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Te contamos cómo optimizar tu presencia digital para que los tutores te encuentren a tiempo y elijan el camino de la prevención.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

¿Qué es lo primero que hace una persona cuando se muda de barrio y nota que su gato o su perro no está bien? Abre Google Maps y busca: “veterinaria cerca”.
En ese segundo de incertidumbre, se juega una oportunidad vital. Si tu clínica no aparece, o si la información es confusa, ese animal podría terminar en un lugar que no le brinde la calidad médica que vos sí ofrecés, o peor aún, el tutor podría postergar la visita por no encontrar un profesional de confianza a mano.
En Mi Negocio Veterinario sabemos que tu prioridad es el bienestar animal. Por eso, entender Google Maps no es solo un ejercicio de marketing; es asegurar que tu vocación y tu capacidad médica sean accesibles para quienes te necesitan. Una clínica visible es una clínica que tiene más chances de detectar patologías a tiempo y de fomentar una vida larga y sana para sus pacientes.

El perfil: información que da tranquilidad

Para un tutor angustiado, la claridad es buena medicina.
Tu perfil de Google debe ser un reflejo fiel de tu compromiso profesional.
Asegurate de que los horarios sean exactos (especialmente en feriados) y que el contacto de WhatsApp esté a un solo clic de distancia.
Para impulsar la frecuencia de visitas, usá la sección de “Servicios” y explicá de qué se tratan tus chequeos preventivos, planes de vacunación o consultas geriátricas. Al describir lo que hacés, usá palabras que los tutores entiendan y busquen, como “especialista en medicina felina” o “limpieza dental sin dolor”. Esto le indica a Google que sos la solución exacta para ese vecino que quiere cuidar a su compañero.

El valor de la comunidad: gestión de reseñas

Las reseñas son el «boca en boca» del siglo XXI. Sin embargo, más allá de las estrellas, lo que el tutor busca es empatía y resultados. Un perfil con comentarios positivos sobre el trato recibido y la recuperación de un paciente genera una confianza que ninguna publicidad paga puede comprar.
Incentivar las reseñas después de una consulta preventiva es una estrategia noble: le pedís al cliente que comparta cómo tu intervención ayudó a mantener sano a su animal. Esos testimonios educan a otros tutores sobre la importancia de no esperar a la urgencia para visitarte.

Tu perfil de Google debe ser un reflejo fiel de tu compromiso profesional.

Una imagen que transmite cuidado

Las fotos de tu perfil en Google deben invitar a entrar. Evitá las imágenes de instrumental quirúrgico frío o situaciones traumáticas. Mostrá tu clínica como un espacio de salud y bienestar: una sala de espera luminosa, un consultorio ordenado y, fundamentalmente, fotos de tu equipo (médicos y médicas) interactuando con ternura con sus pacientes.
Tu mostrador también merece un lugar destacado. Pensá que es un espacio de orientación, confianza y decisión. La imagen de un mostrador ordenado, limpio y con productos atractivos y bien exhibidos transmite profesionalismo y facilita las compras conscientes.
Las imágenes de animales sanos y familias agradecidas refuerzan el mensaje de que tu veterinaria es el lugar donde la vida se celebra y se protege.

Educación constante: publicaciones que ayudan

Google Maps te permite publicar actualizaciones. Aprovechá este espacio para hacer docencia. En lugar de promocionar descuentos, publicá consejos breves: “¿Por qué es clave el chequeo anual en perros senior?” o “3 señales de que tu gato necesita una revisión dental”.
Estas publicaciones posicionan tu autoridad médica y le recuerdan al tutor que la prevención es el acto de amor más grande que puede tener hacia su mascota.

¡Hacelo ahora!

Tu presencia en Google Maps es una extensión de tu consultorio, clínica y hospital veterinario. Gestionarla con cuidado y profesionalismo no es solo una decisión comercial, es una responsabilidad hacia tu comunidad.
Cuando un negocio veterinario es visible y ordenado, logra la estabilidad necesaria para que el profesional pueda enfocarse en lo que realmente ama: ejercer una medicina de excelencia que transforme la vida de sus pacientes.

¿Cómo tomo el control de mi perfil en Google?

Si tu veterinaria ya aparece en el mapa, pero no podés editar la información, o si directamente no figurás, seguí estos pasos para profesionalizar tu vidriera digital:

  • Buscate en Google Maps: Escribí el nombre de tu clínica. Si aparece, buscá el botón que dice «¿Sos el dueño de este negocio?» y hacé clic. Google te guiará para verificar la propiedad (generalmente mediante un código por correo postal o teléfono).
  • Si no aparecés: Entrá a www.google.com/business. Inicia sesión con una cuenta de Gmail institucional de la veterinaria (evitá usar cuentas personales para que el acceso sea compartido con tu equipo).
  • Completá el ADN de tu clínica: Cargá el nombre oficial, dirección exacta, teléfono de contacto y, fundamentalmente, los horarios de atención.
  • Verificación: Una vez completados los datos, Google validará que el negocio existe. A partir de ahí, tendrás acceso al panel de control para subir fotos, responder reseñas y ver estadísticas.

La MV Luciana Monllor explicó distintas herramientas para mejorar las consultas felinas. Además, detalló los 7 principios para el manejo Cat Friendly.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

En los últimos años, hubo un crecimiento exponencial de la población de perros y gatos en América Latina. En un contexto donde, a nivel mundial, hay más gatos que perros.

Sin embargo, en nuestra región, los canes todavía prevalecen. ¿Y en Argentina? Avanza la presencia los felinos en las familias.
Si los veterinarios no explotan esta situación… ¿se están quedando atrás?
La MV Luciana Monllor, es especializada en medicina felina, tiene un diplomado en la materia y es docente a cargo del servicio de medicina felina en la Universidad Juan Agustín Maza de Mendoza.
Abrió su propia Veterinaria Monllor, siendo la primera de la Región Cuyo especializada en medicina felina.
En el marco de las Jornadas Veterinarias de Intermédica, la profesional Cat Friendly brindó su charla “Un manejo amigable para una consulta felina más efectiva”, donde brindó una serie de pautas que todo consultorio felino debe cumplir, tanto en el antes, como en el durante y después de la consulta.
En primer lugar, explicó los motivos por los cuales los gatos no van todo lo que deberían a la veterinaria, poniendo el foco en las personas.
“Cuando los tutores ven al gato enfermo, siempre piensan que mejorará solo. Además, suelen creer que el gato se va a estresar, entonces evitan la visita. Como último punto está el factor económico”, relató Monllor.

¿Mejorar la consulta felina?

La profesional expuso herramientas para mejorar la consulta y, en primer lugar, trajo el enfoque de Susan Little en el que habla sobre los tres actores que entran en juego en una consulta felina: la del tutor, el profesional veterinario y el gato.
Monllor explicó que el tutor muchas veces evita llevarlo a la veterinaria ya que piensa qué pasa si le hace peor que lo que le está pasando o si el gato se enoja con él.
Por su parte, en la mayoría de las clínicas veterinarias, cuando entra un gato, “parecería que nadie lo quiere atender; por lo que los profesionales tenemos que cambiar el chip”.
Por último, el momento de llevar al gato a la veterinaria, puede ser estresante ya que hay un montón de cosas que no se tienen en cuenta y que son previas a la consulta en sí.
“Por eso decimos que el éxito o el fracaso de mi consulta empieza en la casa del gato”, detalló Luciana Monllor.

Previo a la consulta

Una de las cuestiones importantes que detalló la profesional es el rol clave que cumple la persona que atiende en la clínica veterinaria.
“Tengo que empezar por instruirla, brindarle los recursos educativos necesarios para el momento de la atención y que le pueda dar herramientas y proponer a los tutores”, explicó.
Entre las cosas a resaltarle a los tutores es que el gato vaya a la consulta en ayuno; lo mismo que lleven juguetes propios, ya que en algún momento, la veterinaria puede jugar con él para darle ese refuerzo positivo y que la visita no sea traumática para nadie.
“Por último, hay educar también sobre el uso de feromonas (aplicadas 2 horas antes de que yo interactúe con el gato). Es muy importante que nuestros colaboradores sean un filtro en estos temas”, indicó Luciana Monllor.
Además, es necesario ayudar al tutor a elegir la transportadora realmente adecuada, ya que eso también es educar al cliente en todo lo que hace que el gato llegue en buenas condiciones.
Otra herramienta es brindarle al tutor una Playlist de música Cat Friendly.
Por último, dentro de la sala, se debe habilitar algún lugar en altura para que esa transportadora pueda ser apoyada.

