En busca de la tranquilidad
Hay palabras que no siempre están en el radar de quienes eligen la profesión veterinaria. Palabras que parecen menores, livianas, casi «malas». Pero que, con el correr del tiempo, se revelan como una necesidad vital. Tranquilidad, por ejemplo.
En buena parte de los años de actividad profesional, la tranquilidad suele ceder ante la urgencia, el entusiasmo o la vocación. Las horas pasan en quirófanos, tras mostradores o atendiendo consultas a domicilio, y el foco está puesto en resolver, ayudar, salvar. Pero a medida que la carrera avanza —y las responsabilidades se acumulan—, la pregunta empieza a tomar forma: ¿cómo se construye una vida profesional más ordenada, menos caótica, más vivible?