realizar movimientos superfluos.
7. Defectos
• Errores que requieren correcciones y que a menudo derivan de procesos inadecuados. Un ejemplo es un diagnóstico incorrecto que conduce a tratamientos equivocados y requiere visitas y terapias correctivas.
• Errores en la gestión de la información de los pacientes, como historias clínicas incompletas o incorrectas, pueden causar retrasos y costos adicionales.
• Cualquier olvido o incertidumbre que genere desconfianza por parte del cliente y que requiera un gran esfuerzo para recuperar la situación y la confianza.
Reconocer y abordar estos desperdicios en las actividades de la clínica no solo mejora la rentabilidad, sino que también crea un ambiente de trabajo más eficiente y gratificante para el personal, capaz así de mejorar la experiencia de los clientes y sus animales.
Implementar la metodología Lean requiere un compromiso constante en la observación y optimización de los procesos, pero los beneficios a largo plazo son enormes.
Empezar a ver nuestra clínica con nuevos ojos, enfocándonos en lo que realmente agrega valor para el cliente, implica un cambio cultural, donde todo el equipo participan en la búsqueda continua de mejoras.
Elegir un camino de excelencia, donde cada detalle cuenta y cada desperdicio es una oportunidad de mejora, significa abrazar el cambio hoy para asegurar el éxito de mañana.