En la consulta

Todos estos aspectos sirven para que el gato esté tranquilo durante la consulta.
“De esta forma, una vez dentro del consultorio, lo primero que tengo que hacer es reconocer las emociones del gato: algunos vendrán asustados, otros demandando cariño, con dolor, etc. Tengo que evaluar cuáles pueden ser esos factores que le van a causar estrés al gato y que me pueden modificar la interacción que vamos a tener”, manifestó Monllor.
Por otro lado, indicó que es necesario tener en cuenta la estimulación auditiva; si golpean la puerta, el timbre, el sonido del teléfono, si hay peluquería en el mismo espacio, los ruidos de la calle, etc.; lo mismo con la estimulación del olfato, sobre todo de los gatos anteriores que pasaron por el consultorio.  Y, por último, agregó que la principal causa de estrés en el gato es el exceso de contención.
Y agregó que es importante brindarles algún refuerzo positivo con alimentación.
“Una vez que hicimos ingresar al gato y al tutor al consultorio, lo primero que hago es sentarme con el tutor y dejar el gato generalmente arriba de la camilla. Yo voy a ir a la jaula y dejar que el gato salga si quiere, pero que desde adentro de la transportadora pueda explorar a dónde está y que se dé cuenta que él no es el centro de esa visita. Charlo un rato con el tutor, que sabemos que las consultas de medicina felina son largas. El gato oculta muchos síntomas, entonces los tenemos que buscar”, explicó Monllor.
Y agregó: “La acumulación del estrés puede ser mucho mayor y es lo que va a accionar ante lo más mínimo. Entonces, es importantísimo cuidar todo eso previo para que realmente en la consulta yo pueda hacer mi trabajo”.

“La clave también es poder empatizar con el tutor”

Luciana Monllor destacó que las mejores interacciones son cuando el gato se acerca; pero indicó que es necesario entender que las consultas de felinos son más largas, ya que hay que acercarse de manera pausada porque ante cualquier movimiento rápido, se altera.
¿Cómo entonces se puede mejorar?
“La clave de la consulta felina, más allá de poder manejar al felino, es poder empatizar con ese tutor que viene con una preocupación y que más que una vez no nos entendemos o no nos ponemos en su lugar. Una vez que logre eso, mi tarea va a ser tratar de descubrir qué es lo que le pasa al gato”, manifestó la profesional.
Y añadió que el siguiente paso de su tarea es que el tutor entienda qué es lo que le pasa a gato y qué es lo que tiene que hacer.
“En esto, más de una vez, fallamos. Nosotros llegamos a un diagnóstico de manera perfecta, intentamos muy bien hablar sobre un tratamiento, pero si el tutor no lo puede instaurar, no se lo puede dar en la casa, fracasamos. Porque nos faltó la mitad de nuestro trabajo. Entonces, a partir del momento en que el tutor viene a buscar en nosotros una respuesta, somos un equipo”, resaltó.
En ese marco, Monllor destacó la importancia de entender el perfil de cada tutor o tutora, sus posibilidades y la relación que lo vincula con el animal. “Dentro de esos diferentes tutores tenemos que evaluar los tratamientos. Debemos asegurarnos que antes de que el tutor se vaya haya entendido las indicaciones. Esto es lo más difícil”, dijo.

Tipos de comunicación

Luciana Monllor también explicó que el gato tiene diferentes formas de comunicarse.
• Comunicación visual la cual la va a demostrar con posturas corporales que los veterinarios deben saber interpretar: las posturas corporales, las expresiones faciales del gato, las posiciones de la cola.
• Comunicación olfativa.
• Comunicación vocal, principalmente la comunicación que tienen entre ellos, pero los sonidos en general: algunos son de juego y otros cuando se sienten amenazados.
• Comunicación táctil: “Cuando el gato viene y se me refriega, ya gané con la ansiedad. Ya me dijo, confió en vos. Además, el gato tiene una muy buena sensibilidad a la luz, una alta reactividad a los movimientos rápidos. Entonces, mi recomendación es que, en el consultorio, haya luz cálida”.
Por otro lado, la médica veterinaria manifestó que hay escalas de agresión que los profesionales pueden tener a la mano para evaluar: “a medida que el gato se va enojando o se va poniendo agresivo, empieza a bajar las orejas, a dilatar las pupilas, señal de miedo. Y para el gato el contacto visual prolongado, es una amenaza».
Y cerró su concepto: «Entonces siempre que no me voy a acercar al gato o lo voy a manipular, el gato va a hacerlo con la espalda. Generalmente estas posturas de agresión son respuestas defensivas a emociones que no pueden ser resueltas”.

Principios para el manejo cat friendly

Según la Asociación Internacional de Medicina Felina, existen 7 principios para el manejo cat friendly:
1. Respetar a los gatos: respetar la diversidad de las especies y comprender a los gatos individuales. Entender eso nos ayuda a abordarlos mejor.
2. Mantener bien a los gatos: dar la misma consideración a la salud física y al bienestar mental del gato. Se refiere no solamente físicamente yo como médico veterinario sino también cuidar la salud mental. Y ese gato no le va a hacer mal en el tratamiento que yo le voy a proponer al gato.
3. No hacer daño a los gatos: garantizar que los gatos nunca sufran peor como resultado de las personas o sus actividades.
4. Estar impulsado por soluciones para gatos: encontrar soluciones realmente basadas en evidencia, que sean pragmáticas y sostenibles en el tiempo para los gatos.

5. Comunicador para gatos: comunicarse con consideración frente a las personas y compartir conocimientos generosamente con ellas por el bien de los gatos.

6. Colaborar por los gatos: trabajar juntos, a nivel local, internacional entre los colegas y también con personas de diferentes orígenes, siempre apoyándonos y valorándonos mutuamente en el objetivo final.
7. Evolucionar para los gatos: sea innovador, mantenga la curiosidad y siga aprendiendo para los gatos.

Figura n°1. Hay siete principios amigables con los gatos, todos del mismo peso. Tres están dedicados al gato y cuatro se relacionan con formas.

En los tiempos que corren, las clínicas veterinarias tienen la posibilidad de aplicar estrategias concretas no solo para darle valor a sus servicios, sino también para impulsar las ventas de estación.

Julia Bercovich
Mi Negocio Veterinario
julia@minegocioveterinario.com

En marketing y comunicación experiencial, es sabido que el valor real de un servicio no siempre coincide con el valor percibido. Según Philip Kotler, lo que el cliente compra no es solo un producto, sino una propuesta de valor emocional, funcional y simbólica. Y autores como Schmitt o Dan Ariely profundizan esta idea: las personas valoran más aquello en lo que participan activamente. Cuando sienten que son parte del proceso, el vínculo con el servicio se refuerza, la experiencia se potencia y la recordación se prolonga.
Este concepto se refleja también en el comportamiento del consumidor cuando el producto es intangible o no genera un cambio visible inmediato… como sucede en muchas acciones preventivas del ámbito veterinario.

Cuando el cliente siente que es parte del proceso, el vínculo con el servicio se refuerza.

Un caso clásico que lo explica todo

En los años ´20, una empresa lanzó una premezcla para tortas que solo requería agregar agua antes de hornear. La promesa era irresistible: cocinar sin esfuerzo.
Pero el producto no se vendía.
Las amas de casa de la época —cuyo rol social estaba muy ligado a la cocina— sentían que poner solo agua no era “cocinar de verdad”. Faltaba algo.
El producto era técnicamente bueno, pero emocionalmente insatisfactorio.
La solución no fue mejorar la receta, sino incluir al usuario en el proceso. ¿Cómo?
La nueva fórmula requería cambiar el agua por leche y huevos. Resultado: se dispararon las ventas. Ese pequeño gesto simbólico devolvía protagonismo, sensación de acción, pertenencia… y satisfacción.

¿Qué tiene que ver esto con tu veterinaria?

Mucho más de lo que parece. Hoy, hay tutores que llevan a sus mascotas al veterinario, compran una pipeta, aplican un antiparasitario o hacen una consulta de rutina… pero no sienten que están haciendo “lo suficiente”.
Desde la mirada profesional, ustedes saben que un chequeo semestral o anual puede prevenir enfermedades graves.
Pero desde la percepción del tutor, si no hay intervención activa, si no participa, si no “hace” algo… no se valora igual.

Sin datos, tampoco hay paraíso

Luciano Aba
Editor de Mi Negocio Veterinario
luciano@minegocioveterinario.com

Ser proactivo en las ventas es vital: campañas estacionales, chequeos preventivos, packs de diagnóstico o charlas que acerquen a los clientes a la clínica son un gran motor para sostener la agenda en tiempos de consumo retraído.
Sin embargo, nada de esto alcanza si no hay una gestión administrativa ordenada detrás.
Porque no se trata solo de vender más, sino de entender si esas ventas alcanzan para cubrir los costos y dejar margen real. ¿Cuánto representan hoy los salarios —incluido el del dueño— con sus cargas sociales? ¿Qué porcentaje se lleva el alquiler, los servicios o los insumos médicos? ¿Qué impacto tienen los impuestos y los costos financieros?
Sin esos números sobre la mesa, cualquier estrategia comercial puede convertirse en un castillo de naipes.
En veterinaria, como en cualquier empresa, rentabilidad no es “ganar mucho”, sino evitar perder en silencio. Y la única manera de lograrlo es con información precisa: saber dónde se fugan recursos, renegociar con proveedores, ajustar gastos que no aportan valor y fijar metas claras de facturación en función del punto de equilibrio actualizado.
El desafío es doble: salir a buscar clientes con propuestas que transmitan valor, y al mismo tiempo ordenar la gestión interna para que cada peso cuente. No se trata de elegir entre vender más o gastar mejor; se trata de integrar ambas acciones bajo una misma premisa: sin datos no hay decisiones inteligentes, y sin decisiones inteligentes no hay futuro sostenible para la clínica.

¿Cómo podés sumar valor simbólico a tu consulta?

Acá te comparto algunas ideas que quizás puedan servirte como disparadores:

1. Convertí la consulta en una experiencia compartida
No des por hecho que el tutor sabe y entiende todo lo que hacés. Mostrarlo:

  • Explicá lo que revisás.
  • Preguntá cosas que lo involucren.
  • Usá un lenguaje claro, con soporte visual, cercano, educativo.

Esto transforma la consulta en un momento de conexión y aprendizaje.

2. Ofrecé planes de salud con materiales entregables

Un plan de vacunación o desparasitación puede parecer algo frío o técnico. Pero esto podría cambiar si le sumás:

  • Carnet con sellos.
  • Certificado impreso o digital.
  • Recordatorio visual (como un imán con próximas fechas).

Así es como el tutor se lleva algo tangible de la veterinaria, un símbolo de cuidado.
En los tiempos que corren, agregar valor al servicio para incrementar (o de mínima sostener) el precio de la consulta es imprescindible.

3. Incorporá rituales o gestos simbólicos a cada paso
Así como la premezcla de nuestro ejemplo mejoró cuando se sumaron huevos, tu consulta mejora cuando le das al tutor algo que pueda hacer o sentir que hace:

  • Firmar un “compromiso de bienestar”.
  • Recibir una checklist con cosas para hacer en casa.
  • Participar activamente de la revisión.

4. Sumá tareas post consulta que refuercen el rol activo del tutor

  • Algunos tips personalizados.
  • Una rutina de cuidado domiciliario.
  • Algún juego o estimulación cognitiva recomendada.

¡No lo dudes! Esto extiende la experiencia más allá del consultorio.

Lo urgente es desparasitar, lo importante es enamorar

Llegó la primavera y con ella la temporada alta de antiparasitarios. Lo primero que debemos tener en cuenta es que no es solo el momento de mayor demanda: es una excusa perfecta para activar acciones de marketing relacional en tu veterinaria. Una oportunidad para conectar con los tutores, educar sobre prevención, mejorar la experiencia de atención y, sí, también vender mejor.
El secreto está en mirar más allá de la venta.
Como dice Philip Kotler, el marketing moderno debe centrarse en construir relaciones. No se trata solo de colocar un producto en manos del tutor, sino de generar valor, cercanía y continuidad.
Por eso, esta temporada puede ser mucho más que un pico de ventas. ¡Puede ser tu momento para destacarte!

¿Por qué decimos que esta temporada es ideal para el marketing veterinario?
• Porque hay más circulación en la veterinaria.
• Porque los tutores están más receptivos.
• Porque hablar de prevención te posiciona como referente.
• Porque podés implementar acciones simples, sin grandes presupuestos.

Estrategias
Te comparto acá algunas ideas:
1. Convertí la venta en una experiencia: No hace falta gran presupuesto, pero sí coherencia estética y narrativa. Podés armar una mini campaña temática, con cartelería, flyers, posteos y un tono unificado en todo el equipo.
2. Activá WhatsApp como canal de comunicación: Segmentá por fecha de última compra de antiparasitario y enviá recordatorios personalizados. Usá listas de difusión para compartir promociones, tips o trivias. Enviá contenido educativo breve: infografías, mitos y verdades, videos cortos.
3. Educá con creatividad en redes: No hables solo del producto. Hablá del problema que resuelve. La prevención no tiene por qué ser aburrida. Sumá campañas lúdicas y educativas.
4. Aplicá ventas cruzadas con criterio: El tutor que entra a comprar una pipeta o un comprimido nos da una oportunidad para también sugerir un chequeo preventivo; preguntar por el estado de vacunación y ofrecer productos complementarios: shampoo antipulgas, collares, juguetes, golosinas o productos de higiene.
5. Formá equipo; todos comunican: El marketing relacional no se hace solo desde Instagram. También está en cómo atienden en la recepción; el orden en el mostrador y hasta en cómo responde el equipo las dudas más comunes.
No lo olvides: una veterinaria que comunica con coherencia y calidez transmite profesionalismo… y eso fideliza.

Conclusión
Sí, el tutor necesita resolver un problema. Pero también busca un lugar en donde sentirse bien atendido, comprendido y contenido.
Si lo ayudás a prevenir, a entender, a recordar y a proteger… no solo te va a comprar. Te va a elegir.
Y ahí es donde empieza la diferencia.

Lo simple no siempre se valora; hacelo significativo

Una pipeta o un comprimido antiparasitario no parecen “gran cosa”.
Un control clínico de 15 minutos puede parecer poco ante la mirada de algún cliente que estuvo media hora esperando en la sala de espera.
Pero cuando el tutor se siente parte, cuando su acción se convierte en cuidado, cuando le das algo para hacer, guardar, compartir o contar, todo cambia.
El desafío está en encontrar el equivalente a esos “huevos y leche” simbólicos empleados tan fructíferamente en la gastronomía, para que transformen tu servicio en una experiencia emocionalmente valiosa y repetible.

Con más de 30 años de trayectoria y tres médicas veterinarias al frente, la clínica veterinaria 24 horas inauguró su nuevo edificio en Ramos Mejía. El sector sigue creciendo en Argentina.

De la redacción de Mi Negocio Veterinario
info@minegocioveterinario.com

Hay historias que resumen el espíritu de toda una profesión.
Clivet, la clínica veterinaria nacida hace más de tres décadas de la mano de tres médicas veterinarias egresadas de la UBA, es una de ellas. Lo que comenzó como un pequeño consultorio, con una camilla y muchos sueños, hoy se consolida como una institución modelo que acaba de inaugurar un moderno edificio de cuatro pisos en Villa Lugano, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, diseñado para ofrecer atención integral las 24 horas, con la más alta tecnología y un concepto renovado de bienestar animal y humano.
“Este paso es un sueño cumplido. Es el resultado de años de esfuerzo, trabajo en equipo y amor por lo que hacemos. Clivet creció con cada paciente y con cada familia que confió en nosotras”, expresaron sus fundadoras Marina Berardi, Laura Rodríguez y Gabriela Pisani, durante la recorrida que Mi Negocio Veterinario realizó por las nuevas instalaciones.

Un antes y un después

El nuevo edificio, luminoso, funcional y completamente equipado, refleja la madurez de un proyecto que no se detuvo nunca.
En sus cuatro niveles conviven los valores fundacionales de la clínica —calidez, compromiso y vocación de servicio— con una infraestructura que pone a Clivet a la altura de los mejores centros de atención veterinaria del país.
Allí cuentan con recepción, farmacia y consultorios generales, pensados para brindar un tránsito ágil y ordenado tanto a tutores como a pacientes. Asimismo, disponen de áreas de diagnóstico por imágenes, laboratorio y quirófanos, integrados por sistemas de registro y comunicación interna.
También exponen salas de internación diferenciadas (perros y gatos), con boxes individuales, control multiparamétrico, oxigenoterapia, ventilación asistida y seguimiento permanente del equipo profesional.
La novedad más esperada es, sin dudas, la sala exclusiva para atención felina, un espacio aislado acústica y visualmente del resto del edificio, con mobiliario adaptado, aromas neutros y temperatura controlada. “Sabemos que los gatos necesitan un ambiente tranquilo y seguro. Por eso diseñamos esta sala bajo estándares Cat Friendly, para reducir al mínimo el estrés del paciente y mejorar la experiencia de sus tutores”, destacaron las socias.

Tecnología de vanguardia

El nuevo Clivet mantiene su sello: atención veterinaria las 24 horas, los 365 días del año. El servicio de urgencias cuenta con un Shock Room totalmente equipado, con respiradores mecánicos, monitores y ecografía en sala, permitiendo actuar con rapidez ante cualquier emergencia.
“La salud de las mascotas no espera. Por eso, tenemos personal clínico, quirúrgico y de laboratorio disponible en todo momento”, explicaron.
Los servicios abarcan desde consultas clínicas preventivas, pediátricas y patológicas, hasta cirugías generales, de urgencia, traumatológicas, oftalmológicas y torácicas.
A ello se suma un completo laboratorio de análisis clínicos con atención 24 hs., donde se realizan estudios hematológicos, bioquímicos, serológicos y coproparasitológicos, con resultados rápidos y seguimiento digitalizado.
El área de diagnóstico por imágenes se apoya en equipos de radiología digital directa y ecografía de alta definición, con estudios abdominales, torácicos, endocrinos, musculoesqueléticos e intervencionismo guiado.
Además, la clínica veterinaria dispone de servicios de cardiología, traumatología y ortopedia, con profesionales de planta especializados que aseguran continuidad en el diagnóstico, la cirugía y el seguimiento de cada paciente.

Servicios también para veterinarios

Con una mirada colaborativa y de apertura al sector, Clivet ofrece un servicio integral para profesionales veterinarios que buscan derivar casos, cirugías o estudios de alta complejidad sin trasladar a sus pacientes.
“Nos enorgullece ser un centro de apoyo para colegas que necesitan una respuesta rápida, segura y confiable las 24 horas. Ponemos nuestras instalaciones, tecnología y equipo humano a disposición de toda la comunidad veterinaria”, subrayaron las directoras.
Esta propuesta incluye internaciones temporarias, asistencia en emergencias quirúrgicas y acceso a estudios complementarios, con comunicación directa entre los equipos y entrega digital de resultados.

Gestión y trabajo en equipo

En Clivet, la actualización profesional no es un eslogan: es una práctica diaria.
El staff se capacita de manera permanente en nuevas técnicas diagnósticas, anestesiología, manejo del dolor y atención empática con los tutores.
En tiempos donde la incertidumbre desafía a muchos emprendimientos, la inauguración de Clivet es una señal alentadora para toda la comunidad veterinaria: sí se puede crecer, invertir y planificar a largo plazo en la Argentina.
“Cada metro cuadrado fue pensado para mejorar la calidad de atención. Apostar a la tecnología, a la formación y a los equipos humanos es la mejor manera de sostener la confianza de los tutores y seguir elevando el nivel del servicio», resumieron las tres socias.
Más de 30 años después del primer consultorio, el espíritu sigue intacto: pasión por los animales, profesionalismo y compromiso con la salud y el bienestar. Con su nuevo edificio de cuatro pisos, Clivet no solo amplía su capacidad, sino que reafirma una forma de entender la veterinaria: con empatía, gestión y visión.
Porque si algo quedó claro es que cuando el amor por los animales se combina con planificación y trabajo sostenido, los resultados no tardan en verse. Y Clivet es hoy uno de ellos.

Desde Montevideo, una clínica veterinaria exclusiva para gatos demuestra que especializarse y priorizar la calidad es la mejor fórmula para crecer con propósito.

Lizi Dominguez
Redactora
info@minegocioveterinario.com

En un mercado veterinario tradicionalmente conformado por clínicas mixtas, el modelo de negocio de Lourdes Duhalde, una especialista que ejerce desde hace 20 años, rompe el molde. Su Clínica Felina MVD, primera y única especializada exclusivamente en gatos de todo Uruguay, es referente no sólo en la atención casos complejos, sino también por ofrecer valiosas lecciones de gestión, marketing de nicho y enfoque de calidad de servicio para cualquier profesional del rubro.
Con una estrategia que prioriza el trato empático y la rentabilidad sobre la masividad, Lourdes y su socia, Florencia Barrios (quien maneja las redes sociales y aporta un manejo avanzado en comportamiento felino), han demostrado que enfocarse en la excelencia y la especialización es el camino hacia la sostenibilidad y el crecimiento.

El coraje de limitarse: foco 100% clínico

Una de las decisiones más audaces de esta clínica ubicada en Montevideo fue desvincular el servicio médico de la venta de productos, un pilar financiero habitual en muchas veterinarias. La clínica de Lourdes no vende raciones, juguetes, ni farmacia. Esta elección, si bien radical, es profundamente estratégica.
La profesional explica esta limitación con humor y experiencia: «Una se quema con leche, ve la vaca, y llora… y yo era la que hacía toda esa parte en otra clínica, con otra socia, lidiando con stocks, pedidos, vencimientos, todo”. Ahora, al eliminar la carga administrativa de inventarios y logística, puede dedicarse por completo a su core business: la clínica especializada.
Lejos de ser una limitante, la ausencia de venta ha impulsado una solución de conveniencia para el tutor: tienen un convenio con una empresa online que vende de todo (raciones, medicamentos) y que ofrece descuentos a los clientes de la clínica.

“Los clientes llegan por derivación, boca a boca o a través de las redes sociales”.

Calidad de vida y la agenda completa

Otro elemento central del modelo de negocio de la Clínica Felina MVD es la priorización de la calidad de vida, tanto para las fundadoras como para los pacientes.
Lourdes vendió su parte en la anterior veterinaria porque deseaba «aprovechar su tiempo de calidad» con sus dos hijos pequeños.
Esto se traduce en horarios de atención intencionalmente acotados. La clínica atiende pocas horas al día: dos horas los martes y jueves, y cuatro horas los lunes, miércoles y viernes. Y pese a ello, «siempre tenemos llena la agenda, y ganamos bien”, aseguró.
Esta demanda constante subraya también el valor percibido de su servicio ultra especializado en felinos.

Estrategias de filtrado y precios premium

La alta demanda, unida al deseo de mantener un servicio de calidad, llevó a Lourdes a implementar un «filtro» natural: precios acordes al tiempo y el compromiso que se ofrece día a día.
La consulta en esta clínica especializada se cobra a 3.500 pesos uruguayos, superior a los 2.400 que vale en clínicas de referencia orientadas solo a perros. Los clientes pagan esta diferencia porque el servicio funciona.
Además, la clínica recientemente tomó la decisión de suspender la captación de nuevos socios, manteniendo a los 40 que ya estaban afiliados, una práctica muy arraigada en el negocio veterinario de Uruguay.
Este enfoque garantiza que los clientes valoren y decidan costear la calidad de la atención diagnóstica y terapéutica.
El mensaje es claro:»El saber vale», afirmó Lourdes Duhalde.

Valor agregado: empatía y manejo diferenciado

Lo que realmente fideliza a los tutores, incluso a los más exigentes, es el manejo especializado y el entorno de bajo estrés.
La Clínica Felina MVD está diseñada para reducir el malestar del gato como paciente: dispone de feromonas, contempla música específica y hasta mantas nuevas para cada paciente.
La socia de Lourdes, Florencia, aporta un conocimiento crucial en el comportamiento felino, manejo y contención, una habilidad que se traduce directamente en éxito clínico.
“Aquí vienen muchos gatos que en otros lados no se dejan tocar, mientras que nosotros podemos sacarles sangre, por ejemplo, y realizarles otras prácticas, mientras ellos están tranquilos. Los tutores aman eso”, refuerza nuestra entrevistada.
La clínica no solo está equipada con quirófano, anestesia inhalatoria y monitorización, sino que también está diseñada para el control infeccioso, con una sala de aislamiento específica para pacientes hospitalizados e infectados, evitando la contaminación cruzada.

Identidad «speak easy» y gestión de recursos

La identidad de la clínica es tan particular que ha sido descripta como una veterinaria «speak easy», donde los clientes llegan principalmente por derivación, boca a boca o a través de las redes sociales (@clinicafelinamvd, en Instagram).
Esta dependencia de la recomendación orgánica minimiza los costos de marketing tradicional, un ejemplo de la mentalidad de «todo pulmón» que caracterizó el inicio del proyecto.
Este profesionalismo clínico de alto nivel y la gestión práctica de recursos define la operación y su enfoque directo en lo esencial: el cuidado felino de excelencia.

Visión de crecimiento

Lourdes Duhalde fue parte de una serie de encuentros de formación en marketing y gestión veterinaria a cargo de Boehringer Ingelheim y asegura que la especialización en felinos llegó en el momento justo, impulsada por un cambio cultural.
“El gato en Uruguay ya no es el bicho que está afuera. La tendencia es hacia un tutor más informado, comprometido, responsable y exigente”, sostuvo.
Y agregó: “Todo va cambiando mucho, para el bien de todos”.
Gracias a esta especialización, sobre todo en el tratamiento de, por ejemplo, Peritonitis Infecciosa Felina (PIF) y enfermedades como la leucemia e inmunodeficiencia felina, la clínica recibe derivaciones y pacientes que viajan desde muy lejos, incluso desde Rivera, Maldonado y Colonia.
El futuro de la Clínica Felina MVD pasa por consolidar los horarios y permitir que sus responsables logren delegar y trabajar cada vez más en equipo.
Este modelo, basado en la máxima calidad, el enfoque especializado y la gestión estratégica del tiempo y los precios, es un testimonio inspirador de cómo redefinir el éxito en la gestión veterinaria.

Es el momento ideal para recordarle a tus clientes que no solo resolvés urgencias, sino que también te adelantás a los problemas. Una campaña sencilla, empática y enfocada puede marcar la diferencia.

Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
florciabadiplaksin@gmail.com

¡Ya no depende solo del clima! Si querés que la primavera sea una oportunidad real para que tu clínica veterinaria también florezca, poné en marcha acciones bien pensadas para conectar, fidelizar y vender mejor en esta época del año. 

La primavera trae más paseos, más tiempo al aire libre y, con eso, nuevos riesgos para la salud de las mascotas: alergias, parásitos e insectos en aumento. Lo que para muchos tutores pasa desapercibido, para tu clínica veterinaria puede convertirse en una oportunidad de educar, prevenir y fidelizar.

El cambio de estación es el momento ideal para recordarle a tus clientes que tu veterinaria no solo resuelve urgencias, sino que también se adelanta a los problemas. Una campaña sencilla, empática y enfocada puede marcar la diferencia. 

La clave está en anticiparse, aportar valor y sostener el vínculo, sin necesidad de grandes presupuestos ni equipos especializados, solo con intención y una propuesta clara.

¿Qué es una campaña estacional?

Se trata de una serie de acciones enfocadas en un tema puntual —en este caso, la primavera— para comunicar, educar y ofrecer. Su objetivo es visibilizar servicios, incentivar chequeos y recordarle al cliente que tu clínica está presente, acompañando el bienestar de su mascota.

¿Por qué funciona? Porque responde a una preocupación real. En primavera aumentan las alergias, los parásitos externos y las picaduras de insectos, entre tantas otras problemáticas sanitarias. Muchos tutores se preguntan si deben reforzar la protección, cómo aliviar síntomas de comezón o si hace falta un control preventivo. Y vos podés estar ahí para responder con empatía… y estrategia.

¿Qué podés hacer?

Ya lo sabés: esperar a que el tutor llegue o vuelva por iniciativa propia no es estrategia, es azar. Y dejar el crecimiento de tu veterinaria librado a la suerte no es una opción. La buena noticia es que no se trata de salir a buscar cientos de clientes nuevos: muchas veces, basta con volver a activar a quienes ya confían en vos.

Paso a paso: cómo crear tu campaña primaveral

1. Empezá por segmentar. En tu sistema de gestión filtrá pacientes que:

  • Tienen antecedentes de alergias cutáneas o prurito recurrente.
  • No compran antiparasitarios hace 60–90 días o más.
  • Sabés que pasan mucho tiempo al aire libre
  • No visitan la clínica desde hace más de 4 meses.
  • Son tutores primerizos

Esos son tus contactos de alto valor: ya te conocen, confían en vos y solo necesitan un motivo claro para volver.

2. Escribiles un mensaje empático, claro y directo: “Hola, ¿cómo estás? Con la primavera aumentan las alergias, pulgas y garrapatas. Nos acordamos que el año pasado Teo tuvo una dermatitis. Este mes ofrecemos un Chequeo de Primavera (revisión breve de piel/orejas + plan preventivo). ¿Querés que agendemos un turno?”

3. Adaptá ese mismo mensaje a los diferentes medios de comunicación: un flyer en papel, una imagen atractiva para redes sociales, estados de WhatsApp… ¡lo que te funcione! Sembrá en varios puntos de contacto y hacé florecer la demanda con prevención bien comunicada.

¿Qué resultados podés esperar?

  • Más visitas preventivas y menos consultas por emergencias.
  • Más cantidad de visitas del mismo tutor.
  • Clientes agradecidos porque tu clínica se adelantó con un recordatorio claro y oportuno.
  • Aumento del ticket promedio, sumando productos de prevención estacional (antiparasitarios, collares, protectores, planes de control).
  • Mayor visibilidad online si pedís reseñas después de cada visita: Google y redes sociales se convierten en un canal de recomendación activa.
  • Fidelización real: los tutores dejan de buscar “veterinaria cerca” y empiezan a asociar tu marca con prevención y cuidado integral.

Recordá: fidelizar siempre es más rentable que captar. Y la mejor forma de hacerloes estar presente justo cuando los tutores te necesitan.

Primavera = renovación y crecimiento

Con un plan simple, mensajes claros y una propuesta concreta podés transformar la estacionalidad en ventaja.
Porque mientras otros esperan a que lleguen las urgencias, vos podés adelantarte, prevenir y fortalecer la confianza de tus clientes.

La primavera no es solo una estación: es el momento perfecto para crecer.

Para mejorar, hay que saber dónde estamos fallando. Por eso, te invito a repasar algunos de los errores frecuentes que ocurren en las clínicas veterinarias por no revisar, medir y ajustar lo que corresponde.

Virginia Vallejo
Argentina
virginiamvallejo@gmail.com

Así como controlamos la salud de un paciente, también deberíamos revisar regularmente la de nuestro negocio veterinario.
Seguro ya escuchaste mil veces eso de “lo que no se mide, no se mejora”, pero si se repite tanto, es porque es verdad. Lo que no miramos, con el tiempo, nos pasa factura.
Por supuesto que esto no significa que vos tengas que hacer todo; si pasa el tiempo y ese diagnóstico nunca llega, es una señal clara: necesitás delegarlo.
Alguien tiene que hacerse cargo de revisar, medir y ajustar. Porque los negocios —al igual que los pacientes— no se mantienen sanos por inercia.

El mito del veterinario emprendedor

Michael Gerber lo explica claramente en The E-Myth: muchos emprendimientos surgen cuando una persona con habilidades técnicas (como atender pacientes o hacer cirugías) decide independizarse.
Pero saber hacer algo bien no garantiza saber gestionar un negocio.
Ese «mito del emprendedor» nos hace creer que, si trabajamos mucho, todo va a salir bien pero no siempre es así.
El resultado: veterinarios agotados, negocios que funcionan por inercia y decisiones que se toman a ojo, sin planificación ni datos.

Los errores más comunes (y cómo se ven en la práctica)

1. Confundir ocupación con productividad

Tener la agenda llena no siempre significa que el negocio sea rentable. Un aprendizaje clave en mi camino emprendedor —y también cuando trabajé en relación de dependencia— fue entender cuánto vale realmente mi hora de trabajo; y lo mismo aplica para cada integrante del equipo. Hacer este cálculo, por simple que parezca, cambia nuestra forma de tomar decisiones.
Nos permite identificar tareas operativas que podríamos delegar para liberar tiempo, ganar eficiencia y mejorar los resultados.
Esto no es solo una cuestión de bienestar personal, es una decisión estratégica.
Definir con claridad los perfiles de puestos, estimar el costo por hora de cada rol y analizar qué habilidades requiere cada tarea nos ayuda a asignar recursos de manera inteligente. Así evitamos desperdiciar tiempo y dinero, y reducimos esa sensación de estar corriendo todo el día sin avanzar. Lo más preocupante no es tener muchas tareas, sino dejar para después justamente aquellas que son clave para que el negocio crezca.

Si invertís U$S 15.000 en un ecógrafo, ¿no vale la pena invertir al menos el 10% de eso en contarle al mundo que lo tenés?

2. No comunicar lo que ofrecés también es perder plata

Muchos negocios veterinarios hacen grandes inversiones en tecnología, formación profesional y servicios diferenciales… pero nadie lo sabe.
Tienen ecógrafos de última generación, planes de salud, analizadores de sangre, asesoramiento nutricional, estacionamiento gratuito, baños terapéuticos… y sin embargo, no lo comunican.
Si la gente no conoce lo que ofrecés, no puede valorarlo ni elegirlo. Por eso, comunicar también es vender y el marketing no debería ser un gasto residual: debería estar proporcionalmente alineado con la inversión que hacés en tus servicios. Si invertís U$S 15.000 en un ecógrafo, ¿no vale la pena invertir al menos el 10% de eso en contarle al mundo que lo tenés? La visibilidad es parte del negocio y lo que no se comunica, se pierde.

3. No tener procesos claros, ni delegables

Cuando todo depende del dueño, el negocio está en riesgo: si esa persona se enferma, se toma vacaciones o simplemente necesita desconectarse, todo se paraliza: nadie sabe cómo facturar, cómo responder ante una queja o cómo coordinar un turno; Se pierden ventas, oportunidades, confianza; pero vivir siempre conectado, sin pausas ni descanso, tampoco es sostenible.
Hay algo aún más profundo detrás de esta situación: la falsa creencia de que “nadie lo va a hacer como yo”. Lamento decirte que he comprobado que siempre hay alguien que puede hacerlo mejor (¡por suerte!).
Y cuando delegás con procesos claros y confiás en tu equipo, no solo ganás tiempo: ganás rentabilidad. Yo misma lo viví en mis Hoteles de Gatos: delegué el 95% de las tareas operativas, ¿el resultado? Hoy somos más rentables que cuando yo estaba sumergida en el día a día de la empresa. Esa decisión me permitió salir del modo supervivencia y empezar a pensar de forma estratégica: desarrollar las franquicias, lanzar nuevos productos y crear la Academia de Petsitting.
Delegar no es soltar por soltar, es construir procesos, capacitar con intención y confiar. Porque la creencia limitante de “tengo que hacerlo todo yo” solo te lleva por dos caminos: el fracaso y/o el burnout, ninguno de los dos compatible con un negocio sostenible.

4. Marketing sin estrategia

Hacer publicaciones “cuando hay tiempo” no es hacer marketing. Es simplemente ocupar un espacio sin dirección, sin objetivos definidos ni análisis de resultados.
Es común ver posteos como “Consultas de lunes a viernes”, sin un llamado a la acción, sin destacar qué hace único al servicio, sin una propuesta de valor clara. Ese tipo de comunicación no conecta, no informa de forma efectiva y mucho menos convierte.
El marketing estratégico implica planificar, conocer a quién le hablamos, tener un mensaje alineado con los objetivos del negocio y evaluar qué funciona y qué no. Cada contenido que compartimos debería cumplir una función: atraer, informar, educar, vender o fidelizar.

5. Gestión financiera limitada o ausente

“No sé cuánto gano, pero vendo bastante” es una frase que se escucha más seguido de lo que debería. Vender mucho no siempre significa ganar dinero. Sin una gestión financiera clara, es imposible saber si el negocio es realmente rentable.
Saber cuánto vendés es apenas el primer paso. También necesitás saber cuánto te cuesta vender lo que vendés: el costo real de los productos y los servicios, los gastos operativos, los impuestos, las comisiones, el tiempo involucrado, y cuánto estás reinvirtiendo o dejando de invertir.
La gestión por percepción —basada en el “me parece”— lleva a decisiones mal informadas y pone en riesgo el futuro del negocio. Tener información clara, confiable y actualizada es lo que te permite tomar buenas decisiones, corregir a tiempo y crecer con fundamentos.

6. No profesionalizar la atención

Muchos negocios veterinarios aún atienden como hace 10 años, sin haberse adaptado a las nuevas expectativas de los tutores de mascotas. La experiencia del cliente es confusa, desorganizada y poco memorable.
Muchas de las empresas más exitosas del mundo tienen algo en común: ponen al cliente en el centro y dedican una parte significativa de sus recursos a diseñar, medir y optimizar su experiencia de forma constante. Evalúan cada interacción, escuchan activamente la respuesta del cliente y ajustan en función de su nivel de satisfacción y lealtad. Esa mentalidad es, en muchos casos, la verdadera clave de su éxito.
En el sector veterinario todavía tenemos una enorme oportunidad de mejora en este aspecto. Sabemos que los tutores valoran profundamente la eficiencia, la calidez en el trato, la claridad en la información y la continuidad en el acompañamiento. Esperan ser escuchados, recibir recordatorios, sentirse contenidos luego de una cirugía, y que alguien pregunte cómo siguió su mascota —que muchas veces ocupa el lugar de un hijo más en la familia.
La atención profesional empieza desde el primer contacto —sea presencial, telefónico o digital— y continúa incluso después de que el paciente se fue. Protocolizar, digitalizar y capacitar al equipo no es un lujo: es una necesidad para estar a la altura de un cliente más informado, más exigente y con muchas más opciones.

¿CÓMO HACER TU PROPIO DIAGNÓSTICO?

Esto no es una auditoría contable. Es un chequeo simple, realista y accionable. Te comparto los pasos que usamos en Mishmosos y que también aplico cuando acompaño a otros profesionales:

  1. Revisá tus números básicos
    Saber si tu negocio está creciendo no depende de la intuición, sino de los números. Es fundamental conocer tus ingresos, egresos, costos fijos, cuáles son tus productos o servicios más vendidos y, sobre todo, el margen real que dejás en cada operación. Porque vender mucho no siempre es sinónimo de ganar dinero. ¿Estás generando ganancias o simplemente girando en círculos?
    Una herramienta simple y efectiva es una planilla mensual de Excel o Google Sheets donde registres:
    • Ingresos por servicio o venta de producto.
    • Egresos fijos y variables.
    • Costo de mercadería vendida (CMV).
    • Margen bruto y neto.Esto te permite armar una primera versión del Estado de Resultados, también conocido como EBITDA si excluís amortizaciones e impuestos.
  2. Auditá tus procesos
    ¿Qué tareas repetís todas las semanas? ¿Hay cosas que siempre hacen de forma improvisada? ¿Podés armar un paso a paso?
    Ejemplo: cómo se agenda un turno, cómo se hace la entrega de un medicamento, qué se responde ante una queja.
    Herramienta útil: Notion o Trello para listar y asignar tareas.
  3. Escuchá activamente a tus clientes
    Hablales, preguntales qué les gusta y qué mejorarían. Las mejores ideas de mejora surgen de quienes nos eligen todos los días.
    Herramienta útil: Google Forms, encuestas cortas por WhatsApp, o una simple charla en mostrador con preguntas clave.
  4. Observá tus canales de comunicación
    ¿Lo que comunicás en redes refleja la experiencia real que ofrecés? Una buena estrategia de comunicación no solo atrae: prepara al cliente para lo que va a vivir. Si tus redes no muestran la calidad del servicio que brindás, estás desaprovechando una oportunidad clave.
    ¿Tus nuevos clientes llegan por Instagram, por Google, por recomendaciones? ¿Tenés reseñas positivas que podrías estar usando para reforzar tu credibilidad? ¿Lo que mostrás en fotos y videos realmente transmite la experiencia que vivís todos los días dentro de tu clínica?
    El marketing y las redes sociales deberían anticipar lo buena que va a ser la experiencia con vos, no subestimarla. Porque si el cliente no lo ve ni lo percibe difícilmente lo elija. Herramienta útil: Google Reviews, Metricool, WhatsApp Business, Instagram Insights.
  5. Evaluá tu rol como líder
    ¿Sos el cuello de botella del negocio? ¿O estás construyendo algo que puede funcionar sin vos en cada detalle?
    El objetivo es que te quedes solamente con las tareas en las que realmente aportás valor y que además disfrutás de hacer.
    Reflexioná: ¿qué tareas podrías delegar si tuvieras una persona más? ¿Y si lo hicieras con las que ya tenés?

Señales de alerta a las que prestar atención

Si te sentís identificado con una o varias de estas señales, es momento de poner el foco:

• Tenés muchas tareas pendientes que nunca llegás a hacer.
• Evitás mirar los números porque te abruman.
• Sentís que tu equipo no se involucra.
• Las redes están desactualizadas o no muestran lo que hacés bien.
• Tenés clientes fieles, pero no llegan nuevos.
• No sabés qué servicios te generan más ganancias.
• Te cuesta tomar decisiones sin dudar.

No es tu culpa. Nos formamos para cuidar animales, no para armar negocios.
Pero sí es tu responsabilidad empezar a mejorar.

¿Y si empezás hoy?

Muchos emprendedores no mejoran porque sienten que “tienen que hacerlo todo de una”. Y eso paraliza.
La clave está en empezar de a poco, paso a paso, todos los días. Un día actualizás los precios, otro respondés comentarios en redes, después te sentás una hora con tus números; cada 1% cuenta. Cada decisión pequeña genera una transformación más grande que el caos de intentar hacer todo de golpe. Te invito a que te animes y paso a paso vayas logrando grandes resultados.

No todo lo que te afecta depende de vos. Por eso es clave diferenciar entre lo que es tu área de preocupación y la incidencia concreta que tenés sobre la misma desde tu lugar de acción. ¿Te animás?

Florencia Abadi Plaksin
Mi Negocio Veterinario
abadi.flor@minegocioveterinario.com

Si trabajás en una clínica veterinaria, seguro viviste días en los que todo parece depender de vos: clientes que exigen más de lo que es posible, entregas que no llegan, compañeros agotados… y vos intentando sostener todo al mismo tiempo.
Esa sensación de estar al borde muchas veces no viene solo del trabajo en sí, sino de cómo te relacionás con los problemas que aparecen.
Y acá entra en juego una herramienta clave: aprender a diferenciar entre lo que te preocupa y lo que realmente podés cambiar.
No todo lo que te afecta depende de vos.
Los problemas del día a día pueden tener múltiples causas: personales, interpersonales, institucionales, sociales o económicas. Y aunque todos te afectan, no todos te corresponden. Por eso es tan importante poder identificar dónde vale la pena invertir tu energía… y dónde no.

El área de preocupación

La trampa es poner la energía donde no hay margen de acción

El área de preocupación incluye todo lo que te impacta emocionalmente, pero no podés controlar directamente.
Por ejemplo:

  • La situación económica general.Las decisiones políticas que afectan precios o normativas del sector.
  • Las decisiones políticas que afectan precios o normativas del sector.
  • La percepción social del rol veterinario.

Estos factores influyen en tu trabajo.
Pero si te enfocás en ellos todo el tiempo, sin poder intervenir, te agotás sin obtener resultados.
Esa es la trampa: poner energía donde no hay margen de acción.

El área de incidencia: tu lugar de acción

En cambio, el área de incidencia está compuesta por todo lo que sí podés ajustar, decidir o mejorar, incluso en contextos difíciles.

  • ¿Cómo organizás tus turnos y tus horarios de descanso?
  • ¿Qué y cómo comunicás a los tutores de tus pacientes?
  • ¿Qué protocolos podés revisar o ajustar con tu equipo?
  • ¿Cuándo pedir ayuda y con quién contar?
  • ¿Qué límites necesitás poner (y sostener) para protegerte?

Actuar desde este lugar no solo mejora tu eficacia; también te devuelve sensación de control, que es una de las primeras cosas que se pierde cuando el agotamiento empieza a escalar.

La mejor decisión es no intervenir en lo que no depende de vos y focalizar en lo que sí podés transformar.

Invertir tu energía con criterio también es parte del trabajo.
No se trata de ignorar los problemas externos, sino de reconocer que no todo lo que te preocupa requiere acción de tu parte.
A veces, la mejor decisión es no intervenir en lo que no depende de vos y focalizar en lo que sí podés transformar, por más pequeño que sea.
Cuando trabajás desde tu área de incidencia lográs algunos beneficios que rápidamente comenzarás a notar. Por ejemplo, reducir el desgaste emocional, pero también mejorar tu capacidad de respuesta o para fortalecer tu rol profesional y tus relaciones dentro del equipo.
¿Y a vos? ¿Qué situaciones te están agotando hoy y cuántas de ellas realmente están bajo tu control?

Para mejorar, hay que saber dónde estamos fallando. Por eso, te invito a repasar algunos de los errores frecuentes que ocurren en las clínicas veterinarias por no revisar, medir y ajustar lo que corresponde.

Virginia Vallejo
Argentina
virginiamvallejo@gmail.com

Así como controlamos la salud de un paciente, también deberíamos revisar regularmente la de nuestro negocio veterinario.
Seguro ya escuchaste mil veces eso de “lo que no se mide, no se mejora”, pero si se repite tanto, es porque es verdad. Lo que no miramos, con el tiempo, nos pasa factura.
Por supuesto que esto no significa que vos tengas que hacer todo; si pasa el tiempo y ese diagnóstico nunca llega, es una señal clara: necesitás delegarlo.
Alguien tiene que hacerse cargo de revisar, medir y ajustar. Porque los negocios —al igual que los pacientes— no se mantienen sanos por inercia.

El mito del veterinario emprendedor

Michael Gerber lo explica claramente en The E-Myth: muchos emprendimientos surgen cuando una persona con habilidades técnicas (como atender pacientes o hacer cirugías) decide independizarse.
Pero saber hacer algo bien no garantiza saber gestionar un negocio.
Ese «mito del emprendedor» nos hace creer que, si trabajamos mucho, todo va a salir bien pero no siempre es así.
El resultado: veterinarios agotados, negocios que funcionan por inercia y decisiones que se toman a ojo, sin planificación ni datos.

Los errores más comunes (y cómo se ven en la práctica)

1. Confundir ocupación con productividad

Tener la agenda llena no siempre significa que el negocio sea rentable. Un aprendizaje clave en mi camino emprendedor —y también cuando trabajé en relación de dependencia— fue entender cuánto vale realmente mi hora de trabajo; y lo mismo aplica para cada integrante del equipo. Hacer este cálculo, por simple que parezca, cambia nuestra forma de tomar decisiones.
Nos permite identificar tareas operativas que podríamos delegar para liberar tiempo, ganar eficiencia y mejorar los resultados.
Esto no es solo una cuestión de bienestar personal, es una decisión estratégica.
Definir con claridad los perfiles de puestos, estimar el costo por hora de cada rol y analizar qué habilidades requiere cada tarea nos ayuda a asignar recursos de manera inteligente. Así evitamos desperdiciar tiempo y dinero, y reducimos esa sensación de estar corriendo todo el día sin avanzar. Lo más preocupante no es tener muchas tareas, sino dejar para después justamente aquellas que son clave para que el negocio crezca.

Si invertís U$S 15.000 en un ecógrafo, ¿no vale la pena invertir al menos el 10% de eso en contarle al mundo que lo tenés?

2. No comunicar lo que ofrecés también es perder plata

Muchos negocios veterinarios hacen grandes inversiones en tecnología, formación profesional y servicios diferenciales… pero nadie lo sabe.
Tienen ecógrafos de última generación, planes de salud, analizadores de sangre, asesoramiento nutricional, estacionamiento gratuito, baños terapéuticos… y sin embargo, no lo comunican.
Si la gente no conoce lo que ofrecés, no puede valorarlo ni elegirlo. Por eso, comunicar también es vender y el marketing no debería ser un gasto residual: debería estar proporcionalmente alineado con la inversión que hacés en tus servicios. Si invertís U$S 15.000 en un ecógrafo, ¿no vale la pena invertir al menos el 10% de eso en contarle al mundo que lo tenés? La visibilidad es parte del negocio y lo que no se comunica, se pierde.

3. No tener procesos claros, ni delegables

Cuando todo depende del dueño, el negocio está en riesgo: si esa persona se enferma, se toma vacaciones o simplemente necesita desconectarse, todo se paraliza: nadie sabe cómo facturar, cómo responder ante una queja o cómo coordinar un turno; Se pierden ventas, oportunidades, confianza; pero vivir siempre conectado, sin pausas ni descanso, tampoco es sostenible.
Hay algo aún más profundo detrás de esta situación: la falsa creencia de que “nadie lo va a hacer como yo”. Lamento decirte que he comprobado que siempre hay alguien que puede hacerlo mejor (¡por suerte!).
Y cuando delegás con procesos claros y confiás en tu equipo, no solo ganás tiempo: ganás rentabilidad. Yo misma lo viví en mis Hoteles de Gatos: delegué el 95% de las tareas operativas, ¿el resultado? Hoy somos más rentables que cuando yo estaba sumergida en el día a día de la empresa. Esa decisión me permitió salir del modo supervivencia y empezar a pensar de forma estratégica: desarrollar las franquicias, lanzar nuevos productos y crear la Academia de Petsitting.
Delegar no es soltar por soltar, es construir procesos, capacitar con intención y confiar. Porque la creencia limitante de “tengo que hacerlo todo yo” solo te lleva por dos caminos: el fracaso y/o el burnout, ninguno de los dos compatible con un negocio sostenible.

4. Marketing sin estrategia

Hacer publicaciones “cuando hay tiempo” no es hacer marketing. Es simplemente ocupar un espacio sin dirección, sin objetivos definidos ni análisis de resultados.
Es común ver posteos como “Consultas de lunes a viernes”, sin un llamado a la acción, sin destacar qué hace único al servicio, sin una propuesta de valor clara. Ese tipo de comunicación no conecta, no informa de forma efectiva y mucho menos convierte.
El marketing estratégico implica planificar, conocer a quién le hablamos, tener un mensaje alineado con los objetivos del negocio y evaluar qué funciona y qué no. Cada contenido que compartimos debería cumplir una función: atraer, informar, educar, vender o fidelizar.

5. Gestión financiera limitada o ausente

“No sé cuánto gano, pero vendo bastante” es una frase que se escucha más seguido de lo que debería. Vender mucho no siempre significa ganar dinero. Sin una gestión financiera clara, es imposible saber si el negocio es realmente rentable.
Saber cuánto vendés es apenas el primer paso. También necesitás saber cuánto te cuesta vender lo que vendés: el costo real de los productos y los servicios, los gastos operativos, los impuestos, las comisiones, el tiempo involucrado, y cuánto estás reinvirtiendo o dejando de invertir.
La gestión por percepción —basada en el “me parece”— lleva a decisiones mal informadas y pone en riesgo el futuro del negocio. Tener información clara, confiable y actualizada es lo que te permite tomar buenas decisiones, corregir a tiempo y crecer con fundamentos.

6. No profesionalizar la atención

Muchos negocios veterinarios aún atienden como hace 10 años, sin haberse adaptado a las nuevas expectativas de los tutores de mascotas. La experiencia del cliente es confusa, desorganizada y poco memorable.
Muchas de las empresas más exitosas del mundo tienen algo en común: ponen al cliente en el centro y dedican una parte significativa de sus recursos a diseñar, medir y optimizar su experiencia de forma constante. Evalúan cada interacción, escuchan activamente la respuesta del cliente y ajustan en función de su nivel de satisfacción y lealtad. Esa mentalidad es, en muchos casos, la verdadera clave de su éxito.
En el sector veterinario todavía tenemos una enorme oportunidad de mejora en este aspecto. Sabemos que los tutores valoran profundamente la eficiencia, la calidez en el trato, la claridad en la información y la continuidad en el acompañamiento. Esperan ser escuchados, recibir recordatorios, sentirse contenidos luego de una cirugía, y que alguien pregunte cómo siguió su mascota —que muchas veces ocupa el lugar de un hijo más en la familia.
La atención profesional empieza desde el primer contacto —sea presencial, telefónico o digital— y continúa incluso después de que el paciente se fue. Protocolizar, digitalizar y capacitar al equipo no es un lujo: es una necesidad para estar a la altura de un cliente más informado, más exigente y con muchas más opciones.

¿CÓMO HACER TU PROPIO DIAGNÓSTICO?

Esto no es una auditoría contable. Es un chequeo simple, realista y accionable. Te comparto los pasos que usamos en Mishmosos y que también aplico cuando acompaño a otros profesionales:

  1. Revisá tus números básicos
    Saber si tu negocio está creciendo no depende de la intuición, sino de los números. Es fundamental conocer tus ingresos, egresos, costos fijos, cuáles son tus productos o servicios más vendidos y, sobre todo, el margen real que dejás en cada operación. Porque vender mucho no siempre es sinónimo de ganar dinero. ¿Estás generando ganancias o simplemente girando en círculos?
    Una herramienta simple y efectiva es una planilla mensual de Excel o Google Sheets donde registres:
    • Ingresos por servicio o venta de producto.
    • Egresos fijos y variables.
    • Costo de mercadería vendida (CMV).
    • Margen bruto y neto.Esto te permite armar una primera versión del Estado de Resultados, también conocido como EBITDA si excluís amortizaciones e impuestos.
  2. Auditá tus procesos
    ¿Qué tareas repetís todas las semanas? ¿Hay cosas que siempre hacen de forma improvisada? ¿Podés armar un paso a paso?
    Ejemplo: cómo se agenda un turno, cómo se hace la entrega de un medicamento, qué se responde ante una queja.
    Herramienta útil: Notion o Trello para listar y asignar tareas.
  3. Escuchá activamente a tus clientes
    Hablales, preguntales qué les gusta y qué mejorarían. Las mejores ideas de mejora surgen de quienes nos eligen todos los días.
    Herramienta útil: Google Forms, encuestas cortas por WhatsApp, o una simple charla en mostrador con preguntas clave.
  4. Observá tus canales de comunicación
    ¿Lo que comunicás en redes refleja la experiencia real que ofrecés? Una buena estrategia de comunicación no solo atrae: prepara al cliente para lo que va a vivir. Si tus redes no muestran la calidad del servicio que brindás, estás desaprovechando una oportunidad clave.
    ¿Tus nuevos clientes llegan por Instagram, por Google, por recomendaciones? ¿Tenés reseñas positivas que podrías estar usando para reforzar tu credibilidad? ¿Lo que mostrás en fotos y videos realmente transmite la experiencia que vivís todos los días dentro de tu clínica?
    El marketing y las redes sociales deberían anticipar lo buena que va a ser la experiencia con vos, no subestimarla. Porque si el cliente no lo ve ni lo percibe difícilmente lo elija. Herramienta útil: Google Reviews, Metricool, WhatsApp Business, Instagram Insights.
  5. Evaluá tu rol como líder
    ¿Sos el cuello de botella del negocio? ¿O estás construyendo algo que puede funcionar sin vos en cada detalle?
    El objetivo es que te quedes solamente con las tareas en las que realmente aportás valor y que además disfrutás de hacer.
    Reflexioná: ¿qué tareas podrías delegar si tuvieras una persona más? ¿Y si lo hicieras con las que ya tenés?

Señales de alerta a las que prestar atención

Si te sentís identificado con una o varias de estas señales, es momento de poner el foco:

• Tenés muchas tareas pendientes que nunca llegás a hacer.
• Evitás mirar los números porque te abruman.
• Sentís que tu equipo no se involucra.
• Las redes están desactualizadas o no muestran lo que hacés bien.
• Tenés clientes fieles, pero no llegan nuevos.
• No sabés qué servicios te generan más ganancias.
• Te cuesta tomar decisiones sin dudar.

No es tu culpa. Nos formamos para cuidar animales, no para armar negocios.
Pero sí es tu responsabilidad empezar a mejorar.

¿Y si empezás hoy?

Muchos emprendedores no mejoran porque sienten que “tienen que hacerlo todo de una”. Y eso paraliza.
La clave está en empezar de a poco, paso a paso, todos los días. Un día actualizás los precios, otro respondés comentarios en redes, después te sentás una hora con tus números; cada 1% cuenta. Cada decisión pequeña genera una transformación más grande que el caos de intentar hacer todo de golpe. Te invito a que te animes y paso a paso vayas logrando grandes resultados.

Más que nunca, las clínicas veterinarias necesitan acortar la brecha entre la imagen que proyectan, lo que son en la realidad y la percepción del cliente. ¡Sí, es posible!

Julia Bercovich
Mi Negocio Veterinario
julia@minegocioveterinario.com

En una veterinaria, todo lo que se ve, se escucha y se vive… comunica. Desde la forma en que atendés un llamado hasta el color de la pared, cada detalle construye la imagen que los clientes se llevan de tu negocio.
Según el especialista Paul Capriotti, la imagen institucional es un fenómeno complejo que se estructura en, al menos, tres niveles.

  1. La imagen real: Es lo que tu negocio es y hace de verdad. Tus prácticas cotidianas, la cultura interna, la calidad profesional, la infraestructura y los valores.
  2. La imagen proyectada: Es lo que tu veterinaria transmite hacia afuera: lo que comunica con sus redes sociales, identidad visual, atención al cliente.
    Cuando subís contenidos educativos a tu cuenta de Instagram o Facebook, cuidás la estética de la sala de espera o elegís un uniforme prolijo, también comunicás.
  3. La imagen percibida: Es cómo te ven los demás. Surge de la combinación entre lo que hacés, lo que mostrás y lo que cada persona interpreta.

¿Cuál es el problema?

Cuando la imagen real, la proyectada y la percibida no están alineadas, aparecen los ruidos, las contradicciones y, con ellos, la pérdida de confianza.
Y aunque parezca obvio, en la práctica sucede más seguido de lo que pensamos.
Por ejemplo: una veterinaria puede mostrar en redes sociales una imagen moderna y profesional, pero después recibir a los tutores en un entorno desordenado, mal iluminado o con un trato distante.
Esa disonancia genera decepción y reduce la percepción de valor. El cliente pensaba que entraba a una clínica premium… pero lo que vivió no coincidió con lo que vio online.
Otro escenario común es el de veterinarias bien gestionadas, con una infraestructura cómoda y un equipo comprometido, que pueden proyectar una imagen débil si las fotos, los textos o los mensajes que comparte en sus canales son de baja calidad o no reflejan su verdadera esencia.
En todos estos casos, el resultado es el mismo: una oportunidad perdida. El tutor forma su opinión no solo por lo que recibe, sino por lo que ve, escucha y experimenta antes, durante y después de cada contacto.
Por eso es clave alinear lo que sos, lo que decís y lo que los demás entienden.

MANOS A LA OBRA

Te proponemos una actividad rápida para que logres ajustar lo que corresponda y así igualar la imagen que tu veterinaria proyecta, con lo que perciben los clientes y, obviamente, con lo que es en realidad.

  1. Escribí 3 palabras o juegos de palabras que representen cómo querés que tu veterinaria sea vista. Por ejemplo: profesional, empática y con buena atención al cliente.
  2. Cuando lo tengas, animate y pedile a cinco de tus clientes que hagan lo mismo: que definan tu veterinaria en 3 palabras concretas alineadas a la percepción que tienen de la empresa.
  3. Compará los resultados; y si detectás diferencias, ya tenés una hoja de ruta clara para trabajar.

¿Nos contás el resultado? Escribinos a info@minegocioveterinario.com.

¿Cómo alinear estas imágenes?

  1. Definí tu imagen ideal: Preguntate: ¿Cómo querés que vean, describan y recuerden tu veterinaria? Esa imagen ideal debe ser el faro que oriente tus decisiones estratégicas. Y para eso, es clave que tengas clara tu propuesta de valor.
  2. Auditá tu imagen actual: ¿Qué perciben hoy tus clientes? ¿Coincide con lo que sos en realidad? ¿Qué te dicen las redes? ¿Hacés encuestas?
  3. Diseñá una estrategia de comunicación coherente: Desde la cartelería hasta la atención en mostrador, todo debe alinearse con tu identidad deseada. Recordá que la imagen no es maquillaje. Es una herramienta estratégica. Habla de coherencia, de confianza y de profesionalismo.

Invertir en alinear lo que sos con lo que comunicás no solo mejora tu reputación: también transforma la experiencia de los tutores y la percepción del valor que brindás.